Dr. Roberto Assagioli

[edición en curso]

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El Desarrollo Transpersonal

15. Obstáculos al desarrollo espiritual:
el miedo

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Quien se dispone a recorrer, o ya está recorriendo, la vía del espíritu debe superar obstáculos de tres órdenes: mentales, emocionales y volitivos. Vamos a examinar a continuación los obstáculos emocionales, que suelen ser los más frecuentes. No es raro, además, que los obstáculos mentales o intelectuales —como las dudas o el escepticismo— sean provocados o acentuados por los emocionales o por los volitivos, siendo aquellos las mamparas o pretextos tras los cuales se ocultan los miedos y reticencias de los que ni siquiera somos conscientes.

De entre los diferentes obstáculos emocionales, hablaremos sobre todo del miedo. El miedo es realmente la emoción más difusa, pero todos somos o hemos sido víctimas del miedo en un grado u otro. Además, puede alcanzar una gran intensidad y a conllevar efectos deletéreos.

Creo que se puede afirmar que del miedo se derivan la mayor parte de los males y de los sufrimientos que afligen a la humanidad. El miedo no tiene medida ni límites: ¡se puede tener miedo de todo! Es una variable que adopta innumerables formas. Muchos son los males que hacen sufrir a los hombres, ¡pero todavía mucho mayores son las desgracias, los accidentes o los cataclismos que no han llegado a suceder ni ocurrirán jamás! Sin embargo, hacen sufrir a aquellos que los temen tanto o más que si fuesen reales, ya que en su aterrorizada imaginación éstos son vividos y sufridos innumerables veces.

Pero el miedo no sólo produce sufrimientos internos. Es también un pésimo consejero que con frecuencia nos hace cometer acciones perjudiciales, tanto para nosotros como para los demás, y nos induce a adoptar actitudes crueles y violentas. ¿Quién podría decir la cantidad de luchas y guerras que el miedo a originado? Es por ello que tiene un profundo sentido la aguda observación de Montaigne: Il n'est qu'une chose que nous devons craindre et c'est... la peur! (Sólo hay una cosa a la que debamos temer y es ... ¡el miedo!).

Verdaderamente hay personas que llegan a tener miedo ¡incluso del miedo mismo!

Siendo así que el miedo es un veneno que intoxica la vida del hombre, que de otro modo podría ser tan bella, gozosa y creativa, vale la pena movilizar nuestras fuerzas y facilitar el cambio que nos permita librarnos de esa «espina clavada en nuestra carne», según la eficaz expresión de San Pablo.

Podríamos decir que existen cinco tipos principales de miedos que son el fundamento de los cinco instintos básicos.

El primero es el instinto de conservación, que tiene como raíz el miedo a la muerte.

El segundo es el impulso sexual, que surge del miedo a la soledad y de la sensación de estar incompletos.

El tercero es el instinto gregario, y también él tiene su origen en el miedo que experimenta el sujeto al sentirse un dividido, débil e inseguro individuo separado, lo que le induce a buscar apoyo y seguridad en sus asociaciones con los demás. El cuarto es la tendencia a la autoafirmación. Esto podría parecer el polo opuesto del miedo, pero un análisis más profundo muestra que al menos una de sus raíces es el miedo a no ser apreciados, reconocidos o valorados en lo que merecemos (¡o creemos merecer!) y, por consiguiente, de no disponer sobre los demás de todo el poder que desearíamos.

El quinto es la tendencia a indagar, la sed de saber suscitada por el miedo a lo desconocido y al misterio.

Debemos reconocer que estos instintos han impulsado y espoleado al hombre a muchas actividades útiles e incluso necesarias, y que por consiguiente el miedo que está en su raíz ha tenido y puede seguir teniendo una función benéfica. Pero, frente a ello, ¡cuánto daño hace! A este respecto, se puede decir aquello que dijo Alessandro Manzoni sobre el amor: «¡Nos hiere al menos 600 veces más de las necesarias!»

Nombraré apenas (porque requerirían de un tratado en sí mismas) las formas morbosas del miedo. Estas son: la ansiedad, la angustia, la fobia y los miedos colectivos.

¿Cómo podemos librarnos del miedo? Existen dos grupos de medios —los medios psicológicos y los medios espirituales— los cuales actúan a distinto nivel por lo que es aconsejable que se utilicen conjuntamente. Los más eficaces son, naturalmente, los segundos; pero también los primeros son útiles, y son además de aplicación más sencilla y por ello más oportuna en ciertos casos y a la espera de saber utilizar bien los segundos.



1. Métodos psicológicos

I. Uso de la mente — Reflexión — Persuasión.

La relación entre la mente y las emociones varía en función de los diferentes niveles de desarrollo psicológico:

a) La mente se halla sometida a las emociones.

b) La mente se halla desvinculada de éstas, pero es incapaz de modificarlas de forma eficaz.

c) Dominio y transmutación de las emociones por parte de la mente.



II. Psicoanálisis. La exploración del inconsciente. Hallar las raíces del miedo y llevarlas a la luz de la conciencia.



III. Desvío y sustitución por medio de:

a) Actividades físicas y deportivas.

b) Dirigir la imaginación hacia otros puntos.

c) Utilizar el humor. Esto puede resultar muy eficaz: El novelista Talbot Mundy consiguió salvar su vida gracias al recuerdo de una escena cómica, el cual le liberó del miedo que le paralizaba durante una  situación muy peligrosa.

d) Cultivar emociones positivas y dinámicas: valor, alegría, etc.



IV. Ejercicios psicagógicos.

a) Sugestiones y afirmaciones.

b) Entrenamiento mediante la imaginación: intentar vivir con anterioridad el acontecimiento temido (examen, oposiciones, etc.); repetirlo en la imaginación hasta que el miedo haya desaparecido.



2. Métodos espirituales

Cualquier miedo está basado en la ignorancia o en el error, y puede ser vencido fácilmente por la luz de la verdad y mediante la realización espiritual.

Examinemos las diferentes tendencias:

 

1. Instinto de conservación, miedo a la muerte. Bajo el punto de vista espiritual, la muerte no existe. Cuando abandonamos el cuerpo físico pasamos a una vida mejor, mucho más libre y hermosa.

 

2 y 3. Miedo a la soledad y al aislamiento. Se supera:

a) Mediante la comunión con Dios, con la Vida y con el Sí Mismo inmortal.

b) Con el amor espiritual, el compañerismo y la vida de grupo. (Aunque parezca una paradoja, cuanto menos se teme el aislamiento y menos se necesita o se exige el amor y la compañía de los demás, más solicitado y amado se es). Esforcémonos por comprender y reconocer que el aislamiento no es más que una ilusión. Seamos en todo momento partícipes de la Vida universal, en presencia y en unión con lo Supremo.

 

4. Miedo al fracaso, sentimientos de inferioridad y de ahí, una excesiva y separativa tendencia a la autoafirmación. Esta se elimina por medio del reconocimiento de nuestros poderes latentes y de nuestra naturaleza espiritual.

 

5. Miedo de lo desconocido y del futuro. Este se supera:

a) Mediante la reflexión de que los males que tememos, a menudo ni siquiera llegan a presentarse (¡mas bien son otros los que se presentan!).

b) Con la fe de que no se nos presentan pruebas superiores a nuestra resistencia. Las dificultades suscitan las energías necesarias para superarlas.

c) Con el desarrollo de la consciencia y de la sabiduría. La ciencia ha eliminado muchos miedos supersticiosos: cuanto más se sabe, menos se teme; pero la verdadera consciencia espiritual es la intuición íntima y directa, es la iluminación, la identificación con la verdad y con la vida, que son esencialmente una única realidad.

Con esta identificación se superan las limitaciones de la conciencia separada. Cada comprensión de una nueva verdad produce una ampliación de la conciencia junto con una sensación de gozosa expansión y de liberación.

 

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El Desarrollo Transpersonal

Obstáculos al desarrollo espiritual:
el miedo


Fuente: Lo sviluppo transpersonale, Astrolabio, Roma 1988.

TRADUCCIÓN: Jorge Viñes Roig

Editada por la Fundación «La Piedra Angular» (en curso)
6 junio 2009

 

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