Piscis y el desapego

por Grupo de Servicio el 6 de marzo de 2012

 PISCIS_por_Gorgoncult

“15. Desapego es liberarse de la apetencia de los objetos deseados, ya sean terrenos o tradicionales, ahora y en lo sucesivo.”

El desapego puede ser definido como “carencia de sed”. Éste es el exacto sentido oculto, porque implica la idea dual del agua, el símbolo de la existencia material y del deseo, cualidad del plano astral, cuyo símbolo también es el agua. En forma curiosa tenemos aquí la idea de que el hombre es el “pez”. Este símbolo, como sucede con todos, tiene siete significados, y dos de ellos son aplicables aquí:

  1. El pez es el símbolo del aspecto Vishnu, el principio crístico, el segundo aspecto de la divinidad, el Cristo en encarnación, ya sea el Cristo cósmico (expresándose mediante un sistema solar) o el Cristo individual, el salvador potencial en cada ser humano, el “Cristo en tí esperanza es de gloria” [Co. 1-27]. Si el estudiante analiza lo referente al pez Avatar de Vishnu, aprenderá mucho más.
  2. El pez nadando en las aguas de la materia, ampliación de la misma idea, ha sido reducido a su expresión actual más evidente, el hombre como personalidad. Donde no hay anhelo por un objeto ni deseo de renacer (consecuencia del anhelo por “expresarse en una forma” o manifestación material), se obtiene la verdadera “carencia de sed”; el hombre liberado vuelve la espalda a todas las formas de los tres mundos inferiores y se convierte en un verdadero Salvador. [AAB: La Luz del Alma, Libro I, aforismo 15.]

 

[VBA:] …y habida cuenta que el ser humano se está moviendo en tres dimensiones distintas, pero muy compenetradas, como son el plano físico, el mundo emocional y la mente, cabe decir que al hablar de ciencia de desapego a una humanidad inteligente de nuestros días, (lo que intentamos) es buscar el desapego hacia el mundo de la mente, o sea, de los pensamientos, hacia el mundo de las emociones, es decir, actuando sobre los deseos, y también sobre las sensaciones del cuerpo físico. Bueno, ustedes dirán que esto ya lo sabemos, yo también lo sé, todos lo sabemos, pero no se trata de saber, se trata de aplicar, pues una cosa es el poder y otra es la responsabilidad de este poder. La responsabilidad siempre nace por el discernimiento, fruto del discernimiento es la voluntad y el propósito espiritual de realizar, entonces, cuando hablamos del desapego nos referimos al ser humano inmerso en un mundo conflictivo como el nuestro, dentro del cual todos sin ningún género de dudas estamos adheridos, estamos apegados a acontecimientos, a personas, a ideas, y todas estas cuestiones de tipo nacional, internacional o local, que conturban nuestro ánimo y llenan de complejos nuestra vida. Bueno, esto es muy natural en un mundo en donde se rinde culto a las sensaciones y a la ilusión de los sentidos y al maya de todas las convicciones existentes, y desde el momento en que el individuo se da cuenta en cierta medida de que está apegado a algún hecho personal o acontecimiento, y se da cuenta al propio tiempo que este apego es negativo para su propia evolución psicológica. Empieza la lucha por este descubrimiento del ser inmortal que todos llevamos dentro y que tiene como objetivo supremo la liberación; es decir, que estamos tan limitados a hablar de libertad, una palabra hueca como la palabra Dios, ¿verdad?, porque qué sabemos de libertad, es una palabra, un tópico, y esotéricamente sabemos que los tópicos no nos sirven para nada, y que cuando hablamos de apego nos referimos a la liberación de todos los tópicos existentes, incluida la idea de Dios y la idea de libertad, porque el último apego que tiene el ser humano es el apego a la propia liberación o a la propia idea de Dios o la propia idea de libertad. Desde el momento en que la persona se siente libre deja de pensar en términos de libertad, deja de hablar de la libertad, deja de expresar la libertad como una simple utopía mental.

Cuando sucede este raro hecho en la vida de la naturaleza –utilizo muy intencionadamente esta palabra, intencionalmente–, cuando el individuo está inmerso dentro de su propia libertad, que es la libertad del Universo, que es la libertad de la Naturaleza, automáticamente se crea dentro del ambiente social del mundo un centro de revolución. Revolución contra todo lo establecido, y no es que la persona se sienta revolucionaria, simplemente está expresando libertad en un mundo que no la posee, y (en el cual) se produce una reacción contra el hombre que posee esta libertad, y todas las épocas de la humanidad, desde los tiempos de la barbarie primitiva hasta nuestra era técnicamente civilizada, siempre ha habido una reacción del ser humano mediocre, de lo más corriente, contra el hombre superior, y me pregunto si podremos cambiar ese estado de cosas, porque el hombre que se siente libre no lo expresa con palabras, es un centro de radiación espiritual, un centro de radiación de la propia libertad que ha conquistado, y para este individuo no existen tópicos. La utopía ha desaparecido, la idea de Dios se ha convertido en la presencia íntima de Dios, en la conciencia de Dios, si podemos decirlo así, y también a este aspecto esencial en la vida de la humanidad, a la cual se refirió tantas veces Cristo, de que el hombre que se siente investigador esotérico –le damos místicamente el nombre de discípulo– se convierte en un granito de sal en la tierra, le da sabor a la existencia del mundo, de la misma manera que una pequeña porción de levadura hace crecer una gran masa de harina. Así parece ser que es el hombre liberado, el hombre que alcanzó la libertad, y que por haber conquistado esas atribuciones del Ser Supremo está testimoniando la vida de la naturaleza y se convierte, por así decirlo, en el brazo derecho de la humanidad. [VBA. Condicionamiento, desapego y libertad.]