La Gran Invocación (1936-1940-1945)

Origen de la Invocación

La humanidad invoca el acercamiento divino de diferentes maneras: por el llamado vago, inexpresado, o el llamado invocador de las masas; también por la invocación planeada y definida de los aspirantes de mentalidad y orientación espirituales y del trabajador inteligente y convencido.

Poca atención se ha puesto sobre el factor invocación, como lo expresan los pueblos del mundo; no obstante, en el transcurso de las edades, el llamado invocador de la humanidad se ha elevado hasta la Jerarquía espiritual y ha traído respuesta. Lo ilustra la declaración espiritual de Shri Krishna, expuesta en el Canto del Señor, el Bhagavad Gītā; fue la enunciación que preparó la venida de Cristo. En ese Canto Él dice:

“Siempre que hay un quebrantamiento del Dharma (la rectitud, la Ley), ¡oh Bharata!, y cobra bríos la iniquidad (la Adharma, la ilegalidad), entonces Yo me manifiesto. Para la salvación de los justos y la destrucción de los que hacen el mal, para el firme establecimiento de la Ley Yo vuelvo a nacer edad tras edad”.

Bhagavad Gītā, 4:7-8. Traducción del sánscrito de Bhagavan Das con comentarios de A. Besant, El Bhagavad Gītā

Y Cristo vino en tiempos de desórdenes y de perversidad del Imperio.

Otro ejemplo de una invocación notable y muy antigua la tenemos en el Gāyatrī, donde la gente invoca al Sol con las siguientes palabras:

“Revélanos el rostro del verdadero Sol Espiritual oculto por un disco de luz dorada, para que conozcamos la verdad y cumplamos con todo nuestro deber mientras nos encaminamos hacia Tus sagrados pies”.

Rig Veda, III, 62, 10. Adaptación del sánscrito de W. Q. Judge, Commentary on the Gāyatrī

Agreguemos también a ello las Cuatro Nobles Verdades enunciadas por Buda, conocidas por todos nosotros, puesto que sintetizan las causas y fuentes de todas las dificultades que preocupan a la humanidad. Existen muchas traducciones de estas verdades; todas indican el mismo anhelo, llamado y significado.

“Esto es el sufrimiento, esto es el origen del sufrimiento, esto es la cesación del sufrimiento, esto es el camino que conduce a la cesación del sufrimiento”.

Dhammacakkappavattana Sutta. Traducción del pali de K. R. Norman, The Four Noble Truths, p. 222-223.

Durante la Dispensación Judía se hizo una declaración referente a la conducta humana en las palabras de los Diez Mandamientos; sobre éstos se ha basado la ley humana y también se han fundado las leyes que rigen las relaciones de los pueblos occidentales.

1. «Yo soy el Eterno, tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud».
2. «No tendrás ni reconocerás a otros dioses en mi presencia fuera de mí. No te harás una imagen tallada ni ninguna semejanza de aquello que está arriba en los cielos, ni en la tierra, ni en el agua, ni debajo de la tierra. No te postrarás ante los ídolos, ni los adorarás, pues yo soy el Eterno, tu Dios, el único Dios, quien tiene presente el pecado de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación con mis enemigos; pero quien muestra benevolencia con miles de generaciones a aquellos que me aman y observan mis preceptos».
3. «No tomarás el nombre de El Eterno, tu Dios en vano, porque El Eterno no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano».
4. «Recuerda el día de sábado, para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu labor; mas el séptimo día es shabat para el Eterno, tu Dios; no harás ninguna labor, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sirvienta, ni tus bestias de carga, ni el extranjero que habita dentro de tus murallas, pues en seis días el Eterno hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y el séptimo día descansó. Por eso, el Eterno bendijo el día de shabat y lo santificó».
5. «Honra a tu padre y tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Eterno, tu Dios, te da».
6. «No matarás».
7. «No cometerás adulterio».
8. «No robarás».
9. «No brindes contra tu prójimo falso testimonio».
10. «No codiciarás los bienes ajenos. No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo».

Los 10 Mandamientos, por Moshe Weissman.

Luego vino Cristo y nos dio la ley fundamental del universo, la ley del amor, y también la oración del Señor (el Padre Nuestro), con su énfasis sobre la Paternidad de Dios, el advenimiento de Su Reino y el establecimiento de rectas relaciones humanas.

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad en la Tierra como en el cielo,
danos hoy nuestro pan de cada día / nuestro pan del mañana dánoslo hoy,
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden,
y no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Catecismo de la Iglesia Católica / Variación de la Iglesia Copta.

La humanidad se encuentra hoy en un peculiar y excepcional punto medio entre un pasado desventurado y un futuro lleno de promesas, siempre que se reconozca la reaparición de Cristo y se lleve a cabo la preparación para Su venida. El presente está lleno de promesas y también de dificultades; actualmente y en el presente inmediato, la humanidad tiene en sus manos el destino del mundo – o si puede expresarse así, con toda reverencia – la actividad inmediata de Cristo. La agonía de la guerra y la angustia de todo el género humano condujo al Cristo en 1945, a tomar una gran decisión, manifestada en dos declaraciones muy importantes. Anunció a la Jerarquía espiritual y a todos Sus servidores y discípulos en la Tierra, Su decisión de emerger nuevamente, estableciendo contacto físico con la humanidad, si se llevaban a cabo las etapas iniciales para el establecimiento de rectas relaciones humanas; luego dio al mundo (para ser recitadas por el hombre común) una de las más antiguas plegarias conocidas, pero que hasta ahora sólo se le había permitido utilizarla a los Seres más excelsos. Se dice que Él Mismo la utilizó por primera vez en 1945 durante la Luna llena de Junio, reconocida como la Luna llena de Cristo, así como la Luna llena de Mayo, El Festival de Wesak, es la de Buda. No fue fácil traducir estas frases antiguas (tan antiguas que no tienen fecha ni antecedente alguno) en palabras modernas, pero ello se ha hecho, y la Gran Invocación puede eventualmente ser una plegaria mundial.

El pensamiento humano es tan reaccionario que, la afirmación de que constituye una de las más grandes plegarias mundiales, a la par de otras expresiones verbales del deseo y de la intención espirituales, evocará la crítica. Ello no tiene importancia. Solamente unos pocos – muy pocos – emplearon el Padre Nuestro en los primeros días del cristianismo, porque era necesario registrarlo y expresarlo en términos comprensibles, y traducirlo adecuadamente antes de ser utilizado ampliamente. Este esfuerzo llevó siglos. Tenemos hoy todos los medios para una rápida distribución, y han sido empleados para divulgar esta Gran Invocación.