La base del servicio es la Fraternidad

por Grupo de Servicio el 12 de abril de 2010

Por Regina Keller [RSU en DNE]

La base del servicio es la Fraternidad; una convicción profunda de que la unidad espirituales un hecho en la naturaleza y en la supernaturaleza. La consecuencia de esa convicción es que uno se esfuerza en dirigir y conformar todos sus actos en la vida, de manera que contribuyan a la armonía del conjunto y a aumentar el bienestar general, trasmutando en superior aquello que es inferior dentro de la propia esfera y ambiente, especialmente en la propia personalidad.

Para que el servicio sea eficaz ha de ser inteligente. Servicio inteligente exige juicio y discernimiento; la justipreciación del servidor y de sus recursos en relación al objeto, causa o persona a que quiere servir; la certeza de que el esfuerzo es oportuno y la aplicación de las leyes de la economía en el uso del tiempo y de la energía, así como de los medios materiales que se van a emplear en la prestación del servicio.

Sin embargo, el factor decisivo, para que el servicio resulte eficaz, es el Amor, porque Amor es radioactivo y magnético y consigue pene­trar y armonizar las condiciones más difíciles donde ninguna otra cualidad o combinación de cualidades podría penetrar y actuar.

Es un gozo y un privilegio estar constituido de tal manera que uno sirva, movido por la profunda convicción de que la unidad en la divi­nidad es un hecho; pero para aquellos que todavía no hayan alcanzado ese contacto intimo con la realidad, pero que, aún viéndose privados de esa satisfacción emocional, sirven por convicción intelectual de esa unidad, les ha de servir de estímulo y consuelo el recordar que hay muchos caminos que conducen a la cumbre de la montana en donde todos esos caminos convergen, No obstante, mucho antes de alcanzar la meta final, el servidor no emotivo empezará a sentir dentro de si mismo el calor de la «gracia de Dios»; no importa cual sea la línea de su desenvolvimiento.

«Procura ser perfecto en la acción», recomienda un sabio Instructor. Sin duda alguna, es éste un consejo maravillosamente sabio; pues todos cometemos errores, al tratar de servir; especialmente al principio; aunque los móviles sean tan puros, como puedan serlo en nuestra pre­sente etapa de desenvolvimiento. Los errores más numerosos y comunes resultan del empleo de medios y métodos inadecuados al fin busca­do; consejos dados cuando sería mejor guardar silencio; dinero dado, cuando lo que se necesita es, el ejemplo; para inspirar otra manera de emplear el dinero; hablar haciendo resaltar defectos en lo físico o en lo moral, cuando la introducción del interesado en una esfera social en que lo deseable sea la norma, haría milagros para despertar el ansia de desenvolvimiento en la dirección adecuada,

La capacidad del hombre para crecimiento y expansión es ilimitada; pero puede ser contraproducente si no se pone a si mismo límites al crecimiento en determinadas direcciones. La única actividad que le proporciona oportunidades de expansión, en tantos estados y direcciones como sea capaz, es la actividad que llamamos SERVICIO. El diccionario Webster relaciona la palabra «Servir» con el Zend-Avesta, comparándola con la avesta Har, «proteger» y Haurva, «protegiendo». Aunque el móvil del hombre sea el deseo egoísta de crecimiento, la abnegación inteligente lo llevará al sendero del servicio como la ruta más directa para alcanzar su meta. El hombre se distingue por dos características, que quizás no son más que una: la persecución de la felicidad y la persecución del conocimiento. Dice la Voz del Silencio: «Para alcanzar el Nirvana uno debe alcanzar el propio conocimiento y el propio conocimiento es la semilla de acciones caritativas».

«Difunde la luz que hayas adquirido…» dice la misma fuente. Pocos de nosotros comprendemos que el acumular conocimientos es tan de avaro como el acumular cualquier otra clase de riqueza o poder; o que, el tener muchos conocimientos, sin asimilar o sin clasificar, de tal manera que no se puedan transmitir con claridad, o no puedan utilizarse cuando un hermano los necesite, es un completo desperdicio. Copiando nuevamente del libro mencionado: «Si quieres que ese caudal de conocimiento, laboriosamente adquirido, de sabiduría nacida en el cielo, se conserve fresco y corriente, no debes permitir que se convierta en un charco de aguas estancadas». «El agua corriente se purifica a si misma» es un dicho antiguo y verdadero. DAR y TOMAR, SABER Y OBRAR son necesarios para que haya armonía en el progreso y desenvolvi­miento del hombre.

El servidor que más eficacia alcanza es aquel que analiza los efectos para comprender las causas, a fin de manipular éstas de manera que produzcan efectos deseables. El aplicar remedios, donde los efectos claman por simpatía y alivio, puede ser mucho más aparatoso; pero la acción preventiva, aunque a veces pase desapercibida, es de rendi­miento infinitamente mayor. Cada campo necesita sus trabajadores; no importa en cual trabaje uno, con tal que se esfuerce en prestar el mejor servicio de que sea capaz, sin esperar recompensa y sin temor al fracaso, y que persevere hasta el fin.

Publicado originalmente en la revista Sophia, vol. II, Febrero de 1932, Num. 2.