El discipulado y su finalidad

por Grupo de Servicio el 10 de mayo de 2012

 Nicholas Roerich. AtlantN. Roerich. Atlante. 1921

Existe un curioso y antiguo canto atlante que no se entona ya, pero en tiempos lejanos lo entonaba el iniciado que recibía la tercera iniciación -la culminante iniciación de ese período. La traducción de los símbolos en que fue escrito perdió lógicamente su ritmo y su poder. Reza así:

“¡Permanezco entre el Cielo y la Tierra! Visualizo a Dios; veo las formas que Dios tomó. Odio a ambos. Nada significan para mí, porque al primero no lo puedo alcanzar y no amo a las segundas.

“Me siento atormentado. No puedo conocer el Espacio y su Vida, de modo que no lo deseo. Conozco demasiado bien el tiempo y sus miríadas de formas. Pendo entre ambos y no deseo ninguno.

“Dios habla desde los cielos. Se produce un cambio. Escucho con oído atento, y escuchando vuelvo la cabeza. Aquello que visualizo y, aunque lo visualice, no lo puedo alcanzar, está más cerca de mi corazón. Los antiguos anhelos vuelven y mueren. Las viejas cadenas del espejismo se rompen. Me precipito hacia delante.

“Miríadas de voces hablan y detienen mis pasos. El tronar de los sonidos de la tierra apagan la voz de Dios. Me doy vuelta en el camino y visualizo nuevamente los prolongados goces de la tierra, de la carne y de los seres queridos. Pierdo la visión de las cosas eternas. La voz de Dios se desvanece.

“Nuevamente estoy atormentado, pero sólo por poco tiempo. Mi pequeño yo, oscila adelante y atrás, así como un ave vuela en el aire y se posa nuevamente en el árbol. Sin embargo, Dios, en su lugar elevado, supera a la pequeña avecilla. Así sé que Dios saldrá victorioso y que más tarde esclavizará a mí y a mi mente.

“Escuchen el alegre himno que canto; el trabajo fue realizado. Mi oído está sordo a los llamados de la tierra, excepto a esa pequeña voz de todas las almas ocultas en las formas externas, porque son como yo y con ellas estoy unificado.

“La voz de Dios es oye con claridad y, en sus tonos y sobretonos, las ínfimas voces de las pequeñas formas se esfuman y desvanecen. Habito un mundo de unidad. Sé que todas las almas son una.

“Me arrastra la Vida universal, y al precipitarme en mi camino -el camino de Dios- veo desaparecer las energías menores. Soy el Uno; yo, Dios. Soy la forma en la que todas las formas están sumergidas. Soy el alma en la que todas las almas están fusionadas. Soy la Vida, y en esa Vida todas las pequeñas vidas permanecen

Estas palabras entonadas en las antiguas fórmulas, en peculiares y seleccionadas notas, fueron muy poderosas y trajeron resultados definidos en ciertas antiguas ceremonias que desde hace mucho desaparecieron.

[AAB/DK. DNE I, pp. 622-623]