Ocultismo práctico

por H. P. Blavatsky el 14 de Abril de 2007

IMPORTANTE PARA LOS ESTUDIANTES

Dado que muchas personas están en la búsqueda de instrucciones prácticas sobre Ocultismo, es necesario establecer de una vez y para siempre:

(a) La diferencia esencial entre el Ocultismo teórico y el práctico, o lo que es generalmente conocido como Teosofía por un lado y Ciencia Oculta por el otro —y:

(b) La naturaleza de las dificultades que entraña el estudio de esta última.

Es fácil ser un Teósofo. Cualquier persona de facultades intelectuales medias, con inclinaciones hacia lo metafísico, de vida pura e inegoísta, que encuentra mayor gozo en prestar ayuda a su prójimo que en recibirla, que está siempre dispuesto a sacrificar sus propios gustos por el bien de los demás, y que ame la Verdad, la Bondad y la Sabiduría en sí mismas, y no por el beneficio que puedan conferir; ése es un Teósofo.

Pero muy distinto es entrar en el sendero que conduce al conocimiento de lo que es bueno de hacerse, y al correcto discernimiento entre el bien y el mal; un sendero que además conduce al hombre a obtener el poder de hacer cuanto bien desea, a menudo sin siquiera mover un dedo en apariencia.

Hay además un importante hecho que el estudiante debe conocer: la enorme, casi ilimitada, responsabilidad asumida por el instructor en beneficio del discípulo. Desde los gurúes de Oriente que enseñan abiertamente o en secreto, hasta los pocos cabalistas de países occidentales que se embarcan en la tarea de enseñar a sus discípulos los rudimentos de la Ciencia Sagrada —siendo tales hierofantes occidentales a menudo ignorantes ellos mismos del riesgo a que se exponen— todos estos “instructores” están sujetos a la misma ley inviolable. Desde el momento en que comienzan a enseñar verdaderamente, desde el instante en que confieren cualquier poder a sus discípulos —sea una facultad psíquica, mental o física— toman sobre sí mismos todos los pecados del discípulo en conexión con las ciencias ocultas, ya sean de omisión o de comisión, hasta el momento en que la iniciación hace del discípulo un Maestro, ya responsable.[1] Hay una ley religiosa, mística y misteriosa, altamente reverenciada y observada en la Iglesia Griega, semi-olvidada en la Católica Romana, y absolutamente extinta en la Protestante. Data de los primeros días del cristianismo, y se basa en la ley a que nos referimos antes, de la cual es un símbolo y expresión. Es el dogma de la sacralidad absoluta de la relación entre el padrino y la madrina de un niño.[2] Éstos toman sobre sí mismos tácitamente todos los pecados del niño recién bautizado— quien es ungido, como en la iniciación, ¡en verdad un misterio!—hasta el día en que éste se convierte en una unidad responsable, con conocimiento del bien y del mal. Así, está claro por qué los “Instructores” son tan reticentes, y por qué a los “Chelas” se les exigen siete años de probación para demostrar su aptitud y desarrollar las cualidades necesarias para la seguridad, tanto del Maestro como del discípulo.

El Ocultismo no es magia. Es comparativamente fácil aprender trucos de hechicería y los métodos para utilizar las sutiles, pero todavía materiales, fuerzas de la naturaleza física. Los poderes del alma animal del hombre se despiertan rápidamente. Las fuerzas que su amor, su odio o su pasión pueden poner en operación se desarrollan con facilidad. Pero esto es magia negra, o hechicería. Porque es el motivo, y sólo el motivo, el que hace que el ejercicio de un poder sea magia negra, maligna, o bien magia blanca, beneficiosa. Es imposible utilizar fuerzas espirituales si en el operador queda la más leve huella de egoísmo. Porque, a menos que la intención sea absolutamente pura, la voluntad espiritual se transmutará en psíquica, obrando en el plano astral con tal vez funestos resultados. Los poderes y fuerzas de la naturaleza animal pueden ser utilizados tanto por el egoísta y vengativo como por el inegoísta e indulgente; los poderes y fuerzas del espíritu sólo cederán al manejo de quien tenga perfectamente puro el corazón; y esto es MAGIA DIVINA.

Así pues ¿cuáles son las condiciones requeridas para ser un estudiante de la “Divina Sapientia”? Porque debe tenerse presente que no es posible dar instrucción alguna sobre este tema a menos que durante los años de estudio se satisfagan y se cumplan rigurosamente ciertas condiciones. Éste es un requisito sine quâ non. Ningún hombre puede nadar si no se sumerge en aguas profundas. Ningún pájaro puede volar a menos que sus alas hayan crecido, y que tenga enfrente el espacio y el valor para lanzarse al aire. El hombre que pretenda manejar una espada de doble filo, si no quiere herirse—o lo que es peor—herir a otros en el primer intento, debe ante todo dominar a la perfección el arma sin filo.

A continuación se ofrece una página de las “reglas privadas” que posee todo instructor oriental, para dar una idea aproximada de las condiciones en las que únicamente puede proseguirse el estudio de la Sabiduría Divina en forma segura, es decir, sin riesgo de que lo Divino dé lugar a la Magia Negra. Los pocos pasajes que siguen fueron escogidos entre un gran número de ellos, y se explican entre corchetes:

1º El lugar elegido para recibir instrucción debe estar calculado para que no se distraiga la mente, y lleno de objetos magnéticos de “estimuladora influencia”. Los cinco colores sagrados reunidos en un círculo deben estar allí entre otras cosas. El lugar debe hallarse libre de toda influencia maligna presente en el aire.

[El lugar debe apartarse para ser utilizado exclusivamente con este propósito. Los cinco “colores sagrados” son los matices del espectro, dispuestos en determinado modo, puesto que dichos colores son muy magnéticos. Por “influencias malignas” se entiende toda perturbación debido a disensiones, peleas, malos sentimientos, etc., ya que se dice que éstas se imprimen inmediatamente en la luz astral, esto es, en la atmósfera del lugar, estando así “presentes en el aire”. Esta primera condición parece muy fácil de cumplir pero, considerada más profundamente, resulta una de las más difíciles de obtener.]

2º Antes de que se le permita al discípulo estudiar “cara a cara”, ha de adquirir una comprensión preliminar en la compañía selecta de otros upāsakas (discípulos) laicos, cuyo número debe ser impar.

[“Cara a cara” significa en este caso un estudio independiente o separado de los demás, cuando el discípulo adquiere la instrucción frente a frente, ya sea de sí mismo (su Ser Divino, superior) o de su gurú. Es sólo entonces que cada cual recibe su cuota de información, de acuerdo al uso que haya hecho de su conocimiento. Esto sólo puede suceder hacia el final del ciclo de instrucción.]

3º Antes de que tú (el instructor) le impartas a tu Lanú (discípulo) las buenas (santas) palabras del LAMRIN, o le permitas “prepararse” para Dubjed, tendrás que asegurarte que su mente esté por completo purificada y en paz con todos, en especial con sus otros Yos. De lo contrario las palabras de la Sabiduría y de la buena Ley se dispersarán arrastradas por los vientos.

[“Lamrin” es un tratado de instrucciones prácticas escrito por Tson–kha–pa, en dos partes: una, con fines eclesiásticos y exotéricos, la otra para uso esotérico. “Preparar” para Dubjed es preparar los objetos usados como vehículos para la videncia, tales como espejos y cristales. Los “otros Yos” se refieren a los condiscípulos. A menos que entre los aprendices reine la mayor armonía, ningún éxito será posible. Es el instructor el que hace la selección según las naturalezas magnéticas y eléctricas de los estudiantes, reuniendo y ajustando muy cuidadosamente los elementos positivos y negativos.]

4º Durante el estudio los upāsakas deben mantenerse unidos como los dedos de una mano. Imprimirás en sus mentes que todo cuanto aflija a uno debería afligir a los demás; y si lo que a uno alegra no encuentra eco en el pecho de los otros, entonces las condiciones requeridas están ausentes, y será inútil seguir adelante.

[Difícilmente sucederá esto si la elección preliminar se hizo de acuerdo a los requisitos magnéticos. Se sabe que chelas prometedores y aptos para recibir la verdad tuvieron que esperar por años, debido a su temperamento y a la imposibilidad que sentían para ponerse a tono con sus compañeros. Porque:]

5º El gurú debe armonizar a los condiscípulos como si fueran cuerdas de un laúd (vina), cada una distinta de las otras pero emitiendo sonidos en armonía con las demás. Ellos deben formar colectivamente un teclado que responda en su totalidad a tu más ligero toque (el toque del Maestro). Así sus mentes se abrirán a las armonías de la Sabiduría, para vibrar como conocimiento a través de todos y cada uno, cuyos efectos resultantes serán agradables a los dioses presidentes (ángeles tutelares o custodios) y provechosos para el Lanú. Así, la Sabiduría se imprimirá por siempre en sus corazones, sin que se quebrante jamás la armonía de la ley.

6º Quienes deseen adquirir el conocimiento que conduce a los Siddhis (poderes ocultos) han de renunciar a todas las vanidades de la vida y del mundo (aquí sigue la enumeración de los Siddhis).

7º Ninguno puede sentir diferencias entre sí mismo y sus condiscípulos, tal como “Yo soy el más sabio”, “Yo soy más santo y más grato al instructor, o en mi comunidad, que mi hermano”, etc, y continuar siendo un upāsaka. Sus pensamientos han de estar predominantemente fijos sobre su corazón, ahuyentando de él todo pensamiento hostil hacia cualquier ser viviente. Éste (el corazón) debe estar lleno del sentimiento de su no-separatividad del resto de los seres, y de todo en la naturaleza. De lo contrario, no es posible el éxito.

8º Un Lanú (discípulo) debe temer sólo a las influencias externas vivientes (las emanaciones magnéticas de los seres vivos). Por esta razón, aunque en unidad con todo en su naturaleza interna, debe tener cuidado de apartar su cuerpo externo de toda influencia extraña: nadie sino él ha de comer en su plato y beber de su vaso. Debe evitar el contacto corporal (esto es, tocar o que le toquen) con seres humanos, como también con animales.

[Los animales domésticos no están permitidos, e incluso está prohibido tocar ciertos árboles y plantas. El discípulo ha de vivir, por decirlo así, en su propia atmósfera, a fin de individualizarla con propósitos ocultistas.]

9º La mente debe permanecer embotada a todo excepto a las verdades universales de la naturaleza, no sea que la “Doctrina del Corazón” se convierta sólo en “Doctrina del Ojo” (esto es, el vacío ritualismo exotérico).

10º El discípulo no debe tomar alimentos animales de ninguna clase, nada que tenga vida. Tampoco ha de beber vino, ni licores, ni usar opio, pues estas cosas son como los Lhamayin (espíritus malignos) que se aferran al incauto. Ellos devoran el entendimiento.

[Se supone que el vino y los licores contienen y conservan el mal magnetismo de todos aquellos que contribuyeron en su fabricación. La carne de cada animal conserva las características psíquicas de su clase.]

11º Los medios más eficaces para adquirir conocimiento y disponerse para la recepción de la sabiduría superior son: la meditación, la abstinencia en todo, el cumplimiento de los deberes morales, los pensamientos nobles, las buenas acciones y las palabras amables, como también la buena voluntad hacia todo, con entero olvido del Yo.

12º Únicamente por la estricta observancia de las reglas anteriores el Lanú puede esperar adquirir, a su debido tiempo, los Siddhis de los Arhats, cuyo desenvolvimiento le convertirá gradualmente en Uno con el TODO UNIVERSAL.[3]

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Estos 12 extractos están sacados de unas 73 reglas, cuya enumeración sería inútil porque no tendrían significado en Europa. Pero incluso estas pocas bastan para mostrar las inmensas dificultades que asedian en el sendero del aspirante a “Upāsaka” nacido y educado en países occidentales.[4] Toda la educación en Occidente, y especialmente en Inglaterra, está penetrada por el principio de competencia y lucha. Cada niño es presionado a aprender más rápidamente, a dejar atrás a sus compañeros y a superarlos en toda forma posible. Se cultiva con asiduidad la erróneamente llamada “rivalidad amistosa”, y este mismo espíritu es estimulado y fortalecido en cada detalle de la vida.

Con tales ideas inculcadas desde su niñez ¿cómo puede un occidental sentirse “como los dedos de la mano” con sus condiscípulos? Además, estos condiscípulos no son de su propia elección, escogidos por él a partir del aprecio y la simpatía personal. Los elige su instructor basado en consideraciones muy distintas, y quien desee ser estudiante debe primero ser lo suficientemente fuerte como para matar en su corazón todo sentimiento de aversión y antipatía hacia los demás. ¿Cuántos occidentales están preparados siquiera para intentar esto sinceramente?

Y después están los pormenores de la conducta diaria, la prescripción de no tocar ni aun la mano de la persona más íntima y querida. ¡Cuán opuesto a las nociones occidentales sobre el afecto y los buenos sentimientos! ¡Cuán frío y duro parece esto! Y egoísta también, dirán las personas, el abstenerse de complacer al prójimo a fin de beneficiar nuestro propio progreso. Bueno, que los que opinen así difieran hasta otra encarnación el intento de entrar en el sendero con verdadera resolución. Pero que no se jacten de su imaginario inegoísmo. Porque, en realidad, se dejan engañar sólo por apariencias y convencionalismos, basados en efusiones emocionales o en la llamada cortesía, todo lo cual pertenece a la vida ilusoria, no a los dictados de la Verdad.

Pero aun prescindiendo de estas dificultades que podrían considerarse como “externas”, si bien su importancia no deja de ser grande, ¿cómo harán los estudiantes occidentales para ponerse “a tono” con la armonía que se requiere? En Europa y América la personalidad se ha vuelto tan fuerte que no hay escuela, incluso de artistas, donde sus miembros no se odien ni se envidien mutuamente. El odio y la envidia entre los de una misma profesión han llegado a ser proverbiales. Los hombres buscan beneficiarse a toda costa, e incluso la llamada cortesía social no es más que una máscara vacía que oculta los demonios del odio y de la envidia.

En Oriente, el espíritu de no-separatividad se le inculca a la niñez tan incesantemente como en Occidente el espíritu de rivalidad. Allí no se fomenta que la ambición o los sentimientos y deseos personales crezcan de un modo tan desenfrenado. Cuando el terreno es naturalmente bueno, se lo cultiva de la forma apropiada, y el niño se convierte en un hombre en quien el hábito de subordinación del yo inferior frente al Superior es fuerte y poderoso. En Occidente los hombres creen que su propio gusto y disgusto de los demás y de las cosas son los principios que deben guiar su conducta, incluso si no llegan a convertirlos en la ley de sus vidas tratando de imponerlos a otros.

Que aquellos que se quejan de haber aprendido poco en la Sociedad Teosófica reflexionen sobre las siguientes palabras escritas en un artículo de la revista The Path de Febrero de 1888: “La clave en cada etapa está en el aspirante mismo”. “El comienzo de la Sabiduría” no es “el temor de Dios”, sino que el conocimiento del YO es la SABIDURÍA MISMA.

Cuán grande y cierta le parece al estudiante de Ocultismo que ha comenzado a comprender algunas de las verdades precedentes, la respuesta dada por el Oráculo de Delfos a todos cuantos venían buscando la Sabiduría Oculta, palabras repetidas y promovidas una y otra vez por el sabio Sócrates: HOMBRE, CONÓCETE A TI MISMO.

(Collected Writings 9:155-62)
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Traducción del inglés al español por Pablo D. Sender
Departamento de Educación de la Sociedad Teosófica en América.

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Notas:

1 El “Gurú Espiritual”, tomando al estudiante de la mano, lo conduce e introduce en un mundo completamente desconocido para el discípulo . . . En tanto el discípulo actúe siendo demasiado ignorante como para estar seguro de su visión y poderes de discernimiento ¿no es natural que sea su guía el responsable por las faltas de aquél a quien condujo hacia tales peligrosas regiones?

[La anterior es parte de una respuesta que Mme. Blavatsky publicó ante una pregunta hecha sobre el presente artículo.  (Ver Collected Writings Vol. 9, pp. 285-6)] (Nota del Traductor)

2 Tan sagrada se juzga en la Iglesia Griega la conexión que se forma, que el matrimonio entre padrino y madrina de un mismo niño se considera como la peor clase de incesto. Es declarado ilegal y disuelto por ley. Esta prohibición absoluta alcanza incluso a los hijos del padrino y de la madrina.

3 El Chelado no tiene nada que ver con los medios de subsistencia, ni nada por el estilo, porque un hombre puede aislar su mente completamente de su cuerpo y del medio que lo rodea. El Chelado es un estado de la mente, más que una vida regulada por reglas inflexibles en el plano físico. Esto se aplica especialmente al primer período, el probatorio, mientras que las reglas dadas en “Ocultismo Práctico” pertenecen a una etapa posterior, la del verdadero entrenamiento oculto, y el desarrollo de la intuición y los poderes ocultos. Estas reglas señalan, sin embargo, el modo de vida que debería ser llevado por todos los aspirantes hasta donde éste sea practicable, ya que es lo que más los ayudará en sus aspiraciones.

Nunca debe olvidarse que el Ocultismo trata con el hombre interno, quien debe ser fortalecido y liberado del dominio del cuerpo físico y del medio que lo rodea. Éstos deben convertirse en sus servidores. De aquí que la primera y más importante necesidad para el Chelado sea un espíritu de absoluto inegoísmo y devoción a la Verdad. Después siguen el auto-conocimiento y el auto-dominio. Esto es lo importante, mientras que la observancia externa de reglas de vida rígidas es una cuestión de importancia secundaria. [La anterior es una respuesta que Mme Blavatsky publicó ante una pregunta hecha sobre el presente artículo. (Ver Collected Writings Vol. 11, pp. 300-1)] (Nota del Traductor)

4 Recuérdese que todos los chelas, incluso los discípulos laicos, son llamados Upāsakas hasta recibir la primera iniciación, cuando se les da el nombre de Lanú-Upāsaka. Hasta entonces, incluso aquellos que pertenecen a las Lamaserías y están ya seleccionados, son considerados laicos.