El Sendero: pintura al óleo de Reginald W. Machell

por Grupo de Servicio el 24 de Febrero de 2004

The Path -  Reginald W. Machell

Pintura al óleo de Reginald W. Machell
Sociedad Teosófica, Pasadena. California

de Reginald W. Machell

Esta pintura simbólica esta expuesta en el edificio de administración de la Sede Internacional de la Sociedad Teosófica en Pasadena, California.

El Sendero es el camino que el alma humana debe recorrer en su evolución hasta la autoconciencia espiritual plena. La condición suprema se sugiere en esta obra por la gran figura cuya cabeza en el triángulo superior se pierde en la gloria del Sol en lo alto, y cuyos pies se posan en el triángulo inferior en las aguas del Espacio, simbolizando Espíritu y Materia. Sus alas llenan la región intermedia representando el movimiento o pulsación de la vida cósmica, mientras dentro del octágono se muestran los distintos planos de consciencia a través de los cuales la humanidad debe emerger para lograr la madurez humana perfecta.

Arriba está una Isis alada, la Madre o Alma Omniabarcante, cuyas alas cubren la faz de lo Supremo de aquellos abajo. Hay un círculo escasamente visible de figuras celestiales que saludan con júbilo el éxito de un nuevo iniciado, ese que ha llegado hasta el corazón de lo Supremo. Desde ese punto él compasivamente mira atrás hacia todos los que todavía merodean abajo y se vuelve para descender otra vez en su ayuda como Salvador. Debajo de él esta el círculo rojo de los guardianes que embaten a quienes no poseen la contraseña, simbolizada por la llama blanca posada sobre la cabeza del aspirante purificado. Dos niños, representando la pureza, pueden pasar libremente. En el centro de la pintura hay un guerrero quien ha matado al dragón de la ilusión, el dragón del yo inferior, y ahora se apresta a cruzar el abismo usando al cuerpo del dragón como su puente (porque subimos por peldaños hechos de nuestras propias debilidades, el fenecido dragón de nuestra naturaleza inferior).

A un lado dos mujeres suben, una ayudada por la otra cuya túnica es blanca y su llama se aviva según ayuda a su hermana menor. Cerca de ellas un hombre sube desde la oscuridad, con bolsas de dinero colgando de su cinturón pero sin la llama en la cabeza, y ya la lanza del guardián de fuego se apresta sobre él lista para atacar al indigno en su momento de triunfo. No muy lejos está el poeta cuya llama esta cubierta por una nube roja (pasión) y quien yace moribundo, abatido por la lanza del guardián, pero según muere, un rayo de luz desde el corazón de lo Supremo le llega como promesa de un futuro triunfo en una vida posterior.

Al otro lado está un estudiante de magia, siguiendo la luz de una corona (ambición) puesta en alto por una figura movediza quien le dirige hasta el borde de un precipicio sin puente para él, sostiene el libro de ritos y piensa que la luz de la esplendorosa corona proviene de lo Supremo, pero el cisma aguarda a su víctima. A su lado su fiel seguidora cae sin que él se de cuenta, pero un rayo desde el corazón de lo Supremo también se posa sobre ella, la recompensa de la devoción desinteresada, aún por una causa equivocada.

Mas abajo aún, en los mundos inferiores, un niño aparece debajo de las alas de la madre adoptiva (la Naturaleza material) y es armado Caballero mediante símbolos del poder del Alma: la espada del poder, la lanza de la voluntad, el yelmo del conocimiento y la cota de malla, entrelazada por los hechos de experiencias pasadas.

Se dice en un libro antiguo: “El Sendero es uno para todos, la forma de llegar hasta la meta varía de acuerdo al Peregrino.”