Un comentario sobre El Gayatri

por William Q. Judge el 16 de marzo de 2010

Oh Tú, sustentador del universo,
De Quien todas las cosas proceden,
A Quien todas las cosas retornan,
Revélanos el rostro del verdadero Sol Espiritual,
Oculto por un disco de Luz dorada,
Para que conozcamos la Verdad,
y cumplamos con todo nuestro deber,
Mientras nos encaminamos hacia Tus sagrados pies.

El Gayatri Mántram

He adoptado la anterior traducción por considerarla excelente para comunicar el significado de este verso. ¿Qué es el Gayatri? Es el sagrado verso de los hindús y comienza con el Om, su sagrada palabra y letra. Sus primeras palabras son: Om, Bhur, Bhurvah!

La primera frase contiene en sí una declaración de los tres períodos de un Manvantara y los tres poderes de ese gran Ser quien Existe por sí mismo. Los tres períodos de un Manvantara son el incial, el medio, y el final, mientras que los tres poderes son Creación (o manifestación), Preservación (o sostenimiento), y Destrucción. Las tres primeras palabras, Om, bhur, bhurvah, llevan la atención hacia los tres mundos, al mismo tiempo que los designan. El verso completo es una aspiración en el sentido más elevado. Cada Brahman cuando es iniciado es ampliamente instruido en este verso, pero estoy justificado de no compartir tales significados, ya que no puedo brindarlos más que en la forma en que los he recibido.

Revélanos” es la demanda del hombre que está determinado a conocer la verdad y que percibe que existe algo que la oculta de él. Le está velada por sus propios efectos kármicos, que lo han colocado en este lugar donde el pensamiento y el deseo son demasiado fuertes para ser atravesados por el yo superior mientras el hombre sigue siendo descuidado e ignorante. La demanda no es hecha por el hombre fragmentado, con pasiones y características diversas, sino por el Yo superior que puede penetrar en lo secreto y arrojarlo a la luz. Y es dirigido hacia Aquello sobre lo cual el Universo está construido y descansa –no otra cosa que el Yo que existe en cada hombre y que permanece como una ave posada en un árbol mientras otro come su fruto.

Es de este fundamento que el Universo entero surge hacia la manifestación. Los antiguos sostienen que todas las cosas cualesquiera que éstas sean existen de hecho tan sólo como ideaciones producidas desde el interior, por lo que al practicante de Yoga se le enseña, y pronto lo descubre como cierto, que el Sol, la Luna y las estrellas existen dentro de él, y hasta que este hecho no es reconocido, no se puede avanzar más. Esta doctrina es muy antigua, pero hoy día está siendo adoptada por muchos pensadores modernos. Ya que ellos perciben que de hecho no existen objetos que penetren el ojo, sino que todo aquello que percibimos con cualquiera de nuestros sentidos existe meramente en idea. Desde antaño, esto es enseñado de dos formas diferentes: Primero, enseñando al discípulo la interpenetración de nuestro mundo por otro. De tal forma, que mientras nosotros vivimos entre las cosas que llamamos objetivas, otros seres viven alrededor nuestro, compenetrándonos al igual que a nuestros objetos, llevando a cabo sus propios asuntos, percibiendo los objetos de su propio plano como objetivos, siendo inmateriales e insensibles para nosotros y los objetos que pensamos como materiales. Ésto no es menos verdadero hoy que entonces. Y si no fuera cierto, las modernas hipnosis, clarividencia, o clariaudiencia serían imposibles. Ello es demostrado por el segundo método, muy parecido a los experimentos mesméricos e hipnóticos, con la diferencia de que se le añade el poder de hacer que el sujeto se aparte de sí mismo y con una conciencia dual sea capaz de notar tal condición de separación. Es como si una pared de madera se construyera frente a un sujeto que la percibiera claramente, pero que una vez hipnotizado ya no la pudiera ver, pudiendo percibir todos los objetos que antes habían estado ocultos detrás, pero que a pesar de no percibir nada más que aire, existiera una especie de muralla de fuerza que le impidiera pasar. Estos métodos antiguos y modernos prueban claramente la naturaleza ilusoria de aquello que llamamos objetivo. La objetividad es tan sólo relativa, puesto que la mente no mira objetos sino que percibe tan sólo la idea de los mismos, estando hoy día, condicionada por su propia evolución, mientras no sea capaz de desarrollar otros poderes o cualidades.

La solicitud hecha a través de la frase: “Revélanos el rostro del verdadero Sol Espiritual” busca que el Yo Superior pueda descender hasta nosotros iluminándonos. Es también la enunciación de un hecho desconocido para los modernos, que el Sol que vemos no es el verdader Sol, lo que significa también que la luz del intelecto no es el verdadero sol de nuestro ser moral. Nuestros ancestros en el pasado remoto sabían como ir más allá del Sol visible hasta contactar las fuerzas del Verdadero. Nosotros hemos temporalmente olvidado esto porque nuestra evolución y descenso a la materia densa ha interpuesto una pantalla a ello. Se dice en tierras cristianas, que Jesucristo descendió al infierno por tres días. Esto es correcto, pero no exclusivo de Jesucristo. La humanidad entera lo está haciendo por tres días, que es la forma mística de decir que desciende a la materia por tres inmensos períodos de tiempo, medidos en cantidades logarítmicas. Los logaritmos no fueron conocidos primeramente por Napier, sino que fueron enseñados en los más puros misterios antiguos, pues sólo con su entendimiento podían ser calculadas vastas sumas de tiempo.

Oculto por un disco [vaso] de luz dorada”, hace referencia a que la luz del Verdadero Sol –el Yo Superior– está oculta por la sangre contenida en el bazo del cuerpo mortal. La sangre tiene dos aspectos –que no explicaremos en detalle–, uno de ellos ayuda a la percepción, el otro la entorpece. Por éste último debemos entender las pasiones y los deseos, Kama, el yo personal, el deseo por la vida, la causa de que la verdadera luz esté velada. Mientras los deseos y la personalidad se mantengan fuertes, la luz nos será empañada.

La meta de esta plegaria es que “cumplamos con todo nuestro sagrado deber”, una vez que hallamos “conocido la verdad”, “mientras nos encaminamos hacia Sus sagrados pies”. Este es nuestro peregrinar, no de uno sólo egoístamente, sino de la humanidad entera. Ya que “Sus sagrados pies” no son el cielo brahmánico de Indra o el cielo cristiano, sino que son el lugar de encuentro, donde todos seremos uno. Es cuando y donde los tres grandes sonidos de la primera estrofa de la plegaria suenan en conjunto en un solo sonido insonoro. Y está será la única adecuada plegaria, la única aspiración redentora.

Un obscuro Brahmín
(William Q. Judge)

Path, Enero de 1893

Traducción: LAHR