Plenilunio de Escorpio 2011

por Francis Donald el 10 de Noviembre de 2011


Francis Donald: Escorpio 2011: El Fénix


Francis Donald: Escorpio 2010: La Asención

Un pasaje de El Antiguo Comentario describe nítidamente la experiencia de la ‘Ascensión’:

“…el Anciano muere ahogado. Tal es la prueba. Las aguas lo cubren y no puede evitarlo. Se ahoga. Se apagan los fuegos de la pasión. La vida de deseos cesa su llamado, y ahora desciende al fondo del lago. Más tarde asciende nuevamente a la Tierra, donde el blanco corcel espera su llegada…” [Astrología Esotérica, p. 166]

Este pasaje representa el paso de la personalidad a la identificación con el Alma, pasaje éste que nos dice el Tibetano es la consumación de la experiencia en Escorpio. La re-identificación es el tema en ambas imágenes, pero si colocamos “El Fénix” por encima de “La Ascensión” veremos que existe una correspondencia arquetípica entre ambas. La figura roja del ahogado –que representa la personalidad– deviene Marte, que en Escorpio rige la triple personalidad; la Luna, nuestra forma externa, da paso al Sol, aquí indicado por la vitalidad solar luminosa del Fénix; las manos levantadas del discípulo se configuran en un Cáliz, ya que ahora el discípulo es aquél que es capaz de recibir desde la fuente e vida; la Cruz Fija deviene un trefoil, la figura humana da paso a la geometría del alma, mientras la influencia transformadora de Sirio se torna dominante. En el corazón alado del discípulo se ha iniciado el “claro y frío fuego” de la mente, y debido a estos tres cambios, el discípulo ha llegado a ser el Fénix/Iniciado.

El Fénix ha sido muy bien descrito por otro pasaje de El Antiguo Comentario, aquí citado en parte de Los Rayos y las Iniciaciones:

El Cáliz

El cáliz inferior surge como una flor de color oscuro o sombrío. Parece opaca para la visión externa, pero a veces una luz interna brilla y destruye la ilusión.

El segundo cáliz surge de la envoltura inferior, como lo hace la flor del verde cáliz. Es de color rosa, [i768] y de muchos matices del mismo color, aunque al observador le parece que el color podría trascender la brillante luz interna. Pero esto no es más que ilusión que el tiempo mismo disipa.

El tercer cáliz supera todos y abre ampliamente sus pétalos con el tiempo. Parece de color azul, mezclado con color rosa, formando al principio un matiz profundo impenetrable, que tapa la luz.

Dentro de los tres, profundamente oculta en el corazón, minúscula al principio y sin embargo agradándose, brilla la luz divina. Esta luz, por medio del radiante calor e innata vibración divina, construye para sí una envoltura iridiscente…

Dentro de esta envoltura iridiscente arde la llama interna, que [e631] a su vez consume todo el burdo mundo inferior. Al acercarnos al sendero, brilla la luz con más claridad. Surgiendo a través del cáliz burdo y oscuro que constituye la base, brilla la luz suprema, hasta que todos los que ven la radiación exclaman internamente: “contempla, un Dios está aquí”.

Desde el cáliz color rosa fuerte, brilla el fulgor interno, hasta que pronto el rojo del deseo terrestre se convierte en el fulgor del fuego de los cielos, y todo se pierde menos la aspiración, que no oscurece la copa de color kármico.

Desde el cáliz azul brilla y fulgura la divina luz interna, hasta que todas las formas se hayan quemado y desaparecido, y nada permanezca, excepto una abstracción divina…