Argentina: democracia y correctas relaciones

por Grupo de Servicio el 21 de abril de 2012

La democracia y las correctas relaciones

[GIOE] Aprendemos por constrastes. A veces es más fácil definir algo por lo que no es.

Obtener el poder para imponer la voluntad de la mayoría no es una democracia. Así operan las juntas directivas de las empresas capitalistas, pero eso no las hace democráticas. El razgo distintivo de una democracia es gobernar por consenso.

En Latino América tenemos buenos ejemplos de lo que no es una democracia. El ejemplo cimero es la “democracia” del partido único en el modelo cubano. Le sigue el modelo chavista en Venezuela donde la disidencia política se considera una traición a la patria. Y ahora se suma Argentina donde quien ostenta el poder reclama su derecho a confiscar capital privado, violando la seguridad jurídica de todos los ciudadanos.

En Argentina (según WSJ), “Ahora, el colapso parece inevitable. La economía se está desacelerando y las reservas internaciones se están acabando. Al robar a Repsol, Kirchner está apelando a los sentimientos nacionalistas a la vez que obtiene el control político de las reservas de crudo y una potencial máquina de patronaje. Pero esto también alienta una mayor fuga de capitales, la cual no ha podido ser frenada con rígidos controles o con perros entrenados en los barcos que cruzan el Rio de la Plata hacia Uruguay. Después de generaciones de peronismo, el pueblo argentino sabe cómo esconder su efectivo en el extranjero.”

Y así editorializa la prensa argentina: “Nadie que sea dueño de un negocio, por más pequeño que sea, o de un activo en la Argentina puede aplaudir lo que se está haciendo con Repsol. Hay cuestiones de fondo que hacen que esta confiscación sea incompatible con la seguridad jurídica y la supervivencia de un régimen republicano.

“No actuamos contra Repsol ni contra los capitales españoles”, declaró el viceministro de Economía Axel Kicillof, supuesto cerebro detrás de la decisión de confiscar. Kicillof parece un funcionario del Ministerio de la Verdad que George Orwell describió tan bien en 1984 . En esta brillante novela, cada vez más vigente, el régimen totalitario buscaba controlar el pensamiento y subvertir el concepto de la verdad a través del lenguaje. Para el Ministerio de la Verdad, la guerra es paz, la esclavitud es libertad y la ignorancia es poder. ¿Pretenderá Kicillof tomarnos a todos el pelo cuando dice que el Gobierno no está actuando contra Repsol?”

Ante tales vericuetos orwellianos resalta la necesidad de afirmar la sencillez de la VERDAD, esa que convence sin atar y que atrae aún sin convencer. Roba quien toma prestado con la intención de no pagar. Roba quien invita a invertir capital con la intención de confiscar.

Cuando recitamos la Gran Invocación, al invocar la luz estamos afirmando la existencia de la verdad. Al invocar el amor estamos afirmando la verdad de las correctas relaciones humanas. Al invocar el poder estamos afirmando la voluntad al bien, repudiando cualquier tipo de arbitrariedad totalitaria.

El Festival de Wesak ofrece una magnífica oportunidad para invocar la “luz liberadora de Buda“. Invoquemos porque la verdad de las correctas relaciones humanas rija en toda democracia y porque la nación argentina pueda restituir la credibilidad internacional de su palabra. Sin credibilidad no puede haber confianza y sin confianza sería inminente su segundo colapso económico del siglo.

 

[CE, 178-179] La raza –a medida que se polariza más mentalmente– podrá encarar el problema desde el ángulo del sentido común, y decidirá que el pecado físico exige un castigo demasiado severo y que no vale la pena poseer lo que no se ha merecido ni se ha necesitado y en consecuencia no le pertenece.

Alrededor de estas ideas básicas se libró la guerra mundial (1914-1945). A la posesión ilegal de las tierras, territorios, bienes y pertenencias, denominamos agresión; pero en principio es lo mismo que violar, hurtar, robar. Hoy estos males no constituyen faltas y pecados individuales, sino que pueden ser características nacionales; la guerra mundial ha hecho surgir este problema a la superficie de la conciencia humana y la antigua lucha atlante se está librando amargamente con la probabilidad de que esta vez la Gran Logia Blanca triunfe. Esto no fue así en el primer conflicto. En ese entonces la guerra finalizó por la intervención del Logos planetario y esa antigua civilización descendió a las profundidades y fue sepultada por las aguas -símbolo de pureza, salubridad y universalidad, y por lo tanto un final apropiado para “una raza tuberculosamente orientada”, como los Maestros la han llamado. La muerte producida por inmersión y la muerte por confusas causas físicas, las cuales no se me permite describir, han sido probadas en el esfuerzo por salvar a la humanidad.

Hoy se aplica la técnica de la muerte por el fuego, y promete ser exitosa. En contradicción con las grandes crisis de Lemuria y Atlántida, la humanidad ya posee una mentalidad más alerta, reconoce las causas de las dificultades, ve con más claridad los móviles, y la voluntad al bien y el anhelo de cambiar las condiciones malignas del pasado es más fuerte que nunca. Lo que la conciencia pública está comenzando a manifestar hoy es algo totalmente bueno y nuevo.