Un año de viaje por América Latina

por C. Jinarajadasa el 6 de Febrero de 2010

Palabras previas

Hace cinco siglos que Colón partió de estas costas para descubrir las Indias. Hace tres meses que yo, hijo de la India, emprendí un viaje para conocer las gentes que habitan ahora en esas indias que él descubrió. Mi propósito en esta conferencia es deciros lo que encontré en aquellos pueblos, descendientes de vuestra raza, pero que tienen en sus venas algo de sangre atlante. Ante todo debo rogaros me dispenséis por usar el pronombre personal yo. En mis conferencias teosóficas procuro exponer, tan impersonalmente como me es posible, lo que es esa filosofía; me ocupo entonces de principios y leyes que pueden ser enunciados fuera de todo personalismo. Pero en esta conferencia, como os llevaré conmigo de país en país, tengo que ser personal necesariamente, si os he de interesar con mis impresiones. Esa es la causa por la que haré mención de continuo de lo que vi y pensé en los diez y siete países que visité de la América Latina. Mencionaré los países en el orden en que los visité, y así os daréis cuenta de que debo haber visto y observado muchas cosas, en caso de que haya sido buen observador. Creo que puedo decir que en un aspecto he sido buen observador, ya que era teósofo, y por consiguiente, en mi actitud de amigo y no de crítico, adonde quiera que fui. Los países que he visitado, han sido Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay, Chile, Bolivia y Perú, en la América del Sur; Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, en América Central; México; Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana, en las Antillas. No me fue posible visitar El Ecuador, Colombia y Venezuela. Excepto en Panamá, donde estuve esperando durante una semana el vapor que había de llevarme a Costa Rica, di conferencias teosóficas en todos los demás países visitados.

Enero de 1930

Cuando partí de Londres, hace trece meses, hablaba italiano y francés, pero entendía hasta cierto punto el español y el portugués. En el Brasil mis conferencias fueron traducidas al portugués, y leidas por un amigo. A las preguntas en portugués de los que me visitaban, contestaba yo en italiano. Pero en todos los países de habla española, empezando por el Uruguay, yo mismo leía mis conferencias en español (las cuales habían sido traducidas por amigos), pero mi conversación tenía que ser en italiano. Sin embargo, gracias a mi italiano cogí el español relativamente pronto, y después de seis meses hablaba este idioma, aunque mi gramática era deficiente. Aún lo es, porque no he tenido tiempo de estudiarla entre mis conferencias y viajes.

Etnología Sudamericana e inicios de una nueva subraza

Comencé mi excursión por América del Sur con un concepto erróneo que es frecuente en Europa entre los anglosajones que conceptúan la América del Sur como si fuera un solo país, muy grande si, pero sólo otro país. Mas pronto me dí cuenta de que era un inmenso continente, no de un pueblo, sino de muchos. Cierto que sólo se hablan allí dos lenguas, y lo mismo en América Central, México y las Antillas; portugués en el Brasil y español en los demás países. (Omito las tres Guayanas, francesa, holandesa y británica, donde presumo que se hablan estas lenguas, porque las Guayanas significan poco en lo que se refiere a la influencia cultural en América del Sur). Pero cada pueblo sudamericano tiene su propio carácter bien definido, que lo distingue de sus vecinos. Las diferencias no son tan grandes como las que existen entre españoles y franceses, entre ingleses y holandeses, mas, sin embargo, hay diferencias. Lo mismo sucede en las repúblicas de Centroamérica, aunque son pequeñas. América del Sur no se compone de un pueblo, sino de muchos. Este es el primer hecho que se observa claramente. Por más que todos ellos pertenecen a la raza latina, descendientes en su mayoría de españoles y portugueses, y posteriormente también de italianos, en el transcurso de unas cuantas generaciones han cesado de ser españoles, portugueses o italianos, y se han convertido en argentinos, chilenos o brasileños. Esto se debe en parte a la mezcla de sangre india, de los descendientes de los atlantes. Y este hecho de que se estén creando nuevos pueblos en la América Latina, es de supremo interés para el teósofo, de mucho mayor interés para él que para el público en general, ya que el teósofo cree que la Raza Aria, a la cual nosotros pertenecemos, está originando nuevos brotes, nuevas variantes de sí misma en los Estados Unidos y en América del Sur. El sistema teosófico declara que varias grandes razas llamadas «Razas Raíces» aparecen en la humanidad conforme avanza la civilización; cada Raza Raíz tiene alguna peculiaridad en su organización nerviosa, y por tanto, ciertas posibilidades culturales características, que faltan en las otras Razas Raíces. Además, cada Raza Raíz, conforme crece y se desarrolla, se segrega en variantes llamadas ‘Subrazas’. Entre los pueblos del mundo actual existen representantes de tres Razas Raíces, denominadas por el teósofo: Lemuriana, Atlante y Aria. En términos generales, los lemurianos son negros y tienen el pelo ensortijado; los atlantes son amarillos o cobrizos, como los mongoles y los pieles rojas de América, y tienen el pelo laso; y los arios son morenos o blancos, como los hindúes y los europeos, y tienen el cabello ondulado con tendencia a rizarse. Hubo otras dos Razas Raíces antes de que apareciera la Lemuriana, pero todos sus descendientes han sido absorbidos por los pueblos negros. El sistema teosófico declara que la raza Lemuriana es la tercera Raza Raíz, la Atlante la cuarta, y la Aria la quinta. Esta Raza Raíz quinta o Aria tiene sus variantes llamadas Subrazas, y el teósofo las clasifica en el orden de su aparición, de este modo: la primera subraza, la hindú; la segunda, la árabe; la tercera la persa; la cuarta, la celta, cuyos brillantes representantes fueron los griegos y los romanos; y por último la teutónica, a la que pertenecen los teutones, los anglosajones y los escandinavos. Todos los pueblos latinos de Europa españoles, portugueses, franceses, italianos, griegos, rumanos son celtas y pertenecen a la cuarta subraza. Permitidme que os indique de paso, que el orden de aparición no implica superioridad o inferioridad. Un indú culto de la primera subraza, o un español culto de la cuarta, no es menos culto que un inglés o un alemán culto de la quinta subraza de hoy. Pero cada uno tiene una cultura diferente, y todas estas diferencias se necesitan en el Plan Divino que guía la evolución. Pero la quinta subraza, la Teutónica, no es la final de la serie; hay una sexta subraza, y hasta una séptima. La sexta subraza está apareciendo ya en los Estados Unidos de América, y también en Australia. Y aunque la fecha de la aparición de la séptima subraza tardará todavía siglos, hay indicios de sus comienzos en América del Sur. Y he aquí por qué Sud América es tan interesante para el teósofo; es la cuna de la séptima subraza de la Raza Aria.

Brasil

El primer país que visité fue el Brasil, y aunque recorrí después diez y seis más, mi impresión del Brasil es más vívida que la que conservo de los otros. No es porque el Brasil sea mayor que ningún otro país de América del Sur; no es que Río Janeiro sea el segundo, por no decir el más bello puerto del mundo. Es porque hay una cualidad exquisita en el carácter brasileño. El brasileño de Río es tan educado y tan europeo como un parisiense, pero tiene una cualidad de amistad y fraternidad que le distingue de los demás sudamericanos, si no de todo el mundo. Observé esta característica de dos maneras. Ante todo, el Brasil como nación, rinde culto a la fraternidad. En su Constitución hay tres fiestas nacionales de Fraternidad. El día de Año Nuevo es el día de la Fraternidad Universal, fraternidad entre todos los pueblos de la tierra; el trece de mayo, en que la esclavitud fue abolida en el Brasil, es el día de la Fraternidad entre todos los brasileños; el catorce de julio, día en que se celebra la libertad de todos los pueblos americanos, es el día de la Fraternidad entre los pueblos del Sur, Centro y Norteamérica. Tiene además el día de la Bandera Nacional, el diez y nueve de noviembre, que es naturalmente, un día de Fraternidad entre los brasileños. Como la Constitución prohíbe toda expedición de conquista de otros pueblos, el Día de la Bandera carece de matiz de imperialismo. Es un día en que los niños, ataviados con trajes nacionales, cantan y bailan las canciones y danzas nacionales, y conmemoran a los héroes del país. El hecho extraño es que todo este idealismo de fraternidad fue incluido en la Constitución, principalmente como resultado de la labor de un pequeño grupo de positivistas, secuaces de Augusto Comte. El resultado es hermoso, especialmente en la actitud del brasileño hacia el negro. Para explicar esto, permitidme decir que yo he visitado numerosas veces los Estados Unidos, y conozco cuál es allí la actitud del blanco hacia el negro. El negro allí puede ser por la ley ciudadano americano, pero siempre es «un hombre de color»; está excluido, si no por la ley, por la fuerza, de los privilegios de la cultura más elevada que el blanco puede alcanzar. Ahora bien, en el Brasil hay una gran cantidad de habitantes negros y mulatos; en su pobreza, falta de educación y de cultura, son probablemente iguales a los negros de los Estados del Sur de Norteamérica. Pero en el Brasil son radicalmente diferentes, porque no están bajo ningún yugo social, y, por tanto, están más dignificados como seres humanos. Porque el brasileño no los considera como negros, es decir, como una raza no asimilable. No olvida la diferencia entre él, el brasileño blanco, y el negro. Pero mira al negro como un hermano más joven, como un «brasilero» al que hay que educar para que viva como perfecto ciudadano. Los pensamientos de diferencia de color, que implican diferencia de privilegio o de responsabilidad, no existen. El tipo de vida y de costumbres del hombre blanco se pone de modelo ante el negro, y éste procura en verdad vivir con arreglo a él.

Esto es ciertamente un éxito maravilloso; los norteamericanos afirman que eso es imposible. En la India, las personas de casta, cuya actitud hacia los parias o gentes «intocables» es semejante a la de los norteamericanos con el negro, rechazan igualmente con desdén la idea de igualdad de trato entre un individuo de casta y el paria. Pero se ha realizado en el Brasil, y he aquí porqué  Brasil sobresale en mi mente entre todos los pueblos. Nosotros los teósofos tenemos como primer objeto: «Formar un núcleo de fraternidad universal de la humanidad, sin distinción de raza credo, sexo, casta o color». Me encanta ver que los brasileños tuvieron la intuición de este gran ideal, antes de que los teósofos comenzaran su labor en el Brasil. Este encanto de fraternidad se expresa de otra forma en el Brasil. Si veis dos niños paseando por la calle, llevarán el brazo rodeando el cuello del otro; y lo mismo si se trata de una muchacha y una señora mayor. El brasileño instintivamente quiere mostrar su afecto. Existe otro hecho que ha grabado profundamente el Brasil en mi memoria; en ninguna otra parte he visto niños tan hermosos, no sólo entre los brasileños de buena posición, sino también entre los pobres. Una mezcla de negro y blanco va verificándose lentamente en el Brasil, lo que horrorizaría a un norteamericano. Pero en el Brasil, lo que tiene valor es la conducta, no la raza. Nadie considera que la civilización se compromete si un blanco se casa con una mujer «de color»; nadie sueña con el ostracismo social, ya que el brasileño es muy patriota y está muy orgulloso del porvenir de su gran país; para él, por tanto, el hecho de que un hombre o una mujer sean buenos «brasileros» pesa más que cualquier cuestión de color. Y cosa extraña, no obstante esta absorción, la raza no degenera. ¡No se oye la afirmación expresada como parte de las leyes eternas de Dios, de que cuando se mezclan dos razas, una superior y otra inferior, la descendencia muestra invariablemente las peores características de ambas! Por el contrario, el carácter portugués ha ganado en resistencia con la mezcla de sangre atlante, y en sensibilidad con la africana. Un profundo observador como lord Bryce, hombre de gran cultura que viajó por todas partes, estadista conocedor de hombres y costumbres, no apreció indicios de degeneración en la raza blanca del Brasil, a pesar de su mezcla.

Uruguay

Al Sur del Brasil está el Uruguay, pequeño país, pero que desempeña un papel único en Sud América. Es considerado por los otros países como el amigo de todos, y nadie lo critica con hostilidad. He preguntado en varios países: «Suponed que algún día se acordara celebrar un Congreso para la Federación de toda la América del Sur, ¿qué lugar creéis que proporcionaría una atmósfera favorable?» Invariablemente la contestación era: «el Uruguay». Con dos hechos me impresionó el Uruguay: el primero, que allí el dólar americano se cotiza por debajo de la par, y por tanto, el país está muy próspero; y en segundo lugar, que Montevideo y al decir Montevideo se dice Uruguay no habla de su prosperidad, sino de que es «una pequeña Atenas». Los naturales del país os muestran con orgullo su playa la mejor de cuantas he visto para los bañistas y los numerosos parques especiales que tiene para niños, todos bien provistos para juegos. Uno de los más hermosos monumentos de la ciudad, todo de mármol blanco, es el erigido a un hombre que fue maestro de escuela, y que siendo Ministro de Instrucción Pública, fomentó la educación. Esto es alentador, ya que generalmente los políticos y los generales son los que tienen estatuas, y al maestro de escuela, que se sacrifica, y quien forma realmente el buen ciudadano, no se le considera bastante patriota para merecer una estatua. El Uruguay es amante de la educación, y gusta de hacer experimentos para conseguir lo mejor. Cuando me encontraba allí, el ministro de Instrucción pública, quien hizo mi presentación en mi primera conferencia en la Universidad, me habló de un proyecto que pensaba realizar, que consistía en trasladar todas las escuelas d la ciudad a las afueras, donde los niños podrían estudiar y jugar lejos del ruido y la confusión de la ciudad. Desde luego, esto significa que un servicio especial de ómnibus tendría que recoger a los niños por la mañana y volverlos a llevar por la tarde un proyecto costoso, pero eso no importa, siempre que signifique mejores resultados para los niños. Montevideo, como una «pequeña Atenas», está naturalmente, en contra de todo fanatismo. Tanto en América del Sur como en Centro América, especialmente donde la educación está poco difundida, la influencia de la Iglesia Católica es poderosa; pero  en el Uruguay la corriente se dirige de manera notoria hacia toda forma de pensamiento liberal. En varias de mis conferencias hago uso frecuente de la frase «el plan de Dios»; mis amigos me manifestaron que a los naturales de Montevideo no les gusta mucho el uso excesivo de la palabra «Dios» y que era preferible decir el Plan Divino» mejor que «el plan de Dios». Hay un periódico en Montevideo que siempre que en un artículo aparece la palabra Dios, la escribe con d  minúscula. Realmente esto es ir demasiado lejos. Permitidme aquí mencionar un hecho que al principio me impresionó grandemente en el Uruguay, pero que es característico de toda la América Latina según vi después. En el Brasil unas cuantas personas me habían regalado libros y folletos que habían escrito, conteniendo poemas y ensayos. Pero fue desde el Uruguay cuando realmente comenzó la avalancha. A dondequiera que iba, desde Montevideo a Santo Domingo, era igual. Muchos habían escrito poemas, ensayos, bosquejos, dramas, y los habían impreso a su costa; y como una muestra de aprecio de mis servicios en pro de la cultura, me obsequiaban con las creaciones de su imaginación. Cuando regrese a la India, encontraré una habitación casi llena hasta el techo con estos regalos; ¡que tantos eran! Desde luego no he tenido tiempo de leerlos antes de mandarlos a la India, pero los recibí con una profunda satisfacción no porque me halagara el reconocimiento de mi labor, sino porque el instinto creador seguía vivo en la América Latina. Todo está fundamentalmente bien en un país cuando sus ciudadanos se inclinan a las artes, aun en el caso de que su cambio de moneda sea desfavorable por el momento. Acogí por doquiera con deleite estas manifestaciones del espíritu creador del hombre en poemas, ensayos y dramas. ¿Qué importa que muchos de ellos sean de segundo orden, y a menudo improvisados por mera vanidad? En todo caso mostraban que los pueblos latinos aún estaban al corriente del mensaje de Grecia, que el papel del hombre es crear algo bello en la vida, algo que descubra algún destello de esa gloria oculta en el hombre que llamamos el alma.

Argentina

La Argentina da otra nota en la vida de Sud  América. Entre las ciudades de los países latinos, en Europa y América, Buenos Aires sigue a París en tamaño. Todas las naciones del mundo están allí representadas, y no recuerdo cuantos periódicos se publican en idiomas extranjeros para sus residentes extranjeros. El desarrollo comercial ocupa el primer lugar en el pensamiento de la gente. Dos millones de italianos viven en la Argentina, y su industria es un factor de importancia en el progreso del país.

La Argentina influye hondamente en toda la América del Sur; lo que piensa Buenos Aires es lo que guía a las naciones más pequeñas, no sólo en América del Sur, sino también en Centro América. Buenos Aires tiene dos grandes periódicos: La Prensa y La Nación, tan serios y de tanto peso como el Times de Londres; pero justamente por eso, sus noticias son de confianza, y sus juicios no son precipitados. Lo que dicen esos dos periódicos se lee cuidadosamente por los editores de periódicos de otros países. Esos dos periódicos, así como todos los demás de la ciudad, se entrevistaron conmigo, dándome la bienvenida más amistosa. Desde entonces, a dondequiera que iba, en América del Sur y Central, México y Cuba, me encontraba con que los periodistas ya me conocían y estaban enterados de los entusiastas auditorios que me habían escuchado en el teatro Cervantes. La Argentina es el reconocido campeón del espíritu latino, en oposición al espíritu de los Estados Unidos, Esto, unido a su posición financiera, hace de ella un factor importante en la vida de toda la América Latina. He de hacer notar de paso que Mussolini no agrada en la Argentina, ni tampoco en toda la América del Sur y Central. Me di cuenta de ello de un modo muy curioso. En una de mis conferencias sobre la civilización de la India, menciono sus dos notas fundamentales, primero el Deber y segundo, cada cual en su sitio contribuyendo al Plan de Dios; y relato casualmente que en una entrevista que tuve con Mussolini, le regalé mi traducción italiana del Bhagavad Gita, diciéndole que encontraría en aquel libro sus ideales fascistas del deber y de la jerarquía. Mis amigos argentinos me pidieron que omitiera esa referencia a Mussolini. Lo hice, desde luego, puesto que no era esencial para mi conferencia, y no se gana nada con irritar a un auditorio. Más tarde comprendí por qué Mussolini, que a mí personalmente me es un carácter simpático, no es querido en la América Latina. Todas las plazas de sus ciudades tienen estatuas de sus libertadores, y aun viven algunos que lucharon por la libertad de su tierra. En una atmósfera tal, la gente no tiene la menor inclinación a contemplar desapasionadamente el experimento de Italia con el fascismo, que ha producido ya una organización administrativa mejor que la que se encuentra en otros muchos países. De todos modos, es una forma de organización que la América Latina no quiere; y su opinión en este asunto es franca y decidida. Los auditorios que tuve en el Uruguay fueron muy entusiastas, pero fue en Buenos Aires donde por vez primera sentí lo que después había de sentir en todos los demás países; la urgente necesidad que el pueblo tiene de Idealismo. Mi presencia era un acontecimiento en la vida de la ciudad, porque en cierto modo ofrecía a las gentes un vislumbre de él. Sentían que no les llevaba a la Argentina un producto extranjero, la Sabiduría Oriental, sino que más bien les revelaba el idealismo latente de sus propios caractares. Se sentían de corazón uno conmigo, porque de corazón yo era uno de ellos. Porque no hay más que un sólo mundo de Ideales, y poco importa que se dirija uno a él desde Benarés o Buenos Aires, porque la meta es la misma. Fue en la. Argentina donde vi la sed de ideales que tenía el pueblo; no de ideales que sólo pueden contemplarse en las iglesias, sino de aquellos ideales que le acompañan a uno en las más mínimas acciones de su vida. Ahora, en estos días de educación y fraternización entre pueblos y culturas, la libertad de pensamiento y de creencias nos es tan necesaria como el aire que respiramos. Y la gente vino a mi en oleadas a escucharme, porque yo proclamé con entusiasmo sin límites que el mundo del Idealismo estaba siempre muy cerca de nosotros, donde quiera que estemos, en la oficina o en la tienda, en la escuela o en el campo de juego.

Chile

Chile es el vecino de la Argentina, pero la cordillera de los Andes separa a los dos países. El clima de Chile es fundamentalmente diferente del de la Argentina; lo cual es debido a una corriente de agua fría que procede del Circulo Antártico y recorre las costas del Pacífico hasta los trópicos. Esta corriente reduce la temperatura del agua y del aire; aunque el sol es muy caliente, la evaporación del mar es muy pequeña. A todo lo largo del Pacifico hay mucha niebla y cielo nublado, y excepto muy al Sur de Chile, muy poca lluvia. Los vientos llevan las nubes hacia los Andes, donde cae mucha nieve; pero en la costa llueve muy poco o nada. Esta temperatura más fría de Chile, con menos sol, hace, según creo, que el temperamento chileno mire más a lo interior. Mientras el argentino siente más rápidamente con las emociones y piensa con menos rapidez con la mente, yo diría que ocurre exactamente lo contrario con el chileno. No es menos entusiasta que el argentino, pero está menos dispuesto a expresarlo. Observé que los auditorios de Santiago y Valparaíso veían pronto con sus mentes detalles de mis conferencias que no habían producido ningún efecto especial en las mentes de los auditorios de Buenos Aires o Rosario. Chile se enorgullece de que tiene algunos indios que nunca se han sometido al hombre blanco. Son los indios araucanos, que derrotaron muchas veces a los conquistadores españoles. Naturalmente, ahora son chilenos. Repetidas veces observé en los varios países visitados, que el latino-americano no había apreciado la significación del indio, ya porque se extinga, ya porque sea absorbido poco a poco por el castellano. El indio puede ser tardo en inteligencia, pero su raza le da cualidades de resistencia. Muchos le llaman a esto apatía, porque un indio prefiere vivir y morir tal como está, antes que cambiar. Pero de todos modos, a mi parecer, está añadiendo a la séptima sub-raza que aparecerá en América del Sur, una cualidad de perseverancia que equilibrará el voluble emocionalismo del latino. Uno de los hombres más grandes de México, su libertador Benito Juárez, era indio puro. Cuando se pasa Bolivia, Perú y más al norte, se da uno cuenta por vez primera de la sombra de la garra de los Estados Unidos que se cierne sobre América del Sur y Central. La situación es complicada; pues todos esos países necesitan urgentemente capital para su desarrollo, y los Estados Unidos no desea otra cosa que proporcionárselo. Entonces vienen las consecuencias inevitables; ineptitud y despilfarro por parte de los políticos, y el clamor de los capitalistas extranjeros por la salvaguardia de sus intereses. El resultado final es el dominio financiero y la intervención, llevada en algunos casos a extremos que en nada se diferencian del imperialismo. He vivido varios años en los Estados Unidos y puedo declarar con certeza que el yanqui medio representativo es completamente opuesto a cualquier forma de imperialismo. Pero es igualmente innegable que su Gobierno ha cometido actos que sólo pueden calificarse de imperialistas. Prueba de ello es, por ejemplo, el forzar a Nicaragua en 1916 a conceder un arriendo de su territorio en el golfo de Fonseca para establecer una base naval. Pero en este mismo golfo de Fonseca están los territorios de Honduras, Guatemala y El Salvador. La súbita aparición de los Estados Unidos con una base naval en el golfo, no puede por menos de interpretarse como una amenaza a la libertad de acción de esas Repúblicas. Es cierto que la base naval no se ha comenzado aún, pero de todos modos, los Estados Unidos están ahí, invisibles, en el golfo, precisamente en medio de los territorios de Honduras, Guatemala y El Salvador. Claro que los tres países protestaron contra este atentado a su soberanía, ante el Tribunal de Justicia Internacional de Centro América, creado recientemente. El Tribunal falló en su favor, pero los Estados Unidos no aceptaron el fallo. Eso, naturalmente, fue un golpe fatal para el prestigio del Tribunal, y este fue disuelto. Dudo que uno por cada medio millón esté enterado en los Estados Unidos de estos hechos.

Paraguay y Bolivia

El Paraguay y Bolivia están ligados en mi mente, porque los visité poco después de sus diferencias de fronteras, y como es natural, había mucha animosidad por ambas partes. Los dos países necesitan hasta el último peso que puedan obtener, para mejorar las carreteras, para aumentar las escuelas y para sanidad; pero ambos se creen obligados a gastar millones para mantener sus ejércitos. Paraguay parece necesitar más territorio, porque hoy es el Estado más pequeño de América del Sur. Bolivia es tres veces más grande, pero la mayor parte del suelo está a unos 3,000 metros sobre el nivel del mar, y es muy improductivo, por lo que desea más terreno en la faja tropical. Saqué la impresión de que Paraguay no quería luchar, pero estaba perfectamente dispuesto a hacerlo; el paraguayo se precia mucho de ser un excelente guerrero, y varias otras naciones de América del Sur también lo consideran como tal. Bolivia es una gran meseta a una gran altura sobre el nivel del mar; su ciudad principal, La Paz, tiene una altitud de 3,665 metros. Di una conferencia en Potosí, cuya altitud es de 4,040 metros. Mientras daba la conferencia mi corazón latía a una velocidad de ciento diez pulsaciones, y menos mal que había a mi lado una mesa resistente por si acaso. Desde luego el boliviano está acostumbrado a estas alturas. Lo mismo los paraguayos que los bolivianos me acogieron cordialmente, e hice un viaje especial a Sucre, la antigua capital de Bolivia, para dar seis conferencias en la Universidad, invitado por el Rector. En La Paz, los sacerdotes católicos denunciaron abiertamente mis conferencias, y como es natural, eso hizo que viniera más gente que nunca a escucharlas. Dondequiera que los sacerdotes prohibieron a los fieles que viniesen a oír mis conferencias, todos los periódicos extremaron su consideración para conmigo y publicaron largas reseñas de ellas. En Bolivia encontré por todas partes una impresión de tristeza, porque el país está cercado por completo y no tiene salida al mar. Hubo una época en que Bolivia se extendía hasta el Pacífico, pero Chile venció a Bolivia y se apoderó de toda su costa. Claro que ahora Bolivia sufre la traición a sus intereses de varias generaciones de políticos, pero de todos modos, considera que el mundo en general debiera hacerle justicia y concederle un pasillo al Pacífico o al Atlántico, o a los dos sitios, porque necesita de tales salidas. Por qué razón el mundo se detiene para dar pasillos a Bolivia, no está muy claro, pero esa es la actitud de Bolivia. Desde luego una cosa está clara para mí, aunque todavía no lo está para el resto de Sudamérica, y es, que no habrá condición de estabilidad en América del Sur, que asegure un estado de paz para todos, en tanto que Bolivia no tenga un pasillo satisfactorio. ¿Quién es el que va a regalar a Bolivia un pasillo al Pacífico? Es una pregunta a la cual no veo respuesta, porque la justicia abstracta no es todavía norma de conducta para las naciones.

Perú

Perú se destaca de mi mente por sus entusiastas auditorios en Arequipa, Cuzco y Lima. En cuanto di mi primera conferencia en Lima, dos de los periódicos comenzaron a publicar diariamente la conferencia íntegra de la tarde anterior. Antes de terminar mi visita, un tercer periódico hacía lo mismo. Yo llevaba pronunciadas cuatro conferencias con el teatro atestado, cuando en la mañana de la quinta y última conferencia, el arzobispo de Lima publicó en todos los periódicos un manifiesto contra la Teosofía, y en este manifiesto, fulminó la excomunión contra todos los católicos que asistieran a mis conferencias. Como podéis imaginar fue la nota sensacional del día. Aquella noche el teatro estaba lleno hasta asfixiarse, centenares de personas estaban de pie apretadas en los pasillos, y llegaban hasta el mismo borde del escenario. Naturalmente, me dieron formidables ovaciones al empezar y al terminar mi conferencia. Entonces sucedió una cosa inesperada; la multitud exigió una manifestación pública y me obligó a marchar con ella hasta el hotel más de un kilómetro aplaudiendo y vitoreando con frenesí. Tan densa era la multitud, que varios guardias ayudados por mis amigos, tuvieron que formar un círculo a mi alrededor para evitar que fuese derribado. Al llegar al hotel Bolívar, sus grandes puertas tuvieron que cerrarse para contener a la muchedumbre. Aún entonces la manifestación no terminó, pues dos mil personas permanecieron en la plaza donde está el hotel hasta que tuve que salir a un balcón a recibir sus últimos vítores.

Panamá y Costa Rica

Desde el Perú fui a Costa Rica, pero tuve que esperar una semana en Panamá por el vapor. Esto me dio la oportunidad de visitar la antigua ciudad de Panamá y la Estación Experimental  de los Estados Unidos en Summit, en la zona del Canal, donde obtuve semillas de plantas y árboles que aumentarán la belleza de la Sede Central de la Sociedad Teosófica en la India. Desde todos los países que he visitado que tuviesen clima tropical, he mandado a la India semillas de cuanto nuevo pude encontrar de plantas y flores, legumbres, frutas y árboles. Cuando yo vuelva a este mundo en otra encarnación, quizá me habrán olvidado en la India como conferenciante teosófico, pero me recordarán con gratitud como introductor de agradables frutas, magníficos árboles y hermosas flores. En Costa Rica la influencia católica es muy poderosa. Mis conferencias se dieron en el Teatro Nacional, que fue cedido gratuitamente, pero me pidieron que no mencionase la palabra Teosofía. De modo que cada vez que surgía la palabra Teosofía, la sustituía por «idealismo». Personalmente prefiero la palabra Teosofía, que significa la sabiduría de Dios. Sin embargo, la palabra idealismo describe bien la Teosofía. En los países latinos, tanto en el viejo mundo como en el nuevo, la influencia de la mujer, como todos sabéis, es pequeñísima como factor de la vida pública. Pero en los países de la América Latina es un factor importante que la señora del Presidente de la República sea profundamente o superficialmente religiosa. Claro que todos están conformes en que su influencia sólo puede obrar una dirección en apoyo de la Iglesia; de todos modos me alegra que haya por lo menos una mujer que cuente en los asuntos públicos, aun que sea como portavoz de otros.

Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala

Yo tenía intención de ir de Costa Rica directamente a México, pero como no había vapor hasta después de cinco semanas, tuve oportunidad de visitar las Ramas teosóficas de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala. En Nicaragua sentí agudamente el factor de violencia de los países latino-americanos; me refiero a la política de partido. Nunca había yo estado en un país donde los odios políticos fuesen tan profundos como en Nicaragua. Los liberales odian a los conservadores, y a su vez son odiados con la misma intensidad. La mayoría de mis amigos eran liberales, y precisamente por eso quise tener una reunión con un grupo de conservadores conspicuos, para conocer su punto de vista. A los dos partidos les hice la misma pregunta: «No queréis que se vayan los norteamericanos?» Y los dos contestaron sin vacilar: «No» Yo entonces les pregunté la razón, y la respuesta fue que si los yanquis se retiraran, los liberales, que ahora están en el poder, encarcelarían o asesinarían a los conservadores con acusaciones falsas; y los liberales me dijeron exactamente lo mismo respeto a los conservadores. Algunos meses más tarde, en Yucatán, en México, hablé con el Jefe rebelde Sandino, y escuché de sus labios una historia completamente diferente concerniente a liberales y conservadores. Creo que ahora puedo presumir de estar bien enterado de los asuntos de Nicaragua. La razón de este encarnizamiento se me dio en México. Refiriéndose a la propensión del mexicano a tomar las armas para defender sus derechos políticos, en vez de recurrir a medios constitucionales, un mexicano me dijo: “Vea usted, un mexicano se confía en un yanqui mucho antes que en un mexicano.” Y ésta es aproximadamente la verdad, en la mayoría de las naciones de América del Sur; se tiene más confianza en el extranjero que en uno de su propia sangre. No hay más que una solución a este agudo problema: la propagación de la Teosofía. Cuando en toda pequeña villa o pueblecito de Nicaragua haya una Rama Teosófica, donde los miembros procuren darse cuenta del significado de la divina verdad, que todos somos hijos de Dios, y por lo tanto siempre hermanos, que lo sepamos o no, todo el país estará impregnado de un espíritu de buena voluntad, y los liberales y conservadores se darán cuenta del bello hecho de que primero son nicaragüenses y hermanos, y sólo después de eso, liberales o conservadores.

En Honduras la libertad de pensamiento es muy grande; y se me acogió con toda cordialidad. El mismo Presidente de la república estuvo presente en una de mis conferencias. Tuve ocasión de dar una conferencia especialmente organizada por los obreros.

Los masones forman allí un cuerpo muy fuerte y muy respetado el Presidente de la República es masón, y estuvo presente en una «Tenida blanca», en la cual hablé a los masones y a los visitadores acerca de los ideales de la Francmasonería». En Guatemala la influencia religiosa fue lo suficientemente poderosa para forzar al empresario del teatro donde habían de darse mis conferencias a negar el teatro en el último momento, después de haber dado su palabra, y de publicarse los anuncios. (Pero afortunadamente se pudo conseguir otro local, y se dieron las conferencias.) En Guatemala, especialmente en los alrededores de Quelizaltenango, en las montañas, vi indios de una hermosura notable, con narices delicadamente formadas y sin pómulos salientes. Los tejidos de estos indios de Guatemala son quizá, por su valor artístico, los más hermosos que vi en toda la América del Sur. El Salvador es la más pequeña de las Repúblicas, pero también la más poblada. Está floreciente, y quizá su prosperidad se deba a que sus rivalidades políticas son ínfimas; y sus habitantes consideran completamente anticuada la idea de que la revolución sea el único medio capaz de lograr un cambio de administración. Las Ramas Teosóficas de las Repúblicas de Centro América, más una en Colombia, forman ahora la Sociedad Teosófica de Centro América. Nuestro reglamento exige a lo menos siete Ramas en un país para poder fundar una Sociedad Nacional. Hasta ahora no existen las siete Ramas indispensables en ninguno de estos países, pero dentro de dos o tres años espero que Costa Rica Nicaragua y el Salvador tengan el número suficiente para que puedan formar cada una su propia Sociedad Nacional.

México

Un viaje de cinco días por vapor bastó para trasladarme desde Guatemala a Manzanillo, en México, e inmediatamente en aquella costa del Pacífico encontré las huellas de revoluciones. Hace tres años la jerarquía católica se rebeló contra el Estado, y muchos católicos de los Estados mexicanos a orillas del Pacífico tomaron las armas, algunas veces acaudillados por sacerdotes, y en un caso por un obispo. A mi llegada se había ya concertado un acuerdo para el regreso de los sacerdotes, pero algunos de los rebeldes no se habían sometido todavía. De manera que cada tren iba provisto de un vagón blindado y una escolta militar. A los cristianos rebeldes se los denomina «cristeros» porque adoptaron como grito de guerra ¡Viva Cristo Rey! ¿Podéis imaginar un país católico en el cual durante dos años y medio, no existiesen la Misa, los bautizos, ni los sacerdotes para solemnizar matrimonios o enterrar a los muertos? Ese fue el caso de México, porque los sacerdotes preferían marcharse antes de someterse a aceptar reglas que nada tenían que ver con sus funciones espirituales. El país no parece haber sufrido desde el punto de vista general, aunque no dudo que miles de personas sintiesen hondamente la falta de los servicios religiosos. Ahora que los sacerdotes han transigido, y por lo tanto se les ha permitido volver, las masas, especialmente las mujeres, están contentas. Mas no todos los mexicanos. Estuve en el Estado de Tabasco, donde las Iglesias se han convertido en escuelas, ostentando cada una la designación de Escuela Racionalista, seguida del nombre de algún racionalista conspicuo. En dicho Estado, un gran número de personas han decidido que jamás vuelvan los sacerdotes, y están armados de fusiles para hacer valer su amenaza. Como sabéis, México padece a menudo revoluciones. En Inglaterra y en los Estados Unidos se dice jocosamente, refiriéndose a México y a la América Central, que cuando la gente está aburrida y no tiene nada que la estimule, hace una revolución para divertirse. Por supuesto que esto es completamente erróneo. Sin embargo, hay en este espíritu revolucionario un elemento que Europa no puede comprender, pero que yo admiro; y es que cuando menos, el hombre está dispuesto a sacrificar su vida por una idea. La industria y la acumulación de una fortuna no son para el mexicano las únicas cosas de la vida. El campesino va a la guerra alegremente, en pos de su caudillo, que representa para él un ideal de mejoramiento nacional y de servicio. En la mayoría de los casos, dudo que el caudillo se haga acreedor a la devoción del campesino; no obstante, aunque éste se desilusione respeto a su caudillo, siente algo grande en su vida, y el sufrimiento y la muerte son cosas secundarias en comparación de lo que representa ser fiel a la deslumbrante visión que ve ante sí. Como indiqué a los periódicos de México, parece que el mexicano tiene un sentimiento intuitivo de la Reencarnación, de que él vuelve a la tierra otra vez, ya que tan dispuesto se halla a renunciar a su vida, al parecer por nada.

Cuba

Cuba es el último país de la América latina que se emancipó de España, y conserva todavía el recuerdo de la guerra de la independencia —de las guerras de la independencia— diría con más propiedad. En cuanto desembarqué en la Habana, me llevaron mis amigos a depositar una corona de flores en el monumento a Martí, apóstol y mártir de la independencia cubana. Lo mismo me sucedió en otro lugar en el que la banda municipal estaba presente y tocó el himno nacional cubano. Cuba es como los demás países que visité. La gente es, desde luego, española, y su pronunciación al hablar es suave y original, por lo que resulta al principio un poco difícil para el extranjero. En Cuba, así como en México y en América Central, los trabajadores formaban parte del auditorio en mis conferencias. El trabajador de estos países se interesa por los problemas de idealismo. En México especialmente, la influencia de los gremios es poderosa. El último Presidente, el general Calles, ha hecho mucho para mejorar la condición del trabajador. Evidentemente la influencia católica es poderosa en Cuba, pues dos diarios de la Habana dedican una página especial, que edita un sacerdote, a noticias de religión. Sin embargo, la Iglesia no se mezcla en política, por lo menos abiertamente, y los dos diarios a que me refiero se ocuparon bastante de mi labor. En las demás ciudades de Cuba, los diarios fueron sumamente atentos para mí, pues comprendieron que no había ido a convertir a nadie, sino a despertar entusiasmo por los ideales. Cuba llama la atención por un experimento social característico. Hay dos o tres sociedades importantes, como son el Centro Asturiano y el Centro Gallego; el primero tiene veinte mil socios en la capital y en las principales ciudades. En la Habana tiene un magnífico edificio social donde di mi última conferencia; y Centros en las principales ciudades. Respecto al Centro Asturiano, no es solamente un Círculo que ofrece salas (le lectura y recreo), sino que además facilita a sus socios, que pagan solamente dos dólares al mes, la asistencia médica y el material necesario en caso de enfermedad; tiene muy buenos hospitales y sanatorios y un cuerpo de médicos y enfermeros. Sostiene también escuelas para los niños de sus socios. Estos Centros han establecido un sistema de socialismo que es digno de estudiarse; y creo firmemente que siguiendo esta orientación pueden proporcionarse muchas facilidades y bienestar a todos, sin tener que recurrir a los extremos del comunismo.

Puerto Rico y República Dominicana

Desde Cuba hay cinco días por vía marítima hasta Puerto Rico, pero yo hice el trayecto en ocho horas en aeroplano. El país a primera vista y desde el aire, demuestra la gran diferencia entre Puerto Rico y los otros países que visité. Bajo la dirección de los norteamericanos, el país está altamente organizado, con agricultura científica, magníficas carreteras y proyectos de riego. Tocante a organización material, Puerto Rico tiene contraída una deuda de gratitud con los Estados Unidos, por los métodos de desarrollo introducidos, y por la prosperidad que estos métodos han proporcionado. Desde los últimos años, los puertorriqueños han sido declarados ciudadanos americanos, y la bandera yanqui ondea por todas partes. La bandera ocupa un lugar prominente en todas las aulas de enseñanza. Desde luego que ningún puertorriqueño, niño, hombre ni mujer, se siente lo más mínimo otra cosa que español, tanto en pensamiento como en sentimiento. Todo el tiempo que estuve en Puerto Rico, mientras admiraba la excelente organización del país, no podía menos de pensar: Qué estarán haciendo aquí los Estados Unidos? Porque los puertorriqueños no piensan ser jamás norteamericanos; sus inclinaciones están todas con la América Latina. Me parece que la única solución para los Estados Unidos es retirarse oportunamente, dando su bendición a los portorriqueños, y para los portorriqueños, en gratitud los servicios recibidos en el pasado, jurarse los eternos aliados de los Estados Unidos. Puerto Rico ha imitado con gran desacierto a los norteamericanos en una cosa: en la manera de colocar anuncios en parques y carreteras. Lamento tener que dar cuenta de una impresión de fealdad que perdurará en mi, y es que las plazas principales se han convertido en centros antiestéticos, pues los asientos de piedra tienen grabados anuncios con grandes letras. Puerto Rico es un pequeño y lindo país; sus montañas y sus campos son hermosos, pero las plazas de sus ciudades, que constituyen los centros de recreo de sus ciudadanos, son ahora centros de propaganda comercial. Son tocante a esto, como toda la América Latina. Por eso mismo lamenté profundamente su falta de previsión, que ha dado lugar a que el sentimiento comercial estropee la belleza de sus ciudades. El último país que visité fue Santo Domingo, capital de la República Dominicana, siéndome grato recordar aquellas caras numerosas y atentas escuchaban. Mi primera conferencia sobre educación, tuvo lugar en la Universidad; el salón resultaba demasiado pequeño para los cientos de personas que deseaban irme; felizmente la conferencia se radió, pudiéndola escuchar un millar de personas más que se hallaban fuera de la plaza. Las otras conferencias se celebraron en un teatro ante auditorios de más de mil personas, y ese entusiasmo demuestra que los dominicanos son iguales que el resto de la América Latina, por la sinceridad con que responden a cualquier mensaje idealista.

El despertar de América Latina

Os he descrito la América Latina con un sólo propósito: demostrar que allá en el Nuevo Mundo está surgiendo una nueva raza que habla el español, pero que dentro de poco poseerá un temperamento distinto del de las razas latinas de Europa. ¿En qué ha de consistir esa diferencia? Permitidme, antes de contestar, leer el conocido poema de Rubén Darío sobre Roosevelt. Darío era natural de Nicaragua, pero vivía en Argentina y en otros países, y su poema es la contestación de la América Latina a Norte América. Describe gráficamente las fuerzas que moldean el nuevo carácter latino que se va formando, efecto de la infusión de la vieja sangre atlante en la española.

Oda a Roosvelt

Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría que llegar hasta ti, Cazador,
primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.
Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil, te opones a Tolstoy.
Y domando caballos, o asesinando tigres,
eres un Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de Energía
como dicen los locos de hoy.)
Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción,
que donde pones la bala
el porvenir pones.
No.

Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant le dijo: Las estrellas son vuestras.
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta…) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.
Mas la América nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Nezahualcóyolt,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;
que consultó los astros, que conoció la Atlántida
cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
que desde los remotos momentos de su vida
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
la América del grande Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española
la América en que dijo el noble Cuauhtémoc:
“Yo no estoy en un lecho de rosas; esa América
que tiembla de huracanes y que vive de amor,
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!

Cantos de Vida y Esperanza.
Ruben Dario – 1905.

Si es cierto que «falta Dios» en los Estados Unidos, no lo es menos en la América Latina, a pesar de sus muchas iglesias. Y no sé que en la América Latina se rece más sinceramente a Jesucristo que en Norte América. Pero la América Latina responde más al idealismo, y, por tanto, en cierto modo está más cerca de Dios. Este Dios que ayudará a la nueva raza, no es el Dios ofrecido por la Iglesia Católica actualmente. El nuevo Dios debe ser el Dios interno, no el externo, a quien hay que rezar en iglesias o de rodillas. Será un nuevo Cristo el que llevará a la América Latina más cerca de Dios, ese Cristo de quien San Pablo predicó cuando dijo: «Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria». Y porque yo prediqué el Evangelio del Dios interno que habita en el corazón de todo hombre un Evangelio que socava la base de toda autoridad eclesiástica en toda religión —los sacerdotes me acusaron de tratar de resucitar el Panteísmo–. Cuando la América Latina descubra el Dios interno que habita en los corazones de los hombres, aun en los pecadores más empedernidos, cuando aprenda a encontrar en los rostros de sus niños la inspiración que necesita, entonces surgirán entre sus niños nuevas religiones, nuevas filosofías, nuevas artes y ciencias. Un maravilloso destino le espera cuando sus muchos pueblos se hayan moldeado con el tiempo en una sola raza sensitiva, intuitiva, ardiendo en idealismo, y creando nuevos aspectos de belleza, bondad y grandeza. Y voy a terminar leyendo el mensaje que envié a todos los teósofos de los países que acabo de visitar.

Santo Domingo República Dominicana

12 octubre 1929

Queridos hermanos:

Antes de dejar estos países, quiero indicaros algunas impresiones que he obtenido de los diez y seis pueblos donde he trabajado. En este continente de América hay dos corrientes representadas respectivamente por los países de habla española y por los Estados Unidos. Como teósofos, sabemos que cada pueblo tiene que dar su contribución particular para con el Plan Divino, y que así, ninguna cultura es más necesaria que otra. Las civilizaciones de la India y de Grecia, por un lado, no son más importantes en el Plan Divino que las civilizaciones de Inglaterra y los Estados Unidos, por otro. Los hombres nacidos en cada nación cooperan con el Plan Divino desarrollando la cultura propia de su pueblo. Ahora bien, vosotros que vivís en los países de habla española sois los representantes en el mundo nuevo de la vieja cultura de Grecia y Roma. Quiero que vosotros nunca renunciéis a esta cultura que viene a través de vuestros antepasados de España, Portugal, Italia y Francia. Sé muy bien cómo las Américas Latinas sienten la presión económica de los Estados Unidos. Los norteamericanos están construyendo la sexta sub-raza de la quinta raza Aria; ellos tienen sus propios trabajos, y en su desarrollo están dando una contribución muy especial de bienestar material y de individualismo. Es muy necesario que todos acepten su evangelio de desarrollo y organización material, y del bienestar del hogar; soy un ferviente admirador de los Estados Unidos, excepto de aquel lado de su desarrollo que implica que cada hombre de negocios anuncie sus mercancías poniendo tableros en todos lados, en las plazas y en los caminos, robando así la hermosura de la naturaleza de nuestras ciudades y campos. Pero si vosotros imitáis a los Estados Unidos en el desarrollo de vuestros negocios, espero que nunca olvidaréis el mensaje particular de la raza latina, que es: en la vida hay algo más que los negocios. No se vive sólo de pan; el hombre es un alma que siempre clama por manifestarse en creaciones artísticas. En modo muy especial, vosotros, los teósofos latinoamericanos, debéis predicar e intensificar el evangelio de Belleza, porque este lado creador del carácter, que se desarrolla con las artes, es muy importante para la manifestación de la séptima sub-raza. Hallé en Puerto Rico un bello soneto de Enrique Torres Rivera, que describe gráficamente el carácter latinoamericano.

La Raza Hispanoamericana

En su “YO” nuestra raza es una y trina:
Hija de los pecados capitales,
forjada con aceros de puñales,
en un zarpazo de pasión caína.

Surgió de una sangrienta sarracina
que originaron odios ancestrales,
entre hispanos leones imperiales
y los cóndores de la cresta andina.

Le dió su estirpe la Nación Ibérica,
sus perjuicios, su sangre, su pujanza,
sus tradiciones y su lucha homérica.

Y por eso –ya en guerra. ya en bonanza–
aún se ve caminando por la América
a Dn. Juan, Dn. Quijote y Sancho Panza.

Pero vosotros que sois teósofos debéis despertar un nuevo aspecto en el carácter que llamaré «Don Teósofo», quien poseerá la sensibilidad emocional de Don Juan, el sacrificio propio de Don Quijote, la agudeza de Sancho, y además un idealismo de tal suerte, que siempre está haciendo reformas en el mundo hasta que cada acontecimiento aquí abajo sea un reflejo fiel del acontecimiento hermoso en la mente Divina. Todo el porvenir de la América Latina está en las manos de vosotros los teósofos. Con este último pensamiento quiero despedirme de vosotros, hermanos míos, quedándoos agradecido por el cariño con que me habéis recibido.

Aquí en España

También es este mi mensaje a todos vosotros, Vivid con toda plenitud las nuevas corrientes idealistas que se extienden por el mundo. Como latinos, todavía tenéis que desempeñar un gran papel en el porvenir. Vuestro deber es mantener ardiendo la antorcha que os dieran Grecia y Roma; su luz proclama al mundo occidental, que los hombres son más que hombres, los descendientes de los Dioses del Olímpo, cuya herencia es en verdad, como dice un poeta: «luz, fuego, perfume y amor».

C. Jinarajadasa
A bordo del “Oroya” Océano Atlántico, octubre de 1929.

Agradecemos al autor, Dr. C. Jinarajadasa, el expreso envío de estas sus recientes impresiones de la América Latina, para su publicidad en las páginas de El Loto Blanco. Sea su oculta vinculación entre todos los idealistas de España y de América el alma del nuevo día de esplendor anunciado.