Valores y principios del esoterismo

por Alice Bailey el 8 de febrero de 2010

Extractos de conferencias, marzo 1927

Bajo las formas exotéricas, ya sea que estén surgiendo a la manifestación, logrando su desarrollo o desapareciendo, se halla aquello que está oculto o es esotérico, la vida, la causa de su existencia los impulsos espirituales que producen lo tangible. Por lo tanto, los movimientos que se denominan esotéricos son los que se ocupan de lo subjetivo, del alma que mora en las formas, del aspecto vida como distinto de lo material y objetivo.

El verdadero esoterismo llega hasta las mismas raíces ocultas del ser del hombre; concierne a aquello que denominamos lo inmortal y lo eterno de la humanidad. Se ocupa de lo que causa el pensamiento, la sensibilidad y la acción. Trata de expresar y poner en primer plano de la conciencia esos constantes impulsos divinos que hallan su expresión en la actividad y en los intensos cambios que caracterizan a la naturaleza, incluyendo al hombre mismo. Es aquello que se encuentra detrás de todas las fórmulas religiosas, de toda investigación científica, de toda presión económica y de toda orientación fundamental que pueda seguir el organismo social. En términos del ser humano, el ocultismo o esoterismo concierne al alma, a medida que ésta se expresa por medio del mecanismo cerebral, emocional y físico. Tratan de ese aspecto del hombre del cuál éste sabe muy pocas cosas, pero que hace de él lo que es. El verdadero esoterismo no es, como frecuentemente se supone, una profunda enseñanza con rituales ceremoniosos que se practican bajo el juramento de guardar secreto, sino que es un despertar espiritual interno que reconoce un despertar similar o espiritualidad potencial en los demás seres humanos, y a la vida latente en todas las formas.

La Sabiduría Antigua es esa ciencia esotérica que subyace en todas las formas religiosas de presentar la verdad. Es el fundamento de todos los credos religiosos llámense cristianismo, budismo o islamismo, etcétera, es la enseñanza que subyace en los distintos grupos rosacruces, téosoficos, metafísicos, ocultistas.

En toda religión y organización, no importa como se la denomine, los buscadores de la verdad se abren camino hacia el centro, por la vía más apropiada a su tipo y temperamento. A medida que va avanzando, se eliminan cada vez más los detalles y las cosas innecesarias en las que se encuentran todas las diferencias, y gradualmente se acercan entre si mientras descubren las verdades fundamentales y los principios fundamentales. Finalmente encuentran un fondo esotérico de verdades que es el mismo en todas las religiones y credos, y llegan a comprender las palabras de San Pablo: “Hay un solo Señor, una sola Fe, un solo Bautismo, un solo Dios y Padre que está por encima de todo, en todo y en todos nosotros”.

El factor esencial para la búsqueda de la verdad consiste en la necesidad de poseer sentido común. Por lo general no se tiene en cuenta la necesidad de emplear sentido común en los asuntos diarios y en la conducción del hogar y de los negocios, pero si le parece extraño utilizar esa cualidad en el estudio de las enseñanzas ocultistas, y sin embargo es esencial y donde nuestro sentido común es contrariado, debemos estar en guardia. Tenemos que comprender que la aspiración, las buenas intenciones y la devoción no son suficiente protección. El móvil y el corazón puros podrán protegernos de muchos peligros, pero no podrán contrarrestar los resultados surgidos de las acciones irreflexivas o de prácticas peligrosas. La pureza, la devoción, la aspiración y las buenas intenciones deben ir acompañadas de un punto de vista sensato, un buen sentido común, y de la comprensión.

La gente quiere saber; está empeñada en encontrar la Ciudad de Dios. Investigan y buscan por todas partes y no descansarán hasta encontrar la respuesta. Este anhelo o impulso subjetivo afecta a personas de todas clases y condiciones, y la respuesta a este impulso es quizás tan grande como cualquier otra experimentada hasta ahora en la historia del mundo.

Por lo tanto, ¿Cuál es la respuesta del ocultismo y cuál es su propósito?

Las definiciones han sido dadas generalmente sobre cosas de importancia secundaria y frecuentemente no esenciales, mientras que el público en general, se ha quedado con la duda respecto al verdadero significado de los términos ocultismo, psiquismo y magia.

Usualmente se las asocia con un simulacro de astrología, de buenaventura, de ejercicios respiratorios y con toda clase de ideas particulares, y a menudo indeseables, que tanto prevalecen hoy entre nosotros y que son un peligro para el incauto y el ignorante.

El ocultismo, sin embargo, no es ni más ni menos que la ciencia de aquello que está oculto y velado, y la consideración y estudio de lo subjetivo. Concierne al método de desarrollar el alma. Esoterismo es la forma o técnica mediante la cual el hombre llega a conocerse a si mismo, como alma pensante y consciente, y a comprender el mundo de las fuerzas donde tiene que actuar y desarrollarse. En un sentido más amplio es considerar el alma de Dios Mismo a medida que El crea y utiliza las formas de los reinos de la naturaleza a través de los cuales esa alma ha de revelarse. La clave del misterio de la vida de Dios se halla en todo hombre, estando presente en todo corazón humano. Cuando un hombre conoce a su alma, ha dado el primer paso hacia el conocimiento de Dios, y ha abierto una puerta a través de la cual puede entrar en relación con el alma que todas las formas subhumanas, humanas y superhumanas velan u ocultan. Entonces llega a ser un ocultista.

En cada uno de nosotros existe un mecanismo que, cuando se perfecciona y utiliza, nos proporciona el instrumento necesario para investigar inteligentemente y llevar a cabo sabiamente la búsqueda de la verdad que estamos considerando. Ese mecanismo existe, se halla regido por ciertas leyes y debe ser utilizado correctamente. Cuando esto se realiza, el hombre puede llegar a la percepción directa de la verdad y a la infalible comprensión de las cosas ocultas y esotéricas. Esto es parte de la gran ciencia del alma.

¿Cuál debería ser nuestro acercamiento personal al centro de luz y conocimiento y a esa realidad subjetiva que deseamos aceptar como hipótesis activa, pero de la que aún no tenemos un conocimiento directo? Primero, debemos aprender a discriminar entre principios y personalidades; cultivar la capacidad de dirigir el curso de nuestra vida guiándonos por esas líneas Maestras de vida, creencia y conducta que son universales, inclusivas y fundamentales. Debemos ver a todas las personalidades como simples instrumentos transitorios de la Gran Ley, y tenemos que considerar a todo guía e instructor como el que sirve para cristalizar y expresar algunos aspectos de la verdad, incorporando algún tipo de fuerza que puede energizarnos para que pensemos con mayor claridad y progresemos. Recordemos que toda verdad que se infiltra desde los planos de inspiración al cerebro físico y de este a la manifestación, es necesariamente limitada y está desfigurada debido a dicho proceso. Inevitablemente adquiere el colorido y la perspectiva del que la expone. Por consiguiente, tomemos de cada instructor o guía la luz que él nos pueda dar, su estímulo e interpretación, y tratemos de asimilarlo y utilizarlo convirtiéndonos nosotros también en instructores para aquellos que esperan nuestra ayuda.

Pero no coloquemos a ningún instructor en el lugar de Dios, no obedezcamos a ningún guía excepto la voz guiadora de nuestro Dios interno; no nos apoyemos sobre ningún nombre, ni siquiera ciegamente a nadie.

La primera condición necesaria es la inquebrantable creencia en nuestros propios poderes y en la Deidad dentro de nosotros mismos. Poseemos esa creencia?, ¿Nos sostenemos en el hecho fundamental de nuestra divinidad esencial?, ¿Nos reconocemos como hijos de Dios, y estamos de acuerdo con el Cristo cuando dijo: “he dicho: sois Dioses”?, ¿Estamos convencidos que somos tan divinos como el mismo Gran Maestro de Galilea, y que podemos ser “uno con el Padre”como Él lo fué y como Él oraba para que así fuera?

Antes de abocarnos en el estudio de la Sabiduría Antigua y antes de entrar a considerar la ciencia del desarrollo del alma, es necesario que captemos la realidad de nuestra divinidad. No importa cuán grande pueda ser nuestra adoración por las grandes luminarias o instructores de la humanidad, debemos obedecer el mandado del Cristo: “Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. También se nos dice que debemos apartarnos de toda clase de superstición exotérica y convertirnos en hombres cultos y libres de todo riesgo de ser esclavizados por un hombre o una idea.

¿Qué es la superstición? Literalmente significa ser estático: permanecer quieto. Por lo tanto. si nos hallamos ligados a cualquier forma de pensamiento, estamos encadenados y somos inflexibles debido, a una presentación doctrinaria de la verdad, y aceptamos ciegamente los dictados de cualquier maestro, somos simplemente supersticiosos. Debemos romper totalmente el control de otras mentes, ya sea la de un sacerdote, un instructor o un guía, si queremos obtener la verdad.

Aprendamos a ampliar nuestro punto de vista y a comprender que existe en el mundo Dios, tiene a Sus Agentes, y que en todo grupo se encuentran almas libres que han establecido contacto con su divinidad interna y viven por esa luz. De la creencia en nuestra propia divinidad surgirá la capacidad de mantenernos como almas libres, emancipadas del control de otras mentes. Así llegaremos a formular nuestras propias conclusiones y viviremos nuestra vida desembarazados de los dictados de otros seres humanos. Esto no tendrá como resultado el libertinaje sino el control ejercido por Dios; no nos convertiremos en seres humanos peculiares sino que nos haremos divinamente humanos y esto se deberá a que habremos comprendido que “aquel que desea adquirir el Sagrado Conocimiento deberá avivar la lámpara de su comprensión interna, entonces con la ayuda de esa buena luz empleará sus acciones como plumero, y sacudirá toda impureza de la superficie, el fiel reflejo de su Yo”. Podrán observar que aquí tenemos la correcta acción como resultado del correcto control mental y ese control es el resultado de la autodisciplina, la eliminación de las impurezas y el fiel reflejo del Yo Divino en la vida diaria.