Alejandro Mijáilovich Románov

por Luis A. Hernández R. el 22 de marzo de 2010

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Alejandro Mijáilovich Románov

Un esbozo de su vida

El Gran Duque Alejandro Mijáilovich Románov, llamado cariñosamente “Sandro”, nació el 13 de abril 1866 y murió el 26 de febrero de 1933 en Francia. Fue cremado el 1 de marzo en Roquebrune-Cap-Martin en el sur de Francia.

Fue almirante de la flota imperial rusa. Nieto del Zar Nicolás I por su padre el Gran Duque Miguel Nikolaievich de Rusia y de la Gran Duquesa Cecilia de Baden.

Fue el creador de la aviación, y el fundador de las escuelas de pilotos y de ingenieros y también de las fabricas aeronáuticas. Gracias a él, durante la Primera Guerra Mundial la aviación rusa fue superior a la alemana.

Se encargó de salvar a varios miembros de la familia imperial del Zar Alejandro III, apoderándose de un tren, revólver en mano, para conducirlos hasta Crimea; y más tarde, una vez que no consiguió ayuda en Francia para tal empresa, alquiló un barco de bandera británica y puso a resguardo a los sobrevivientes de la familia Románov.

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Los Grandes Duques y sus hijos

Dejando a su esposa la Gran Duquesa Xenia Aleksándrovna Románova (1875-1960), protectora de la Orden Soberana de San Juan de Jerusalén, en Inglaterra al cuidado del Rey Jorge, viajó a los Estados Unidos para brindar educación a sus tres hijos menores, donde años después conoció físicamente a Alice A. Bailey, condiscípula y servidora mundial. Al igual que ella, también estuvo en contacto consciente con la Jerarquía Espiritual del planeta, y compartió lazos con el Maestro Tibetano.

Además de sus memorias escribió algunos libros de carácter espiritual, en línea con la Sabiduría Transhimaláyica acorde con el presente momento planetario.

Su relación con Alice Bailey

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Alice Bailey nos relata en Autobiografía inconclusa su estrecha relación con el Gran Duque Alejandro, miembro activo y consciente de la Jerarquía Espiritual del Planeta, en estrecho contacto con el Maestro Tibetano, Djwhal Khul, como su obra literaria lo pone de manifiesto y él así lo indica:

En nuestro camino nos encontramos con otra amistad interesante, que trajo consigo algunas implicaciones de gran significado, y que muy probablemente lleguen a realizarse en nuestra próxima vida y no en ésta. En la ciudad de Nueva York hay un club llamado “Nobility Club”. Uno de los socios me invitó a ir un día al club a escuchar al Gran Duque Alejandro, nieto de uno de los zares de Rusia y cuñado del difunto zar Nicolás. Acepté más por curiosidad que por otra cosa, y me encontré con un salón atestado de lo más selecto de la realeza y nobleza de esa época, reunida en Nueva York. Nos pusimos todos de pie cuando hizo su entrada el Gran Duque y ocupó un sillón en el estrado. Al volver a sentarnos, nos miró con mucha seriedad y dijo: “No sé si podrán olvidar por un minuto que soy el Gran Duque, porque quiero hablarles a ustedes de sus almas”. Me enderecé en la silla, entre alarmada y complacida, y al final de la charla me volví hacia mi amiga, la baronesa…, y le dije: “Me agradaría poner al Gran Duque en contacto con personas de este país a quienes no les interesa si es o no un Gran Duque, pero que le apreciarán por sí mismo y su mensaje”. Fue todo lo que dije y no pensé más en ello.

A la mañana siguiente, estando en mi oficina, llamaron por teléfono, y una voz anunció: “Su Alteza Imperial agradecería a la señora Bailey que estuviera en el Ritz a las 11”. De modo que estuve a las 11 en el Ritz. En el vestíbulo me esperaba el secretario del Gran Duque [LAHR: El periodista Michel Roumanoff, que también era su editor]. Me hizo sentar, y luego de mirarme con solemnidad dijo: “¿qué desea usted del Gran Duque, señora Bailey?”. Asombrada, lo miré y respondí: “Nada. No tengo la menor idea por qué he sido llamada”. “Pero –continúo el señor Roumanoff– el Gran Duque dijo que usted quería verlo”. Le respondí que no había dado paso alguno para ver al Gran Duque ni podía imaginarme por qué me había llamado. Comenté que había asistido a su charla de la tarde anterior y había manifestado a una amiga mi deseo de que el orador pudiera conocer a ciertas personas. El señor Roumanoff me condujo entonces a las habitaciones del Gran Duque, donde, después de haberle hecho la reverencia de rigor y haberme sentado, el Gran Duque me preguntó en qué podía servirme, y respondí: “en nada”. A continuación le dije que había mucha gente en Norteamérica, como por ejemplo la señora Alice Ortiz, que pensaban como él y poseían hermosas mansiones, pero asistían pocas veces a conferencias, abrigando la esperanza que tal vez él estaría dispuesto a ponerse en contacto con ellas;  luego me aseguró que haría cuanto le pidiera y agregó: “Conversemos ahora de cosas importantes”. Pasamos casi una hora hablando sobre temas espirituales y la necesidad de amor que tiene el mundo. Acababa él de publicar un libro titulado: La Religión del Amor, y ansiaba su difusión más ampliamente.

Cuando regresé a mi oficina llamé por teléfono a Alice Ortiz y le pedí venir a Nueva York y ofrecer un almuerzo al Gran Duque en el Hotel Ambassador. Rehusó, y por supuesto insistí para que consintiera. Entonces ofreció el almuerzo. En la mitad de la reunión, el señor Roumanoff se volvió hacia mí y me preguntó: “¿Quién es usted señora Bailey?, nada hemos podido averiguar acerca suyo”. Le aseguré que eso no me sorprendía pues no era nadie –sólo una ciudadana norteamericana con una educación inglesa–. Sacudió la cabeza con aire azorado y me contó que el Gran Duque estaba dispuesto a hacer lo que yo quisiera.

Éste fue el comienzo de una verdadera y genuina amistad que perduró hasta la muerte del Gran Duque, y aún después. Frecuentemente iba con Foster y yo a Valmy [LAHR: “Valmy”, Greenville, Delaware], a pasar unos días. Entre los tres teníamos interesantes conversaciones. Una de las cosas que en esa amistad ambos comprendimos profundamente fue la igualdad de todos y que si alguien lleva sangre real o pertenece socialmente a un estrato humano de tipo inferior, tiene las mismas simpatías y antipatías, penas, sufrimientos y alegrías y los mismos anhelos de progresar espiritualmente. El Gran Duque era un convencido espiritista y nos entreteníamos celebrando sesiones en la amplia sala de Alice Ortiz.

Una tarde, el señor Roumanoff llamó por teléfono a mi esposo para pedirle, en caso de estar libres, responsabilizarnos por llevar al Gran Duque a dos lugares donde él tenía que hablar. Respondimos que nos complacería hacerlo y lo llevamos, y al final de su charla pudimos rescatarlo de los cazadores de autógrafos. En el camino de regreso al hotel, volviéndose repentinamente hacia mí, el Gran Duque dijo:

—“Señora Bailey, si le dijera que yo también conozco a El Tibetano ¿significaría algo para usted?”

—“Si señor —le respondí— significaría mucho”.

—“Pues bien —continuó el Gran Duque— ahora podrá comprender la razón del triángulo formado entre usted, Foster y yo”.

Creo que esa fue la última vez que lo vi. Poco después partió para el sur de Francia y nosotros para Inglaterra.

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Un par de años después, cierta mañana, mientras yo estaba en cama leyendo, alrededor de las 6.30, con gran sorpresa entró en mi alcoba el Gran Duque, vistiendo el pijama azul oscuro que solía usar para estar por casa. Me miró, sonrió, agitó su mano saludándome y desapareció. Fui donde estaba Foster y le dije que el Gran Duque había muerto. Así era, en efecto. Vi la nota necrológica en los diarios del día siguiente. Poco antes de irse me había obsequiado una fotografía, lógicamente autografiada, y al cabo de un año, más o menos, el retrato desapareció. Como ya había fallecido lamenté esta pérdida profundamente, después de su muerte; estaba convencida de que algún cazador de autógrafos la había robado. Varios años más tarde, caminando un día por la Calle 43 de Nueva York, vi de pronto al Gran Duque que se aproximaba. Me sonrió y continuó su camino, y cuando llegué a mi oficina encontré sobre mi escritorio la fotografía perdida. Evidentemente existía un vínculo de unión muy íntimo en el plano espiritual, entre el Gran Duque, Foster y yo. En la próxima vida sabremos la razón del contacto que tuvimos en ésta, y el por qué de la amistad y comprensión que se estableció entre nosotros.

Una vida no debe verse como un hecho aislado, sino como un episodio en una serie de vidas. Lo que se está desarrollando hoy, los amigos y la familia, con quienes estamos ligados, y las cualidades, el carácter y el temperamento que mostramos, indican simplemente la suma total del pasado. Lo que seremos en nuestra próxima vida, resultará de lo que hemos sido y hecho en ésta.

[AAB: AI, 154-157]

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Detrás: [N. N.], Foster Bailey, Roberto Assagioli, [N. N.], Alejandro Mijáilovich Románov, [N. N.]. Delante: Alice A. Bailey, Olga Froebe-Kapteyn.

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El segundo año que fuimos a Ascona [LAHR: 1932], resultó uno de los más beneficiosos. El Gran Duque Alejandro se reunió con nosotros, dando charlas muy interesantes.

[AAB: AI, 166]

El Duque y la opinión pública

En la debacle rusa, muchos cambios sucedieron para la nobleza. Los ricos perdieron sus riquezas y muchas personas que nunca supieron lo que era trabajar se vieron forzadas a trabajar para alimentarse diariamente. Pero el Grand Duque Alejandro ha trabajado toda su vida, a pesar de haber sido uno de los hombres más ricos de Rusia. Su esposa, la Gran Duquesa Xenia, es hermana del último Zar. El Gran Duque mantuvo una alta posición ejecutiva en el imperio. Fue secretario de la marina comercial, el único Gran Duque ruso que ocupó una posición en el gabinete. Fue el primero en Rusia que se interesó seriamente en la aviación, así, organizó y dirigió la primera escuela de aviación en Rusia. Además fue almirante de la flota Rusa y sirvió en muchas batallas, y durante la guerra [LAHR: La Primera Guerra Mundial] estuvo a cargo de la aviación militar. Siempre de viaje, ha observado la vida y las ideas de otras personas; navegó al Lejano Oriente en un yate de su propia construcción y visitó también las islas del Pacífico, pasando mucho tiempo en el archipiélago malayo.

El Gran Duque Alejandro siempre ha sido original, con sus propias ideas acerca de la vida y sus responsabilidades. Ha tenido siempre el valor de expresar sus convicciones –escribió una carta al Zar detallando los defectos de su gobierno antes de la revolución [4 de enero de 1917]– y cuando tuvo viajar, exiliado de su país, con su familia a París, él supo que debía prepararse para una vida muy diferente, en cuanto actividades e ideas, a la hasta entonces llevada.

La Gran Duquesa Xenia es prima hermana del Rey Jorge de Inglaterra, su madre fue la Emperatriz María de Rusia, hermana de la Reina Alejandra de Inglaterra. Así que el Rey Jorge invitó al Gran Duque y a su familia a vivir en el Palacio de Windsor, refugio al que sólo accedió la Gran Duquesa Xenia. El Gran Duque quiso que sus hijos recibieran educación norteamericana, así que viajó con los tres príncipes menores a nuestro país. […]

Los hábitos de vida del Gran Duque son simples y sus ideales elevados. A la edad de siete años comenzó su trabajo literario. Uno de sus libros “La religión del Amor” ya se ha publicado, y otro, que tendrá por objeto la educación espiritual está en preparación [LAHR: “La unión de las Almas”]. […]

Aquellos que escucharon al Gran Duque Alejandro hablar el invierno pasado, se maravillaron del alcance y profundidad de sus experiencias espirituales. A través de todas las facetas de su vida, ha llegado  a comprender como verdades fundamentales  al Amor y al dominio del Alma sobre la vida. Él representa los más altos ideales de Cristo y, a través de las páginas de sus libros, comunica un simple mensaje de Caridad, Hermandad y la resultante Paz, tanto para los individuos como para las naciones cuyos individuos se conduzcan con amor.

Lillian Harlow Holley
[ Palm Beach News. Martes, 4 de marzo de 1930. ]

Su filiación Caballeresca y Rosacruciana

El Gran Duque Alejandro fue electo el 73avo Príncipe Gran Maestro de la Orden Soberana de San Juan de Jerusalén, o la Orden de los Caballeros de Malta, en Septiembre de 1913, estando el Consejo Supremo reunido en la Ciudad de Nueva York en el hotel Waldorf-Astoria. Cargo que cumplió hasta su muerte en 1933.

La Orden de San Juan es una Orden Caballeresca cristiana anterior a la Masonería Templaria, pero emparentada con ésta, de la cual emergió la Organización conocida como la “Cruz Blanca”, inspiradora de la “Cruz Roja”, especializada en el servicio de asistencia médica, servicio hospitalario y enfermería, en zonas de guerra o calamidad.

También se ha afirmado que fue la cabeza del Movimiento Rosacruz ruso hasta el final de la Rusia Zarista.

Su trabajo esotérico en estas organizaciones tuvo que ver con las transformaciones que Rusia sufrió durante tal período, así como en establecer relaciones de confianza y mutua colaboración entre Rusia, Reino Unido y los Estados Unidos de América, ayudando con ello al Señor de la Civilización a cumplir su tarea mundial construyendo una sola humanidad.

Sus escritos

La Religión del Amor La Unión de las Almas

Además de sus memorias, sus textos históricos y sus cartas, el Gran Duque escribió dos libros de corte espiritual: The religion of love (1929) y The union of souls, éste último publicado por el Museo Roerich de Nueva York en 1931. No olvidemos la filiación Rosacruz de su compatriota Nicolás Roerich, así como sus idénticos ideales, y su servicio destacadado a la obra del Maestro M.

En ellos se discute la naturaleza del Alma y la necesidad de vivir una vida espiritual basada en el Amor, pues tanto a nivel individual como nacional, la realidad del Alma debe gobernar sobre la personalidad. Y también se discute la creación de fuentes de Luz y Verdad a través de comunidades de Almas encarnadas, pues sólo así se obtendrá la tan anhelada Paz en la tierra.

De sus libros podemos citar:

La Religión del Amor

“El reino de Dios es un estado del alma, que proviene del espíritu y se refleja en el cuerpo.” [Alejandro Mijáilovich R.: The Religion of Love.]

Conclusiones

El Gran Duque Alejandro Mijáilovich Románov fue un discípulo mundial en filiación consciente con la Jerarquía Espiritual del planeta. Su obra tuvo relación con los tres principales Ashramas de la Jerarquía, los Ashramas de 1.ero, 2. do y 3.er Rayo.

A través de su servicio en el campo de la política y su participación en ciertas organizaciones esotéricas, sirvió al Ashrama de primer Rayo del Maestro M.

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Como el Maestro M. pertenece al primer rayo, el de la Voluntad y Poder, Su trabajo consiste en gran parte en llevar a cabo los planes del actual Manu. Actúa como inspirador de los estadistas del mundo; maneja, por medio del Mahachohan, las fuerzas que producirán las condiciones necesarias para el progreso de la evolución racial. En el plano físico, los grandes ejecutivos nacionales con ideales internacionales y amplia visión, están influidos por Él, y con Él cooperan ciertos grandes devas del plano mental; tres grandes grupos de ángeles trabajan también con Él en niveles mentales, en unión con devas menores que vitalizan formas mentales y, en bien de toda la humanidad, mantienen vivas las formas mentales de los Guías de la raza.

El Maestro M, tiene un gran grupo de discípulos bajo su instrucción, trabaja con muchas organizaciones esotéricas y también por medio de los políticos y estadistas del mundo.

[AAB: IHS, 56]

Su trabajo en la publicación de sus libros de corte espiritual –trabajo calificado como “representante de los más altos ideales de Cristo”– y en las charlas en Ascona en conjunto con otros discípulos conscientes de los Ashramas de los Maestros K. H. y D. K., así como su dedicación a la instauración de la organización filantrópica la Cruz Blanca –antecesora de la Cruz Roja– lo asocia con los Ashramas de segundo Rayo de estos Maestros.

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El Maestro Koot Humi, muy conocido en Occidente, tiene muchos discípulos en todas partes […] y pertenece al segundo rayo de Amor Sabiduría. […] Tiene una gran experiencia y una vasta cultura; fue originalmente educado en una de las Universidades británicas y habla correctamente el inglés. Lee mucho, y los libros de todas las literaturas en diversos idiomas, llegan a Su estudio en el Himalaya.  Se ocupa principalmente de la vitalización de ciertas grandes tendencias filosóficas y Se interesa por algunas organizaciones filantrópicas. Le corresponde, en gran parte, el trabajo de estimular la manifestación del amor, latente en el corazón de todos los hombres, y despertar en la conciencia de la raza la percepción del gran hecho fundamental de la hermandad.

[AAB: IHS, 56-57]

El Maestro Djwal Khul o Maestro D. K., como se lo llama frecuentemente, es otro adepto del segundo rayo de Amor-Sabiduría, el último de los adeptos que pasaron la iniciación, pues recibió la quinta iniciación en 1875; conserva el mismo cuerpo de entonces; la mayoría de los Maestros la recibieron en cuerpos anteriores, su cuerpo de origen tibetano no es joven. […] Es muy culto y tiene más conocimiento acerca de los rayos y de las Jerarquías planetarias del sistema solar, que ningún otro Maestro. Trabaja con quienes se dedican a la curación, y coopera en los grandes laboratorios del mundo en forma desconocida e invisible, con los buscadores de la verdad, con todos los que tratan definidamente de curar y aliviar al mundo y con los grandes movimientos filantrópicos mundiales, tales como la Cruz Roja. Se ocupa de los discípulos de los distintos Maestros, que pueden aprovechar su instrucción, y en los últimos diez años ha aliviado, en gran parte, el trabajo de enseñanza de los Maestros M. y K. H., tomando a Su cargo, por determinado tiempo, algunos de Sus aspirantes y discípulos.

[AAB: IHS, 58]

Su trabajo como Gran Maestre de la Orden Soberana de San Juan de Jerusalén y el movimiento Rosacruz, así como su labor en Europa y América lo vincula al Ashrama de tercero y séptimo Rayo del Maestro R.

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El Maestro Rakoczi se ocupa especialmente del futuro desarrollo de los asuntos raciales de Europa y del desarrollo mental en América y Australia. […] En la actualidad dirige la mayoría de los discípulos de tercer rayo de Occidente, juntamente con el Maestro Hilarión, pertenece al séptimo rayo de Magia u Orden Ceremonial, y actúa principalmente por medio del ritual y el ceremonial esotéricos; tiene vital interés por los efectos hasta ahora no reconocidos del ceremonial francmasón, el de las diversas fraternidades y el de todas las iglesias. En la Logia se lo llama generalmente “el Conde” y en América y Europa actúa prácticamente como director general, en la realización de los planes del consejo ejecutivo de la Logia. Algunos Maestros forman un grupo interno alrededor de los tres Grandes Señores, y se reúnen en concilio con mucha frecuencia.

[AAB: IHS, 58-59]

El trabajo de un discípulo mundial como el Gran Duque Alejandro es extenso y su alcance abarca más de una generación, y se continúa vida tras vida.