No vale la pena poseer lo que no se ha merecido ni se ha necesitado y en consecuencia no nos pertenece

por Djwhal Khul el 1 de julio de 2009

Faro

Bolivia y Chile ponen fin a una disputa histórica por un río fronterizo

Chile y Bolivia llegaron a un acuerdo sobre el uso de las aguas del río Silala, situado en la zona fronteriza, y acordaron una próxima habilitación del puerto de Iquique para el libre flujo del comercio del país altiplánico. […] Estos avances reflejan las buenas relaciones que actualmente mantienen los dos países suramericanos, que durante el siglo XIX se enfrentaron en dos guerras, en una de las cuales Bolivia perdió territorio y su salida al mar. Al buen estado de la relación bilateral han contribuido los lazos de simpatía y amistad entre los presidentes Michelle Bachelet, de Chile y Evo Morales, de Bolivia, además de las numerosas reuniones entre autoridades de ambos países.

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[CE, 178-179] La raza –a medida que se polariza más mentalmente– podrá encarar el problema desde el ángulo del sentido común, y decidirá que el pecado físico exige un castigo demasiado severo y que no vale la pena poseer lo que no se ha merecido ni se ha necesitado y en consecuencia no le pertenece.

Alrededor de estas ideas básicas se libró la guerra mundial (1914-1945). A la posesión ilegal de las tierras, territorios, bienes y pertenencias, denominamos agresión; pero en principio es lo mismo que violar, hurtar, robar. Hoy estos males no constituyen faltas y pecados individuales, sino que pueden ser características nacionales; la guerra mundial ha hecho surgir este problema a la superficie de la conciencia humana y la antigua lucha atlante se está librando amargamente con la probabilidad de que esta vez la Gran Logia Blanca triunfe. Esto no fue así en el primer conflicto. En ese entonces la guerra finalizó por la intervención del Logos planetario y esa antigua civilización descendió a las profundidades y fue sepultada por las aguas -símbolo de pureza, salubridad y universalidad, y por lo tanto un final apropiado para “una raza tuberculosamente orientada”, como los Maestros la han llamado. La muerte producida por inmersión y la muerte por confusas causas físicas, las cuales no se me permite describir, han sido probadas en el esfuerzo por salvar a la humanidad.

Hoy se aplica la técnica de la muerte por el fuego, y promete ser exitosa. En contradicción con las grandes crisis de Lemuria y Atlántida, la humanidad ya posee una mentalidad más alerta, reconoce las causas de las dificultades, ve con más claridad los móviles, y la voluntad al bien y el anhelo de cambiar las condiciones malignas del pasado es más fuerte que nunca. Lo que la conciencia pública está comenzando a manifestar hoy es algo totalmente bueno y nuevo.