La Resurrección de la Humanidad a través del Trabajo de las Naciones Unidas

por Luis A. Hernández R. el 13 de febrero de 2009

[EJ, 404-405] Que Cristo retorne a la Tierra. Este retorno no debe ser comprendido en su significado común y su tan conocido sentido místico cristiano. Cristo jamás abandonó la Tierra. Se refiere a la exteriorización de la Jerarquía y a su aparición exotérica en la Tierra. La Jerarquía oportunamente actuará en forma visible en la Tierra, guiada por el Cristo. Esto sucederá cuando el propósito de la voluntad divina y el plan que lo complementará sean mejor comprendidos, y cuando el período de reajuste, de iluminación y de reconstrucción del mundo, esté bien encaminado. Este período se inicia en la Conferencia de San Francisco (de allí su principal importancia), y avanzará al principio muy lentamente. Pero la Jerarquía no piensa en términos de años ni de ciclos breves (aunque largos para la humanidad), sino en términos de acontecimientos y de expansión de conciencia.

[EJ, 389-390] Resurrección es la nota clave de la naturaleza, pero no la muerte. La muerte es la antecámara de la Resurrección. Resurrección da la clave del mundo de significados y es el tema fundamental de todas las religiones del mundo, pasadas, presentes y futuras. Resurrección del espíritu en el hombre, en todas las formas, en todos los reinos; es el objetivo de todo proceso evolutivo, lo cual significa liberarse del materialismo y del egoísmo. En tal resurrección, la evolución y la muerte son meras etapas preparatorias y familiares. La tónica y el mensaje dados por el Cristo, cuando estuvo la última vez en la tierra, fue Resurrección, pero fue tal la morbosidad del género humano y estaba tan envuelto por el espejismo y la ilusión, que permitió que se desviara la comprensión de Su muerte, en consecuencia, durante siglos, el énfasis fue puesto sobre la muerte y, únicamente en el día de Pascua o en los cementerios, se recuerda la Resurrección. Esto debe cambiar. Permitir que esta situación se perpetúe no ayuda a la comprensión progresiva de las verdades eternas. La Jerarquía trata ahora de producir este cambio, alterando así el acercamiento de la humanidad al mundo de lo invisible y a las realidades espirituales.

El verdadero trabajo del Ciclo de Conferencias, sobre el cual escribí anteriormente, se iniciará en San Francisco. Allí se preparará el terreno para los procesos que darán entrada a una era de relativa tranquilidad, lo cual abrirá la puerta de la oscura caverna del materialismo y apartará la piedra del sepulcro, en el que durante tanto tiempo ha estado yacente la humanidad. Luego se darán los pasos que conducirán a una vida nueva y mejor, que dará expresión al Espíritu de Resurrección. Estos hechos -a producirse muy pronto- son físicos, demostrándose como tales, si los discípulos del mundo reconocen lo que Cristo quiere, y si los hombres y mujeres de buena voluntad se preparan para responder a tales deseos.

Sin embargo, antes de que la Jerarquía pudiera hacer algo, nuestra actual civilización debía morir. En el curso del siglo venidero, se develará el significado de la resurrección y la nueva era revelará su verdadera significación. El primer paso será el resurgimiento de la humanidad de la muerte de su civilización, de sus antiguas ideas y de sus modos de vida, el abandono de sus objetivos materialistas y su condenable egoísmo, y su progreso hacia la clara luz de la Resurrección. No hablo en términos simbólicos o místicos; me refiero a hechos, hechos tan reales e inminentes como el venidero Ciclo de Conferencias, para los cuales los últimos doscientos años han preparado a la humanidad. Esta preparación ha culminado en la inquietud del siglo XX, y ha conducido a los horrores de esta guerra mundial, 1914-1945.

[RI, 178] El [Gran] Concilio se celebra cada cien años y, en lo que a nuestra humanidad moderna concierne, se ha celebrado -según nuestras arbitrarias fechas- en 1725,1825 y 1925.

En dichos Concilios, Quienes son responsables del desarrollo planetario de algunos aspectos predeterminados, exponen Sus informes; se decide respecto a los nuevos desarrollos; se pone a Su disposición ciertos tipos de energía cósmica y solar, a fin de llevar a cabo los Planes que desarrollan el Propósito; dedicándose lógicamente mayor atención a la evolución de la conciencia en los tres mundos.

[LAHR:] Tras el Gran Concilio de 1725 la Jerarquía comenzó a planificar la entrada de las cualidades acuarianas al escenario mundial. Nos dice el Tibetano que este trabajo preparatorio de 200 años culminó con la creación de las Naciones Unidas tras la firma de su Carta en la Conferencia de San Francisco.

La nota clave del futuro es Resurrección, misma que el Cristo ejemplificará con su venida. La creación de las Naciones Unidas es un ejemplo claro del Espíritu de Resurrección que emergerá para el ciclo venidero, su labor netamente acuariana es la evidencia de la vida más abundante que deberá distribuirse equitativamente en la tierra.

[TVE, 11-12:] Antes que el Maestro Serapis emprendiera un trabajo especial, procuró inculcar ideas constructivas para ayudar a la humanidad. Concibió una unión mundial en el campo de la política, que se pondría de manifiesto como una asociación inteligente de naciones para preservar la paz internacional. Presentó la idea a los adeptos reunidos en cónclave, quienes consideraron que algo se debía hacer. El Maestro Jesús se encargó de presentarlo a Su grupo de discípulos, pues estaba trabajando en Occidente. Uno de los discípulos de los planos internos captó la sugerencia y la trasmitió, o más bien la adaptó, hasta que fue registrada por el cerebro del Coronel House, que no captó el origen –del cual era completamente inconsciente– y a su vez la trasmitió a ese aspirante de sexto Rayo llamado Woodrow Wilson. Entonces, nutrida con múltiples ideas análogas, provenientes de otras mentes, fue presentada al mundo. Se ha de tener presente que la función de un discípulo consiste en enfocar una corriente de energía de cualquier tipo particular en el plano físico, donde puede convertirse en un centro magnético y atraer hacia sí tipos de ideas similares y corrientes de pensamientos que no poseen la fuerza necesaria como para tener vida propia, ni hacer un impacto suficientemente fuerte sobre la conciencia humana.

En la unión está la fuerza. Ésta es la segunda ley que rige la comunicación telepática.

[LAHR:] El reestablecimiento del Plan en la Tierra no puede realizarse sin la participación consciente del discípulo grupal. Las leyes de la Telepatía así lo marcan y el Tibetano es claro en recordárnoslo. La Jerarquía necesita de la participación consciente de los grupos espirituales para establecer el camino entre lo de arriba y lo de abajo, para la resurrección de lo inferior a la gloria del Uno. Que nuestro grupo esté a la altura de la oportunidad para colaborar en la resurrección global a través del impulso del trabajo de las Naciones Unidas.