Boletín de Buena Voluntad Mundial (2011, N.° 3)

por Fundación Lucis el 16 de noviembre de 2011

Aspectos de la Libertad

La libertad es un concepto aparentemente sencillo, pero con implicaciones profundas en todos los aspectos de la vida humana. Concretamente, determina la mayor parte de las estructuras sociales, económicas y políticas de la sociedad. A lo largo de los últimos meses, la ‘Primavera Árabe’ ha revelado que el deseo de libertades políticas que muchos en Occidente damos por sentado es lo bastante fuerte como para derribar regímenes largamente establecidos. Por otra parte, los disturbios en Gran Bretaña han conducido, al menos a algunos políticos, a proponer la limitación de las libertades actuales. Ambos casos muestran, de formas diferentes, que el nivel de libertad en una sociedad nunca puede considerarse como algo fijo, sino que debería verse como un proceso dinámico, en evolución. Con esto en mente, Buena Voluntad Mundial se dedicará a explorar el tema de “Libertad y seguridad espiritual” en nuestro seminario anual en Londres, Nueva York y Ginebra, el sábado 29 de octubre (ver el anuncio para más detalles).

Los artículos en este número están todos relacionados con el tema de la libertad desde distintas perspectivas. En Libertad y ciudadanía mundial, la libertad se examina en términos generales tanto filosóficos como espirituales, y también en relación con sus consecuencias sumamente prácticas para la humanidad. Se vincula con la capacidad del individuo de expresar más plenamente su alma interior. Una de las principales conclusiones es que, para que alguien pueda disfrutar plenamente de la libertad, esta debe ser accesible a todos, y así todas las personas de buena voluntad tienen la responsabilidad de buscar fortalecer la libertad siempre que sea posible. Y una de las formas en que este proceso de fortalecer la libertad puede producirse es mediante un compartir práctico de los recursos planetarios por medio de la ayuda internacional al desarrollo, tal como se argumentó en Buena voluntad: el espíritu de compartir. La conexión entre compartir por medio de las ayudas y una libertad que se expande es algo indirecta, y no está garantizada – después de todo, la corrupción es un peligro omnipresente. Pero lo que está claro es que, sin un compartir internacional, las condiciones previas para determinadas libertades, como financiación para el cuidado de la salud o la vivienda, pueden retrasarse seriamente.

La asistencia sanitaria y una vivienda adecuada son a veces descritas como derechos, y están entre los derechos básicos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Diferentes estados-nación con distintos sistemas políticos han llegado a distintas interpretaciones de cuánto exactamente le corresponde a un ciudadano. Derechos busca emplazar este debate en el contexto de las famosas Cuatro Libertades articuladas por Franklin Roosevelt. Y algo en lo que muchos estados-nación podrían mejorar es el trato que se da a las minorías cuya cultura difiere de la cultura mayoritaria. Históricamente, estas minorías tienden a descubrir que sus derechos y libertades son más limitados que los de la mayoría. El artículo sobre Sensitivos culturales propone un nuevo tipo de vocación que podría ayudar a asegurar que las minorías reciban un trato justo –algo especialmente importante en una época en la que las culturas están cada vez más entremezcladas.

Según Alice Bailey, “El principio de la libertad es una energía leudora que puede compenetrar a la sustancia en forma excepcional… Dicho principio de liberación es uno de los atributos de la Deidad (como la voluntad, el amor y la mente) del que la humanidad muy poco sabe todavía. La liberación por la cual luchan los hombres es uno de los aspectos inferiores de esta liberación cósmica, relacionada con ciertos grandes desarrollos evolutivos que permiten al aspecto vida o espíritu, liberarse del impacto, del contacto y de la influencia de la sustancia” (Alice Bailey, Tratado sobre los siete rayos, Vol. V p. 344, Ed. Fundación Lucis). Quizá debido a que el principio de libertad es un misterio del que queda mucho por saber, todavía no tenemos una imagen suficientemente clara de una sociedad en la que todos y cada uno de los miembros sean verdaderamente libres. En nuestro Seminario de este año sobre “Libertad y seguridad espiritual” exploraremos este misterio junto con nuestros ponentes invitados, y le invitamos cordialmente a que se una a nosotros.

 

Libertad y Ciudadanía Mundial

El concepto de libertad está, en la actualidad, en la primera línea del pensamiento debido al alzamiento de los pueblos en el mundo árabe en pos de las libertades que disfrutan otras naciones. La resolución de las Naciones Unidas ha vuelto a ser puesta a prueba y, esta vez, la respuesta mostró una voluntad colectiva de ofrecer protección a aquellos sometidos a terroríficas repercusiones de persecución y masacre. El secretario general, Ban Ki-Moon, desempeñó un papel crucial liderando el Consejo de Seguridad para adoptar su resolución sobre Libia como respuesta a “violaciones claras de todas las normas que rigen el comportamiento internacional y transgresiones graves de los derechos humanos internacionales y de la legislación internacional”. Es esperanzador ver que la voluntad de Naciones Unidas está en alza, y que en el futuro veremos a este organismo representativo de las naciones del mundo capacitado para sustentar vigorosamente el derecho de todos los ciudadanos a las libertades esenciales que deberían dignificar la vida humana. Los últimos 250 años de la historia mundial han estado profundamente marcados por la idea de la libertad, a medida que la gente ha luchado contra las injusticias y la pobreza impuestas por un orden mundial que preserva la riqueza y la seguridad de los pocos a expensas de la miseria, destitución y esclavitud de los muchos. No debe sorprender que los movimientos para establecer diversas libertades –incluso la idea de la libertad misma- hayan sido suprimidos regularmente por el estado. Un ejemplo interesante de esto es el poema de Schiller “Oda a la alegría” que Beethoven empleó en su 9ª sinfonía. Lo que la mayoría de la gente no sabe es que el poema fue originalmente una oda a la ‘libertad’, pero que los censores nunca habrían permitido que se publicara bajo esta forma. De manera que Schiller empleo la palabra freude (alegría) para reemplazar freiheit (libertad). Esto supone una diferencia notable para la primera línea del poema –Alegría, hermosa chispa de los dioses, en lugar de Libertad, hermosa chispa de los dioses. La alegría es espiritual y no amenaza el orden establecido; la libertad es una llamada a la acción basada en la visión de un futuro mejor.

Como todas las cosas, nuestro entendimiento de conceptos tales como ‘libertad’ ha evolucionado a lo largo del tiempo a través de la experiencia personal, social y cultural. Hace siglos, la gente veía la libertad simplemente como libertad de acción personal, en otras palabras, “hacer lo que te dé la gana”; pero en la actualidad esto ha evolucionado a un entendimiento bastante más profundo, aliado a un creciente sentido de responsabilidad y de respeto por los demás. Los grandes pensadores han ido sembrando ideas espirituales respecto a la libertad y a la responsabilidad en la consciencia humana que han guiado a la humanidad hasta el momento actual, en el que son reconocidas por muchos como los fundamentos básicos de un mundo más justo y feliz.

Uno de estos pensadores fue Aristóteles, quien planteó que el principal propósito de la política no era la imposición de la ley y el orden, la facilitación de transacciones económicas o la prevención de injusticias personales, sino más bien el cultivo de la virtud y el desarrollo de ‘lo bueno’. Aristóteles argumentó que el cultivo de la virtud conlleva su propia recompensa, puesto que conduce a la verdadera felicidad, y una persona feliz muestra un equilibrio apropiado entre razón y deseo, con la moderación caracterizando el conjunto. Según él, este camino a la felicidad solo puede alcanzarse por medio de una participación activa en la sociedad. Porque así como no se puede aprender a tocar un instrumento musical sólo mediante el estudio, sino que es necesario practicar; la virtud sólo puede cultivarse mediante el ejercicio de nuestra capacidad humana de comunicarnos y la habilidad de deliberar entre bien y mal, justicia e injusticia, a medida que se manifiestan en la vida política y social. Para la mente moderna, el “cultivo de la virtud” puede parecer algo pintoresco, pero sólo demostrando “lo bueno” podremos llegar a ver el desarrollo de una libertad verdadera y espiritual para toda la humanidad.

Aunque las democracias del mundo estén, por ahora, lejos de ser virtuosas, el hambre de debate político y social es aguda y dinámica –la capacidad de discernir en ética y valores está en constante desarrollo a medida que el núcleo moral de cuestiones significativas se vuelve cada vez más evidente para la mayoría. A través de un debate apasionado se desarrollan perspectivas más amplias, una mayor inclusividad y, paradójicamente, los rudimentos de esa observación fría y desapegada tan vital para hollar el sendero espiritual. Para un creciente número de personas que disfrutan de una buena medida de libertad e igualdad, el principio de libertad está dando como fruto el ideal de “ciudadanía mundial” y del “bien de la totalidad”. Y son conscientes de que esta gran visión seguirá frustrada hasta que cada uno de nosotros sea capaz de participar en este desarrollo de la buena voluntad. Estados caídos, minorías reprimidas, la situación de los refugiados y víctimas del crimen son profundas preocupaciones que se alzan entre nosotros todos y una ciudadanía planetaria plena

Al final, el principio de libertad es una fuerza expansiva en la condición humana que está conduciendo a toda la raza hacia la ciudadanía mundial. Eleva la consciencia alejándola de formas de pensamiento y actitud viejas y cristalizadas que obstaculizan la expresión plena del alma, en la que se conoce la unidad esencial de todas las cosas en el lado interno de la vida. La evolución de conceptos como felicidad, riqueza y libertad refleja y apoya el anhelo del alma de expresar la unidad de la vida como un estado inclusivo en el que la sensación individual de felicidad, riqueza y libertad es inseparable de la de los demás. La libertad es una energía fermentadora que hace que la consciencia se eleve constantemente hacia la luz de los mundos espirituales en un viaje que debe realizarse en conjunción con todas las almas humanas e, indudablemente, también junto con los demás reinos de la naturaleza. La primera visión del planeta Tierra desde el espacio colocó este reconocimiento en la primera línea de la consciencia. Una hermosa esfera, engastada en azul turquesa y blanco, destacando sobre la negrura del espacio, describe con precisión geométrica la extensión de los límites de lo que cada ser humano debería poder llamar su ‘hogar’. Y, por extensión de esta reflexión, todos los seres humanos que viven aquí forman, verdaderamente, una sola familia.

 

La Ayuda y el Espíritu de Compartir

En los textos de Alice Bailey se dice que el gran logro espiritual y acontecimiento evolutivo de nuestra era será la comunión y relaciones humanas establecidas entre todos los pueblos, permitiendo a gente de todas partes sentarse unida en la Presencia del Cristo y compartir el pan y el vino (símbolos de sustento). Observa que los preparativos para esta fiesta simbólica de compartir están avanzados, y que esos preparativos se van haciendo a medida que la gente lucha y legisla por el sustento económico de sus países, y cómo la cuestión del sustento ocupa la atención de los legisladores de todo el mundo. La dificultad de esta tarea no debería subestimarse, ya que es innegable que los terrenos fértiles de la tierra, así como los minerales, el agua potable y otros recursos que sustentan la vida humana, distan mucho de estar distribuidos equitativamente entre los pueblos. Por ello, llegar a un correcto compart ir requiere que los gobiernos nacionales venzan su egoísmo. ¿Qué están haciendo los gobiernos en la actualidad para enfrentarse a este desafío?

A principios de mayo de este año, Naciones Unidas celebró una conferencia sobre los países menos adelantados (PMA) en Estambul. La ONU utiliza tres criterios principales para decidir si un país encaja en esta categoría: ingresos medios bajos; recursos humanos débiles (basado en indicadores de nutrición, salud, educación, y alfabetismo en adultos); y vulnerabilidad económica. En este momento, 48 países del mundo están clasificados como PMAs. Avanzar hacia un estado más desarrollado es un proceso complejo, que implica muchos factores distintos, y esto quedó reconocido en el Programa de Acción editado por la Conferencia. Sin embargo, un componente significativo del desarrollo sigue siendo la ayuda al desarrollo proveniente de los gobiernos. La ayuda al desarrollo es diferente a la ayuda humanitaria, que se da en respuesta a desastres a corto plazo.

La sencillez del término “ayuda” enmascara la complejidad de los factores políticos y económicos que entran en juego cuando se considera quién da qué, y a quién. Por poner un ejemplo reciente, Reino Unido ha donado dinero a India durante años, en parte debido a su vínculo histórico como excolonia. Pero ahora, el progreso económico de India se traduce en que tiene su propio programa de ayuda, y un pequeño pero floreciente programa espacial. Así, la cuestión de si Reino Unido debería seguir dando ayuda a India ha sido foco de atención tanto en los medios de comunicación ingleses como en los indios. Un factor clave que complica la cuestión es que la pobreza sigue siendo uno de los principales factores en la sociedad india: como observa el economista Andy Summer, cerca de mil millones de personas que viven en países de ingresos medios como India son pobres.

De manera que los donantes no sólo tienen que considerar los PMAs con un nivel medio de pobreza elevado (implicando también, en los niveles inferiores, extremos terribles de pobreza), sino también la pobreza en países de ingresos medios, lo que puede necesitar un enfoque más sofisticado. A medida que nos adentramos en una era de alta tecnología, la transmisión de datos (por ejemplo, las imágenes vía satélite), de conocimientos (esto es, cómo interpretar estos datos), y de experiencia (esto es, cómo traducir estas interpretaciones a políticas positivas) pueden volverse cada vez más importantes para los gobiernos de países de ingresos medios, en relación a simples transferencias de dinero. Y, como argumenta Summer, los países de ingresos medios pueden también “preocuparse más por diseñar políticas de desarrollo favorables y coherentes en cuanto a envíos de dinero’ y migración, preferencias de comercio y negociaciones, y financiación climática”.

Como conjunto de metas generales a las que apuntar con las ayudas, los Objetivos del Desarrollo del Milenio de la ONU ayudaron a dar una respuesta relativamente simple a la pregunta de “¿qué se supone que debe lograrse con la ayuda?”. Sin embargo, dado que cada país ‘en desarrollo’ está en una etapa distinta respecto al alcance de los ocho objetivos, los países donantes tienen que considerar cómo ayudar a cada receptor realizando un seguimiento de caso por caso. Un empeño básico de la ONU, acordado en 1970, en cuanto a la cantidad necesaria para alcanzar estos objetivos, es que los países donantes den el 0,7% de su PIB, que un pequeño número de países desarrollados ahora alcanzan o exceden. [www.unmillenniumproject.org/press/07.htm]

No todo el mundo cree que la ayuda sea un bien incuestionable. El economista húngaro Peter Baeur insinuó que la ayuda aumenta el poder de los gobiernos y fomenta la corrupción, y, haciendo eco de este argumento, la economista africana Dambisa Moyo, en su libro Dead Aid (Ayuda muerta), sugiere que la ayuda no es una buena idea, pero que las inversiones extranjeras sí. Dice que “A lo largo de los últimos 60 años, existe un flujo de evidencia consistente señalando que la ayuda no se ha destinado a apoyar inversiones productivas, sino a apoyar a líderes tiranos y déspotas por todo el continente. Pero la corrupción no es más que uno de los problemas. Creo que el problema más fundamental es que la ayuda priva de derechos a los africanos, y en ese sentido significa que los gobiernos no tienen que rendir cuentas ante los africanos. Pasan su tiempo haciendo la corte a donantes internacionales que, básicamente, les financian sus estilos de vida”. También, el Centro para el Desarrollo Global (cgdev.org), un tanque de ideas de EEUU, publica un Índice de Compromiso con el Desarrollo que abarca no sólo la ayuda, sino también una serie de factores como el comercio, las inversiones, la migración, etc. Está dirigido a destacar el hecho de que la ayuda no concierne sólo la cantidad, sino también la cualidad, y que una política de desarrollo no sólo debe ocuparse de las ayudas.

El Índice de Compromiso con el Desarrollo nos ayuda a reconsiderar la enorme complejidad de las cuestiones implicadas cuando los países intentan, simplemente, compartir los unos con los otros. Lo que es innegable es que el impulso de compartir nunca es erróneo. En la actualidad existen numerosas iniciativas creativas lideradas por la sociedad civil que están encontrando formas innovadoras de ayudar a los grupos en desventaja de cualquier territorio. Si los gobiernos pudieran encontrar formas de crear asociaciones con la sociedad civil, esto seguramente serviría para que las ayudas se desplegasen más efectivamente. Sobre todo, si la buena voluntad puede motivar inteligentemente a los gobiernos de los países donantes y receptores, y a sus ciudadanos, entonces las ayudas al desarrollo se convertirían de verdad en un compartir correcto, un prerrequisito necesario a las correctas relaciones entre todos los pueblos de la Tierra. Cuando los recursos de la Tierra estén distribuidos de manera que cada individuo, y por ende cada nación, pueda realizar todo su potencial, entonces veremos, con seguridad, una era de cooperación global creativa que señalará un gran avance en el progreso espiritual de la humanidad.

BUENA VOLUNTAD ES… el peldaño a la libertad.

 

Derechos

En la actualidad, la cuestión de los derechos (En el sentido de prestaciones sociales [n.t.]) está muy presente en la mente del público. En principio, un derecho es una garantía de acceso a beneficios debido a derechos inherentes o por ley. Los derechos son los beneficios que una sociedad garantiza a todo el que padece una situación de necesidad determinada. Están pensados para promover la igualdad social y para proteger a quienes, de otra forma, serían vulnerables.

Sin embargo, en un sentido más informal, un derecho es la expectativa de que un individuo se merece alguna recompensa o prestación particular simplemente porque existe. La creencia de “tener derecho” describe una condición prevaleciente de una sociedad en la que las necesidades individuales anulan la preocupación por el bien común, saltando la demarcación que distingue derechos de privilegios personales.

“Tengo derecho” es el grito de la personalidad separada que alimenta un sentido de quejas y alberga la sospecha de un trato injusto. “Tengo derecho” es también la expectativa de los miembros ricos y poderosos de una sociedad que considera sus intereses como preeminentes. Dado que la naturaleza de la personalidad irredenta se centra en el autointerés, los derechos se disfrazan con frecuencia mediante la creación de estructuras legales y burocráticas que protegen los intereses de los poderosos. Esto puede crear una situación en la que los derechos, idealmente pensados para proteger a los miembros más pobres y mas “merecedores” de la sociedad, sirvan de hecho a los intereses de los más poderosos y ricos mientras que, a la vez, tilden a los más pobres y menos poderosos de vagos e irresponsables por necesitar consideraciones especiales.

La cuestión de quién tiene derecho, y a qué, es de una importancia crítica para cualquier sociedad en la que exista una disparidad sustancial de ingresos, un fenómeno que se ha desarrollado en muchas sociedades en las últimas décadas. Mientras exista libertad para ir tras las oportunidades, y la certeza de que los derechos se administrarán con justicia, cierto margen de disparidad puede tolerarse. Sin embargo, la creciente percepción de desigualdad en la distribución de la riqueza que la crisis económica mundial ha colocado bajo los focos está echando leña al fuego de la desconfianza en “el sistema”.

Las medidas de austeridad impuestas por los gobiernos han puesto un fin abrupto a los “buenos tiempos”, y a muchos les está resultando difícil aceptar que no necesariamente tienen derecho a las comodidades y placeres a los que estaban acostumbrados, y que consideraban tan necesarios para la vida cotidiana. El hecho de que los ricos sigan haciéndose más ricos incrementa el desagrado y desconfianza en la cultura del “yo primero” y podemos observar una conexión directa entre la noción de tener derecho y la falta de preocupación por la comunidad mayor.

Y sin embargo, sólo a través del bienestar de toda la comunidad puede alguien recibir sus derechos básicos –el derecho a paz, salud y seguridad. La investigación ha demostrado que las sociedades en las que existe un desequilibrio significativo en la distribución de ingresos están, de hecho, peor equilibradas, son menos estables y más proclives a problemas de salud y sociales que las sociedades con un margen de diferencia menor entre los segmentos ricos y pobres de la población. La investigación también ha demostrado que, pasado cierto nivel, la riqueza no crea más felicidad, salud o longevidad. La Equality Trust informa que, en las sociedades más desiguales, la movilidad social también es más baja y la segregación geográfica mayor. Las sociedades con menor diferencia de ingresos entre ricos y pobres son más cohesivas: la vida comunitaria es más fuerte, los niveles de confianza más elevados, y hay menos violencia.

Abordar las necesidades urgentes de los miembros más vulnerables de la sociedad es una expresión de compasión. Pero también sucede que el viaje evolutivo del alma incluye el karma heredado de un pasado ya olvidado. En este sentido, la responsabilidad respecto a las circunstancias personales es inevitable. Cada alma tiene que hacer frente a su propio karma, pero en una sociedad humanitaria y compasiva los gobiernos pueden ayudar proporcionando el derecho a recibir asistencia social como un peldaño en el camino.

Ver los derechos desde este punto de vista es más constructivo que tomar la actitud de que “el mundo me debe algo”; que si algo malo me sucede, otros deberían mejorar mis circunstancias. Puede que esta actitud surja de confundir estos derechos con los derechos humanos, que son “las libertades a las que toda persona tiene derecho”. La evolución del alma requiere estas libertades a fin de desarrollar una consciencia progresiva de las interrelaciones que sustentan la red de la vida en nuestro planeta. Todo ser humano vive en esta red, ayuda a sostenerla, y es sostenido por ella; y las cuatro libertades articuladas por el difunto presidente Roosevelt describen los cimientos fundamentales necesarios para que todo ser humano participe plenamente en esta red de vida:

Libertad de habla y expresión –en todo el mundo.

Libertad de cada persona para reverenciar a Dios a su propia manera –en todo el mundo.

Libertad de padecer necesidades –que, traducido a términos mundiales, significa acuerdos económicos que asegurarán a cada nación una vida en paz y salud para sus habitantes –en
todo el mundo.

Libertad de vivir sin miedo –que, traducido a términos mundiales, significa una reducción mundial del armamento a tal punto, y tan a fondo, que ningún país estará en posición de cometer un acto de agresión física contra ningún vecino, en todo el mundo.

Estas libertades son los prerrequisitos para un mundo más seguro y todo hombre mujer y niño en el mundo tiene derecho a ellos. Y la tercera libertad en concreto, la “libertad de padecer necesidades”, asegurada por el compartir económico, es la que podrá eventualmente conducir a una reducción en la importancia de los derechos a percibir asistencia en el tejido social y económico de la sociedad, produciendo una participación mayor en la vida nacional e internacional de la Raza Humana.

 

Sensitivos Culturales –una nueva vocación para un mundo de culturas entremezcladas

“Multiculturalismo” es un término que ha estado en las noticias recientemente, ya que unos cuantos políticos, incluida la canciller alemana, Ángela Merkel, y el primer ministro británico, David Cameron, han expresado dudas acerca de su éxito en sus países. En un contexto político, se ha definido como “la abogacía de extender un estatus de igualdad a diferentes grupos étnicos y religiosos sin promover ningún valor específico étnico, religioso y/o valores culturales comunitarios como centrales”. Otro término muy parecido es “pluralismo”, aunque pluralismo parece tener un sentido más positivo de celebrar diferentes culturas dentro de una misma nación.

“Cultura” es, en sí, un término con diversos significados. En una conversación normal, suele referirse a las artes. Sin embargo, si se toma en su sentido más amplio, se extiende mucho más allá de las artes para abarcar una compleja síntesis de valores y expectativas sociales, religiosos y políticos. Por lo tanto es de naturaleza fundamentalmente subjetiva. Sin embargo, como veremos más adelante, se expresa principalmente mediante instituciones y prácticas objetivas. Está fuertemente ligada al sentido de identidad del individuo. También está vinculada con la identidad nacional – una nación suele tener un sentido de herencia cultural compartida. Sin embargo, no se limita a las naciones –porque las religiones, las ideologías políticas y otras dimensiones de la cultura traspasan las fronteras nacionales. Esta es una de las razones por las que la política que concierne a la cultura es tan difícil: porque significa que las culturas e identidades nacionales no pueden mantenerse fijas y estáticas, sobre todo si las naciones están abiertas a la inmigración.

Otra razón para esta dificultad es que, especialmente en las democracias liberales, la noción de que el estado puede, o debe, intervenir en las prácticas de un grupo especifico con su propia identidad cultural, puede entrar en conflicto con las obligaciones expresadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y también está el hecho de que, debido a que la cultura es tan subjetiva, resulta difícil ponerse de acuerdo sobre su naturaleza exacta. De este modo, dos co-religionarios, incluso de la misma secta, pueden diferir en su interpretación de lo que sus mandamientos les requieren. Dos personas del mismo partido político pueden estar en desacuerdo en cuanto a las mejores políticas para su país. Dos personas de la misma nacionalidad pueden basarse en diferentes símbolos, mitos y héroes nacionales para sustentar su propio sentido de lo que significa ser egipcio o nigeriano u holandés. Esta es la razón por la cual, en los debates sobre el multiculturalismo, se presta tanta atención a los símbolos y prácticas físicos que expresan la cultura – un estilo de ropa, un tipo de edificio, y así. Sin embargo, debido a que esos símbolos y prácticas pueden significar cosas distintas para personas de un mismo grupo cultural, y ni que decir tiene para los que no pertenecen al grupo, las ocasiones para el desacuerdo y la disputa son, lamentablemente, muchas.

Un caso bien conocido ayuda a ilustrar este punto: la reciente prohibición de llevar el niqab (un velo que cubre todo excepto los ojos) en Francia. Uno de los puntos significativos de desacuerdo entre los que se oponen a la prohibición y los que la apoyan es si la portadora del niqab ha elegido llevarlo, o si ha sido obligada por otras personas de su mismo grupo cultural. La respuesta gira en torno a cómo llevan las mujeres el niqab, y cómo otros en su mismo grupo cultural y los de otros grupos, interpretan el significado de llevarlo. ¿Es una señal de modestia recomendada por la religión? ¿De opresión patriarcal? ¿Un intento de ocultar la identidad personal? ¿O es una postura política?

¿Cómo se resuelven este tipo de rompecabezas? ¿Los estados nación deberían fomentar la asimilación de personas de otros países, integrándolas en la cultura nacional –el enfoque del llamado “crisol”? ¿Deberían permitirles que retuviesen tanto de sus distintivos culturales como sea posible –la respuesta multicultural, o de “mosaico cultural”? Quizá la respuesta dependa de la madurez y estabilidad de la identidad cultural de cada país. Otra forma de pensar sobre la cultura, proveniente de los escritos de Alice Bailey, ofrece un enfoque que podría ayudar.

Alice Bailey sugiere que una persona puede ser culturizada hasta cierto grado, y que para adquirir cultura es necesario tener la capacidad de correlacionar el mundo del significado con el mundo de los efectos exteriores. Otra forma de decir esto, vinculada con la definición anterior, es que, a diferencia de la mayoría de las personas, que están condicionadas inconscientemente por las ideas que motivan su propia cultura, y que participan más o menos ciegamente en las instituciones y prácticas que expresan esa cultura, un sensitivo cultural es aquel capaz de entender explícita y conscientemente esa cultura. Esta mayor sensibilidad cultural también les da la capacidad de profundizar con más perspicacia en la cultura de otros grupos, haciendo de ellos los candidatos ideales para ayudar a mediar entre diferentes culturas, forjando contactos y sugiriendo vías de acuerdo mutuo. Un prerrequisito clave para este trabajo es la buena voluntad, porque sólo en una atmósfera de buena voluntad puede progresar el sutil y exigente trabajo de volver símbolos culturales inteligibles para ambos lados.

La humanidad ha dado sus primeros pasos en esta área mediante la creación del campo de la antropología cultural. El trabajo realizado en este área sería muy útil para ayudar al sensitivo cultural a desarrollar un entendimiento intercultural. El verdadero éxito de este trabajo también requeriría un entrenamiento en meditación, porque el sensitivo cultural debe ser capaz de liberarse de las reacciones habituales inculcadas por su propia cultura, y alcanzar este grado de desapego de uno mismo requiere la firme disciplina de mente y emociones que la meditación puede proporcionar. Podemos imaginarnos un futuro en el que, si en algún país surgiese un potencial conflicto cultural, el gobierno de esa nación designaría a una serie de sensitivos culturales entrenados para reunirse con todas las partes implicadas en el país, y también con los sensitivos culturales designados por el país de origen del grupo cultural minoritario. Su trabajo unido podría entonces transmitirse al gobierno en forma de recomendaciones para la mejor forma de proceder. Si este tipo de contacto cultural intencionado e intensificado puede convertirse en la norma, entonces podemos esperar que la unidad espiritual subjetiva que subyace las cuantiosas diferencias externas que distinguen a las culturas se volverá cada vez más evidente; y que la humanidad se adentrará en un ciclo en el que las numerosas culturas se convertirán en un coro cuyas múltiples voces podrán mezclarse en una sinfonía de alegría.