El destino de los pueblos latinos

por C. Jinarajadasa el 6 de febrero de 2010

Durante un viaje que efectué hace cinco años por la América Española encontré en Puerto Rico un soneto  escrito por Enrique Torres Rivera, un poeta de ese país, que me hizo profunda impresión. Porque en unas líneas daba el poeta una gráfica descripción del temperamento de aquellos pueblos. He aquí el soneto:

La Raza Hispanoamericana

En su “YO” nuestra raza es una y trina:
Hija de los pecados capitales,
forjada con aceros de puñales,
en un zarpazo de pasión caína.

Surgió de una sangrienta sarracina
que originaron odios ancestrales,
entre hispanos leones imperiales
y los cóndores de la cresta andina.

Le dió su estirpe la Nación Ibérica,
sus perjuicios, su sangre, su pujanza,
sus tradiciones y su lucha homérica.

Y por eso –ya en guerra. ya en bonanza–
aún se ve caminando por la América
a Dn. Juan, Dn. Quijote y Sancho Panza.

Ahora bien, es frecuente pensar que Don Juan es un hombre sensual y sin escrúpulos, Don Quijote un caballero lunático, y Sancho Panza un divertido bufón. Pero estos no pueden ser los tres únicos aspectos del carácter latino, sin virtudes que los compensen.

Estos hombres tienen también sus virtudes. En Don Juan hay una extrema sensibilidad a la belleza representada por la mujer; en Don Quijote un ardiente deseo de servir a sus semejantes; en Sancho Panza un gran sentido común. Suponed que hubiera un hombre con estas virtudes: ¿No tendría un nobilísimo carácter? Esas tres virtudes estarán en la futura raza Ibero Americana.

Los pueblos, teutónicos se consideran ahora como la vanguardia de la civilización porque dominan los mercados del mundo. Pero el éxito en el comercio es sólo un aspecto de la grandeza nacional y no preeminente. En Palestina se hizo observar que debemos ocuparnos de dos clases de cosas: las del César y las de otro Legislador. Con esta norma de Palestina, resulta que la raza latina domina en la cultura de Europa y América.

Europa vive aún de la herencia griega. Y en religión, Europa se basa en Roma. Igualmente en arte, administración, filosofía se siguen las normas de Grecia y Rema. Aún en ciencia los comienzos estuvieron en Grecia. La raza latina no está “agotada” como creen los teutones.

Además de los tres elementos que señala el poeta portorriqueño yo veo otro elemento en el temperamento latino que por manifestarse con más claridad en la raza francesa lo llamo “Don Francisco”.

Don Francisco tiene profundo interés por las ideas en sí  mismo sin fijarse en su aplicación inmediata, como hacen los ingleses. Con esta sensibilidad a las ideas va es rasgo de la claridad que es característica de los mejores escritores franceses. Y a esta lucidez mental la acompaña el sentido de “lo justo”.

Estas grandes cualidades de la mente y el corazón, que simbolizan Don Juan, Don Quijote, Sancho Panza y Don Francisco, se necesitan, más que nunca en el mundo de hoy. Los financieros son los que dominan en nuestra civilización, y nos están quitando los anteriores signos de cultura. La falta de gusto del plutócrata se manifiesta en todos los órdenes de la vida. La juventud se está moldeando bajo ideales plutocráticos. En Europa y América se advierten indicios de una rápida decadencia.

La falta de rumbo para buscar la verdad es otro elemento que infecta hasta el Oriente. La ciencia parece haber conmovido los cimientos de la Religión; nos dá un conjunto de convencimientos que nos hace creer en la materia, pero no en el espíritu. Pero la ciencia no puede decirnos cuál es el fin de nuestra vida individual, ni cual es el significado de la evolución.

En esta situación del mundo, los pueblos latinos, europeos y americanos, tienen que desempeñar un gran papel. Su futuro excederá en brillantez en todo lo alcanzado por los pueblos de Europa.

El que viaja por los pueblos iberoamericanos encuentra en ellos una reencarnación de la raza latina. Hay dos elementos sorprendentes, el más importante es la infiltración de sangre india en los pueblos conquistadores; el cruce de razas entre indios y españoles y portugueses ha dado al carácter latino un elemento de fuerza y de resistencia, de perseverancia que faltaba en los conquistadores.

La mezcla de sangre negra le dá a la raza una condición de sensibilidad al sentimiento, que es un factor importante en el destino de la raza. Por no haberse despreciado la sangre negra existe hoy en la América Latina un concepto de la fraternidad que demuestra que este ideal se ha reflejado ya en parte en algunas naciones.

Así como en los Estados Unidos la mezcla de pueblos del norte produce la raza norteamericana, en América del Sur se efectúa una mezcla de razas mediterráneas y además, vascos, sirios, turcos, japoneses. En ese crisol se forma la séptima subraza de la raza aria. Su característica ha de ser la que recogerá la antorcha de Grecia.

Difícil es imaginar el futuro del Brasil, por ejemplo, hoy con cuarenta millones de habitantes, en una tierra que pueden mantener cuatrocientos. Pero hay un factor ya evidente, y es que ni el Brasil ni la Argentina, las dos principales naciones de América del Sur, tendrán jamás el deseo de conquistar otras naciones. Se celebra el día de la Fraternidad Americana y en el Brasil hay además la fiesta de la Fraternidad entre los brasileños, y la de Fraternidad del mundo entero. La característica dominante en la futura mentalidad latina será la cualidad creadora. Cuando yo viajé por América del Sur, hombres y mujeres me regalaban poemas, dramas, cuentos, ensayos que habían creado. Hay algo en el ambiente que les impulsa crear.

Esta facultad creadora conducirá a la raza a grandes alturas. Aquí os hablaré de lo que se entiende por creación.

¿Que queremos expresar al decir que un artista ha creado una obra de arte? Expresamos que el artista nos presenta una relación de la vida que nos rodea pero glorificada. Si imaginamos lo que llamamos “vida” como una corriente de metal fundido, entonces la obra del artista consiste en crear moldes en los que corra esa vida. Esto es lo que hacen el poeta y todos los artistas.

Aquí he de hacer una afirmación que os sorprenderá y es que cada uno de nosotros, cultos o ignorantes, está creando nuevos moldes para la vida. Este acto de creación nos distingue de los animales. Estos y nosotros vivimos en el mismo mundo; ambos tenemos hambre y enfermedades, y sufrimos. Pero la diferencia entre ellos y nosotros está en la diferente reacción de esta lucha por la vida. El animal reacciona con odio y furia, como hacen algunos hombres. Pero también observareis a hombres y mujeres que reaccionan con paciencia y resignación. Eso crea un nuevo molde para la vida. Con esta reacción nuestra a la vida diaria podemos agregar algo al tesoro de nobleza del mundo, pues al reaccionar noblemente, aumentamos el sentimiento de nobleza en los hombres. Lo mismo sucede cuando estamos alegres o admiramos una puesta del sol. Por eso todos podemos crear. Todo el que lleva una vida noble es un creador. Por eso la virtud es un atributo artístico y hay otras formas de arte que no son las usuales de poesía, pintura, música, etcétera y por eso también hay una estrecha relación entre ética y arte.

Nos convertimos en artistas por un proceso que tiene dos etapas: primero nos unimos con la vida, y después permanecemos apartados de la vida.

He hablado de la relación entre el arte y la virtud, porque se refiere a mi tema; ¿qué creará el temperamento latino? A ese temperamento le agrada pensar con claridad, como el francés típico; busca también las razones para una reacción justa a la vida, y trata de comprender directamente por la experiencia de la vida. El escepticismo francés se debe parcialmente al afán de averiguar dónde hay que encontrar la verdad. El buscar una síntesis era característico de la mentalidad griega, y como los mejores escritores franceses son reencarnaciones de antiguos griegos, encontramos en ellos el deseo de pensar con claridad y de llegar al “centro”.

He dicho que para la creación artística hay que identificarse con la vida y luego desapegarse de ella. El temperamento latino tiene ya el hábito de este desapego. Pero ese desapego no debe llegar a la negación. La negación no es la verdad.

Tenemos hoy una acumulación de conocimientos, que llega de todas las partes, pero no nos dice el significado de los hechos. El teólogo tampoco puede ayudarnos. La mentalidad latina ayudará a descubrir dónde existe la verdad.

Para crear el fuego de la mente se necesita la intuición, y esta nace cuando la imaginación crea. La mente latina está dispuesta para que surjan de ella grandes intuiciones.

Yo veo el destino de la raza latina en sintetizar todos los conocimientos por brillantes intuiciones. Su labor es tomar la antorcha de Grecia.

Hay actualmente una tendencia en el individuo a subordinarse al conjunto, al estado; es indudable que por lo que se refiere a las necesidades materiales, el individuo tiene que subordinarse a la colectividad, y por eso debe darse importancia a la unidad espiritual del individuo. Todos deben mirar a la vida desde su propio centro. Pero llegamos a nuestro centro sólo creando nuevos moldes para la fundida corriente de la vida.

El gran don de los pueblos latinos será el mostrar dónde está la verdad, y que el individuo debe encontrarla como síntesis de su genio creador.

Pero debo deciros que hay un hecho que cierra el paso a este gran destino. Es la deplorable actitud de los hombres latinos hacia la mujer. La han convertido en una muñeca, en un juguete, en un campo de experiencias sexuales, y ella lo ha consentido. El hombre no se ha dado cuenta de que la mujer es una gran revelación de la energía creadora de la vida, como él, la mujer no ha comprendido que es más que un conjunto de encantos femeninos. Cuando la mujer comprenda su propia grandeza y el hombre la reverencie, entonces tendremos una civilización realmente grande.

Creo que en este punto combiarán los pueblos latinos, como deben hacerlo los teutónicos. Pueden cambiar pronto, ya que pueden comprender el problema.

Decía al comienzo que un poeta de Puerto Rico había sugerido que el carácter latino-americano se revelaba en los atributos de Don Juan, Don Quijote y Sancho Panza. Sacando de ellos su mejor aspecto, yo agregué un cuarto que llamé Don Francisco. Estos cuatro aspectos se desarrollan gradualmente y se tienden a una unidad de temperamento, en particular en la América Latina. Hace años llamé a esta unidad “Don Teósofo”, pues el teósofo es el que busca comprender “la sabiduría de Dios”. No sólo es un estudiante, sino procura cooperar con el plan Divino para llevar el Universo a la perfección. Como la Teosofía influirá profundamente en la nueva raza latina particularmente en América, llamo al hombre típico de ella “Don Teósofo”.

Levantar nuevamente la antorcha de Grecia, llevar nuevamente al hombre al centro; enseñarle el gozo de la creación, he ahí el destino de la Raza Latina.

Resumen de la Conferencia pública pronunciada en el Congreso Teosófico Internacional de Barcelona el 1° de Abril de 1934.