Ciudadanía espiritual

por Grupo de Servicio el 11 de abril de 2010

DNE II

En la actualidad el problema de todos los discípulos consiste en llevar a cabo con éxito la actividad propia de la tarea elegida como ciudadano competente y vocacional en la vida y, no obstante, y al mismo tiempo, llevar a cualquier precio una vida práctica de servicio, que no es el deber o el dharma del hombre común. A éste le basta triunfar en el plano físico según se dice, dejando para un posterior ciclo de vida el desarrollo de una vida interna más dinámica e incluyente. Todos los discípulos tienen estos dos objetivos, uno externo y otro interno, más una expresión integrada y designada. [AAB: DNE II, 491]

Los discípulos en todos los Ashramas (el mío no es una excepción) están consagrados al trabajo de su Ashrama, y esto usted lo supo siempre. Aunque es verdad que todo trabajo con móvil e intención correcta es espiritual, los discípulos, no obstante estar consagrados definidamente a prestar determinados servicios jerárquicos, que deben preceder a todas las actividades de la vida, aunque –al mismo tiempo– cumplan sus otras tareas en el mundo externo, basadas en las correspondientes obligaciones y responsabilidades que les corresponde como ciudadanos. Tenga esto definidamente presente y recuerde que necesito la ayuda de todo el grupo de mi Ashrama y, además, su colaboración individual y comprensión de los problemas a resolver. Puedo hacer un llamado general y establecer los principios y las líneas de actividad específicos que regirán el trabajo de mis discípulos, pero no puedo decir cuándo o dónde debe prestarse servicio. [AAB: DNE II, 540]

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Ha llegado el momento de revalorizar el dinero y canalizar su utilidad en nuevas direcciones. La voz del pueblo debe prevalecer, pero debe ser un pueblo educado en los verdaderos valores, en el significado de la verdadera cultura y en la necesidad de que existan rectas relaciones humanas. Por lo tanto, es esencialmente una cuestión de sana educación y de correcta preparación para la ciudadanía mundial, algo no emprendido aún. ¿Quién puede dar este entrenamiento? […] Así, hermano mío, se escribe la historia, cada nación lucha para sí misma y se valora mutuamente en términos de recursos y finanzas. Mientras tanto la humanidad sufre hambre, no posee la cultura necesaria y se le enseñan falsos valores y el mal empleo del dinero. Hasta no subsanar esta situación, no será posible el retorno de Cristo. [AAB: EJ, 516]

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Los miembros del reino de Dios seguramente encarnarán la herencia de los cuatro reinos, del mismo modo que el hombre encarna la herencia de tres. Esta ciudadanía superior abarca la expresión de la conciencia crística, que es la conciencia de grupo, de relación, de la parte al todo (algo que Cristo acentuaba continuamente) y de lo humano a lo divino. El resultado de este conocimiento debe ser, sin lugar a dudas, de acuerdo al esquema evolutivo, la aparición de otro reino en la naturaleza, siendo ésta la gran tarea de Cristo. Por el poder de Su divinidad realizada, constituyó el hombre que reunió en Sí Mismo lo mejor de todo lo que había sido, y revelaba también lo que iba a ser. Él ciñó en una unidad funcional, lo superior y lo inferior, haciendo de ello un “hombre nuevo”. Fundó el reino de Dios en la tierra y presentó una síntesis de todos los reinos de la naturaleza, provocando así la aparición de un quinto reino. [AAB: BC, 100-101]

Cuando consideramos la conciencia de lo que es de valor y digno, así como el reconocimiento de la capacidad y el poder de captación del hombre, la vida de servicio (que conduce a la muerte) y la resurrección (que lleva a la plena ciudadanía en el reino de Dios) comienzan a adquirir significado. [AAB: BC, 250]

De modo consciente y voluntario, debemos aprender la manera de penetrar y actuar en el mundo de los valores, en algún lugar determinado, adaptándonos así a la ciudadanía del reino de Dios. Esto fue lo que Cristo demostró. [AAB: BC, 253]

Recta ciudadanía

[VBA:] La insistencia en la frase «ser un buen ciudadano» como premisa inexcusable en la existencia del discípulo mundial, arranca precisa­mente de la «correcta ciudadanía», es decir, de las relaciones real­mente humanas, teniendo presente que estas relaciones deben ser establecidas en todos los niveles de expresión del pensamiento, de la sensibilidad emocional y de la conducta personal en el mundo físico de contactos sociales.

A esta triple línea de «correcta relación» se la puede denominar con justicia «vivir esotéricamente» teniendo en cuenta, además, que la vida esotérica debe revelarse también en ciertos contactos, cons­cientemente establecidos, con aquella Entidad psicológica causal que algunos denominan el Yo superior y otros el Ángel Solar.

La culminación de una serie de contactos cada vez más conscien­tes con esta Entidad psicológica que es nuestro verdadero Ser espi­ritual, produce aquel fenómeno que esotéricamente definimos como INICIACIÓN, es decir, iniciación en los Misterios sagrados del Ser, contenidos como semilla precisa de eternidad en el corazón de Aque­lla Entidad que planea, desenvuelve y gula nuestro destino en la Tierra. La conducta de un discípulo espiritual entendiendo por discípulo un ser humano que ha logrado en virtud de muchos esfuerzos y sacrificios establecer contacto con el Ángel solar, ARQUETIPO de su vida, no puede ser medida ni catalogada tal como se hace con un hombre corriente. Para él «la recta ciudadanía» o recta vivencia, no es una simple Meta, sino que es parte inseparable de su vida. En todo momento «vive esotéricamente», al menos trata sinceramente de hacerlo y todo su proceso existencial viene condicionado por razones de orden superior, dentro de una escala inmensa de valores psicoló­gicos y de una implacable tendencia hacia una Síntesis social que presiente y que trata de incorporar constantemente a su equipo de expresión personal.

Se nos ha dicho insistentemente dentro del orden esotérico que el término discípulo tiene un carácter no sólo individual, sino tam­bién universal y cósmico y que incluso los grandes Avatares espiri­tuales, tales como Hermes, Buda y Cristo, presentes en el desen­volvimiento espiritual de la humanidad, son asimismo discípulos aunque en esferas celestiales allende nuestra razón y entendimiento, y que ELLOS también tienen asignados INSTRUCTORES, si pode­mos expresarlo así, de exaltada integración de los Cuales reciben inspiración, guía y poder. Por lo tanto, el término «vida esotérica» es más amplio y trascendente de lo que nuestra mente humana es capaz de captar en la actualidad. Sin embargo, parece ser que los requisitos esenciales son invariablemente los mismos y que «un buen ciudadano» debe serlo en todos los niveles psicológicos del ser (cual­quiera que sea su evolución) y en todos los planos del Universo.

La recta ciudadanía es pues una ley que cada cual aplica según el desarrollo de su conciencia, lo mismo si se mueve en los tres mundos de expresión humana que cuando ha sido alcanzada y aun rebasada la quinta iniciación que convierte al iniciado en un Adepto, es decir, en un Maestro de Compasión y de Sabiduría. Todo ser espiritual se caracteriza por un centro de vida, matizado por ciertas cualidades de conciencia, indicando su estado de evolución espiri­tual, y una esfera de proyección o de contactos.

La extensión, luminosidad y transparencia social de evolución perceptible en esta esfera de contactos, puede indicar, a la vista de un ser espiritualmente integrado, la calidad de vida que expresa aquel tipo de conciencia, así como el grado de irradiación de su centro de vida,

Podríamos definir la recta ciudadanía en el aspecto esotérico, como la expresión de «un centro de vida, rico en cualidades y mati­ces, dentro de un campo expresivo sin reacciones». Y este fenómeno de integración tiende a producirse en el ser humano corriente, a medida que avanza en el proceso de la evolución, así como en el exaltado Ser que da vida, cualidad y forma definida a un Sistema planetario, solar o cósmico.

Pero, por elevadas e interesantes que sean estas referencias uni­versales que surgen al analizar el tema desde el ángulo obligado de la analogía hermética, nuestra atención deberá centralizarse lógica y naturalmente en el ser humano, que vive, piensa, siente y actúa dentro de aquella dilatada esfera de contactos que denominamos vida social.

Nuestra principal misión como «buenos ciudadanos» que tratan de vivir en forma esotérica, es cultivar aspiraciones nobles de vida superior y realizar sinceros esfuerzos de integración con Aquella realidad más alta que presentimos en nuestro interior y que cons­tantemente tratamos de revelar. Esta aspiración superior es el pri­mer paso dentro del proceso de integración de nuestra vida como correctos ciudadanos y, aunque expresado en forma muy simple, contiene el más formidable desafío a nuestra inmensa sed de reden­ción psicológica, y si somos realmente sinceros y observamos desa­pasionadamente nuestras diversas actividades, veremos cómo exis­ten grandes lagunas en nuestra mente y corazón y grandes y pro­fundas divisiones en nuestra conciencia, que nos impiden elevar nuestras miradas y nuestras aspiraciones al noble ideal de redención que ha de constituir el núcleo vital de la recta ciudadanía.

Tenemos también ante nosotros el lento, persistente y fatigoso trabajo de incorporar el ideal, o nuestra elevada aspiración espiri­tual, a la conducta cotidiana lo cual constituye, Uds. habrán vivido quizá esta experiencia, una fuente inagotable de conflictos y amar­gas decepciones, ya que no todas las personas con las que tratamos se hallan a la altura de nuestro ideal y nuestra relación con ellas ha de verificarse en un nivel psicológico del cual por <‘tendencia natural» nos vamos alejando.

Vivir serenamente en el ambiente social donde normalmente se desenvuelven nuestras actividades y en el que debemos demostrar que somos unos buenos ciudadanos, es una tarea muy difícil, ya que los choques psicológicos producidos por la diversidad de elementos humanos que concurre en el mismo son muy fuertes y producen inquietud, conflictos y sufrimientos.

Por otra parte, y como Uds. saben, «son muchos los llamados y muy pocos los elegidos» dentro del trabajo de selección de los discí­pulos que aspiran, que se esfuerzan y que luchan, de entre la ingente masa social y la elección necesaria, que forzosamente ha de produ­cirse, reclama una gran atención por parte de los Responsables de los destinos del mundo. En todo caso lo que decide la elección, es «la luz» alcanzada por cada cual dentro del proceso evolutivo; su inten­sidad y su brillo, y cuando en los tratados esotéricos se nos dice que «cuando el discípulo está preparado, es cuando aparece el Maestro», se está haciendo referencia a esta proyección de luz en la vida del discípulo, singularmente «la luz en la cabeza» que como exponente de su grado de dedicación y evolución espiritual, aparece como un halo luminoso circundando su cabeza, con destellos azulados en el lugar ocupado en la misma por la glándula pineal, cuyo desarrollo indica el punto vital dentro de la línea de extensión de luz, puente. del arco iris o antakarana, que ha sido alcanzado y que actúa como centro de expansión de la conciencia hacia un nuevo estadio de la BÚSQUEDA interior.

La recta ciudadanía, así podíamos denominar al exponente de un grado de integración espiritual en el Sendero tiene, pues, muchas fases, muchos y muy variados estadios en el vuelo hacia el infinito de la vida espiritual y cada ser humano, lo sepa o no, viene caracterizado psicológicamente por un grado determinado de integración; de ahí que hallaremos un sinnúmero de seres humanos por el camino de luz que se extiende desde el hombre salvaje al hombre civilizado y de éste al Superhombre, el hombre realmente espiritual y libre de Karma conflictivo de la humanidad.

Parece ser, pues, que la Nota clave de la evolución en lo que al ser humano se refiere, es la recta ciudadanía y resulta singularmente difícil hallar buenos ciudadanos dentro del orden mundial, capaces de pensar, sentir y comportarse como seres humanos dignos, inteligentes y socialmente equilibrados. Así, el sentido natural de la vida que culmina en la liberación debe iniciarse con las sencillas prácti­cas de la buena voluntad, con el recto comportamiento con respecto a los demás y con el necesario acopio de conocimiento para el desa­rrollo intelectual de nuestra mente concreta. Podríamos decir, sin lugar a dudas, que la «recta ciudadanía» con respecto al hombre civilizado de nuestros días, es la realización psicológica, o camino iluminado que va de la glándula pituitaria, la expresión del centro AJNA, el del entrecejo, en el centro físico del cerebro, a la glándula pineal que lo es asimismo del gran centro sintetizador de la cúspide de la cabeza, o chacra SAHASRÁRA. Las repercusiones del enlace direc­to entre estos dos centros y sus glándulas respectivas, medidas en el aspecto meramente psicológico, son realmente importantes y cuando empleamos el conocido término esotérico de «la luz en la cabeza» nos estamos refiriendo al grado de intensidad de dicho contacto, relacionando internamente la idea de un «buen ciudadano» con la que nos suministra el estudio esotérico de todos los tiempos desde las experiencias filosóficas y místicas de los primeros INICIADOS de la humanidad hasta el gran Patañjali, y de éste a las modernas técni­cas psicológicas de nuestros días de desarrollo de la personalidad trascendente.

Nos hemos introducido así, en el misterio esotérico de la libera­ción humana con sólo analizar el comportamiento social del hombre, realzando con lenguaje más asequible el valor místico de las pala­bras de Cristo: «Por sus frutos los conoceréis», las cuales contienen un inmenso desafío para el aspirante espiritual de nuestros días pro­fundamente marcados por la tecnología y por los tremendos avances científicos. Me preguntarán Uds., ahora cuál será el valor del argu­mento, el «hombre social», o el «comportamiento social del hombre» en relación con los demás, cuando esotéricamente afirmamos que tal comportamiento ha de ser medido en términos de luz. Y aquí po­dríamos señalar que las grandes vertientes de la civilización humana conducen al «Hombre social», siendo el comportamiento social la expresión objetiva de la luz de la comprensión dentro del principio de participación humana y de recta ciudadanía. No son pues única­mente los aspirantes espirituales y los discípulos del mundo en sus distintas gradaciones, quienes están implicados en el desarrollo eso­térico de la vida social, sino que es la humanidad como un todo, desde sus más humildes niveles, la que está siendo impulsada hacia un comportamiento social cada vez más estilizado y correcto, para contribuir conjuntamente al desarrollo de «la gran conciencia social», primer Antakarana de luz que ha de unir el centro planetario de la humanidad con el Centro místico de la Jerarquía y, progresivamente, con el gran Centro de SHAMBALLA, estableciendo así las bases para la indescriptible ERA DE LUZ que ha de convertir la Tierra en un «planeta sagrado».

Podríamos decir, pues, que esta finalidad sagrada con respecto a nuestro planeta e iniciada con la «recta ciudadanía» y el comporta­miento social del «buen ciudadano», tiene cinco definidas vertientes, o puntos de confluencia para las energías espirituales que utiliza el ser humano:

a)         Buena voluntad.

b)         Correcta relación.

c)         Aspiración superior.

d)         Amor al Bien.

e)         Cultivo y ofrenda de los Bienes espirituales.

Estas cinco vertientes convergen, sin embargo en el comporta­miento social que es, por así decirlo, la expresión objetiva del desa­rrollo espiritual alcanzado en el Sendero.

Con respecto a la Buena voluntad y la correcta relación poco hay que decir, por cuanto todos los seres humanos (excepto los ma­gos negros) la poseen en alguna medida dentro del corazón y la van incorporando progresivamente en su conducta o comportamiento social por medio de las «rectas relaciones humanas».

Respecto a la «aspiración superior» ésta nace, progresa y florece por el lento y fatigoso trabajo de pulir las habituales aristas del deseo, de ennoblecer sus fines y de situarlo en cada vez más elevados niveles de expresión y de contacto, pudiendo señalar que todos los seres humanos, en virtud del trabajo, o el Sacrificio, realizado por el Cristo hace dos mil años, pueden hoy día gozar de una más extensa y variada perspectiva de los objetivos superiores del Espíritu y cada ser humano, según el alcance de tal visión, puede dirigir sus deseos por zonas cada vez más sutiles de contacto, unificándolos, integrando sus razones y convirtiendo su tremenda vitalidad material en «aspi­ración» la cual colorea o cualifica la vida de muchos seres humanos y tenemos hoy en día un «tramo muy compacto y luminoso», del gran Antakarana o Puente de Luz que se eleva del Plexo solar planetario y asciende hacia el Centro Cardíaco, de la Jerarquía Espiritual del planeta, produciendo a su paso este Halo de luz que, como manto protector, se cierne por encima de la Humanidad y la protege del Mal cósmico, aminorando también los tremendos efectos de Karma gestado en la primitiva edad de la Humanidad planetaria

Con respecto al Amor al Bien, o a la Voluntad de realizar el Bien, éste se está desarrollando normalmente en el corazón de mu­chos discípulos mundiales cuya Meta reconocida es la Iniciación. Hasta cierto punto han logrado «desconectar su deseo» del ambiente social circundante y penetrar en otras regiones o niveles de expre­sión psicológica.

En ellos empieza a tener algún sentido la conocida locución mís­tica «el Dios trascendente». Manteniendo sin esfuerzo en su corazón «la aspiración hacia lo alto», continúan investigando profundamente dentro de sí mismos y desarrollando las capacidades intuitivas de interpretación de los fenómenos de la vida. Han desarrollado un fino sentido de observación, disciernen con facilidad y pueden com­prender sin esfuerzo el alto sentido de los planes de la evolución, marcados por la Jerarquía, cuyos diseños pueden incorporar paulatinamente a sus vidas a través del comportamiento social y a un elevado sentido de la responsabilidad espiritual que cualifica un defi­nido campo de servicio. Tales discípulos constituyen el punto medio de la humanidad en sus esfuerzos por construir el «gran Antakarana de Luz» o conciencia social. Sobre sus hombros gravita la parte más dura del trabajo ya que se hallan en el Centro de máxima tensión, en donde convergen los dos tramos del Puente de Luz, el que inicia el proceso de búsqueda y el de la resolución final dentro del Gran Antakarana.

La ofrenda de los Bienes espirituales requiere la Fuerza y la Habi­lidad de Aquellos que lograron establecer contacto con las elevadas Fuentes de Procedencia espiritual, transformaron en movimientos espontáneos los grandes esfuerzos de los aspirantes que «miran hacia lo Alto», de los que convirtieron la aspiración espiritual en discerni­miento claro y de todos cuantos se esforzaron en el Centro del puente para poder resistir la tremenda presión de los acontecimientos so­ciales proyectados sobre el planeta y pudieron convertir en Voluntad el discernimiento claro, de la misma manera que éste fue un resulta­do de la iluminación mental producida por la aspiración superior. Cada uno de los elementos humanos trabajando conjuntamente en sus varios niveles de actividad para producir «un hecho social nue­vo», están pues directamente involucrados en el proceso planetario de evolución, aportando cada cual su granito de arena en la OBRA conjunta y contribuyendo a la expresión correcta de recta ciudada­nía del Logos planetario en relación con los demás Astros del Siste­ma Solar.

Tenemos así un «Puente de Luz» creado por la humanidad dentro del indescriptible Ser que llena con su vida y su Amor nuestro plane­ta, por ese esfuerzo combinado de cuatro grandes grupos de seres humanos cumpliendo cada cual una misión definida dentro de la estructuración del Puente de Luz y del Nuevo Orden Social.

1.- Grupo formado por todos los hombres y mujeres de buena voluntad que tratan sinceramente de establecer rectas rela­ciones humanas.

2.- El grupo de los aspirantes espirituales que llenan el aura planetaria con los destellos luminosos de su «aspiración su­perior».

3.- El grupo de los discípulos en sus distintos grados, que vitalizan el gran cuerpo planetario con las energías mentales del «Claro discernimiento».

4.- El grupo de INICIADOS cada cual en su respectivo Ashrama los cuales están tratando de cualificar el ambiente planetario con las energías superiores, de naturaleza ígnea, que proce­den de Shamballa.

Tengo la esperanza de que todos cuantos me leen podrán incluirse cuando menos en uno de los tres primeros grupos anteriormente re­señados y avanzar desde aquí hacia aquella elevada cúspide dentro de nosotros mismos que nos permita establecer contacto con alguno de los elementos del cuarto grupo constituyendo la vanguardia espi­ritual de la Humanidad, y recibir de Ellos la necesaria inspiración, protección y guía para seguir adelante hacia aquel remoto, misterioso y desconocido Lugar en donde podemos situarnos «a los pies del Único Iniciador» y ver brillar Sri radiante Estrella.

Pregunta.       ¿Cómo podría ser relacionada en forma directa y plau­sible la idea de un buen ciudadano y el Misterio Iniciático?

Respuesta. Los Misterios iniciáticos son Sacramentos internos que el ser humano ha de tratar de vivir externamente y dar fe de ellos en el más insignificante devenir del trato social. La acción sacramental debe estar forzosamente ligada pues a la vida del correcto ciudadano ya que es éste, en definitiva, quien guarda en su mente y en su corazón, “Las llaves del Reino”, las que deben abrir la puerta iniciática.

Saber del Reino, de los Sacramentos y del Misterio de Luz, es una cosa; vivir «en forma sacramental», es decir, convertir cada fase de la vida en un sacramento o Misterio reconocido, es otra. Es exac­tamente la diferencia que existe entre el conocer y el vivir. De ahí que el énfasis debe ser depositado constantemente en el plano de la vida y de la conducta y no en el de los sueños y las ilusiones. Dicho de otra manera, Él centro de interés de muchos sinceros aspirantes en el Sendero se halla polarizado en las zonas del conocimiento de los Misterios y pierden su tiempo soñando y recreándose con la idea de los Sacramentos que se les ha permitido entrever, pero raramente pasan al terreno de la acción y viven y se comportan como buenos ciudadanos, como vanguardia del Reino de Dios.

Pregunta.       Ud. ha hablado de «recta ciudadanía» en relación con nuestro Logos planetario. ¿No cree Ud. que es limitar la omnipotencia de este trascendente Ser al equipararlo a nuestros pequeños esfuerzos en pro de una vida social melar?

Respuesta. No, no creo que limite con mis observaciones la gran­diosidad de este infinito Ser planetario. Lo que ocurre es que nues­tros oídos no están habituados a que se les hable de las Entidades creadoras del Cosmos. Hemos ido perdiendo así progresivamente la capacidad de síntesis y nos movemos constantemente en zonas psicológicas de indecisión, paralizando la proyección natural de nues­tra vida hacia los valores absolutos de la humanidad. La relación es una ley cósmica, por ella es posible la interpretación psicológica de los mundos. He dicho interpretación psicológica y en esta frase se halla encerrado el Misterio de la propia eternidad, Nuestro planeta, por ejemplo, vive y es por la capacidad que posee nuestro Logos planetario de relacionarse con las demás Entidades creadoras dentro y fuera de nuestro Sistema solar, creando infinitas y trascendentes Zonas de relación Incomprensibles para nosotros, dentro de las cua­les puede ejercer sus poderes de «recta ciudadanía» que implicará un comportamiento social cósmico», más allá y por encima de nues­tras más elevadas concepciones mentales.

Ocurre frecuentemente, no sólo en las personas de tipo corriente, sino también en las que atesoran grandes conocimientos esotéricos, que la Vida de la Divinidad es considerada dentro de la imaginación a alturas o regiones prácticamente INACCESIBLES y, por lo tanto, fuera del campo normal y natural de la personal observación o investigación.

Así hemos ido estableciendo progresivamente una barrera entre el deseo y la conquista de sus motivos, entre el conocimiento de los misterios y el Misterio, o sacramento principal de nuestra vida. Yo creo, personalmente, que una de las principales conquistas psicológi­cas de la Nueva Era, será la capacidad de mover con naturalidad la imaginación y tras ella el ser entero pon las esferas celestes, es decir, que dentro de la mente y del corazón no deberá existir tal inmenso vacío en relación con lo cósmico como sucede actualmente y consi­derar a Cristo y a Buda, por ejemplo, como a Hermanos mayores dentro de la gran familia humana y no como Dioses inmensamente alejados de nosotros. Tal actitud puede constituir desde ahora parte de nuestra conquista cósmica, de nuestro comportamiento realmente social y humano.

Pregunta:       ¿Hay algún método específico con el orden psicológico para llegar más rápidamente a lo que Ud. denomina «RECTA CIU­DADANÍA»?

Respuesta: El mejor de los métodos es la buena voluntad y la correcta relación. Ambos contienen el incentivo básico de la evolu­ción humana. Es la semilla que brota, se desarrolla y fructifica con el tiempo a la búsqueda de la Liberación y podríamos decir que es la raíz de vida del ser.

Con las prácticas de la meditación o del Yoga se desarrollan cier­tas Facultades psicológicas y ésta es en realidad su verdadera mi­sión, pero hay que tener en cuenta que la recta ciudadanía es de orden genuinamente natural y se va desarrollando espontáneamente en todo individuo rectamente orientado; se halla prácticamente, pues, al alcance inmediato de la persona civilizada de nuestros días. Los pueblos salvajes se rigen también por un orden tremendamente acti­vo de conciencia social aun cuando la centralicen dentro de los límites de un área reducida. La recta ciudadanía y la conciencia so­cial son la misma cosa y existen va en potencia dentro del espíritu humano.

Las facultades mentales desarrolladas por la meditación, el yoga o cualquier entrenamiento de tipo espiritual tienen por objeto pulir la estructura psicológica que segrega de sí mismo la buena voluntad innata del corazón, pero a ésta no pueden crearla. Hay que tener en cuenta esta diferencia. De ahí que sólo sean aconsejables la medita­ción y el yoga a aquellos que puedan realmente practicarla y obtener sus beneficios, es decir, que hayan desarrollado rectos principios de convivencia y de conciencia social, De no ser así los resultados pue­den ser infructuosos y a veces desastrosos.

Pregunta:       Según Ud., la meditación y el yoga no son absoluta­mente necesarios y que podríamos pasar absolutamente sin ello en nuestro intento de crear una «nueva sociedad». ¿No cree Ud. que ésta es una afirmación muy aventurada?

Respuesta: Creo que interpretó mal mis palabras. No dije que la meditación o el yoga fuesen innecesarios, sino que les asigné única­mente una misión definida: «pulir la estructura a través de la cual el yo se «manifiesta», en este caso la mente razonadora o analítica, la sensibilidad emocional y el cuerpo fisco. Repito que ni por la meditación, ni por el yoga ni por ninguna técnica definida de entre­namiento espiritual se puede crear el espíritu de buena voluntad que Nace con el hombre. Las prácticas definidas de entrenamiento espi­ritual tienen por objeto avivar esta conciencia de buena voluntad constantemente orientada hacia una síntesis espiritual de amor, así como ensanchar sus caminos y pulir sus expresiones.

Así, pues, llevada la conciencia social a una Meta de Síntesis te­nemos al Iniciado en sus diferentes niveles o graduaciones, y esta conciencia va polarizándose progresivamente desde las prácticas de buena voluntad más asequibles en el orden social a través de un recto comportamiento, nieta de los individuos corrientes, se expan­siona a través de aspiraciones humanas cada vez más elevadas y culmina finalmente en una conciencia de síntesis cuya expresión es el quinto Reino de la Naturaleza, el de las Almas liberadas.

Cada uno de nosotros tiene el ineludible deber de situarse respon­sablemente en uno u otro de estos niveles definidos de conciencia social y todos los ejercicios de entrenamiento espirituales, desde las pequeñas prácticas de recta convivencia hasta los irás elevados as­pectos del Yoga conducen a la meta social de unidad y fraternidad.

En realidad cada cual es su propio Yoga, su propia Luz, su propio Sendero. Cuando Cristo dijo: «Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida», se refería en forma psicológica y dramática al ser humano y nos mostraba las infinitas perspectivas de su misión. Todos podernos decir «Yo soy la verdad, un Dios viviente, yo soy el Camino hacia mi Verdad, y yo soy la Vida que me alienta, vivifica y dignifica en el Camino. Esta afirmación trascendente de la cual participamos todos, cada cual según la medida del propio entendimiento y espíritu de resolución, nos va acercando progresivamente a la Liberación, meta de todos nuestros afanes.»

Para sintetizar en una sola frase mi respuesta a su pregunta po­dría decirle: nosotros utilizamos fuerzas y energías, pero no las creamos. Lo único que se halla a nuestro alcance es el movimiento más o menos correcto que le imprimimos a las energías y las fuerzas que proceden del gran centro espiritual creador de la Naturaleza. Y es en definitiva, al movimiento y dirección de las energías a las que se refieren todas las técnicas de entrenamiento psicológico, mís­tico y esotérico.