NGSM: Triangulos y la Nueva Humanidad

por Grupo de Servicio el 18 de junio de 2011

Triángulos

(USA-MX)

www.CureTB.org

Respirando Nueva Vida – Breathing New Life

El programa CureTB, facilita y apoya la continuidad de la atencion de salud para casos activos o sospechosos de tuberculosis y sus contactos que viajan entre los Estados Unidos y Mexico, facilita el intercambio de informacion entre los proveedores de atencion medica de ambos paises y proporciona orientacion y educacion a los pacientes y sus contactos acerca de los riesgos de la tuberculosis y la necesidad de servicios de diagnostico y tratamiento.

http://www.sdcounty.ca.gov/hhsa/programs/phs/cure_tb/programa_binacional_de_referencia_de_tb.html

 

El despertar de una nueva Humanidad

mediante la curación de enfermedades

cuyas causas emanan de la VIDA GRUPAL.

 

 

AAB-DK: Las teorías que sostiene el género humano acerca del origen de las enfermedades, y el reconocimiento de las bacterias, gérmenes y otros intrusos organismos similares, son mayormente correctos, sólo si se tiene en cuenta de que en realidad son efectos de causas que el investigador no ha tocado y que están ocultas en la historia del planeta y en la historia racial del pasado -de la cual poco o nada se sabe. -Curación Esotérica

VBA: Hemos rebasado ya el último cuarto del siglo XX y la humanidad continúa enfrentando todavía enfermedades engendradas durante los períodos atlante y lemur. El escaso éxito alcanzado por los especialistas y técnicos en el Campo de la Medicina en lo que respecta al tratamiento y curación de aquellas enfermedades consideradas como “incurables”, tales como el cáncer, la diabetes, el artritismo y determinadas lesiones en el sistema nervioso y en el corazón, puede ser una prueba de que la investigación de las causas productoras de las mismas se realiza en niveles demasiado objetivos y posiblemente, ellas se hallan localizadas en niveles etéricos, psíquicos o subjetivos. El hecho de que la investigación se realice mediante un cerebro tridimensional, cuya propia constitución exige un incalculable número de comprobaciones concretas y objetivas, constituye un verdadero impedimento para la investigación de las causas más profundas o el origen más remoto de las enfermedades conocidas y catalogadas por la Ciencia médica. El estudio del “cuerpo etérico” o aura magnética humana, tal como muy seriamente ya lo han iniciado algunos eminentes tratadistas en el campo de la Medicina, puede ser el primer paso en la localización de las causas ocultas de las enfermedades, el inicio de una serie ininterrumpida de inteligentes comprobaciones en los niveles subjetivos de la Humanidad y el reconocimiento de que las enfermedades en general obedecen más a razones psíquicas que a fenómenos meramente orgánicos o puramente físicos. La introducción del sistema de investigación de lo puramente orgánico a lo etérico o espacial puede trastornar completamente las bases empíricas sobre las cuales se apoyó hasta el presente la Ciencia de la Curación. -Las Fuerzas Ocultas de la Naturaleza.

Tuberculosis

por el Maestro Tibetano

(extraído del Tratado Sobre Curación Esotérica)

 

p. 26: … es necesario comprender, desde el comienzo, que todo lo que diré, bajo el título de las causas psicológicas de la enfermedad, no se relaciona con esas dolencias o predisposición a las enfermedades surgidas del medio ambiente, o esas taras definidamente físicas, heredadas de los padres, que han llevado en sus cuerpos y transmitido a sus hijos gérmenes de enfermedades, heredados a su vez de sus padres. Quisiera aclarar que las [e27] enfermedades heredadas son mucho más escasas hoy de lo que se supone; la predisposición [i23] a la tuberculosis, a la sífilis y al cáncer son las más importantes en lo concerniente a nuestra presente humanidad; son heredadas y también pueden trasmitirse por contacto. De éstas me ocuparé en nuestro segundo y principal acápite, sobre las enfermedades que emanan del grupo.

 

p.153: … las tres principales enfermedades nativas (si puedo denominarlas así), cáncer, sífilis y tuberculosis. De ellas me ocuparé más tarde porque son de alcance planetario, presentes en la sustancia de la cual están hechas todas las formas y responsables de producir una hueste de enfermedades menores, que a veces se las reconoce como afines, aunque frecuentemente no son conocidas como tales.

 

p. 42: Señalé anteriormente que los tres tipos de enfermedades principales de las masas son:

1. La tuberculosis.

2. Las denominadas enfermedades sociales; venéreas y sífilis.

3. El cáncer.

A esto debemos agregar otros dos tipos de enfermedades que afectan predominantemente a quienes se hallan un poco más evolucionados que el hombre común, cuyo nivel general de inteligencia es superior al de las masas, incluyendo también a los aspirantes del mundo.

4. Las enfermedades del corazón, pero no los denominados ataques al corazón.

5. Las enfermedades nerviosas, tan prevalecientes en la actualidad.

Estos cinco tipos de enfermedades y sus variadas subdivisiones son responsables de la mayoría de los males físicos que atacan a la humanidad. Un correcto entendimiento de sus preponderantes causas será de gran ayuda para la medicina futura. En la actualidad no podemos saber cuánto de lo expuesto se aceptará.

 

p. 171: Como bien saben, existen hoy ciertas enfermedades numéricamente predominantes en el mundo y son:

1. Varios tipos de enfermedades cardíacas, que afectan particularmente a la humanidad avanzada.

2. Demencia. [i225]

3. Cáncer, que tanto prevalece en todos los tipos de hombres.

4. Enfermedades sociales de naturaleza sifilítica.

5. Tuberculosis.

 

p. 181: Los discípulos e iniciados están propensos también a sufrir [enfermedades cardíacas], debido a que entra violentamente en actividad el centro cardíaco. En un caso, la energía de la vida que afluye a través del corazón se emplea más allá de toda tolerancia humana, al manejar los asuntos humanos; en otro, el centro cardíaco se abre y la tensión ejercida sobre el órgano del corazón es demasiado grande, sobreviniendo la enfermedad cardíaca. Una tercer causa se debe al prematuro o deliberado planeamiento de elevar la energía del plexo solar al corazón, ejerciendo así una inesperada tensión sobre él. Lógicamente estoy haciendo amplias generalizaciones; posteriores evidencias demostrarán los tipos de actividad que evocarán las correspondientes dificultades en el corazón. Las enfermedades del corazón aumentarán grandemente a medida que entramos en la nueva raza raíz, particularmente durante el intervalo en que se aceptará la realidad de los centros, su naturaleza y cualidades y, en consecuencia, serán objeto de atención entrenada. La energía sigue al pensamiento, y este enfoque mental sobre los centros producirá inevitablemente su sobrestimulación, y ello a pesar del cuidadoso desarrollo de la Ciencia de los Centros, lo cual es inevitable debido al nerviosismo y al desarrollo desequilibrado del hombre. Posteriormente este estimulo será regulado y [i239] controlado, y el corazón estará sometido únicamente a una tensión general, conjuntamente con los otros centros.

 

p.54: La tuberculosis, que prevaleció en forma devastadora en cierto período de la época atlante, es sin embargo una enfermedad que ha sido generada principalmente en nuestra raza aria, y la estamos trasmitiendo al reino animal y compartiéndola con él. Esto ya comienza a ser comprendido. Sin embargo, tan estrecha es la relación entre hombres y animales (particularmente los animales domésticos) que prácticamente comparten hoy con el hombre todas sus dolencias, en una u otra forma, aunque a veces no se lo reconozca. En forma curiosa la causa de este gran azote blanco reside en que el énfasis de la vida se ha cambiado de la naturaleza emocional a la naturaleza mental, produciendo una temporaria inanición de la naturaleza emocional. Constituye en su mayor parte una enfermedad que proviene por agotamiento. El cáncer a su vez se debió similarmente al cambio de la fuerza vital del cuerpo físico a la naturaleza emocional, produciendo un excesivo desarrollo de la vida celular mediante el sobreestímulo. Comprendo que es difícil captar estas afirmaciones. Sólo puedo dar sugerencias que no han sido corroboradas. Sólo descubrimientos posteriores podrán comprobar la verdad de ellas.

 

A continuación clasificaré las conclusiones siguientes: [i60]

Enfermedad Raza Cuerpo Reino Órgano
Sífilis Lemuria Físico Mineral Órganos sexuales. Centro sacro.
Cáncer Atlante Astral Vegetal Plexo solar.
Tuberculosis Aria Mental Animal Aparato respiratorio. Centro laríngeo.

 

Respecto a los centros mencionados en la clasificación, me refiero al centro para la distribución de la fuerza vital, donde se hallará el punto de énfasis de las masas. Por lo antedicho resultará evidente dónde se pondrá actualmente el énfasis de la posible cura. Hemos [e55] aprendido cómo curar la tuberculosis, porque fue la última que apareció y por lo tanto es la menos arraigada de las tres enfermedades principales heredadas por el hombre moderno. Se descubrió (cuando la mente fue aplicada inteligentemente al problema) que los rayos del sol y la buena alimentación podrían curar o por lo menos detener la enfermedad. Este es un interesante dato en el campo de la analogía esotérica, que así como podemos confiar en que la luz del alma, cuando afluye a la mente, resuelve cualquier problema, así también la luz del sol y sus rayos profilácticos pueden disipar los terribles síntomas de la tuberculosis.

Análogamente, cuando la raza haya logrado un correcto control emocional, desaparecerá gradualmente el fenómeno del cáncer. Dije correcto control emocional; la inhibición y la represión de los impulsos del deseo, por la fuerza de la voluntad, no es correcto control. Es interesante observar que aunque tanto los hombres como las mujeres sufren de cáncer, la causa general no es idéntica, pero sí lo es la causa básica (la reacción por una excesiva expresión de la vida sexual mediante el desarrollo de la naturaleza de deseo). Debido a los riesgos que corren las mujeres durante el embarazo por haber dirigido el énfasis de la vida al aspecto sexual de la misma, se han rebelado en gran escala (como hicieron los atlantes) contra este tipo de expresión de vida, y en esta línea -el [i61] sexo- se hallan sus principales inhibiciones. Ellas no sufren tanto la inhibición de la expresión emoción-deseo-sentimiento, pero sí el hombre, y tiene una tradición o marcada tendencia a poseer mayor control emocional que las mujeres en el manejo de la vida. Los hombres no requieren ni adquieren un control tan marcado del sexo. El campo de su tendencia vital inhibida es, por lo tanto, de mayor extensión y en consecuencia (si se puede confiar en las estadísticas) más hombres que mujeres sufren de cáncer, aunque todos le temen a esta terrible enfermedad.

En la correcta transmutación reside el secreto de la cura del cáncer, y con el tiempo esto será comprendido. Empleo esta frase no sólo simbólicamente sino también técnica y científicamente. Esto se verá más adelante. El secreto que oculta el correcto vivir rítmico y la correcta proporción del énfasis puesto sobre todas las fases de la vida, traerá (y llegará rápidamente) la total inmunidad a la tuberculosis. El secreto que oculta la correcta comprensión de los tiempos y ciclos y de la periódica procreación creadora, hará que la raza se libere de los males que acarrean las enfermedades sociales.

Evidentemente, las enfermedades sifilíticas serán las últimas en desaparecer, así como fueron las primeras en devastar la raza. La tuberculosis va desapareciendo. Los especialistas centran ahora su atención en la cura del cáncer

[e56] Quisiera agregar uno o dos comentarios que serán de interés general o mejor dicho moderno. Señalé que las taras a que la humanidad está propensa se encuentran en el suelo y ello se debe en gran parte a los millones de cadáveres enterrados en el transcurso de las épocas. Cuando se divulgue acrecentadamente el proceso de la cremación, tal situación mejorará constantemente. En forma gradual, muy gradualmente, la tara desaparecerá. Por lo tanto es altamente recomendable que se haga la mayor propaganda posible para emplear el método de [i62] disponer de los descartados vehículos físicos de las almas que desencarnan. A medida que la tierra esté menos contaminada y se establezca contacto con el alma, tendremos la esperanza de ver decrecer el número de los que sucumben a las taras heredadas. En forma muy curiosa, los baños de mar tienen un efecto definido en la sanidad del cuerpo físico. El agua, incidentalmente absorbida por la piel y la boca, tiene un efecto vitalmente profiláctico.

 

p.58: … he considerado el deseo prevaleciente o reprimido, pero sólo en términos generales y en amplios delineamientos. ¿Me interpretan si les digo que cuando se reprime el deseo (como lo hacen muchos aspirantes hoy) todo tipo de enfermedades [e59] resulta posible -cáncer, congestión pulmonar y ciertos malestares del hígado- como también la temible tuberculosis? Las enfermedades producidas por la inhibición son numerosas y serias, como podrán ver por la anterior enumeración. Debería tenerse en cuenta que cuando prevalece el deseo incontrolado y no se lo reprime, aparecerán enfermedades tales como los desórdenes sifilíticos, la homosexualidad, inflamaciones y fiebres. De acuerdo con el temperamento así serán los tipos de enfermedad, pues el temperamento depende de la cualidad del rayo. Según el rayo a que pertenece una persona, será la predisposición a ciertos desórdenes. Es exacta la básica diferenciación de los seres humanos en dos tipos principales, extrovertidos e introvertidos, que hacen los sicólogos. Ambos tipos producen su propia categoría de enfermedad, demostrada como mala salud, debido a la excesiva expresión o inhibición.

 

Causas que Emanan de la Vida Grupal

p. 169: AL CONSIDERAR LA ENFERMEDAD y sus causas básicas, hemos tratado particularmente las que conciernen a nuestra raza aria y a la humanidad moderna, que son mayormente de origen astral y podrían describirse como de naturaleza atlante. También hemos considerado brevemente las diversas enfermedades que se originan en el plano mental; éstas son más estrictamente arias e involucran los males a que los discípulos están propensos. Las enfermedades infecciosas y las que son inherentes a la sustancia planetaria tienen un poderoso efecto sobre las razas más antiguas de nuestro planeta (que aún se hallan entre nosotros) y están relacionadas con esos especímenes de la raza lemuria que van desapareciendo rápidamente; la raza negra está especialmente predispuesta a las epidemias infecciosas.

 

p. 172: En forma sutil y oculta, estas enfermedades se deben a dos causas básicas: Una es la estrecha interacción, entre las personas que viven bajo condiciones modernas, y su hacinamiento en ciudades y pueblos; la otra se debe a la edad del suelo en que el hombre vive (un hecho poco reconocido o considerado), pues está profundamente impregnado de gérmenes y residuos de eras pasadas. La inmunidad del hombre es algo asombroso si sólo se dieran cuenta; resiste y se desembaraza constante y continuamente de todo tipo de enfermedades, las que son resultado del contacto con otros individuos, las que prevalecen en la atmósfera misma, en cualquier época, las que están latentes en su propio organismo corpóreo y las heredadas, a las cuales está constantemente predispuesto. La lucha del hombre por la salud es incesante e interminable, abarcando, desde la fatiga común y el cansancio, más la universal tendencia a resfriarse, a las enfermedades mortales, terminando con la muerte.

Para el ocultista observador entrenado, parecería que toda la humanidad deambulara parcialmente en una densa sombra que engolfa a la raza, y parte de ella cubre una zona del cuerpo de todo ser humano. Uno de los propósitos de la nueva era consistirá en “iluminar esta sombra y guiar a las personas hacia la fortaleza que otorga la verdadera buena salud”. Esta misma sombra penetra también dentro del reino mineral, afecta al reino vegetal e involucra además a los animales; es una de las causas principales de todo aquello que puede ser clasificado bajo el nombre de “pecado”, y esto quizás sorprenda. Es también la fértil simiente del crimen. Esta realidad debe ser aceptada, adecuadamente considerada y manejada racional, sensata, inteligente y [i226] espiritualmente; se requerirán los factores mencionados para sacar a la humanidad fuera de la oscuridad de la enfermedad y llevarla a una estable y radiante salud. Algunos Maestros se ocupan de este problema en relación con otros reinos de la naturaleza, pues el hombre no podrá evadirse mientras su medio ambiente esté aún bajo la sombra de la enfermedad.

 

Gran parte de lo que pueda decir sobre esto parecerá fantasioso y se mofarían los científicos de mente cerrada. Las teorías que sostiene el género humano acerca del origen de las enfermedades, y el reconocimiento de las bacterias, gérmenes y otros intrusos organismos similares, son mayormente correctos, sólo si se tiene en cuenta de que en realidad son efectos de causas que el investigador no ha tocado y que están ocultas en la historia del planeta y en la historia racial del pasado -de la cual poco o nada se sabe. Aquí imperan las presunciones y conjeturas.

 

Enfermedades de la Humanidad heredadas del pasado

[e173] La historia, tal como se la estudia hoy, se interna muy poco en el pasado y aunque los historiadores y científicos esclarecidos pueden retrotraer la historia de la humanidad hasta millones de años; nada se sabe acerca de las razas humanas que vivieron millones de años atrás, nada se conoce de la civilización que floreció en los primeros tiempos atlantes hace doce millones de años; tampoco nada absolutamente se sabe de la antigua civilización lemuria que existió hace más de quince millones de años, y aún menos se conoce de aquel período crepuscular que existió hace veintiún millones de años, cuando los hombres apenas eran humanos, y estaban tan estrechamente relacionados con el reino animal, que les damos el engorroso nombre de “hombre-animal”.

Durante el vasto periodo transcurrido entre entonces y ahora, han vivido, amado y experimentado millones de personas; sus cuerpos han vuelto al polvo de la tierra y [i227] cada uno ha contribuído con algo de lo adquirido durante la experiencia de la vida -sin embargo distinto de lo que ha contribuído a la vida del alma en su propio plano. Esta contribución ha alterado en cierta forma los átomos y células del cuerpo físico, y a su debido tiempo lo adquirido ha sido liberado nuevamente al suelo del planeta. Cada alma que se retiró del cuerpo, ha vuelto repetidas veces a la tierra, y muchos millones de ellas están hoy aquí, particularmente aquellas que estuvieron presentes en los últimos días de la época atlante y constituyen la flor y el producto más elevado de esa raza altamente emocional. Traen consigo las predisposiciones y las tendencias innatas con que su historia pasada los ha dotado.

En consecuencia deberá tenerse en cuenta que los cuerpos físicos que ahora ocupa la humanidad están construídos de sustancia muy antigua, la cual se halla contaminada o condicionada por la historia del pasado. A este concepto debemos agregar otros dos: Primero, esas almas que encarnan, atraen hacia sí el tipo de materia con la cual deben construír sus envolturas externas que responderán a algún aspecto de su naturaleza más sutil; por ejemplo, si las condiciona el deseo físico, la materia de su vehículo físico responderá en gran parte a este anhelo particular. Segundo, cada cuerpo físico lleva en sí la simiente de una inevitable retribución, si se abusa de sus funciones. El gran pecado original en tiempos de lemuria fue de naturaleza sexual, y no sólo se debía a las innatas tendencias sino a la extraordinariamente densa población de su civilización y a la estrecha relación con el reino animal. En esa época originaron las enfermedades sifilíticas.

Los ignorantes piensan ingenuamente que las razas primitivas [e174] están libres de ese tipo de contaminación y que muchas enfermedades sexuales y sus resultados, son preponderantemente enfermedades de la civilización. Esto no es así [i228] desde el punto de vista ocultista. El verdadero conocimiento comprueba ser lo contrario. En la infancia de la raza se produjeron erróneos apareamientos, promiscuidad y una serie de perversiones; de acuerdo a las palabras de algunos de los más antiguos libros, que existen en los Archivos de los Maestros, leemos: “La tierra cobró su tributo y la tierra lo hizo con la tierra, contaminada e impura, volviendo a la tierra; entonces la vida pecaminosa penetró en la prístina pureza de la antigua madre. En lo más profundo del suelo se halla el mal, emergiendo a la forma de vez en cuando; sólo el fuego y el sufrimiento pueden purificar el mal que la madre ha trasmitido a sus hijos”.

La raza lemuria prácticamente se destruyó a sí misma por el abuso del centro sacro, que entonces era el más activo y predominante. En los días atlantes el centro plexo solar fue el objetivo principal del “fuego entrante”. El trabajo de la Jerarquía en días de lemuria fue, como ya dije en otra parte, enseñar a la infantil humanidad la naturaleza y el sentido y significado del vehículo físico, y así como en la siguiente raza fue fomentado el emocional y constituyó el objeto de mayor atención, en nuestra raza la mente es sometida a la estimulación. El iniciado en la época de lemuria había logrado controlar completamente el cuerpo, y el hatha yoga era la principal práctica espiritual. Éste a su vez, con el tiempo, fue reemplazado por el laya yoga, que puso en actividad funcionante los centros del cuerpo etérico (excepto el centro laríngeo y el coronario). Éste no es el tipo de actividad que se debe practicar ahora, pues, como recordarán, el Maestro de esos días no tenía el desarrollo ni la comprensión de los Maestros actuales, las únicas excepciones fueron Aquellos que habían venido de otros esquemas y esferas para ayudar al hombre animal y a la humanidad primitiva.

 

A. Enfermedades venéreas y sifilíticas.

Paralelamente a la actividad de la Gran Logia Blanca [i229] (tal como sucedió entonces y sucede hoy) había una actividad de las fuerzas oscuras. Debían producir sus efectos por intermedio del centro sacro, estableciéndose una situación extremadamente viciosa, que debilitó el vigor del cuerpo humano, acrecentó grandemente las exigencias de la naturaleza sexual por la estimulación del centro sacro, producido artificialmente por la Logia Negra, lo cual trajo como consecuencia numerosas alianzas impías y una amplia difusión de relaciones malignas.

[e175] Entonces el Logos planetario impuso una grande y nueva ley de la naturaleza, expresada (muy inadecuadamente) por las palabras “el alma que peca, morirá”. Esta ley podría ser mejor expresada con las palabras, “Quien abusa de lo que ha construido, lo verá derrumbarse por las fuerzas internas que contiene”.

A medida que transcurrieron los siglos y la raza lemuria se sometió a los malvados impulsos de la naturaleza animal, aparecieron gradualmente los primeros tipos de enfermedades venéreas; oportunamente toda la raza fue contaminada y produjo su desaparición; la naturaleza cobró sus tributos y exigió inexorablemente su precio. Cabe aquí interrogarse ¿cómo estos primitivos habitantes de nuestro planeta pudieron ser responsables, puesto que no existía pecado donde no había sentido de responsabilidad ni conciencia de obrar mal? La Jerarquía en esos días tenía sus propios métodos de enseñanza para estos pueblos infantiles, así como se puede enseñar al niño en los primeros años a no adquirir ciertos hábitos físicos. En aquel entonces la humanidad sabía muy bien lo que era el mal, porque se puso en evidencia físicamente y era fácil percibirlo. El castigo fue obvio y los resultados inmediatos; los Instructores de la raza procuraron que la causa y el efecto fueran observados rápidamente.

En esa época también aparecieron las primeras tendencias al matrimonio, algo distinto de la promiscuidad; la creación de unidades de familia se convirtió en objeto de atención y [i230] constituyó la meta para los más evolucionados. Ésta fue una de las primeras tareas emprendidas por la Jerarquía y el primer esfuerzo para realizar cualquier tipo de actividad grupal, impartiendo la primera lección acerca de la responsabilidad. La unidad familiar no era estable como puede serlo hoy, pero aún su relativamente breve comienzo fue un gran paso adelante; la segregación del ente familiar y el desarrollo del sentido de responsabilidad han continuado firmes hasta culminar en nuestro actual sistema matrimonial y en la acentuación, en Occidente, de la monogamia; ha conducido al orgullo occidental acerca del linaje y la alcurnia, al interés por las genealogías y vinculaciones y al intenso horror que siente el pensador occidental por las enfermedades sifilíticas, puesto que afectan a la familia y su descendencia.

Sin embargo, dos cosas muy interesantes están aconteciendo hoy. La unidad de la familia, en escala mundial, está siendo destruída debido a los azares de la guerra y -en menor escala- a los modernos puntos de vista concernientes al matrimonio y al divorcio. También se están descubriendo rápidas y definidas curaciones de las enfermedades sexuales, lo cual hace que la gente tienda a ser más insensata. Sin embargo, cuando la curación sea perfecta, a la larga salvaguardará a la raza y después de la muerte devolverán [e176] al suelo cuerpos libres de toda plaga que ha contaminado la tierra durante infinitas edades. Así se producirá una gradual purificación del suelo. La cremación también ayudará en este proceso de purificación. La destrucción por el fuego y la intensidad del calor engendrado por la aplicación de los métodos militares, también están ayudando, y durante el próximo millón de años veremos que la sífilis (heredada desde lemuria) desaparecerá, tanto de la familia humana como del suelo del planeta.

En el trascurso de las épocas la humanidad entró en la etapa atlante de desarrollo. El control consciente del cuerpo físico quedó bajo el umbral de la conciencia; el cuerpo etérico se hizo en consecuencia más poderoso [i231] (un hecho que frecuentemente no es considerado) y el cuerpo físico como un autómata reaccionó acrecentadamente a la impresión y orientación impuestas por la naturaleza deseo en constante desarrollo. El deseo se trasformó en algo más que una simple respuesta al impulso físico animal y a los instintos primitivos; se dirigió hacia objetos y objetivos extraños al cuerpo, hacia las posesiones materiales y aquello que (al ser visto y codiciado) podría poseer. Así como los principales pecados de la época lemuria (si se los puede llamar pecados en su verdadero sentido, teniendo en cuenta la poca inteligencia de la raza) se cometían por el abuso del sexo, análogamente el mayor pecado de los atlantes fue el latrocinio, muy difundido y general. Los gérmenes de la agresión y la adquisición personal comenzaron a manifestarse, culminando en la gran guerra (relatada en La Doctrina Secreta) entre los Señores de la Faz Luminosa y los Señores de la Faz Oscura. Para apoderarse de lo que codiciaban y creían necesario, los más evolucionados de esa raza comenzaron a practicar magia. Me resulta imposible delinear la naturaleza y las prácticas de la magia de los atlantes, ejerciendo control sobre los elementales y las formas de vida que ahora han sido obligadas a retroceder a su guarida, y son inaccesibles a la humanidad; tampoco puedo indicar los métodos especiales empleados para adquirir lo deseado, las palabras de poder pronunciadas y los rituales cuidadosamente planeados, seguidos por quienes buscaron enriquecerse y posesionarse de lo que deseaban, sin tener en cuenta a costa de quién lo hacían. Este trabajo mágico constituía la parodia de la magia blanca tan abiertamente utilizada en esos días, antes de la gran guerra, entre las Fuerzas de la Luz y las Fuerzas del Mal. La correcta magia era muy conocida por el pueblo atlante y utilizada por los Miembros de la Jerarquía, a quienes se les había confiado la orientación de la raza, y Ellos combatían el desenfrenado mal en las esferas superiores. Este mismo mal, nuevamente en son de guerra, está siendo [i232] combatido por los hombres de buena voluntad bajo la dirección de la Gran Logia Blanca. El colmo del lujo fue alcanzado [e177] en la Atlántida, de la cual nuestra jactanciosa civilización nada sabe ni nunca ha igualado. Algunos tenues indicios de ello nos han llegado de las leyendas del antiguo Egipto, de los descubrimientos arqueológicos y de los viejos cuentos de hadas. Se produjo un resurgimiento de la maldad y agravios puramente atlantes en los días de la decadencia del Imperio Romano. La vida fue mancillada por la miasma del egoísmo más abyecto, y las fuentes mismas de la vida fueron contaminadas. El hombre vivía y respiraba únicamente para poseer el máximo lujo y la mayor cantidad de cosas y bienes materiales. Fueron sofocados por el deseo y acicateados por la idea de no morir nunca, vivir eternamente y adquirir todas las cosas que deseaban.

 

B. Tuberculosis.

En la situación anteriormente mencionada hallamos el origen de la tuberculosis. Originó en los órganos que el hombre posee para respirar y vivir y fue impuesta como castigo por la Gran Logia Blanca; los Maestros promulgaron una nueva ley para el pueblo atlante cuando los vicios de lemuria y la codicia atlante llegaron al grado más despiadado. Esta ley puede ser traducida en los siguientes términos: “Quien sólo vive para los bienes materiales, quien sacrifica toda virtud con el fin de adquirir lo imperdurable, morirá en vida, encontrará que le falta el aliento y, sin embargo, rehusará pensar en la muerte hasta que le llegue el llamado.”

Resulta difícil en estos días apreciar o comprender el estado de conciencia de los atlantes. No existían procesos mentales, excepto entre los conductores de la raza; únicamente prevalecían los despiadados e insaciables deseos. Esta acción de la Gran Logia Blanca obligó la imposición de dos premisas y enfrentó a la raza con dos problemas [i233] hasta entonces incomprendidos. El primero fue que las actitudes psicológicas y los estados de conciencia pueden traer y traen condiciones fisiológicas, buenas y malas. El segundo, que por primera vez los pueblos debían reconocer el fenómeno de la muerte -muerte que ellos mismos produjeron en forma nueva y no únicamente por medios físicos. Esto tuvo que ser dramatizado en forma definidamente objetiva, porque aún las masas no respondían a la enseñanza verbal sino sólo a los eventos visuales. Cuando vieron que una persona particularmente inclinada al robo comenzaba a sufrir una horrenda enfermedad que parecía surgir de dentro de sí mismo y -mientras sufría- mantenía su amor por la vida (como lo hacen hoy los tuberculosos), enfrentaron otro aspecto o forma de la ley original (impuesta en tiempos de lemuria) que decía: “El alma que peca, morirá”. La muerte hasta [e178] entonces había sido aceptada sin protesta alguna, como el destino de todas las cosas vivientes, pero desde ese momento, por primera vez, la relación mental entre la acción individual y la muerte fue reconocida -aunque todavía en forma tenue y débil- y la conciencia humana dio un gran paso adelante. El instinto no pudo manejar esta situación.

La muerte es una grande y universal herencia; todas las formas mueren, porque esa es ley de la vida, hablando paradójicamente. Ha llegado el momento de enseñar a la raza que la muerte puede ser el fin de un ciclo y una automática respuesta a la Gran Ley de los Ciclos, que continuamente instituye lo nuevo y destruye lo viejo, o puede producirse por el abuso del cuerpo físico, por la mala aplicación de la energía y por la deliberada acción del hombre mismo. El hombre que deliberadamente peca y psicológicamente se equivoca en sus actitudes y consiguientes acciones, comete un suicidio, como el hombre que premeditadamente se hace volar los sesos. Pocas veces esto es comprendido, pero la verdad se irá haciendo cada vez más evidente.

[i234] Un mandato bíblico nos recuerda que los pecados de los padres se extenderán a los hijos, afirmación literal acerca de las enfermedades que la humanidad ha heredado de la raza lemuria y atlante. La sífilis y la tuberculosis han prevalecido ampliamente durante la primera mitad de la raza aria, en la cual nos hallamos, y hoy no sólo afectan a los órganos de la procreación o a los pulmones (tal como sucedió en las primeras etapas de su aparición), sino que han involucrado ahora la corriente sanguínea y en consecuencia todo el organismo humano.

Mucho se ha hecho durante los últimos cincuenta años para controlar la gran enfermedad atlante de la tuberculosis, por medio de una vida sencilla, alimentos sanos y abundantes y aire puro. Mucho se esta haciendo para controlar, finalmente, las enfermedades sifilíticas, y ambas serán eventualmente extirpadas, no sólo por el tratamiento sano y los descubrimientos de las ciencias médicas, sino porque la raza -a medida que se polariza más mentalmente- podrá encarar el problema desde el ángulo del sentido común, y decidirá que el pecado físico exige un castigo demasiado severo y que no vale la pena poseer lo que no se ha merecido ni se ha necesitado y en consecuencia no le pertenece.

Alrededor de estas ideas básicas se libró la guerra mundial (1914-1945). A la posesión ilegal de las tierras, territorios, bienes y pertenencias, denominamos agresión; pero en principio es lo mismo que violar, hurtar, robar. Hoy estos males no constituyen faltas y pecados individuales, sino que pueden ser características nacionales; la guerra mundial ha hecho surgir este problema a la [e179] superficie de la conciencia humana y la antigua lucha atlante se está librando amargamente con la probabilidad de que esta vez la Gran Logia Blanca triunfe. Esto no fue así en el primer conflicto. En ese entonces la guerra finalizó por la intervención del Logos planetario y esa [i235] antigua civilización descendió a las profundidades y fue sepultada por las aguas -símbolo de pureza, salubridad y universalidad, y por lo tanto un final apropiado para “una raza tuberculosamente orientada”, como los Maestros la han llamado. La muerte producida por inmersión y la muerte por confusas causas físicas, las cuales no se me permite describir, han sido probadas en el esfuerzo por salvar a la humanidad.

Hoy se aplica la técnica de la muerte por el fuego, y promete ser exitosa. En contradicción con las grandes crisis de Lemuria y Atlántida, la humanidad ya posee una mentalidad más alerta, reconoce las causas de las dificultades, ve con más claridad los móviles, y la voluntad al bien y el anhelo de cambiar las condiciones malignas del pasado es más fuerte que nunca. Lo que la conciencia pública está comenzando a manifestar hoy es algo totalmente bueno y nuevo.

Las razones subjetivas dadas para justificar la aparición de estas dos enfermedades raciales tan antiguas, puede parecerle, a quien no conoce esoterismo, como posibles pero no probables, ilusorias y de naturaleza demasiado ambigua. Ello es inevitable. Estos dos grupos de enfermedades son tan antiguos en su origen, que las he denominado inherentes a la vida planetaria misma y herencia de toda la humanidad, pues en cada uno de nosotros el quebrantamiento de ciertas leyes producirá esas enfermedades. Si quisiera podría llevar al lector aún más atrás, al reino del mal cósmico, tal como prevalece en nuestro sistema solar y afecta al Logos planetario, que aún se cuenta entre “los Dioses imperfectos”. La forma externa del planeta a través del cual Él se expresa, está impregnada, hasta cierta profundidad, con las simientes y gérmenes dee ambas enfermedades; no obstante, a medida que se logre la inmunidad y se desarrollen los métodos de curación, que la medicina preventiva ocupe su debido lugar y que el hombre llegue a acrecentar el control mental y egoico de las naturalezas animal y de deseos, tales sufrimientos humanos desaparecerán y (no importa lo que las [i236] estadísticas puedan decir) están desapareciendo de esas zonas más controladas de la familia humana. A medida que la vida de Dios (expresándose como divinidad individual y universal) palpita más poderosamente a través de los reinos de la naturaleza, estos dos castigos de la pecaminosidad no serán necesarios y desaparecerán inevitablemente, por tres razones:

1. La humanidad se está orientando frecuentemente hacia la luz, y “la luz disipa el mal”. La luz del conocimiento y el [e180] reconocimiento de las causas producirán esas condiciones cuidadosamente planeadas, que harán desaparecer las enfermedades sifilíticas y la tuberculosis.

2. Los centros ubicados abajo del diafragma estarán sometidos a un proceso de purificación y elevación; será controlada la vida del centro sacro y la energía usualmente enfocada allí será utilizada en forma de vida creadora por medio del centro laríngeo; el centro plexo solar elevará su energía al corazón, entonces desaparecerá la tendencia humana al egoísmo.

3. La curación total, alcanzada por la ciencia, pondrá fin gradualmente a todo contagio.

Otra razón que pondrá fin a los deseos y a las prácticas y métodos de vida causantes de estas enfermedades, es aún poco conocida; Cristo se refirió a ella cuando habló de la época en que ningún secreto permanecería oculto, y de cuando todos los secretos se proclamarían desde los tejados. El desarrollo de la captación telepática y de los poderes síquicos, como la clarividencia y clariaudiencia, oportunamente tenderán a evitar que la humanidad peque privadamente. Los poderes que emplean los Maestros y los Iniciados superiores para comprobar el estado síquico y la condición física de la humanidad, su cualidad y conciencia, ya comienzan a [i237] manifestarse en la humanidad avanzada. La gente pecará, cometerá malas acciones y satisfará los deseos desordenados, pero lo sabrán sus semejantes y nada podrán hacer en secreto. Alguna persona o grupo se dará cuenta de las tendencias de la vida del hombre y hasta de los incidentes en los que satisface alguna exigencia de su naturaleza inferior, y esta posibilidad actuará como un poderoso freno -mucho más poderoso de lo que pueden imaginar. El hombre es en realidad el custodio de su hermano, y esta custodia significa conocerlo y aplicar “el ostracismo y las sanciones” -así se dice cuando se aplican sanciones a las naciones. Quisiera que reflexionen sobre estos dos modos de encarar las malas acciones. Serán aplicados casi automáticamente por otros individuos y grupos, como algo de buen gusto, buenos sentimientos e intenciones, y de esta manera el crimen y la tendencia a la maldad prácticamente serán desarraigados. Se llegará a comprender que la criminalidad se basa en alguna forma de enfermedad, en la carencia o sobrestimulación glandular, que a su vez se funda en el desarrollo o subdesarrollo de cualquiera de los centros. Una iluminada opinión pública -que conozca la constitución del hombre y la gran Ley de Causa y Efecto- tratará la criminalidad con procedimientos médicos, correctas condiciones ambientales y penalidades de ostracismo y sanciones. No dispongo de tiempo para extenderme sobre este tópico, pero tales sugerencias les proporcionará tema para reflexionar. [e181]

 

C. Cáncer.

Ahora entraremos a considerar el acrecentamiento rápido de esa típica enfermedad atlante que denominamos cáncer. Hemos hablado de una enfermedad básica muy difundida, relacionada con el cuerpo físico y hemos tratado superficialmente otra que es producto de la naturaleza de deseos. El cáncer, en el [i238] actual siglo ario, es definidamente el resultado de la actividad de la mente concreta inferior y del estímulo que puede ejercer la mente sobre el cuerpo etérico. Ésta es la principal enfermedad incidental al estímulo, en lo que concierne a las masas arias, así como las enfermedades cardíacas se deben también al estímulo, afectando grandemente a las personas evolucionadas, quienes -debido a su liderazgo e interés en los negocios- a menudo sacrifican sus vidas y sufren el castigo por la energía mal aplicada y excesivamente concentrada, desarrollando por ello diversas formas de perturbaciones cardíacas agudas. […]

El cáncer es una enfermedad muy definidamente relacionada con los centros, y hallaremos que el centro en la zona donde existe el cáncer está excesivamente activo, con el consiguiente acrecentamiento de la afluencia de energía a través de la sustancia corpórea [e182] relacionada. La energía y el sobrestímulo de un centro no sólo puede ser el resultado de la actividad del centro y su consiguiente radiación, sino de la supresión impuesta por la mente sobre cualquier actividad de determinado centro. Esto produce una acumulación de energía, y por lo tanto tenemos nuevamente la acumulación excesiva de energía, concentrada en una zona particular. Una de las principales fuentes del cáncer, relacionada con el centro sacro y por ende con los órganos sexuales, ha sido la bienintencionada inhibición de la vida sexual, y de todo pensamiento conectado con la vida sexual, por los aspirantes mal orientados; éstos son quienes hallan en la enseñanza de la Edad Media -la vida monástica y el celibato- la línea de menor resistencia. En esa época la buena gente creía que el sexo era algo maligno y pecaminoso, que no debía mencionarse y que constituía una poderosa fuente de perturbación. Las reacciones normales en vez de ser controladas y trasmutadas en actividad creadora eran violentamente suprimidas y todos los pensamientos acerca de la vida sexual reprimidos. Sin embargo, la energía sigue la dirección del pensamiento, con el resultado de que este particular tipo magnético de energía atrajo a un creciente número de células y átomos y de allí el origen de los tumores, quistes y tipos de cáncer, tan prevalecientes hoy. Lo mismo se puede decir acerca de la violenta inhibición, por parte del aspirante, de todas las reacciones emocionales y de los sentimientos. En su esfuerzo por controlar el cuerpo astral recurre a un proceso de directa inhibición y supresión. Esta supresión convierte al centro plexo solar en un gran depósito de energía drásticamente retenida. Cuando no se trasmutan las emociones en aspiración y amor y cuando no hay un control [i240] dirigido, la existencia de esta reserva de vibrante poder produce el cáncer de estómago e hígado y a veces de toda la zona del abdomen. Simplemente menciono estas causas (excesiva actividad de un centro y retención de energía, inexpresada e inhibida) como fructíferas fuentes del cáncer.

Como podrán observar, cada caso nos lleva a la realidad de la existencia de los centros y sus efectos fisiológicos. Tanto énfasis se ha puesto sobre las cualidades y características que el hombre desarrollará, cuando los centros estén adecuadamente organizados y dirigidos, que se han pasado por alto los efectos de la energía que reciben y distribuyen en el organismo físico. Dos factores vinculados a los centros y la corriente sanguínea justifican por lo tanto su repetición y atención:

1. La corriente sanguínea es el agente del sistema glandular y a su vez un efecto de los centros; la corriente sanguínea lleva a cada parte del cuerpo esos elementos esenciales de los que sabemos muy poco, responsables de hacer del hombre [e183] psicológicamente lo que es y, en consecuencia, controla físicamente su equipo.

2. La corriente sanguínea es también la vida, llevando a todo el organismo un aspecto de la energía acumulada por los centros que no están directamente relacionados con el sistema endocrino; este aspecto de la energía penetra, mediante su radiación, en la corriente sanguínea y en todas las venas, arterias y capilares dentro de la zona controlada por el centro en consideración. Esta compenetrante energía de vida, localizada y calificada, puede ser dadora de vida o provocadora de la muerte.

Todas las enfermedades -excepto las que se deben a accidentes, a heridas que se infectan y a epidemias- pueden ser atribuídas [i241] en última instancia a alguna condición de los centros, y por lo tanto a la energía incontrolada, a la energía excesivamente activa y mal dirigida, o a insuficiente y total carencia, o sino retenida en vez de ser empleada y trasmutada al correspondiente centro superior de energía. El misterio de la sangre aún queda por develarse, pero recibirá acrecentada atención a medida que transcurre el tiempo. La anemia tan prevaleciente hoy, se debe también al exceso de energías.

Sólo puedo dar indicaciones generales, establecer causas y dejar al investigador inteligente la tarea de estudiar los efectos después de aceptar como posibles hipótesis las sugerencias que he hecho. Un cuidadoso estudio de las glándulas de secreción interna (y más tarde toda la estructura glandular del cuerpo) y de la corriente sanguínea, establecerá que son la principal fuente de los trastornos físicos; inevitablemente, aunque en forma lenta y paciente, los investigadores se verán obligados a retornar a los centros y llegarán a incluír en sus cálculos un sistema nervioso subjetivo (el sistema subjetivo de los nadis, que subyace en los nervios de todo el cuerpo) y demostrarán que esos factores son responsables de las principales enfermedades y de muchas subsidiarias y desconocidas dolencias que son el flagelo de la humanidad. No obstante, el investigador de mente abierta que comienza por aceptar la realidad de los centros, considerando que posiblemente existan y eventualmente podrán ser demostrados, progresará más rápidamente; las enfermedades serán entonces controladas por el sistema de laya yoga (la ciencia de los centros) que será la forma sublimada del laya yoga de los días atlantes. El estudiante avanzado controlará los centros por el poder del pensamiento. En la yoga del futuro, por medio de la meditación y el alineamiento y las prácticas correctas, los centros serán controlados directamente por el alma -algo muy diferente del control de los centros por la mente y para lo cual la humanidad no está aún preparada. A esto será agregada la [i242] Ciencia [e184] de la Respiración, no los ejercicios de respiración como ahora se enseñan, con sus frecuentes y peligrosos resultados, sino un ritmo respiratorio impuesto por la mente, mediante el cual puede actuar el alma, y sólo requerirá un simple ritmo respiratorio físico que reorganizará los cuerpos más sutiles y llevará a los centros a una ordenada actividad, de acuerdo al rayo y grado de evolución.

No consideraré la patología de estas enfermedades. Ya ha sido considerada y tratada extensamente por la medicina común. En esta parte de mi exposición trato de poner el énfasis en las causas subjetivas y en los efectos objetivos, pues ambos deben relacionarse. La actividad -excesiva o insuficiente- de los centros es la causa subjetiva, pero aún no ha sido reconocida, excepto por los esotéricos. Las causas aparentes (que en sí son resultados de una verdadera causa subjetiva) las origina el hombre físico, ya sea en esta vida o en una anterior -punto que dilucidaré más adelante.

En lo antedicho he dado mucho para reflexionar, y a medida que cavilan y piensan, estudian los casos y tipos, y también observan las características y cualidades de las personas conocidas, las cuales se manifestarán en alguna forma de eventual enfermedad, entonces vendrá la luz. -Curación Esotérica