Leo y los peligros del resurgimiento del espíritu nacionalista

por Grupo de Servicio el 25 de Julio de 2011

 

La ultraderecha amenaza Europa

El extremismo político, tintado de nacionalismo y xenofobia, ha dejado de ser tabú cuando [los] políticos […] juegan con la idea de que “el multiculturalismo ha fracasado completamente”, como mantiene la canciller alemana. Políticos clásicos y radicales pugnan por ese electorado como en una subasta, lo que permite a los analistas aventurar que las ideas extremas modelarán el debate político en Europa. […] “Izquierda y derecha ya no significan nada; tanto izquierda como derecha están por la UE, el euro, el libre comercio y la inmigración. La verdadera fractura está ahora entre quienes apoyan la globalización y los nacionalistas”, replicaba en un reciente debate en París a Charles Grant, director del Center for European Reform (CER), un instituto de análisis político de Londres. […]

 

El Maestro Tibetano estando cerca el fin de la Segunda Guerra Mundial expuso los peligros que debían ser neutralizados en el período de postguerra, para los que se debía estar preparado mientras se emprendía la tarea de reconstrucción, con la advertencia de que podrían ser los desencadenantes de un mal mayor, de entre ellos se destaca el tema del nacionalismo:

 

[AAB. EJ, pp. 311-315:] Los peligros del resurgimiento del espíritu nacionalista. El intenso nacionalismo fue el principio motor en la provocación de la guerra, y ninguna nación ha estado exenta de este espíritu de orgullo nacional y visión nacionalista separatista. […] Tipos nacionales, intereses nacionales individuales, culturas nacionales y civilizaciones nacionales, existen uno al lado del otro, pero en vez de ser considerados como tributarios de un todo integrado, fueron celosamente competidores y considerados como las prerrogativas peculiares y distintivas de alguna nación, existiendo únicamente para el bien de esa nación. En el futuro, debe ser acentuado y desarrollado el factor tributario en la vida, y el bien de una nación o grupo de naciones debe ser sustituido por el bien de toda la familia de naciones. La educación del pueblo sobre este ideal no le hace perder su identidad nacional o cultura individual. Debe seguir así y desarrollarse hasta su meta espiritual más elevada, para el enriquecimiento y el bien colectivo de todos. Sólo debe cambiarse el móvil que daría énfasis a cualquier cultura específica racial y nacional.

La familia de naciones, considerada como una unidad, su correcta y apropiada interrelación y la asunción de la responsabilidad, tanto para ella como para el débil, deben ser la meta conocida de toda empresa nacional; los recursos de todo el planeta deben ser compartidos colectivamente y se debe ir comprendiendo que los productos de la tierra, las riquezas del suelo, la herencia intelectual de las naciones, pertenecen a todo el género humano y no exclusivamente a una sola nación. Ninguna nación vive para sí misma, como ningún individuo puede vivir feliz de esa manera; la nación o el individuo que trata de hacerlo debe desaparecer inevitablemente de la faz de la tierra. […]

Las naciones que obstaculizan el sendero del progreso, viven en el recuerdo de su historia y fronteras pasadas y miran retrospectivamente lo que denominan “un glorioso pasado”, apoyándose en el recuerdo del gobierno nacional o imperial sobre el débil. Éstas son palabras duras, pero el espíritu nacionalista constituye un peligro grave para el mundo, y si se perpetúa de cualquier manera, excepto como tributario en bien de toda la humanidad, hará retroceder al mundo (después de la guerra) a edades oscuras y los hombres no estarán mejor de lo que estaban, aunque vivieron veinte años de trabajo y agonía.

[…] Las culturas y las civilizaciones pasadas y presentes son de gran valor; el genio particular de cada nación debe ser evocado para el enriquecimiento de toda la familia humana; la nueva civilización debe tener sus raíces en el pasado y surgir de él; deben aparecer y reconocerse nuevos ideales, y para ello los hechos y la educación del pasado habrán preparado a los pueblos. La humanidad misma debe ser la meta del interés y del esfuerzo y no cualquier nación o imperio particular. Todo esto debe ser efectuado en forma práctica y realista, divorciado de los sueños visionarios, místicos e imprácticos, y todo lo que se realiza debe estar fundado en un reconocimiento básico –la hermandad humana que se expresa en rectas relaciones humanas. […]

¿Cómo podemos expresar, clara y simplemente, la meta de este esperanzado nuevo orden mundial y expresar brevemente el objetivo que cada persona y nación debería mantener ante sí cuando la guerra termine y enfrente cada cual la oportunidad? Seguramente cada nación, grande o pequeña (con derechos iguales, proporcionales a las minorías), debería seguir su propia cultura individual y lograr su propia salvación como mejor le parezca, pero cada una y todas, deben llegar a comprender que son partes orgánicas de un todo corporificado y deben contribuir a esa totalidad con todo lo que poseen y son. Este concepto subyace en el corazón de incontables miles de personas y acarrea una gran responsabilidad. Cuando estos conocimientos sean inteligentemente desarrollados y sabiamente manejados conducirán a las rectas relaciones humanas, a la estabilidad económica (basada en el espíritu de compartir) y a una nueva orientación del hombre hacia el hombre, de una nación a otra y de todos a ese poder supremo, denominado “Dios”.

Tal es la visión que mantiene a incontables miles de personas firmes en el sendero del deber, y muchas de ellas, en cada nación, están dispuestas a trabajar para ese fin.

 

¿Cómo se alcanza esa visión? La visión se alcanza cuando el hombre puede ir más allá de sí mismo, de su propia individualidad (representada por el aspecto inferior del signo de Leo), paso a paso, hasta alcanzar la Revelación de su verdadera identidad (el aspecto superior de Leo), la Revelación de la Presencia Monádica, y por tanto, del Plan de Dios:

 

[AAB. TVE, p. 75:] Nunca se quebranta el arquetipo geométrico, la progresión numérica o la Ley de Correspondencia o Analogía en la comprensión del propósito y planes del Logos planetario, establecidos antes de la creación de los mundos y que han encontrado su prototipo en los planos mentales cósmicos. Esto difícilmente lo comprenderán quienes tienen actualmente centrada su conciencia en la individualidad.

Sin embargo, el hombre responde acrecentadamente a la expansión del medio ambiente, por ejemplo, cuando reconoce la diferencia que existe entre nacionalismo e internacionalismo. Esta respuesta, está condicionada lógicamente, por el libre albedrío humano, que se hace especialmente eficaz en el proceso regulador del tiempo. Puede aprender rápidamente o bien seguir el camino más lento, pero su conciencia reacciona siempre al medio ambiente de acuerdo a su percepción, hasta que – etapa tras etapa – se convierte en un factor integrador. Esta integración en el medio ambiente, la absorción de la atmósfera que lo rodea y su potencia en constante desarrollo, se relacionan con el hecho de que él ha sido creado para recibir impresiones y es poseedor de un mecanismo que responde a todas las facetas de la divina expresión en manifestación.

 

Nicholas Roerich. Madonna Laboris. Study

Roerich. Madonna Laboris. Study. 1936

En el presente período mundial, “la autoconciencia de Leo debe ceder su lugar a la conciencia mundial de Acuario.” [AAB. AE, p. 368] La humanidad en Leo debe volverse autoconsciente del Plan de Dios (Leo canalizando la Voluntad del Primer Rayo) para poder ejercer libremente su derecho de concretarlo (Leo expresando el Poder Concretizador del Quinto Rayo), así, se producirá la síntesis final de todas las individualidades en Acuario para la gloria de un bien mayor.

Que como Humanidad estemos a la altura de la situación y podamos ser un factor positivo en la concreción del Plan y la clausura de las puertas donde se halla el mal.