Dr. Roberto Assagioli

[edición en curso]

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El Acto de la Voluntad

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El Acto de la Voluntad

2. La experiencia existencial

de la voluntad

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La experiencia de la voluntad constituye una sólida base y un fuerte incentivo para empezar la tarea —difícil pero gratificante— de su entrenamiento. Esto ocurre en tres fases: la primera es reconocer que la voluntad existe; la segunda se refiere a la conciencia de tener una voluntad. La tercera fase del descubrimiento, que lo vuelve completo y eficaz, es la de ser una voluntad (que es distinto de «tener» una voluntad). El descubrimiento de la voluntad es difícil de describir; como en cualquier otra experiencia, no se puede comunicar completamente con palabras, sino que se pueden indicar los senderos que conducen a ella y las condiciones que la favorecen.

Una analogía con el descubrimiento de la belleza o con el despertar del sentido estético, puede hacemos comprender: se produce una revelación, un despertar, que puede ocurrir cuando miramos el delicado matiz del cielo al atardecer, un grupo majestuoso de montañas con las cimas blanqueadas de nieve, o los ojos limpios de un niño. Puede producirse mientras contemplamos la sonrisa enigmática de la Gioconda de Leonardo. Puede producirse mientras escuchamos la música de Bach o de Beethoven, o mientras leemos los versos inspirados de los grandes poetas.

Este despierto sentido de lo bello, aunque al principio sea muchas veces débil y confuso, se vuelve más claro y se desarrolla a través de repetidas experiencias de naturaleza estética, y se le puede cultivar y afinar con el estudio de la estética y la historia del arte. Pero la atención intelectual y el estudio, no pueden, por sí solos, sustituir a la revelación inicial.

Este despertar se puede favorecer y muchas veces producir creando circunstancias favorables para este fin; por ejemplo, contemplando repetidas veces escenarios naturales y obras de arte, o abriendo el alma a la fascinación de la música.

Lo mismo es cierto de la voluntad. En un momento determinado tal vez durante una crisis, se tiene viva e inconfundible la experiencia externa de su realidad y de su naturaleza. Cuando el peligro amenaza paralizamos, de improviso, desde las profundidades misteriosas de nuestro ser, sube una fuerza insospechada que nos permite pararnos resueltamente, a la orilla del precipicio o enfrentar un agresor con calma y decisión. Frente a la actitud amenazante de un superior injusto o cara a cara con una multitud exaltada, mientras que las razones personales nos inducirían a ceder, la voluntad nos da la fuerza de decir resueltamente «¡No! Defenderé mis convicciones a cualquier costo; actuaré como creo que es justo».

Del mismo modo, cuando nos asalta una tentación, la voluntad nos hace sostenemos en pie, sacudiendo nuestra aquiescencia y liberándonos de la trampa.

La experiencia interior de la voluntad puede producirse también de otros modos, más discretos y sutiles. Durante periodos de silencio y de meditación, en el atento análisis de nuestras motivaciones en momentos de absorta deliberación y decisión; una «voz» pequeña pero clara, a veces se hará oír para empujamos a actuar de un cierto modo una sugerencia distinta de la de nuestras motivaciones e impulsos ordinarios, Sentimos que viene del centro interno de nuestro ser. O bien una iluminación interior nos hace conscientes de la realidad de la voluntad con una certeza tras tornan te que se declara por sí sola de manera irresistible.

Sin embargo, el modo más sencillo y en el que más frecuentemente descubrimos nuestra voluntad, es a través de la lucha y de la acción determinada. Cuando hacemos un esfuerzo físico o mental cuando luchamos activamente contra un obstáculo o combatimos fuerzas opuestas, sentimos un poder específico que surge en nosotros; y esta fuerza interior nos da la experiencia de la voluntad.

Intentemos ahora damos cuenta atentamente del pleno significado y del inmenso valor del descubrimiento de la voluntad. De cualquier modo en que ocurra, en forma espontánea, a través de una acción consciente, durante una crisis o en la calma del recogimiento interior, constituye un momento decisivo y de enorme importancia en nuestra vida.

El descubrimiento de la voluntad dentro de nosotros, y más aún la conciencia de que el Yo y la voluntad están íntimamente ligados, puede representar una verdadera revelación que quizá cambie, a veces radicalmente, nuestra autoconciencia y toda la actitud hacia nosotros mismos, los otros y el mundo. Advertimos que somos un »sujeto viviente dotado del poder de elegir, de construir relaciones, de hacer cambios en nuestra personalidad, en los otros, en las circunstancias.

Esta aguda conciencia, este despertar, y esta visión de nuevas e ilimitadas potencialidades de expansión interior y de acción externa, nos dan confianza, seguridad, alegría, «entereza».

Pero esta revelación inicial, esta luz interior, por más viva e inspiradora que sea en el momento en que se produce, puede atenuarse y apagarse o dar destellos intermitentes. La nueva conciencia del Yo y de la voluntad es fácilmente sometida por el flujo continuo de impulsos, deseos, emociones e ideas; es anulada por una constante invasión de impresiones del mundo externo, Entonces la necesidad de proteger, cultivar y reforzar la conquista inicial se hace evidente, para hacer de esto una riqueza permanente y para usar sus grandes posibilidades. Pero cuando se empieza con esta tarea se encuentran dificultades, se advierte cierta clase de resistencia. La concepción victoriana de la voluntad todavía está muy difundida, la concepción de algo severo que prohíbe, condena y reprime la mayor parte de los aspectos de la naturaleza humana. Pero una concepción tan errada se podría llamar la caricatura de la voluntad. La verdadera función de la voluntad no es
la de actuar contra los impulsos de la personalidad para forzar la realización de nuestros fines. La voluntad tiene una función directiva y reguladora; pone en equilibrio Y usa constructivamente todas las otras actividades y energías del ser humano, sin reprimir ninguna de ellas.

La función de la voluntad es parecida a la del timonel de un barco; gracias a él la ruta del barco se mantiene con firmeza, a pesar de los impulsos causados por el viento y por la corriente. Pero la energía que necesita para girar el timón es completamente distinta de la necesaria para impulsar el barco entre las olas, ya sea ésta generada por los motores, por el viento, por las velas, o por los esfuerzos de los remeros.

Otra forma de resistencia deriva de la tendencia general de la inercia, a dejarse gobernar por el lado «cómodo» de la propia naturaleza, a permitir que los impulsos interiores o las in fluencias externas dominen la personalidad. Se puede resumir como la oposición a «ocuparse», a pagar el precio requerido por un compromiso importante. Esto a menudo es cierto para el desarrollo de la voluntad, pero no es razonable esperar que el entrenamiento de la voluntad pueda cumplirse sin el esfuerzo y sin la constancia que se requieren para desarrollar cualquier otra cualidad, ya sea física o mental. Y este esfuerzo será más que recompensado, porque el uso de la voluntad está en la base de toda actividad. Por esto, una voluntad bien desarrollada hace más eficaz todo esfuerzo futuro.

Después de obtener la convicción, la certeza de que la voluntad existe, y de que nosotros tenemos una voluntad, viene la comprensión de la Íntima relación entre la voluntad y el Yo. Esta culmina en la experiencia existencial de la pura autoconciencia, la percepción directa de sí mismo, el descubrimiento del Yo. En realidad esta experiencia está implícita en la conciencia humana. Es lo que la distingue de los animales que son conscientes, pero no son autoconscientes. Los animales son conscientes: lo demuestran claramente con sus reacciones emotivas a las situaciones y con sus relaciones afectivas con los seres humanos. Los seres humanos van más allá de la simple percepción animal y saben que perciben. Pero generalmente esta autoconciencia es más implícita que explícita. Se vive de manera desorganizada y nebulosa porque normalmente se confunde con los contenidos de la conciencia (sensaciones, impulsos, emociones, pensamientos). Este continuo impacto vela la claridad de la conciencia y produce una falsa identificación del Yo con estos con tenidos transitorios y mutables. Por eso, si queremos volver explícita, clara, viva, la autoconciencia, debemos desidentificarnos de todos estos contenidos e identficarnos con el yo. Esto se puede obtener con algunos tipos de meditación, pero de manera especial con el ejercicio de autoidentificación descrito
en mi libro Psicosintesis y expuesto aquí en el Apéndice 1 para comodidad del lector.

La autoconciencia o conciencia del Yo, tiene dos características: una introspectiva , la otra dinámica. Esto se puede expresar de varios modos: por ejemplo, «percibo ser y querer», o bien «puesto que soy, puedo querer». La íntima relación entre el Yo y la voluntad, entre ser, y querer, fue enunciada claramente por el profesor Calò, en su articulo sobre la voluntad en la Enciclopedia italiana:

 

La actividad volitiva está en estrecha relación con la conciencia del Yo como centro activo y unificador de todos los elementos de la vida psíquica. El Yo, que al principio es un misterio, el punto de referencia de toda experiencia psíquica, gradualmente se afirma, a medida que logra distinguirse como centro de actividad, de cada uno de sus elementos particulares (sentimientos tendencias, instintos, ideas). La voluntad es precisamente esta actividad del Yo que es una unidad, que se eleva sobre la multiplicidad de sus contenidos, y que sustituye la precedente acción impulsiva, fragmentaria y centrífuga de estos contenidos, Yo y voluntad son términos correlativos, el Yo existe en cuanto tiene su propia, específica capacidad de acción que es la voluntad, y la voluntad existe sólo como una actividad distinta y autónoma del Yo. [1]

 

Conviene darse cuenta de la relación entre el Yo y la voluntad, por un lado, y las distintas funciones psíquicas por el otro. Esta relación puede aclararse con el diagrama siguiente:

 

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Fig. 2.1. «Diagrama de la estrella»
  1. Sensación
  2. Emoción / Sentimiento
  3. Impulso / Deseo
  4. Imaginación
  5. Pensamiento
  6. Intuición
  7. Voluntad
  8. Punto central: Sí mismo

 

 

diagrama-huevo
Fig. 2.2. «Constitución psíquica del ser humano»
  1. Inconsciente inferior o Inconsciente personal
  2. Inconsciente medio o Subconsciente
  3. Inconsciente superior o Superconsciente
  4. Campo de la conciencia o Consciente
  5. El Yo consciente o Yo personal
  6. El Sí Mismo Superior o Transpersonal
  7. Inconsciente colectivo

 

 

La voluntad ha sido puesta al centro del diagrama en contacto con el Yo consciente o sí personal, para mostrar la estrecha relación entre ellos. A través de la voluntad, el Yo actúa sobre las otras funciones psicológicas, las regula y las dirige. Como todos los diagramas, el diagrama está simplificado al máximo, pero sirve para subrayar la posición central de la voluntad.

Sin embargo, todavía falta dar un paso, otro descubrimiento se tiene que hacer: el de la relación entre el Yo y el Sí Transpersonal o superior, del cual el Yo es un reflejo o proyección. Esta relación está descrita en la figura 2.2, en el diagrama de la constitución psicológica del hombre. El Yo está indicado por el punto del centro del campo de conciencia, mientras que el Sí Transpersonal está representado por una estrella sobre la cima del inconsciente superior. No me detendré más en esto, porque el tema está tratado en el capítulo que habla sobre la voluntad transpersonal, que es una función del Sí Transpersonal.

Para empezar la discusión sobre el entrenamiento de la voluntad es necesario dar las bases conceptuales. El tema es muy amplio y espero que el lector tenga la paciencia de seguirme en la elaboración de las categorías que describen la voluntad. Estas categorías son necesarias para obtener el cuadro general de la voluntad completamente desarrollada y, todavía más importante, para dar un paso hacia adelante en el entrenamiento de este atributo humano tan determinante.

Usaré tres categorías —o dimensiones— para describir la voluntad: aspectos, cualidades y estadios. La primera categoría, los aspectos, es la básica y representa las facetas que se reconocen en la voluntad completamente desarrollada. La segunda categoría, las cualidades, se refiere a la expresión de la voluntad: son las maneras de expresarse de la voluntad en acción. Finalmente, los estadios de la voluntad, se refieren específicamente al proceso de querer, el acto de la voluntad tal como se desarrolla desde el principio hasta el final.

Se puede considerar completamente desarrollada la voluntad que posee algunos aspectos más importantes; éstos deben considerarse las principales premisas de nuestro argumento central, los elementos de mayor relieve en el perfil de la voluntad.

Cada uno de estos aspectos puede ser entrenado de manera específica y apropiada. Ya que casi toda la primera parte de este libro trata de estos aspectos principales, convendrá definirlos inmediatamente. Los aspectos de la voluntad humana en su pleno desarrollo son la voluntad fuerte, la voluntad sabia, la voluntad buena y la voluntad transpersonal. Quisiera describir brevemente estos aspectos principales de la voluntad, de manera que el lector los pueda tener en mente mientras continuamos definiendo la fenomenología de la voluntad desde otros puntos de vista.

1. Voluntad fuerte. Como ya hemos dicho antes, para entrenar la voluntad debemos primero reconocer que la voluntad existe, después que tenemos una voluntad, y finalmente que somos una voluntad o, esencialmente, un «Yo que quiere». Después de esto, tenemos que desarrollar la voluntad y volverla bastante fuerte para que esté a la altura de los múltiples usos a los que esta llamada en que está llamada en todos los campos de la vida.

La mayor parte de las equivocaciones y de los errores que se refieren a la voluntad surgen de la convicción errada, muy difundida, de que la voluntad fuerte constituye toda la voluntad. La fuerza es sólo uno de los aspectos de la voluntad, y cuando no se asocia a los otros puede ser, y a menudo es, ineficaz o dañina para nosotros mismos y para los demás.

2. Voluntad sabia. El aspecto sabio de la voluntad consiste en la habilidad de obtener los resultados deseados con el menor gasto de energías. Para ir a algún lado, no se puede caminar en línea recta en pleno campo o, trepándose sobre los edificios. Más bien se estudia un mapa de carreteras y se usan las carreteras existentes, que, aunque no en línea recta, puede conducirnos a nuestro destino con el mínimo esfuerzo. Y se aprovechan los medios de transporte ya existentes, esto significa que usamos los vehículos que van en la dirección que elegimos.

De la misma manera, para usar sabiamente la voluntad debemos comprender nuestra constitución interior, familiarizarnos con nuestras distintas funciones, los impulsos, los deseos, los condicionamientos y las relaciones que hay entre ellos, de tal forma que podamos, en cualquier momento, activar y utilizar aquellos aspectos de nosotros mismos que ya tienen la tendencia a producir una acción específica para realizar la condición que nos proponemos.

3. Voluntad Buena. Aunque la voluntad es fuerte y sabia, no siempre es completa. También puede ser un arma extremadamente peligrosa, porque si la voluntad está dirigida hacia fines negativos, se convierte en un grave peligro para la sociedad. Un hombre con voluntad, fuerte y capaz, en condiciones de usar al máximo sus dotes naturales puede superar o corromper la voluntad de los otros, alguien que no tiene miedo a nada, que arriesga todo y que realiza diversas acciones sin ninguna consideración ética y sin ningún sentido de amor o de compasión, puede tener una influencia desastrosa sobre una comunidad o todo un país.

Hay dos grandes leyes que operan en el mundo físico y en el mundo psicológico: La Ley de la acción y la reacción y la Ley de ritmo y equilibrio. A causa de estas leyes, quien hace el mal, atrae el mal sobre sí mismo, quien es violento y despiadado, finalmente llama sobre sí mismo la violencia y la crueldad de los otros. La historia nos ofrece muchos ejemplos de este tipo, como Calígula, Rasputín o Hitler. Dada la manera en que operan estas leyes, la voluntad, para ser eficaz debe ser buena. Por lo tanto, la voluntad buena es al mismo tiempo favorable e inevitable. Podemos, por eso, afirmar que aprender a elegir las metas correctas constituye un aspecto esencial del «entrenamiento» de la voluntad. Es necesario, para nuestro bien y para el bien de todos, que nuestra voluntad sea buena además de fuerte y sabia. Todo esto conforma el campo de la Psicosíntesis interpersonal, la Psicosíntesis de grupo y la Psicosíntesis social.

4. Voluntad Transpersonal. Los tres aspectos de los que hemos hablado parecen constituir la totalidad de las características de la voluntad. Esto puede ser verdadero para el ser humano «normal», al cual le bastan para su realización y su existencia plena y útil. Éste es el fin de la Psicosíntesis personal e interpersonal. Pero el hombre tiene también otra dimensión. Aunque muchos no la perciban y hasta puedan negarla, hay otro nivel de conciencia, cuya realidad en el curso de la historia ha sido atestiguada por la experiencia directa de un cierto número de individuos.

Este nivel de conciencia funciona en una dimensión que podríamos definir como «vertical». En el pasado, ésta era considerada como la esfera de la experiencia religiosa o «espiritual», pero hoy es reconocida, cada día más, como un campo válido para la investigación científica.

Ésta es la esfera específica de la psicología transpersonal que se ocupa de lo que Maslow, un pionero en este campo, ha llamado «las necesidades superiores». Para usar las palabras del «Statement of Purpose» del Journal of transpersonal Psychology, ésta se ocupa de: «necesidades trascendentes, valores absolutos, conciencia unitaria, experiencias cumbre, éxtasis, experiencias místicas, valores del Ser, esencia, beatitud, veneración, estupor, realización de las potencialidades del Yo, significado último, trascendencia del Yo, espíritu, sacralización de la diaria, unidad, conciencia cósmica, juego cósmico, sinergia individual y colectiva, integración del individuo en el humanidad, fenómenos trascendentes, máxima percepción sensorial, receptividad y expresión; y los conceptos, las experiencias y las actividades relacionadas con esto.»

Esta es la esfera o dimensión de la Voluntad Transpersonal, que es la voluntad del Sí Mismo Transpersonal. Es también el campo en el cual, en cada individuo, la voluntad del yo o sí-mismo personal se une con la voluntad del Sí Mismo Transpersonal. Ésta unión lleva a la interacción y finalmente a la fusión del sí-mismo personal con el Sí Mismo Transpersonal y los une con la Realidad Absoluta: el Sí Mismo Universal que encierra y demuestra la Trascendente Voluntad Universal.

 

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Referencias

[1] Las referencias comienzan en la página 202. [regresar]

 

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El Acto de la Voluntad

La experiencia existencial

de la voluntad


Fuente: The act of will, The Wiking Press, New York 1973.

TRADUCCIÓN: Instituto Mexicano de Psicosíntesis

Editada por la Fundación «La Piedra Angular» (en curso)
7 junio 2009

 

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