La meditación en el OM

por H. P. Blavatsky el 7 de marzo de 2007

(1) Cada ser humano es una encarnación de su Dios, en otras palabras, es uno con su “Padre en los Cielos”, tal como se le hace decir a Jesús, un Iniciado. Así como hay muchos hombres en la tierra, así también hay muchos Dioses en el Cielo, y sin embargo estos dioses son en realidad Uno , ya que al final de cada período de actividad, ellos se retiran como los rayos del sol poniente dentro de la Luminaria Progenitora, el Logos Inmanifestado, el cual a su vez se funde con el Absoluto Uno. ¿Llamaríamos a estos “Padres” de nosotros, ya sea individual o colectivamente y bajo cualquier circunstancia, nuestro Dios personal ? El Ocultismo contesta, Nunca . Todo lo que un hombre común y corriente puede conocer de su “Padre” es lo que conoce de, a través y dentro de sí mismo. El Alma de su “Padre Celeste” está encarnada en él; esta alma es él mismo, si es que tiene éxito en asimilar la individualidad divina mientras que aún se encuentra en su cascarón físico, animal. En cuanto al Espíritu de esto, sería tanto como querer ser escuchados por el Absoluto. Nuestros rezos y súplicas serán vanos, a menos de que a las palabras potenciales agreguemos actos potenciales y hagamos el aura que rodea a cada uno de nosotros tan pura y divina que le permita al Dios en nosotros actuar exteriormente, es decir, que llegue a ser como una potencia externa. Es así como los Iniciados, los Santos y los hombres muy santos y puros han podido ayudar a otros al igual que a sí mismos en la hora de necesidad, y pudieron producir lo que tontamente se llaman “milagros”, cada uno por medio y con el auxilio del Dios dentro de sí mismo, al cual solamente él capacitó para actuar en el plano exterior.

(2) La palabra Aum, u Om, la cual corresponde al triangulo superior, si es pronunciada por un hombre muy santo y puro, removerá, o despertará, no sólo las potencias menos exaltadas que residen en los espacios planetarios, y en los elementos, sino incluso a su Sí Superior, o al “Padre” dentro de él. Pronunciada de la manera correcta, por un hombre bueno promedio, lo reforzará moralmente, especialmente sí entre dos “Aums” medita intensamente en el “ Aum ” dentro de él, concentrado toda su atención en la gloria inefable. Pero ¡Hay de aquél! que lo pronuncie después de haber cometido algún grave pecado: ya que por esto él sólo atraerá a su propia fotosfera impura presencias invisibles y fuerzas que de otra manera no podrían penetrar a través de la divina envoltura. Se les invita a todos los miembros de la Sección Esotérica—si es que están resueltos a poner todos los medios por aprender—a pronunciar la palabra divina antes de irse a dormir y la primera cosa al despertarse. El Hermano Judge, de Nueva York, tiene el acento correcto y se los puede impartir a los que están en los Estados Unidos.

Aum es el original de Amen. Ahora bien, Amen no es una palabra hebrea, sino que, como la palabra Halleluiah , fue tomada prestada por los judíos y los griegos de los caldeos. Este último término frecuentemente se le encuentra repetido en ciertas inscripciones mágicas sobre copas y urnas entre las reliquias babilónicas y ninivitas. (Ver esto en el Museo Británico) Amen no significa “así sea” o simplemente “en verdad”, sino que en la remota antigüedad significaba casi todo lo que significa la palabra Aum. Los judíos tanaim (Iniciados) lo usaban por la misma razón y con el mismo éxito: el valor numérico de AMeN en letras hebreas siendo 91, lo mismo que el valor total de YHVH * 26 y ADeNaY , 65, o 91. Ambas palabras significan la afirmación del ser, o de la existencia, y del “Señor” asexual dentro de nosotros.

* Jod-Hevah, o macho-hembra en el plano terrestre, tal como ha sido inventado por los judíos y que ahora está redactado para que signifique Jehovah; pero que en realidad y literalmente significa; “dar el ser” y “recibir la vida”.

(3) La ciencia Esotérica enseña que cada sonido en el mundo visible despierta su correspondiente sonido en los reinos invisibles, e incita a la acción a alguna fuerza u otra en el lado oculto de la naturaleza. Además, cada sonido corresponde a un color y con un número, con una potencia espiritual, psíquica o física, y a una sensación en algún plano. Todos estos encuentran un eco en cada uno de los elementos hasta ahora desarrollados, incluso en el plano terrestre, en las Vidas que pululan en la atmósfera terrestre, incitándolas así a al acción.

De aquí que una plegaria, a menos de que sea pronunciada mentalmente y dirigida al “Padre” de uno en el silencio y soledad de su propio “retiro”, debe tener más frecuentemente resultados desastrosos que benéficos, en vista de que las masas son completamente ignorantes de los efectos que producen. Para producir buenos efectos, la oración debe de ser pronunciada por “uno que sabe como hacerse escuchar en el silencio,” cuando ya no es una plegaria sino una orden. ¿Por qué se muestra a Jesús prohibiendo ir a sinagogas públicas? Seguramente todo hombre orante no era un hipócrita y un mentiroso, ni tampoco un Fariseo que ama que la gente lo vea rezando. Debemos suponer, que él tenía un motivo: el mismo motivo que impulsa al ocultista experimentado a impedir que sus alumnos vayan a lugres atestados de gente, ahora como entonces, y de no entrar en iglesias, en cuartos de sesiones espiritistas, etc., a menos de que uno esté en simpatía con la gente.
Los estudiantes en el Occidente tienen muy poca o ninguna idea de las fuerzas que yacen latentes en el Sonido, las vibraciones Akasicas que pueden levantarse por aquellos que entiznen como pronunciar ciertas palabras. El Om o el “Om mani padme hum” están en afinidad espiritual con las fuerzas cósmicas, pero sin un conocimiento de la disposición natural, o del orden en que están puestas las sílabas, muy poco puede lograse. “Om” es, desde luego, Aum, el cual puede ser pronunciado como dos, tres o siete sílabas, haciendo surgir diferentes vibraciones.

H. P. Blavatsky E.S.T. Instruction I , HPB Press, 1891. pp. 19-21. Reimpreso en: H.P. Blavatsky Collected Writings , Vol. XII. pp. 533-535. T.P.H. Wheaton. 1980. The Esoteric Papers of Madame Blavatsky , comp. por D. Caldwell, Kessinger Pub. 2004, pp. 105-107.

Traducido por J. Rodros, México, 1993 .

Notas a la Instrucción I

Ahora bien, las letras, como sonidos vocales, no pueden dejar de corresponder con las notas musicales y por lo tanto con los números y los colores; de aquí que también con las fuerzas y las Tattvas. Aquél que recuerda que el universo está construido por las Tattvas, comprenderá con facilidad algo del poder que puede ser ejercido por el sonido vocal. Cada letra en el alfabeto, ya sea que esté dividida en tres, cuatro o siete septenarios, o cuarenta y nueve letras, tiene su propio color, o matiz de color. Aquél que haya aprendido los colores de las letras alfabéticas, y los números correspondientes de los siete y los cuarenta y nueve colores y matices en la escala de los planos y fuerzas, y que conozca su respectivo orden en los siete planos, dominará fácilmente el arte de ponerlos en afinidad o interacción. Pero aquí surge una dificultad, los alfabetos Senzar y Sánskrito, y otras lenguas ocultas, además de otras potencias, tienen un número, un color y una sílaba distinta para cada letra, y así lo tenía el antiguo hebreo Mosaico. ¿Pero cuántos de la S.E. conocen alguna de estas lenguas? Por lo tanto, cuando llegue el tiempo, bastará con enseñar a los estudiantes los números y colores ligados solamente con las letras Latinas (Nota: tal como son pronunciadas en latín, no en anglosajón, escocés, o irlandés). Sin embargo, esto sería prematuro por el momento.

Los colores y números de no sólo los planteas sino también de las constelaciones zodiacales que corresponden con cada letra del alfabeto, son necesarias para hacer operativa cualquier silaba especial, e incluso una letra.*

*Ver La Voz del Silencio, p. viii.

Por lo tanto, para que un estudiante haga operativo a Buddhi, por ejemplo, tendrá que entonar las primeras palabras del mantra en la nota mi . Pero tendrá además que acentuar el mi , y producir mentalmente el color amarillo correspondiente a ese sonido y nota; en cada letra M en “ Om maní padme hûm ”; esto, no porque la nota tenga el mismo nombre en la lengua vernácula, en sánskrito, o incluso en el Senzar, ya que esto no es así—sino porque la letra M sigue a la primera letra, y en esta fórmula sagrada es también la séptima y la cuarta. Como Buddhi es la segunda; como Buddhi-Manas es la segunda y tercera combinadas.

H. P. Blavatsky E.S.T. Appendix, Notes on Instructions I , II and III . HPB Press, 1891, pp. 115-116. Reimpreso en: H.P. Blavatsky Collected Writings , Vol. XII. pp. 642-643. T.P.H. Wheaton. 1980. The Esoteric Papers of Madame Blavatsky , comp. por D. Caldwell, Kessinger Pub. 2004, pp. 469-470.

Traducido por J. Rodros, México, 1993

Revista Âtma Vidyâ, 2:29-30

Blavatsky Editorial, México, 2005