Solilunios

por Grupo de Servicio el 11 de febrero de 2010

Aquél que vuelve su rostro hacia la luz y permanece dentro de su esplendor queda cegado para los asuntos del mundo de los hombres, penetra en el Sendero Iluminado que lleva hacia el Gran Centro de Absorción. Pero aquél que siente la necesidad de adentrarse en ese sendero, pero, sin embargo, ama a su hermano que se encuentra en el sendero oscurecido, gira sobre el pedestal de la luz y se vuelve en dirección opuesta.

Vuelve su rostro hacia la oscuridad y, entonces, los siete puntos de luz dentro de sí mismo transmiten la luz que irradia hacia el exterior y, he aquí que los rostros de los que hollan el sendero oscurecido reciben esa luz. Para ellos el camino ya no está tan oscuro. Detrás de los guerreros, entre la luz y la oscuridad, resplandece la luz de la Jerarquía.

La luna llena es un período especial en el que las energías espirituales están especialmente disponibles y facilitan una relación más estrecha entre la humanidad y la Jerarquía. Cada mes, las energías que afluyen traen las cualidades específicas de la constelación que afluye en ese mes concreto; esas energías a medida que van afectando, consecutivamente, a la humanidad, van estableciendo los “atributos divinos” en la conciencia de los hombres. Como aspirantes y discípulos, intentamos canalizar la afluencia espiritual hasta las mentes y los corazones de los hombres y, de esa manera, fortalecer el vínculo que une al reino humano con el Reino de Dios.

Tanto las personas individualmente, como los grupos y la humanidad, en su conjunto, pueden empezar a hollar el Sendero del Acercamiento. En el momento de estos Acercamientos, siempre que el contacto se lleve a cabo en formación grupal, se pueden contactar, captar y utilizar energías con las que, normalmente, no solemos contactar. De esta manera el grupo y la humanidad se enriquecen y vitalizan.