Dr. Roberto Assagioli

[edición en curso]

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El Desarrollo Transpersonal

17. Obstáculos al desarrollo espiritual:
los apegos

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Durante nuestro examen de las dificultades y los obstáculos que dificultan y hacen más dolorosa la ascensión del hombre hacia las cumbres de la consciencia espiritual, hemos destacado al miedo, el cual puede asimilarse a una parálisis que inmoviliza el pie del caminante y lo deja sin fuerzas y sin ánimos para proseguir su camino.

Ahora hablaremos de los múltiples apegos —a las personas, a las cosas y a las formas de vivir— que podrían ser comparados con pesadas bolas de plomo atadas a los pies del caminante y que le impiden proseguir su marcha, o a un muro que le obstaculiza el paso y que a veces le obliga incluso a retroceder.

El hombre que Va viviendo', que se deja arrastrar por la corriente y jamás se detiene a estudiarse a sí mismo, no se da cuenta —al menos hasta que no surge algún elemento grave— de lo esclavo que es y de lo atado que está. Pero cuando intenta iniciar el ascenso, abandonando su morada habitual y los trillados caminos de la llanura, pronto se da cuenta de lo numerosas y tenaces que son los apegos que lo mantienen prisionero.

Estos apegos son de dos clases:

Apegos activos: instintos, pasiones, deseos y afectos que nos atan a otras personas o a cosas, y que absorben energía, que exigen tiempo, cuidados y consideración, y que distraen de múltiples formas nuestra atención de la elevada meta a la que aspiramos.

Apegos pasivos: son menos evidentes, pero no menos reales y obstaculizantes. Son la inercia, la pereza física y moral, la 'pesadez', que inmoviliza por lo bajo; cualquier tipo de rutina, de hábitos, de tradición, de costumbres, de 'moldes' en los que nos refugiamos para obviar nuestro ascenso.

Desde el punto de vista espiritual y de los verdaderos valores, todo apego apasionado y exclusivo o cualquier tipo de inercia moral se basa en una falsa apreciación y en una visión equivocada. Ello denota una ausencia de perspectiva, una concepción parcial y deforme de la realidad, una violación de las leyes de la armonía y del gran principio jerárquico por los cuales la Divinidad, la Realidad, el Bien, que es el Valor Supremo, deberían ocupar el primer puesto en nuestras mentes y en nuestros corazones y convertirse en la meta más elevada de nuestra voluntad.

Desde otro punto de vista, se puede decir que todo apego constituye un error que se opone a las leyes de la vida, ya que lo que aquéllos pretenden es la vana y desesperada empresa de cerrar, fijar y congelar una parte de la vida, desarraigándola del resto, mientras que la vida es una unidad solidaria que, como una inmensa corriente en continuo fluir, constituye una manifestación dinámica en continua transformación. Debido a ello, sucede que lo que en un momento dado era una ayuda, un estímulo o una condición favorable a la expansión, con el tiempo llega a convertirse en un obstáculo, una atadura o una rémora.

Esto es lo que origina, por ejemplo, el drama del amor materno, cuando la madre no tiene la sabiduría necesaria para transformar la calidad y las manifestaciones de su propio amor, adecuándolas gradualmente al desarrollo de la personalidad de sus hijos.

De ello se deriva un importante hecho: que los apegos son un obstáculo a la realización espiritual no sólo cuando son del tipo inferior o negativo, sino también cuando se pueden calificar de 'buenos'. Son estos últimos, además, los más insidiosos y tenaces precisamente porque tienen una aparente 'justificación'.

Entender bien todo esto, y liberarse con ello de las ilusiones y de la ceguera, es de gran ayuda: es el primer y necesario paso. Pero, por sí solo, no es suficiente. Solamente señala el inicio de la lucha y de la tarea a emprender para la liberación interior.

Pero aunque hayamos comprendido bien todo esto y deseemos librarnos de ellos, los apegos siguen manteniendo una obstinada resistencia en nosotros. Rabindranath Tagore lo supo expresar bastante bien en uno de los poemas del Gitanjali:

Tenaces son las cadenas, y el corazón me duele

con sólo intentar romperlas.

Sólo la libertad quiero, pero de aguardarla me avergüenzo.

Cierto estoy de que hay en Ti inapreciables riquezas,

de que eres Tú mi mejor amiga, pero no tengo el valor

de desprenderme del oropel que obstruye mi morada.

Como de un lienzo de cenizas y de muerte estoy recubierto,

un lienzo que detesto, pero que aprieto en mi pecho.

Muchas son mis deudas, grandes mis carencias,

secreta y agobiante mi vergüenza; mas cuando voy a rogar

por lo que es mi más preciado bien, tiemblo ante el temor

de que mi plegaria sea escuchada.


Veamos ahora los distintos métodos por los que se produce el desapego:


1. Método del 'desgarro'

A menudo la vida nos lo impone, desarraigándonos de un modo u otro de las personas o cosas de las cuales estamos apegados. Es la forma más rápida y radical, pero también la más dolorosa ya que puede suscitar graves reacciones. Pero tras un período de tempestad emotiva, durante el cual poca ayuda se puede prestar, la persona supera por sí misma esta etapa y sale de ella más madura y reforzada.

2. Método de la transmutación

De esta forma se transforman los apegos por medio de la sublimación de las energías emotivas que los determinaban, y mediante la ampliación y la substitución de los objetos hacia los cuales se dirigía. Es la forma más gradual y armónica, y al final conduce a los mismos resultados.

Este camino es más o menos fácil en función de las características de cada individuo, las cuales son —desde este punto de vista— de lo más variadas.-.Las energías emocionales son, en algunas personas, plásticas, ágilmente mutables, tal vez incluso demasiado influenciables; en otras, por el contrario —y usando una metáfora material— podríamos decir que son más bien densas, viscosas, tenaces, y son, por consiguiente, muy difíciles de transformar o de desplazar.

Veamos ahora cómo se puede aplicar este método al más típico e importante de los apegos: aquél que llamamos 'amor'.

Con la palabra 'amor' se designan cosas tan distintas como: el amor sensual e instintivo; los diversos tipos de amor pasional y sentimental; el amor místico y el espiritual; etc.

Este tema requiere un amplio estudio, y más adelante nos extenderemos más sobre él (en el capítulo titulado Transmutación y sublimación de las energías afectivas), pero por ahora nos limitaremos a hacer unas cuantas observaciones.

La transmutación más importante y que se presenta con más frecuencia es la sublimación del amor pasional y emotivo en amor espiritual. Veamos cuáles son las diferencias que hay entre ellos.

El amor pasional es posesivo, exigente, acaparador, exclusivo y celoso. El amor espiritual es generoso, resplandeciente. Quien ama espiritualmente, permanece libre y da libertad.

Las características del amor espiritual son:

a) Amor a la Divinidad, al Supremo, sobre todas las demás cosas y criaturas. Pues, al ser el Bien Supremo, requiere y merece ocupar el primer puesto. Este es el verdadero significado de la expresión simbólica «Dios es celoso», que tan a menudo se ha prestado a errores de interpretación. No obstante, el amor hacia la Divinidad, o como se prefiera llamar al Ser o a la Esencia Universal (El Supremo Valor, la Mente Cósmica, la Suprema Realidad, etc.) puede tener distintos grados de elevación y de pureza.

Así, en un primer momento, se suele amar a Dios por la dulzura interior que ello nos proporciona, por la gracia que vierte sobre nosotros o por los beneficios que esperamos recibir de El. Posteriormente, y a través de sucesivas y penosas purificaciones, llegamos a amarlo de una forma cada vez más desinteresada, más generosa y elevada. Este estadio de relación amorosa con Dios ha sido expresado de forma admirable y con un profundo análisis psicológico por Santa Teresa y San Juan de la Cruz en sus diversas obras; también podemos percibirlo, aunque de forma más concisa, en el siguiente poema de Rabindranath Tagore:

Muchos son mis deseos y lastimoso mi grito, pero Tú siempre me has salvado con duros rechazos; y de esta gran misericordia se ha ido tejiendo mi vida.

Día a día, Tú me honras con esos grandes y sencillos dones que me otorgaste sin haberlos pedido — este cielo y la luz, este cuerpo y la vida de la mente — y me mantienes a salvo del peligro de un exceso de deseos.

Unas veces me demoro perezosamente; otras, me despierto y me apresuro en busca de la meta; pero Tú, despiadado, te ocultas de mi vista.

Día a día, a base de continuos rechazos, me haces digno de ser internamente aceptado, y me salvas de los peligros de un amor débil e incierto.


b) Amor a todo y a todos en Dios. Es decir, con referencia a Dios y como manifestación de Dios; como almas que, a la par que nosotros, buscan el camino para retornar a Dios.

Amor espiritual, diferenciado según su objeto. El amor espiritual no es algo frío, abstracto o indiferenciado. Es, por el contrario, algo cálido y vivo que asume diversas cualidades específicas en función de la diferente naturaleza de los seres hacia los que se dirige y, por consiguiente, de las distintas relaciones de afecto y de sentimiento que tenemos con ellos.

La ampliación de la esfera de nuestras relaciones afectivas —con un apego consiguiente menor, limitado y reducido a una sola relación u objeto— se ve muy favorecida por las nuevas características que va asumiendo la vida moderna. La expansión e intensificación de las relaciones humanas, a consecuencia de los más rápidos y simples medios de comunicación, y los nuevos modos de vida que éstos comportan, favorecen múltiples tipos de camaradería y cooperación, y corrigen oportunamente la tendencia al exclusivismo y al apego excesivo.

Lo mismo puede decirse referente a la substitución de los objetos sobre los cuales vertemos la mayor parte de nuestras energías afectivas: esos tesoros del sentimiento que constituyen el penoso embarras de richesses de muchas almas, sobre todo de las femeninas. La variada y creciente mole de actividades sociales ofrece numerosas ocasiones para explayar benéficamente los sentimientos que la vida no ha permitido dotar de un vínculo directo y personal.

También está la sustitución de los sujetos humanos por sujetos espirituales, tal y como R. W. Emerson reflejó con esta breve pero eficaz frase: «Cuando los semidioses se van, vienen los Dioses».

3. Método de la desdramatización y el humor

Muchas personas están excesivamente apegadas porque suelen tomarse la vida, las situaciones o las personas con excesiva seriedad. Estas personas tienden a tomárselo todo por lo trágico. Para liberarse de ello deberían cultivar una actitud más suelta, más serena y más impersonal.

Se trata de aprender a observar la comedia humana desde arriba, sin participar en ella demasiado emocionalmente, como si la vida del mundo fuera una mera representación teatral en la cual cada uno tiene su propio papel. Debemos interpretar nuestra parte de la mejor forma posible, pero sin llegar a identificarnos del todo con el personaje.

Una de las concepciones hindúes más profundos y geniales es la 'danza cósmica' de Siva, deidad que representa uno de los tres aspectos del Supremo. Podemos resumirla del siguiente modo:

La danza de Siva tiene un triple significado: primero está la imagen de su juego rítmico, que simboliza el movimiento del Cosmos; después el objetivo de esta danza, que es liberar a las innumerables almas humanas de la esclavitud de las ilusiones; expresa, finalmente, que el lugar de la danza —el Centro del Universo— está en nuestro corazón.

Esta misma concepción está bella y sugestivamente expresado por Hermann Keyserling, en el capítulo que se titula precisamente «Divina Comedia» de sus Méditations Sud-Américaines.

Observando y viviendo la vida de esta forma tan elevada y con esta libertad, nos damos cuenta de que si bien ésta tiene sus lados serios, duros y dolorosos, también posee vertientes alegres, amenas y luminosas, así como toda una serie de aspectos cómicos y graciosos. Estos constituyen el justo y necesario contrapeso y equilibrio de aquellos. El arte de vivir consiste en saber alternar oportunamente los distintos elementos y actitudes; hacerlo así está en nuestras manos en mucha mayor medida de lo que creemos.

Un arma valiosísima para este fin es el humorismo, cuya vertiente mejor y más elevada —lejos de ser una vulgar comicidad superficial— está llena de sentimiento. Este tipo de humor implica comprensión, simpatía y compasión desinteresada.


4. Método de la independencia interior y de la autonomía espiritual

Muchos de nuestros apegos son fruto de una sensación de dependencia hacia los demás, a la necesidad (real o ficticia) de apoyo y ayuda. Muchos creen —y lo temen— que no saben valerse por sí mismos y están seguros de perderse si no se apoyan o se amparan en los demás.

Para librarse de este tipo de apegos, que nos limitan y esclavizan, es necesario tener fe en las poderosas energías latentes en el alma humana, y presentes en todos nosotros. Es preciso reafirmar nuestra verdadera naturaleza espiritual haciendo una llamada a nuestro verdadero ser, a nuestro Yo superior y espiritual. Esto es lo que es estar en comunión con la Suprema Realidad Espiritual, y en ella encontraremos toda la luz, toda la fuerza y toda la ayuda que necesitemos.

Para terminar, debemos darnos cuenta de que librarse de los apegos no requiere una tarea negativa, ni implica una mutilación o algún tipo de pérdida.

Tal y como dijo un sabio oriental: «Poco a poco aprenderéis a desapegaros, y descubriréis que podéis amar a aquellos que os son queridos de una forma mucho más profunda y constructiva'

Lograr desapegarse significa haber conquistado la más elevada de todas las libertades; tal vez, incluso, la única y verdadera libertad: la libertad de los hijos de Dios.

 

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El Desarrollo Transpersonal

Obstáculos al desarrollo espiritual:
los apegos


Fuente: Lo sviluppo transpersonale, Astrolabio, Roma 1988.

TRADUCCIÓN: Jorge Viñes Roig

Editada por la Fundación «La Piedra Angular» (en curso)
6 junio 2009

 

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