Un Rey no debe cazar elefantes

por Grupo de Servicio el 16 de abril de 2012

El rey y su elefante trofeo

 

[Domingo Díaz] Un rey no debe cazar elefantes; en general nadie debe cazar elefantes, pero mucho menos un rey. ¿Por qué?. Porque un rey debe dar ejemplo.

En nuestra recién estrenada educación democrática a todos nos enseñaron en su día que en las monarquías constitucionales “el rey reina pero no gobierna”. En efecto, a los monarcas constitucionales la constitución y los principios democráticos les relegan a una mero papel de representación institucional prestigiada del Estado, pero a pesar de haberles restado todo su protagonismo en el poder, la importancia de la institución, su visibilidad mediática y el incontestable apoyo popular les sitúa en una inmejorable posición para llevar a cabo la acción más importante de un monarca y de una Casa Real: dar ejemplo.

Ese es el principal papel actual de la monarquía, dar ejemplo de vida, de moral, de compromiso, de solidaridad, de honestidad, de valor, de amor; guiar en virtudes a la población cuando ésta no sabe encontrarlas por sí misma, ser un espejo en el que pueda mirarse cualquier ciudadano en busca de un modo de conducta, de un esquema moral o de un ejemplo de actitudes.

Cazar elefantes es una actividad cobarde; te llevan donde está el elefante a abatir, no hay que buscarlo, te dotan de un arma de última generación con mira telescópica de largo alcance y balas de gran penetración, te esconden tras unos arbustos, a la sombra, cómodamente ubicado, apuntas y disparas. ¡Qué divertido!, sin riesgo alguno. Y caen al suelo con estrépito para no levantarse jamás, toneladas de vida, años de sabiduría y memoria, habitantes dignos de su espacio en su tierra y en el planeta, hijos de la madre tierra y hermanos biológicos nuestros.

 

[JB] Las monarquías, las iglesias y las democracias se encuentran ante una crisis de identidad. Han perdido su vínculo vital con la IDEA; sólo queda el caparazón del IDEAL cristalizado.

La verdadera Jerarquía espiritual planetaria existe. Los desaciertos de sus detractores no la niegan. Al contrario, por contraste, prueban la necesidad de reconocerla en el corazón humano, como lo hace el girasol ante el Rey Sol.

 

 

La praxis del Agni Yoga nos reconecta con la PRESENCIA… ese “sentido común” que se eclipsa en aquel que mata a un elefante por pura diversión, el mismo “sentido común” que nos permite reconocer a la verdadera Jerarquía.

Que nada ni nadie pueda obstaculizar el proceso de exteriorización de la Jerarquía de Luz y de Amor para restablecer el Plan en la Tierra.