Interpretación esotérica del “Libro de Job”

por Alice Bailey el 25 de enero de 2010

En el Antiguo Testamento hay una dramática historia de profundo interés para la época actual; contiene una visión y una probabilidad de tal naturaleza, que sólo el presente ciclo mundial verá salir del reino de lo probable y entrar en el reino de la realidad.

Esta historia la han comprendido muy pocos hasta ahora; lleva oculto un mensaje que, correctamente interpretado, indicará a la raza su estado actual y su futura realización inmediata. Esta antigua escritura judía, considerada mucho más antigua que otras escrituras del Antiguo Testamento, probablemente anterior al “Pentateuco”, y cuyo autor es desconocido, resume en sus cuarenta y dos capítulos, la historia del alma de la raza judía y de la humanidad, como también la historia del alma individual.

Es la historia de todo hombre cuando ve el fin desde el principio y, en ese sentido, es siempre nueva y fresca en su aplicación, y también poderosa para inspirar y elevar a un nuevo nivel de conciencia y de vida al hombre sincero.

Comprendido esotéricamente y aclarado su significado espiritual, “El Libro de Job” ocupará un lugar más destacado en el entrenamiento del aspirante, y su aplicación singular y correcta, a las necesidades de los hombres del siglo XXI, se convertirá en tema de estudio para los pensadores e instructores de todas partes.

La generación actual enfrenta un problema nuevo y complejo. La civilización moderna ha dotado a la raza de enormes bienes materiales, y el entrenamiento y desarollo moral que actualmente ha establecido una norma ética y un correcto vivir, aunque no está todavía completamente expresado por la raza, fundamenta la estructura de nuestra vida diaria.

La naturaleza del hombre y su constitución en el aspecto externo ha sido expuesta para que la conozcamos y nos reconozcamos en ella como seres complejos, provistos de cuerpo físico, emocional y mental, y poseyendo algo que no es fácil demostrar: la conciencia vital a la que cada uno podemos referirnos como “yo mismo”; y para que también reconozcamos la frecuente voz del regente interno que nos impulsa a vivir en forma más elevada desplegando ante nuestros ojos lo que parece ser una quimera inalcanzable, al hablarnos de realidades espirituales.

Así era también la constitución y el equipo de Job, y trataré de demostrarlo. Este pensamiento fundamenta la historia de Job, y permite aplicar los episodios de su historia a cada uno de nosotros, porque la consumación gloriosa de su drama, se transforma en una posibilidad para todo ser humano y la humanidad entera.

Su historia nos describe el despertar del individuo a las cosas del espíritu; representa la experiencia a la que están sometidos todos los aspirantes, y nos da el mensaje y la palabra que nos permitirá pasar de la oscuridad la luz y del mundo de la irrealidad a ese reino verdadero y espiritual donde el hombre ve correctamente y se conoce por lo que es.

Job representa el típico hombre avanzado de los que hay muchos en nuestro siglo XX. Es el pensador, el altruista, el ciudadano controlado e influyente, quien tiene autoridad entre sus semejantes, y sin embargo, “camina humildemente” ante su Dios. Es el hombre de negocios y sin embargo se ocupa al mismo tiempo de las cosas del Reino de los Cielos y vive una intensa vida interna espiritual, conocida sólo por él y por Dios. “El Libro de Job” indica el posible desenvolvimiento y desarollo para tal individuo. Se supone que Job fue judío o que la raza judía se adueñó de esa nación misteriosa cuya función quizás sea tipificar la humanidad, o constituir un símbolo en la historia de la familia Humana.

El misterio del judío siempre ha intrigado a los pensadores, historiadores y esoteristas. La época del judío como nación, aparentemente ha terminado, y también su gloria, pero esa gloria existió y su recuerdo es herencia de la Humanidad, no sólo del judío.

La coherencia nacional de los judíos parece haber desaparecido [1], pero donde quiera se encuentre, reconoce su unidad racial. Los judíos están diseminados por todo el mundo; (incorporados a determinada forma racial) y aún conservando sus características, tipo y mentalidad nacionales. En las mentes de los hombres, representan la gran búsqueda de los beneficios materiales, las riquezas y posesiones que dieron como resultado la acumulación de la mayor parte del oro del mundo y despertaron la envidia y, por lo tanto, la antipatía de sus semejantes.

No obstante, otra búsqueda y aspiración los impulsa constantemente. El retorno del judío a su propia tierra, la Tierra Santa, y el restablecimiento de las antiguas fronteras, son temas de un anhelo profundamente arraigado y la meta de la mayor parte de sus esfuerzos. Es el símbolo del divino Hijo Pródigo, tras él queda la antigua gloria.

A su alrededor, el campo de su búsqueda; delante, la visión de esas probabilidades gloriosas que desarrolla su resistencia y nutre esa vida interna subjetiva, que distingue e individualiza a su raza. En consecuencia, es el gran símbolo de toda la humanidad y de su pasado, presente y futuro. “El Libro de Job” describe un desarrollo individual y racial que, una vez consumado, será el tema de la gran historia de la humanidad.

La historia de Job representa para nosotros, la historia del hombre, tal como es hoy; la historia de Jesús, el Cristo, representa al hombre tal como puede llegar ser. Ambos son símbolos de la vieja dispensación, bajo la cual se encuentra aún la mayoría, y ese nuevo estado de conciencia y liberación que van alcanzando constantemente los individuos. Esta realización divina caracterizará a toda la raza cuando haya aprendido la lección en “El Libro de Job” y viva la vida del Cristo.

“El Libro de Job” se divide en cinco partes [2]. La primera relata la prosperidad y bienestar material de Job. Esto corresponde a la edad de oro de la humanidad y de la raza judía, y al estado infantil (protegido y cuidado) del individuo común.

Luego viene el derrumbe de los negocios de Job, cuando es despojado de toda su prosperidad material, luego pierde sus posesiones y es desposeído de todo aquello que significa éxito y abundancia en el plano físico. Pierde sus bienes, su familia, excepto su mujer que es calculadora y de mal carácter. Hasta su cuerpo físico le causa trastorno, pues sufre una dolorosa enfermedad. Este período corresponde en la simbología racial a la diáspora de los judíos, al cautiverio y pérdida de las posesiones materiales, de la vida y el prestigio, análogamente la condición de la humanidad misma, errando en un país lejano, despojada de toda posesión espiritual, sin poder asociarse con los espíritus puros que permanecen en el Hogar del Padre, y su cuerpo físico es aparentemente el heredero de todos los males.

Últimamente, el mundo has pasado por una crisis análoga a la que atravesó Job. En las guerras [3] hemos tenido la culminación del desastre, dejando la familia humana exhausta, enferma y sin lo esencial para su bienestar.

Esto ha producido en el alma del mundo esa duda y confusión mental, derivada de la adaptación de la vida a las nuevas condiciones, sí como Job, debido al desastre de su vida, llegó a una percepción mas exacta de la realidad, y se permitió revisar su norma de valores y penetrar en una nueva y superior conciencia, así también el mundo se está readaptando, y del caos surgirá una nueva estructura de la verdad, un nuevo revivir de la aspiración espiritual y el establecimiento de una conciencia racial que será universal y no individual, pasando de la satisfacción propia al conocimiento divino.

Estas tres interpretaciones, la individual, la social, tipificada por la raza judía, y la universal, tipificada por nuestra civilización moderna, deben tenerse muy en cuenta. Aunque el énfasis de esta exposición está en lo personal e individual, sin embargo, no debe olvidarse la interpretación que hace de la raza judía un símbolo del divino Hijo Pródigo aplicable a toda la familia humana.

Otro acontecimiento en la historia es la discusión que tiene Job con sus tres amigos íntimos. Hay tres ciclos de seis alocusiones cada uno, y en ellas se dilucida toda la situación, se analiza la relación de Job con su Dios, y se considera cuidadosamente su problema. Finalmente, Job llega a la conclusión de que no han logrado ninguna solución verdadera y que su problema permanece sin solución. Se da cuenta de que sus amigos no le son útiles y se vuelve contra ellos y los repudia.

Esto significa para Job, una crisis de desamparo y desesperación, que trata de enfrentar en forma muy humana y normal. Enumera todas sus buenas acciones y esas cualidades del corazón y de la mente que lo hacen aceptable ante Dios y sus semejantes. Desafía Dios a rebatir sus palabras y le pide que lo reivindique. Y habiendo agotado sus justificaciones y glorificación propias, entra en el silencio.

¿Qué más le queda por decir? Ha sido un hombre bueno y fiel, impulsado en todas sus cosas por la bondad y la generosidad; ha sido un devoto y fiel seguidor de Dios y, sin embargo, a pesar de todo, han caído sobre Él todos los males. Está obligado a caminar en la oscuridad y no puede ver la luz.

Luego interviene un cuarto participante en la controversia que presenta un aspecto completamente nuevo de la situación.

Trasmite un mensaje que eleva su drama a un nuevo nivel y lo conduce hasta esa entrevista culminante, que hace de Job un nuevo hombre, recuperando su fortuna y todo lo perdido. Este es un breve resumen de esa antigua narración.

Job ha sido presentado bajo tres aspectos: primero, Job como hombre inteligente, bueno, influyente y útil, representativo del hombre común de nuestros días; luego, Job como Aspirante, el discípulo aparentemente abandonado y abatido por el sufrimiento y las congojas; finalmente Job, el Iniciado, el Conocedor, victorioso, iluminado y reivindicado, capaz de permanecer ente la presencia de Dios.

La clave de la enseñanza y la solución del misterio y de la historia del problema, se halla en el significado de los nombres dados a los personajes. Una vez comprendido su significado, se aclaran los valores espirituales del libro. Es una alegoría simple y llana, escrita en forma que todos la puedan comprender. Presenta las leyes del desenvolvimiento espiritual y los procesos que rigen la evolución de un alma en el Sendero de Retorno al Hogar del Padre, para que todos la puedan captar.

Por lo tanto, consideremos el drama de un alma, aplicándolo en forma personal, de acuerdo a las verdades involucradas, y a nuestra necesidad, y dividamos nuestros pensamientos respecto a esto, en dos partes:

  1. Consideración de Job y sus tres amigos.
  2. Una exposición de las enseñanzas dadas por el cuarto amigo, conjuntamente con los resultados de esa entrevista y la revolución que produjo en Job, y también sus ideas anteriores.

Primera etapa

El significado del nombre de Job es textualmente “Aquel que no se lamentará ni se quejará”. Estas palabras indican la exacta posición de Job en la escala de la evolución, y aclaran su estado espiritual, aspirando a la vida de realización espiritual, alcanzando ese estado a través de una larga experiencia en la escuela de la vida, y el reconocimiento de dos grandes Leyes del Ser. Son Leyes que la vida misma nos presenta, no podemos eludir y finalmente, debemos acatar.

Tenemos en primer término la Ley de Causa y Efecto, muy bien expresada por las Palabras de San Pablo: “No os dejéis enganar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará.” (Ga, 6: 7) Esta es la primera Ley del Ser. Todo efecto en el plano físico tiene una causa interna, subjetiva, y todo lo que experimentamos y sufrimos es el resultado de actividades iniciadas por nosotros mismos, o imputables a nuestros propios errores, esfuerzos correctos y acciones buenas o malas. La segunda Ley, ha sido llamada la Ley de Atracción y concierne a las fuerzas que atraen al hombre hacia el aspecto forma de la experiencia, sin vida, o en dirección opuesta, hacia el alma y su desenvolvimiento vital. Al aspirante, en el Sendero de Retorno, no le atrae el lejano país, porque, no le interesa ni le satisface la naturaleza forma.

El recuerdo del Hogar del Padre comienza a atraerlo con dolor, pero con alegría y sin queja, corta todas las ataduras que tratan de retenerlo. Tal era la situación de Job y por eso se lo denomina “el que no se queja”.

“El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor. ¶ ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal? ¶ Aunque Él me mate, en Él esperaré. ¶ Yo sé que mi Redentor vive, y al final se levantará sobre el polvo, Y después de deshecha mi piel, aun en mi carne veré a Dios.” (Job, 1: 21, 2: 10, 13: 15, 19: 25-26.)

La aceptación de estas condiciones y al comprensión de la actuación de la Ley con caracterísisticas de las grandes almas: San Pablo expresa la misma actitud fundamental cuando dice:

“Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos… Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación.” (2 Cor, 4: 8-9, 16-17)

En otro lugar dice, que en cualquier situación en que se encuentre, “estará contento”. Todos los verdaderos discípulos manifiestan esta característica y atraviesan la misma experiencia. La transferencia del centro de atención, de lo que atrae y sostiene la forma, a aquello que constituye la vida libre del alma, que siempre lleva la marca del sufrimiento y de la dificultad, de la tensión y el esfuerzo, la prueba y el ensayo.

Una vez comprendida la situación se ha ganado la mitad de la batalla, pero Job, igual que Arjuna en el Bhagavad Gītā, actuaba en la oscuridad, no podía comprender, y al comienzo de la experiencia trató de justificarse y culpar a todo el mundo, menos al que correspondía, al aspecto forma de su naturaleza compleja.

Podríamos imaginarnos que Job, después de la catástrofe que descendió sobre él, buscó luz y ayuda en su hogar, tipificado por su mujer, y no encontró en él, nada que pudiera satisfacer su necesidad. Tenía que aprender la lección de la soledad, mantenerse sobre sus propios pies y caminar a ciegas en la oscuridad, saber que en ninguna parte de la tierra existía para él, comprensión y verdadera camaradería. Así elevaría sus ojos a las alturas de donde proviene su salvación, y se vería obligado a orientar sus pasos hacia el Monte de la Iniciación e Iluminación, desde cuya cumbre puede pasar a ese estado de conciencia llamado “la Comunión de los Santos”. Esto pone fin a sus días de aislamiento, y es aceptado por quienes constituyen “la nube de testigos”.

Habiéndole fallado su mujer, su hogar y su medio ambiente, se dirige después a sus tres amigos más íntimos: Elifaz, el temanita, Bildad, el suhita, Sofar, el naamatita, que trataron de consolarlo, darle explicaciones, discurrir sus problemas y hablar detalladamente aceran de sus preocupaciones; sin embargo, no hallaron ninguna solución.

Job argumentó con cada uno de ellos, y los detalles son tan claros que sería de valor considerarlos extensamente. Estos tres amigos representan las tres partes de la naturaleza del hombre, reconocidas universalmente hoy, como que constituyen los tres modos con que él se expresa. El hombre no es simplemente un ser físico, sino una compleja entidad: La suma total de estados emocionales, temperamento, sentimientos y deseos, y también un conglomerado de estados mentales, además de una reacción ocasional que no deriva de ninguno de ellos. En estos ocasionales intervalos, la naturaleza se manifiesta en un destello de iluminación, o en la visión de un mundo real y bello, que por lo común desconoce.

Elifaz puede ser considerado como símbolo de la naturaleza emocional con todo lo que incluye ese término, mientras que Bildad tipifica la mente con su poder de razonar, concretizar y relacionar, Sofar representa la intuición o la mente superior abstracta, con su poder de elevar al hombre temporalmente a una conciencia más pura y espiritual, e incitarlo así a un nuevo esfuerzo, induciéndolo a que salga del mundo de las cosas materiales y entre en la esfera espiritual.

Segunda etapa

El mensaje de Eliú constituye la segunda etapa. Hemos visto cómo todas las voces inferiores eran acalladas, y las pretensiones guerreras del yo inferior personal de Job desaparecían en silencio. La futilidad de la personalidad para aportar paz y luz se hicieron evidentes, y en el silencio, que más adelante se podrá reconocer como sonido, se oye una Voz.

Las voces son reemplazadas por la Voz. El oído interno de Job se abre al mensaje que sólo puede darse cuando el discípulo ha llegado a eliminarse totalmente como tal. Ha llegado el momento en que puede ver las cosas en su verdadera perspectiva y donde se evidencia la distinción entre lo Real y lo irreal, entre el Yo y el no-yo. El objetivo del proceso evolutivo es conducir al hombre precisamente a ese punto.

Aunque el Legislador de la antigüedad declare: “He puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida.” (Dt, 30: 19), o Job, que al recapitular su vida pasada halla que todas sus riquezas, posesiones, ambiente y amigos, de nada le sirven en su búsqueda por la verdadera paz y felicidad; o el Vidente de India que exclama: “Condúceme de la oscuridad a la Luz, de lo irreal a lo Real, de la muerte a la Inmortalidad.” (Brihadâranyaka Upanishad, I.iii.28); es la misma historia basada en la misma necesidad fundamental. El resultado de la vida en los tres mundos de la forma –mental, emocional y física– es invariablemente uniforme: insatisfacción, desastre, desesperación y muerte.

Por lo tanto, Job se hallaba en la encrucijada.

Cuando su intuición despierte, podrá conducirlo hacia ese camino recto y estrecho, que culmina en el séptuple portal de la Iniciación, o al no escuchar la Voz que habla en el silencio, puede elegir ese camino más fácil y amplio que conduce al Hijo Pródigo, a internarse más en el lejano país. Sin embargo, el reconocimiento de vacuidad y futilidad, y el sentimiento que emerge de un distinto conjunto de valores, puede observarse en algunas de sus manifestaciones posteriores, por ejemplo:

“¡Quién me diera volver a ser como en meses pasados, como en los días en que Dios velaba sobre mí; cuando su lámpara resplandecía sobre mi cabeza, y a su luz caminaba yo en las tinieblas; como era yo en los días de mi juventud, cuando el favor de Dios estaba sobre mi tienda. ¶ Entonces pensaba: ‘En mi nido moriré, y multiplicaré mis días como la arena.’ ¶ ‘Conmigo es siempre nueva mi gloria, y mi arco en mi mano se renueva.’ Me escuchaban y esperaban, y guardaban silencio para oír mi consejo. Después de mis palabras no hablaban de nuevo, y sobre ellos caía gota a gota mi discurso. Me esperaban como a la lluvia, y abrían su boca como a lluvia de primavera. Yo les sonreía cuando ellos no creían, y no abatían la luz de mi rostro. Les escogía el camino y me sentaba como jefe, y moraba como rey entre las tropas, como el que consuela a los que lloran. ¶ Pero ahora se burlan de mí los que son más jóvenes que yo, a cuyos padres no consideraba yo dignos de poner con los perros de mi ganado. ¶ Contra mí se vuelven los terrores, como el viento persiguen mi honor, y como nube se ha disipado mi prosperidad. ¶ Mas la sabiduría, ¿dónde se hallará? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia?” (Job, 29: 2-4, 18, 20-25, 30: 1, 15, 28: 12)

Tal como hemos visto, elevó un llamado a Dios y justificándose ante sus propias ojos, pedía más luz y sabiduría. Entonces el silencio, que marca el intermedio entre la vida del mundo y la vida del alma, se hacia cada vez más profundo en él. El silencio es quebrado por el Hablante de cuádruple nombre, con voz de autoridad, dando un mensaje claro y divinamente simple. En este cuádruple nombre está oculto el origen, la herencia y la meta del alma de todo ser humano; es el nuevo nombre que todo aspirante a los Misterios debe descubrir.

Job tiene que reconocerse en el futuro como Eliú, el hijo de Dios, y no como Job, el hombre mundano que no se queja.

Eliú significa literalmente “Él es mi Dios”. Así somos puestos inmediatamente frente a frente con la divinidad. Job permanece en silencio ante su interno Yo divino. El Ángel de la Presencia le habla y le revela el camino que debe seguir y la causa de sus actuales circunstancias. El divino Hijo de Dios, oculto en el corazón, que en el transcurso de largas edades ha conducido a Job, el hombre de la etapa de salvaje ignorancia a la de ciudadano respetado y útil, se le revela y emprende la tarea de instruirlo, sobre aquello que lo conducirá basta la próxima etapa de desenvolvimiento, la etapa de aspirante a la de discípulo, y oportunamente a la de iniciado liberado.

La luz de la pura comprensión brilla e indica el camino.

Baraquel significa “Aquél que bendice a Dios”. Recordemos que el Yo Interno divino en nosotros, es el que hace posible el reconocimiento de Dios, tanto en cada ser humano como en el mundo circundante.

Es el aspecto divino que nos capacita para adquirir esas condiciones y actitud hacia la vida que se manifiestan como felicidad y alegría; también se demuestra como la capacidad de ser agradecidos y el poder de bendecir a Dios y a otros. La sincera pronunciación de la palabra tan común “gracias”, indica que somos Hijos de Baraquel, y que somos algo más que cuerpo y alma. Somos Espíritus, Hijos del Padre.

El nombre Buz brinda, bajo el símbolo de una sola palabra, una idea de nuestro estado y condición. Significa “Aquél a quien le han robado su libertad”. Job se enfrenta con el hecho de que es divino, que es un hijo del Padre y, sin embargo, al mismo tiempo, un prisionero en cautiverio. Se le ha robado su herencia, y es un errante en el lejano país. Por lo tanto, Eliú era un buzita, miembro de esa gran Jerarquía de Almas que, habiendo abandonado su elevado estado, están ahora prisioneras en cuerpos humanos y, de esta manera, limitadas a adquirir la experiencia que sólo se alcanza cuando se está cautivo en los tres mundos.

H. P. Blavatsky, se ocupa en La Doctrina Secreta, de esta Jerarquía de Almas en forma muy interesante. Se dice que estas Almas son las que dotan al hombre con su ego consciente inmortal, y que el nombre esotérico de estos Ángeles Solares literalmente es: “Señores de incesante y perseverante devoción”.

Son los “Yoguis celestiales que se ofrecen como víctimas voluntarias para redimir a la humanidad” (Doctrina Secreta ii, 257; iii, 116). Su naturaleza es sabiduría y amor, y encarnan ese aspecto de la divinidad a la que se refiere Pablo cuando dice: “Cristo en nosotros, esperanza es de Gloria” (Col, 1: 27).

Este Señor de Sabiduría y Amor es para cada uno de nosotros el Ángel guardián, la radiante luz interna, el Yo superior, el Alma, y es Ese viviente e inteligente Hijo de Dios que hace oír Su voz cuando “las palabras de Job terminan” y guarda un prolongado silencio. Es interesante que los estudiantes observen la descripción del alma, dada en Ezequiel, antes de que cayera de su estado elevado y (de acuerdo al gran plan de redención mundial) se convirtiera en el mediador entre el Espíritu superior y la materia inferior, entre el aspecto forma y la esencia de la vida.

“Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y perfecto en hermosura. En el Edén estabas, en el huerto de Dios; toda piedra preciosa era tu vestidura: el rubí, el topacio y el diamante, el berilo, el ónice y el jaspe, el zafiro, la turquesa y la esmeralda; y el oro, la hechura de tus engastes y de tus encajes, estaba en ti. El día que fuiste creado fueron preparados. Tú, querubín protector de alas desplegadas, yo te puse allí. Estabas en el santo monte de Dios, andabas en medio de las piedras de fuego. Perfecto eras en tus caminos desde el día que fuiste creado hasta que la iniquidad se halló en ti. A causa de la abundancia de tu comercio te llenaste de violencia, y pecaste; yo, pues, te he expulsado por profano del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura; corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor. Te arrojé en tierra…” (Ez, 28: 12-17)

Estos hijos de Dios fueron arrojados al mundo de la forma, para redimir esas formas que se encuentran en un peldaño más abajo en la escala de evolución.

Mediante este servicio se liberarán y finalmente podrán caminar en el huerto del Señor, pues han utilizado su esplendor y sabiduría para ayudar al Plan y no para satisfacción propia. Ram significa “lugares elevados”. En la terminología esotérica “un lugar elevado” o una montaña, es siempre el lugar de iluminación e iniciación. Sería interesante que los estudiantes busquen los hechos simbólicos fundamentales que tuvieron lugar en las cumbres de las montañas, desde que el Arca de Noé se asentó en el Monte Ararat, hasta que se dio la Ley en el Monte Sinaí; y así continuar a través de La Biblia hasta esos fundamentalísimos momentos en el Monte Carmelo, el Monte de la Transfiguración, y en el Calvario, el escenario de la Crucifixión. Cierta iluminación, de gran aplicación práctica en la vida diaria, puede extraerse de algunas las palabras de “El Libro de Isaías”. Estas tienen un significado exotérico y esotérico.

“¿Quién de nosotros habitará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? El que anda en justicia y habla con sinceridad, el que rehúsa la ganancia injusta,y se sacude las manos para que no retengan soborno; el que se tapa los oídos para no oír de derramamiento de sangre, y cierra los ojos para no ver el mal; ése morará en las alturas, en la pena inexpugnable estará su refugio; se le dará su pan, y tendrá segura su agua. Tus ojos contemplarán al Rey en su hermosura, verán una tierra muy lejana.” (Is, 33:14-17)

Así Eliú, hijo de Baraquel el buzita de la estirpe de Ram, es el iniciado que surge del elevado lugar de la revelación. Está frente a Job pronunciando palabras que lo separarán para siempre del pasado y de la común experiencia humana, y lo transferirán a un nuevo reino de manifestación divina, con sus propios estados de conciencia, de vida y de ser.

Primeramente enuncia ciertas verdades fundamentales. Son tres, y tan simples, que por lo general no se reconocen. Si solo hubiera alguna forma nueva y poco común de presentar estas viejas verdades ¡Que asombrosa sería la respuesta!

Tenemos que volver a la etapa inicial, al estado infantil, pues en ese estado, el relatar repetidas veces una antigua historia, trae consigo la habitual emoción, y la concentración de la atención, que permiten una intensa experiencia interna y conducen a básicos desarrollos. Dijo Cristo “si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mat, 18: 3)

Estas tres verdades son:

  1. Existe un Espíritu divino en el hombre.
  2. Hay un Camino de Liberación.
  3. El gran obstáculo es el orgullo.

Eliú comienza diciéndole e Job quién es y qué es él: “Pero hay un espíritu en el hombre, y el soplo del Todopoderoso le da entendimiento. ¶ El Espíritu de Dios me ha hecho, y el aliento del Todopoderoso me da vida.”. (Job, 32: 8, 33: 4) No pierde tiempo en esforzarse para demostrar su razón, pues no puede ser comprobada y sólo puede ser conocida. Por lo tanto señala el camino hacia este conocimiento y la liberación que otorga. En un maravilloso capítulo se indica el camino y se delinea sus diferentes etapas. Primero –dice Eliú– se oye la voz de Dios y mediante el oído se capta plenamente este conocimiento –y agrega–:

“Ciertamente Dios habla una vez, y otra vez, pero nadie se da cuenta de ello. En un sueno, en una visión nocturna, cuando un sueno profundo cae sobre los hombres, mientras dormitan en sus lechos, entonces Él abre el oído de los hombres, y sella su instrucción,  para apartar al hombre de sus obras, y del orgullo guardarlo.” (Job, 33: 14–17)

Por medio de la voz de la conciencia y de las circunstancias, a través de los numerosos voceros de la expresión divina y por la enseñanza recibida en la niñez, Dios trata de apartar al hombre de los propósitos destructivos. Cuando eso fracasa, Eliú dice: Dios ensaya el proceso del castigo. El dolor y el sufrimiento aparecen y la espada del desastre es aplicada a la vida.

“El hombre es castigado también con dolor en su lecho, y con queja continua en sus huesos, para que su vida aborrezca el pan, y su alma el alimento favorito.” (Job, 33: 19-20)

Estas palabras simbólicas representan el bien conocido ciclo del sufrimiento, al que estamos sometidos. El propósito de todo dolor y sufrimiento es apartar al hombre de su amor por el mundo, atraer su atención a lo permanente e intransitorio y hacia esas condiciones que traen alegría duradera, en lugar de felicidad temporaria. Este ciclo, en toda su fuerza, fue soportado por Job, sufriendo las más profundas penas y dolores.

Tercera etapa

Ahora nos ocuparemos de la tercera etapa, donde Eliú proclama la venida del Instructor, la cual contiene el mensaje de que existen aquellos que conocen y han alcanzado la meta, pues los que han triunfado están preparados para ayudar a otros aspirantes a alcanzar el mismo elevado lugar:

“Si hay un ángel que sea su mediador, uno entre mil, para declarar al hombre lo que es bueno para él, y que tenga piedad de él, y diga: ‘Líbralo de descender a la fosa, he hallado su rescate’.” (Job, 33: 23-24).

Es interesante observar aquí algo que frecuentemente se pasa por alto. Job debió enfrentar a su propia alma antes de que un Maestro o Instructor pudiera revelársele. Tenía que hacer contacto con su propia divinidad interna, su Ego espiritual o Yo, para que un Instructor divino se ocupara de él y lo ayudara. Este punto nunca es suficientemente recalcado, pues el esfuerzo de todo aspirante debe ser la búsqueda de su alma, ajustándose a cierto modo de vivir, a fin de poder triunfar en ella. Así sabrán que son divinos y procurarán vivir divinamente.

Este es el primordial requisito para cualquier hombre individual y también para toda la familia humana. Cuando se ha logrado este primer contacto, entonces el individuo hallará al Maestro, y el Salvador del mundo será conocido y reconocido por toda la humanidad.

Cuarta etapa

Eliú se ocupa después de la cuarta etapa. Job ha alcanzado el punto donde reconoce la dualidad de la manifestación, reconociéndose como Job, el hombre, la forma, el triple yo personal, suma total de los estados mentales, las reacciones emocionales y el cuerpo físico. Pero también ha enfrentado a su alma, ha oído de que él es divino y que nunca le ha faltado la guía, (a través de la voz de Dios o de la conciencia, por las circunstancias o la aplicación silenciosa del sufrimiento y del dolor).

Se le ha dicho que hay una forma de escapar de la prisión del mundo, y que existen quienes están preparados para ayudar. Luego se le asigna la primera parte práctica de la instrucción, y se lo dice que esta dualidad de forma y alma, puede ser unificada, y que existe la posibilidad de la “unificación”.

En consecuencia, la unión con el alma y con la Jerarquía de almas es su próximo paso “para crear en sí mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo así la paz” (Ef, 2:15). Si puede dar este paso y lograr la unificación, habrá reconquistado la belleza y sabiduría, la libertad y la alegría de esos días en que era miembro del Hogar del Padre, como lo describe Ezequiel.

“Que su carne se vuelva más tierna que en su juventud, que regrese a los días de su vigor juvenil.” (Job, 33: 25)

El plano físico también florecerá y el estado infantil se renovará. Los resultados de esta unificación también le son explicados claramente a Job, y Eliú no lo deja en la ignorancia acerca de estos puntos. Sería conveniente enumerarlos:

Tendrá poder en Dios:

“Entonces orará a Dios, y El lo aceptará”. (Job, 33: 26)

Mirará la faz de la divinidad y conocerá el significado de esa alegría que proviene la diaria práctica de la presencia de Dios:

“Y verá con gozo su rostro”. (Job, 33: 26)

Demostrará los frutos de la rectitud, y las cualidades del alma se manifestarán:

“Y restaurará su justicia al hombre.” (Job, 33: 26)

Atestiguará estas verdades ante los hombres, el testimonio de una vida de servicio y de un mensaje dado:

“Cantará él a los hombres y dirá: ‘He pecado y pervertido lo que es justo, y no es apropiado para mí. Él ha redimido mi alma de descender a la fosa, y mi vida verá la luz.’” (Job, 33: 27-28)

Entonces llega el anuncio triunfante del alma que ha traído bienestar y fortaleza a las multitudes en el transcurso de los siglos, y ayudado a muchos a mantenerse firmes:

“He aquí, Dios hace todo esto a menudo con los hombres, para rescatar su alma de la fosa, para que sea iluminado con la luz de la vida.” (Job, 33: 29-30)

Luego siguen dos capítulos, donde Eliú indica a Job la estupidez de su primitiva posición auto sostenida y el orgullo y presunción que hizo brotar las palabras con que trató de justificarse a sí mismo y resumir su posición.

Job, permaneciendo en la luz que afluía de su propia alma, se vio como realmente era, y se dio cuenta de la debilidad y pequeñez de su esfuerzo. Léase el capítulo 35 con atención y tómese nota de las comparaciones que sirvieron para presentarle a Job un amplio panorama, pues se creyó muy grande e importante. Eliú termina diciendo:

“Job abre vanamente su boca, multiplica palabras sin sabiduría.” (Job, 35:16)

Sin embargo, Job había exclamado, anteriormente:

“Me escuchaban y esperaban, y guardaban silencio para oír mi consejo.” (Job, 29: 21)

Luego Eliú sigue sus comentarios con un magnífico discurso sobre la sabiduría y el poder de Dios en los capítulos 36 y 37, y termina con estas líricas y maravillosas palabras:

“Escucha esto, Job, detente y considera las maravillas de Dios.  ¿Sabes tú cómo Dios las establece, y hace resplandecer el relámpago de su nube? ¿Sabes tú la posición de las densas nubes, maravillas del perfecto en conocimiento? ¶ ¿ Puedes con Él extender el firmamento, fuerte como espejo de metal fundido? Ensénanos qué le hemos de decir a Dios; no podemos ordenar nuestro argumento a causa de las tinieblas.” (Job, 37: 14-16, 18-19)

La Voz del Silencio cesa y las palabras de Eliú terminan, Job recibió la instrucción necesaria, y nunca se da más que eso. No se dijo que pasó en la mente de Job, ni qué ocurrió durante su vida en el plano físico, en esa etapa.

De los posteriores acontecimientos, se puso en evidencia que se hicieron ajustes y se cultivó un nuevo punto de vista, debido a que al finalizar el libro se encuentra ante el Único Iniciador, permitiéndosele oír la voz del Hierofante de los misterios, pues aprendió su lección y ya no vio la vida y los acontecimientos como en el pasado.

Por humillación externa y controversia interna descubrió su alma. Por el silenciamiento de las voces inferiores, escuchó la Voz que le trajo el mensaje de la unión con el alma. Aprendió cuál era el obstáculo para su progreso y cómo su orgullo le ocultó la verdad y la realidad. Ahora está ante el portal del Sendero, enfrentando la realidad.

Lo que es verdad respecto a Job, también lo es respecto a la humanidad como un todo, en esta era de la historia del mundo. El valle de la humillación fue atravesado. El orgullo por nuestra tan jactada civilización recibió un severo golpe con la Guerra Mundial.

El aspecto personalidad del reino humano, desde el punto de vista emocional, mental y físico, no satisface el deseo de la humanidad por una norma de vida más amplia, grande y espiritual. La humanidad se halla ante la Presencia, El Ángel todavía no habló, pero los hombres escuchan y esperan. Cuando surjan las palabras, seguramente encarnarán las mismas ideas y traerán la misma enseñanza que le sirvió a Job.

“Hombres, vosotros sois divinos. Existe un camino de liberación. Que el orgullo y el razonamiento no les impide el reconocimiento de esta realidad divina.”

El drama de “El libro de Job” llega ahora a su culminación. Un nuevo e irrevocable paso fue dado por Job, emergiendo el hombre nuevo con una nueva visión y un nuevo modo de vivir con un conjunto de valores totalmente nuevos.

Fue reorientado y transformado. Pasó a través de las etapas de la humillación externa y de la controversia interna. Oyó la voz de su propia alma y silenció toda satisfacción por sus posesiones e influencia mundanas, y también su posterior rebelión contra las aparentes medidas injustas del destino.

Se le explicó que obstáculos le impidieron participar plenamente de la bendición de la herencia de todos los Hijos de Baraquel, el buzita de la estirpe de Ram. Además se lo otorgó una vislumbre de la naturaleza del Camino y prestó atención a la voz de su Instructor. Ahora se encuentra ente el Portal de la Iluminación, y espera oír lo que el Señor le dirá.

El gran Ser, ante el que permanece humildemente, es el Hierofante de los Misterios. Aquel que abre el Portal a través del cual tienen que pasar quienes tratan de hollar el Camino. Es nombrado muchas veces en la Biblia, y siempre aparece cuando se abre un nuevo campo de servicio y se inicia una nueva empresa.

El discípulo hace contacto con Él cuando está preparado para someterse e una nueva expansión de conciencia, que lo iniciará en un nuevo ciclo de vida espiritual. También se le apareció a Moisés en Egipto, y le ordenó guiar a los hijos de Israel al país de Canaán (Ex, 3: 2-7). Lo reemplazó Josué ante los muros de Jericó, y como capitán de las huestes del Señor, condujo al pueblo a la victoria (Job, 13-15).

Isaías lo vio elevado y ascendido, y exclamó al verlo: “¡Ay de mí! Porque perdido estoy, … porque han visto mis ojos al Rey, el Señor de los ejércitos.” (Is, 6: 5)

Pero a Él le fue dado un mensaje y una profecía que han dirigido y ayudado a millares a través de los siglos. Jeremías tuvo una experiencia similar (1: 4-9) y Daniel (10) también, mientras que en la era cristiana tanto Pablo como Juan, los discípulos amados, enfrentaron a su Señor, que los inició en el Reino del Espíritu y entraron en la experiencia que llamamos “la vida de servicio”. (Cfr. Hch, 15 y Apoc, 1: 10-19).

Job, libre del yo y de la mezquindad, llega ente la Presencia y recibe de labios del iniciador, una enseñanza e instrucción que –en cuatro maravillosos capítulos– abarca toda la verdad oculta.

La mayor parte de “El Libro de Job” trata sobre sus sentimientos, emociones y reacciones, y del mundo de los efectos y las consecuencias.

Pero ahora somos conducidos al mundo de las causas. El Señor proclama la inmutabilidad de la Ley y el hecho de que la naturaleza está regida por esa ley, y progresa en su debido orden.

Fundamentos, medidas, divisiones y fuerzas pasan ante nosotros, y el gran todo está pictóricamente descrito en un lienzo planetario. Entonces se sabe que el hombre no es más que un átomo y sólo parte de esa gran forma.

El contraste entre el insignificante conocimiento del hombre y la majestad, el poder y la inexplicable sabiduría de Dios, es puesto de relieve en las palabras que surgen de un gran órgano, como sonidos.

Final

El capítulo siguiente (cap. 40) trata de los procesos misteriosos de la naturaleza y acentúa el fracaso del hombre por comprender las causas más evidentes de la actuación de la naturaleza. A pasar de que el hombre cree ser independiente, ocupa su lugar en el gran espectáculo de las cosas vivientes, los cielos giran, las estaciones pasan, la fertilidad de la naturaleza y los ciclos de las generaciones se despliegan ante sus ojos, pero todo es vasto y grandioso. Se da cuenta que su comprensión finita y que su mente finita lucha por captar lo infinito; se detiene atónito por el envolvente alcance de la mente cósmica y permanece perplejo ante la magnitud del Plan evolutivo, y los misterios do la astronomía, la zoología y la biología –que tratan estos maravillosos capítulos–no encuentran en sí la solución ni poseen la capacidad para explicarlo.

Después el Hierofante la fórmula a Job la pregunta:

“¿Es sabiduría contender con el Omnipotente?” (Job, 40: 2)

Y Job responde con las siguientes palabras, tan diferentes de sus arrogantes afirmaciones anteriores:

“Entonces Job respondió al Señor y dijo: He aquí, yo soy insignificante; ¿qué puedo yo responderte? Mi mano pongo sobre la boca. Una vez he hablado, y no responderé; aun dos veces, y no anadiré más.” (Job, 40:  3-5)

El Hierofante formula a Job mas de cincuenta preguntas que tratan del mundo material tangible y no puede responder ni a una. Se le da una visión del amplio campo de Conocimiento que está a su alrededor, y comprendiendo su ignorancia responde: “Mi mano pongo sobre la boca”.

Ahora cambia la actitud del Iniciador con respecto a Job. Se dirige a él y dice: “ciñe ahora tus lomos como un hombre”. (Job, 40: 7)

El discípulo en esta etapa debe erguirse, atravesar el Portal y pasar al Hierofante con la fuerza de su propia Alma. Debe encarar la nueva situación con el poder de su propia naturaleza divina y, comprendiendo las limitaciones de la mente inferior razonadora, debe reclamar, como parte de su divina herencia, el poder de conocer y comprender. Ahora brota de los labios del Iniciador, una proclamación con respecto al Camino de la Sabiduría bajo el símbolo de Behemot, el elefante (Job, 40: 15), “la cabeza de los caminos de Dios” (Job, 40: 19) y del Leviatán, el gran pez (Job, 41: 1).

En este artículo no hay lugar para una exégesis del simbolismo del elefante, con el que se representa tan frecuentemente la fortaleza del poder de Dios, ni puedo extenderme sobre el empleo universal del pez para describir el segundo aspecto, amor sabiduría, de la manifestación divina.

Desde el avatar en forma de pez de Vishnú en el Panteón hindú, hasta la utilización del pez en La Biblia cristiana, se ve la misma concepción fundamental. Con estos dos símbolos, el elefante y el pez, representando el primero y el segundo aspecto de la divinidad, será interesante que los estudiantes escudriñen a través de las Escrituras, templos y arquitecturas del mundo.

Obsérvese lo que se dice, en relación con el gran pez, en el capítulo 41 del “El Libro de Job”:

“Cuanto existe debajo de todo el cielo es suyo. ¶ Sus estornudos dan destellos de luz, y sus ojos son como los párpados del alba. ¶ De su boca salen antorchas, chispas de fuego saltan. ¶ En su cuello reside el poder, y salta el desaliento delante de él. ¶ De su grandeza tienen temor los fuertes, y a causa de su desfallecimiento hacen por purificarse. ¶ Detrás de sí hace brillar una estela. ¶ Desafía a todo ser altivo.” (Job, 41:11, 18-19, 22, 25, 32)

Entonces, si el símbolo del pez representa el Segundo aspecto divino, si es el Velo bajo el cual los misterios ocultan la gran realidad de esa vida interna subjetiva que anima a toda forma, y que llamamos principio crístico y si el mensaje es que en cada uno de nosotros está oculto el Cristo, y es la esperanza y garantía de nuestra final glorificación, entonces las palabras del Hierofante pueden ser interpretadas de la siguiente manera:

Mediante la comprensión del Cristo en vuestro corazón, el dolor, el resultado de la identificación con el aspecto forma de la vida, puede trasformarse en alegría y alcanzarse la pureza. Entonces la luz brillará en vuestro camino, porque Cristo es la luz de la Vida misma y el Sendero quedará revelado por Su intermedio. El es el Camino, la Verdad y la Vida, y por intermedio de Él todas las cosas elevadas pueden ser percibidas. Lo que haya bajo los cielos es de él, y por su intermedio “todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios”. (1 Cor, 3: 22-23)

La futilidad y vacuidad de la vida material para el hombre que ha llegado a la etapa de discípulo ha sido experimentada por Job. Ahora se le dice que acepte su herencia, como un hijo de Dios, y, volviendo la espalda al mundo del esfuerzo humano, busque primero el reino de Dios.

Entonces Job “ciñe ahora tus lomos como un hombre” (Job, 40: 7) y responde al Señor. Resume lo aprendido en las palabras siguientes:

“Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¶ He declarado lo que no comprendía. ¶ He sabido de ti sólo de oídas, pero ahora mis ojos te ven.” (Job, 42: 1, 3, 5)

El no-yo está revelado en la luz del Yo, el poder divino de realizar es reconocido, y Job ve su naturaleza inferior en su verdadera perspectiva; se hace evidente en las afirmaciones de Job, que ha logrado la unificación de las dos partes de su naturaleza, a la cual se refirió Eliú hablando como Alma. Ha llegado a ser conciente de su naturaleza divina y también del instrumento humano mediante el cual debe expresarse.

En la parte final de la ceremonia de Iniciación, en la que participa Job, el Hijo de Dios, hallamos que la naturaleza inferior personal es ofrendada como sacrificio ardiente, mientras que Job es aceptado e ingresa en las filas de los Conocedores de Dios (Job, 42: 7-10).

Así terminan las tribulaciones de Job, y a través de gran sufrimiento obtiene la alegría, pues desde la oscuridad ha pasado al reino de la luz. Se ha abierto canino, luchando hasta los pies del Hierofante de los Misterios, y ha pasado por el Portal de la lniciación. Como resultado de su experiencia, su naturaleza inferior es ofrendada como sacrificio a la naturaleza superior. Ha visto a Dios frente a frente y, en consecuencia, entra en un nuevo estado de conciencia y un nuevo ciclo de existencia.

El simbolismo contenido en los detalles finales del drama, quizás es el más significativo e interesante de todo el Libro. El primor episodio que se relata después de terminado el proceso de la Iniciación, demuestra que todo iniciado, por naturaleza e instinto, es un servidor.

Leemos que Job oraba por sus amigos. (Job, 42:10)  Otro punto que debe observarse es que se convierte en un centro de energía magnética o atractiva: “todos los que le habían conocido antes, vinieron a él” (Job, 42:11) y en su grado y lugar cumplió las palabras del más grande de todos les iniciadas cuando dijo : “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos traeré a mí mismo.” (Jn, 12: 32). Actuar como mediador y, por medio de la fuerza de atracción de una vida espiritual, atraer a los hombres al reino de Dios es función de todas las verdaderas almas, y estas dos características pueden verse manifestadas en la vida de Job.

También en interesante observar que sus asuntos terrenales se reajustaron de igual manara. Donde existe armonía con la ley, y un ejemplo de vida amorosa y servicio altruista, deben satisfacerse inevitablemente cada una y todas las necesidades. La afluencia de la vida espiritual debe producir una afluencia similar de cosan materiales, porque la afirmación ocultista de “lo que está arriba es como lo que está abajo” (Tabula Smaragdina, af. ii), que ha dirigido los pensamientos de los estudiantes del esoterismo durante edades, es la formulación de una gran Ley natural.

Esto lo demostró la vida de Job. Vemos finalmente que, en vez de los tres amigos, Job tuvo tres hijas. Ellas encarnan en sí los tres aspectos del Alma, así como sus tres amigos simbolizan los tres aspectos de la naturaleza forma.

A través de sus nombres, las tres expresan las cualidades de la vida divina:

Tenemos, en primer término, a Jemina, que significa paloma. En el simbolismo de la Biblia la paloma es siempre el símbolo del espíritu, se recordará que en el bautismo de Jesús, en el río Jordán, la Paloma descendió y moró con Él. Por lo tanto, Jemina simboliza el primero y más elevado aspecto de la naturaleza divina, representa el espíritu o la energía que trae todas las cosas al ser, y mantiene todas las cosas en existencia.

Luego viene Cesia, cuyo nombre significa “la mas preciosa de todas”. Representa lo que es mencionado en La Biblia como “de mayor valor que los rubíes” (Pr, 31: 10), el segundo gran aspecto de la naturaleza divina: Amor-Sabiduría. Espíritu y Alma juntos, poder y amor unidos, para que Job pueda demostrar su divinidad en el mundo de los hombres por medio de la manifestación de la energía divina, o inteligencia sabia y amorosa.

Job tenía que expresar estas cualidades en el lugar en que había amado y sufrido. Siendo esto así, se evidencia el significado del nombre de la tercera hija. Se llamaba Keren-hapuc que significa “esplendor de color” y simboliza la demostración radiante de la vida del alma, tal como se ve en el mundo del diario vivir.

Poder, sabiduría y belleza . Éstas son las cualidades que debe irradiar todo ser humano que ha pasado por muchas tribulaciones y ha alcanzado finalmente una meta. Las dificultades han sido superadas, el mundo, la carne y el demonio han sido vencidos, y el iniciado expresa su naturaleza divina por medio del aspecto forma de la personalidad. Cuando ello sucede tenemos una encarnación divina, y la meta que cada ser humano puede alcanzar.


[1] El presente documento fue escrito después de la terminación de la Segunda Guerra Mundial el 2 de septiembre de 1945 y antes de la creación del actual Estado de Israel el 14 de mayo de 1948.

[2] Un prólogo en prosa (capítulos 1 y 2); una serie de discursos dramáticos que tienen lugar entre Job y tres de sus amigos, Elifaz, Bildad y Sofar (caps. 3-31); un diálogo entre Job y Elihú, un cuarto amigo (caps. 32-37); d iscursos de Dios “desde el seno de la tempestad” (caps. 38-41); un breve epílogo en prosa (cap. 42).

[3] Primera y Segunda Guerras Mundiales.