Un llamado al servicio

por Djwhal Khul el 27 de febrero de 2001

1. La unidad del mundo, la hermandad en su verdadero sentido, el acrecentamiento del intercambio telepático, la eliminación de lo no esencial que separa los pensamientos de los hombres y produce separatividad en el plano físico y el verdadero énfasis puesto sobre los fundamentos de la Sabiduría Eterna, la manifestación de una verdadera comprensión, la realización de la unificación con el alma, y el reconocimiento de aquellos que pertenecen al grupo de los Salvadores del mundo, es el trabajo inmediato que debe realizarse y absorber toda su atención.

Esto y sólo esto, justifica la entrega de todo lo que alguno de ustedes puede dar -amor y vida, tiempo y dinero.

Esto y sólo esto, justifica la existencia de cada uno, y evoca, en todos aquellos que responden a la visión, ese autosacrificio absoluto que es tan raro encontrar y de efectos tan trascendentes. Ofrendar todo lo que uno posee a los pies del Señor de la Vida para poder avanzar en el trabajo de salvación mundial, eliminar de la vida todos los obstáculos, dar todo lo que uno tiene, hasta el dolor de dar, reglamentar la propia vida sobre la base del renunciamiento, interrogándose a cada instante: ¿Qué renuncias debo hacer para poder ayudar más eficazmente?; eso y aún mucho, queda ante todos aquellos que oyen el llamado y responden a la necesidad y a la oportunidad.

Discipulado en la Nueva Era, I: p. 312

2. Cada vez que hay una tendencia a la síntesis y comprensión en el mundo; cada vez que lo inferior es fusionado con lo superior y la unidad es mezclada con el todo; cada vez que los conceptos grandes y universales hacen su impacto sobre las mentes de las masas, hay un consiguiente desastre y cataclismo y una destrucción del aspecto forma y de lo que podría evitar que esos conceptos se convirtieran en realidades en el plano físico. Este, por lo tanto, es el problema de los trabajadores jerárquicos: cómo evitar el tan temido sufrimiento y conducir al hombre, mientras la oleada de realización espiritual invade al mundo y efectúa su necesario trabajo. De allí el presente llamado al servicio, emitido como una clarinada para el oído atento de todos los discípulos.

Este llamado al servicio halla generalmente una respuesta, pero una respuesta matizada por la personalidad del aspirante y por su orgullo y ambición. La necesidad es verdaderamente comprendida. El deseo de satisfacer esa necesidad es genuino y sincero; el anhelo de servir y elevarse es verdadero. El estudiante da los pasos necesarios que lo capacitarán para adaptarse al plan. Pero el inconveniente que debemos enfrentar forzosamente en el aspecto interno es que, aun no existiendo duda alguna respecto a la voluntad y deseo de servir, los caracteres y temperamentos son de tal índole, que se presentan dificultades casi insuperables. Por medio de estos aspirantes tenemos que hacer el trabajo, y con frecuencia el material que nos brindan da mucho que hacer.

Características latentes

Estas características latentes, a menudo no aparecen hasta después de haber emprendido el servicio. Los guías observadores pueden sospechar su existencia, pero ni aun ellos tienen el derecho de negar la oportunidad. Cuando tardan en aparecer, lo trágico es que otros sufren además del aspirante. A medida que el elemento humano se hace sentir y se desprende de la niebla del idealismo, de los hermosos planes y del demasiado hablar y reajustar, muchos son atraídos por el idealismo sincronizado que se congrega en torno al servidor. Cuando aparecen sus ocultas debilidades, esta gran mayoría sufre juntamente con él. El método de los Grandes Seres, de buscar a quienes se han entrenado en cierta medida para responder sensiblemente y trabajar por medio de ellos, trae consigo ciertos peligros. El aspirante común, bien intencionado, no se halla tan en peligro como el discípulo más avanzado y activo. El peligro lo acecha entres direcciones y puede arrastrarlo de tres maneras:

I. Toda su naturaleza está bajo un indebido estímulo, debido a sus contactos internos y a las fuerzas espirituales con las cuales está en contacto; esto lleva consigo un verdadero peligro, porque apenas sabe cómo manejarse a sí mismo y casi es inconsciente del riesgo que corre.

II. Las personas que trabajan con él son, a su vez, su problema. Su codicia, adulación, elogios y críticas, tienden a oscurecer su camino. Porque no está suficientemente desapegado ni espiritualmente avanzado, camina como aturdido en una nube de formas mentales, sin saberlo. Pierde así su camino y divaga, desviándose de su intento original, y tampoco lo sabe.

III. Su latente debilidad emergerá bajo la presión del trabajo, e inevitablemente dará señales de derrumbe, si puedo emplear esta palabra. Se fortalecerán las fallas de la personalidad a medida que trata de expresar en el mundo su forma especial de servicio. Me refiero a ese servicio buscado por él mismo y formulado desde las profundidades de la ambición personal y amor al poder, aunque sea o no, parcialmente reconocido. Lógicamente está bajo tensión y -como hombre que lleva una carga pesada en una cuesta empinada – descubre puntos de tensión y evidencia la tendencia a derrumbarse físicamente, o a empequeñecer su ideal para estar de acuerdo con su debilidad.

A todo esto hay que agregar la tensión de la época misma, y la condición general de la desdichada humanidad. Esto subconscientemente tiene su efecto en todos los discípulos, y en quienes actualmente trabajan en el mundo. Algunos demuestran signos de presión física, aunque la vida interna permanezca equilibrada y normal, sensata y correctamente orientada. Otros decaen emocionalmente, y esto produce dos efectos distintos según el grado de desarrollo del aspirante al servicio. A través de la tensión pueden estar aprendiendo el desapego, y en forma curiosa esto podría llamarse el “mecanismo de defensa” del alma en el presente período del desarrollo mundial, o estar cada vez más nerviosos, y en camino de convertirse en neuróticos. Otros, a su vez, sienten la presión en el cuerpo mental. En algunos casos están Confundidos, y no ven con claridad la verdad. Entonces siguen trabajando sin ninguna inspiración, porque saben que es correcto y también porque tienen el ritmo del trabajo. Otros captan la oportunidad tal cómo la ven, y para hacerlo acuden a la innata autoimposición (que es la principal falla de tipo mental), erigen una estructura en torno a su servicio y construyen una forma que en realidad encarna lo que ellos desean, y creen correcto, pero es separatista y fruto de sus mentes, no de sus almas. Otros, a su vez, que son más poderosos y están mejor coordinados, sienten la presión de la entera personalidad; la versátil naturaleza psíquica responde tanto a la necesidad como a la teoría del plan; comprenden que su acerbo es realmente valioso y saben que tienen algo con que contribuir. Pero están aún, tan satisfechos de su personalidad que el servicio se ve gradual y continuamente llevado al nivel de esa personalidad, por estar sus simpatías y antipatías, sus tendencias y hábitos individuales de vida, matizados por sus reacciones. Estas eventualmente se imponen y entonces el trabajador hace un buen trabajo, pero lo echa a perder debido a su separatividad inconsciente y sus métodos individuales. Esto significa que tal trabajador reúne a su alrededor sólo a quienes puede subordinar y gobernar. Su grupo no estará matizado por los impulsos de la nueva era, sino por los instintos separatistas del trabajador en el centro. El peligro es tan sutil que un discípulo debe tener mucho cuidado al hacer su propio análisis. Es tan fácil dejarse ilusionar por la belleza y visión de los ideales propios, por la supuesta rectitud de su propia posición y, sin embargo, estar todo el tiempo bajo la influencia subjetiva del amor al poder personal, ambición individual, celos de otros trabajadores y las muchas trampas que acechan al incauto discípulo.

Pero si se cultiva verdadera impersonalidad, se desarrolla el poder de mantenerse firme, se maneja toda la situación con espíritu de amor, no se actúa precipitadamente ni permite que se infiltre la separatividad, entonces se desarrollará un grupo de verdaderos servidores, que reunirá a quienes puedan materializar el plan, producir el nacimiento de la nueva era y sus consiguiente milagros.

Discipulado en la Nueva Era, I: pp. 444-446.

3. Trataré de hacer dos cosas:

I. Indicar el objetivo inmediato para los estudiantes de este siglo y resumir los pasos que deben dar.

II. Indicar lo que debe ser eliminado y vencido, más los castigos en que incurren el neófito y el discípulo, cuando cometen errores, y las faltas perdonadas.

La meta inmediata

Debe ser bien reconocida la meta inmediata, si se quieren evitar esfuerzos inútiles y alcanzar verdadero progreso. Muchos aspirantes bien intencionados son propensos a dedicar demasiado tiempo a sus aspiraciones y a formular sus planes para el servicio. La aspiración mundial es actualmente tan pronunciada y la humanidad se está orientando tan poderosamente hacia el sendero, que en todas partes las personas sensibles son arrastradas hacia ese vórtice de deseo espiritual, y anhelan ardientemente alcanzar en la vida la liberación y emprender empresas espirituales y registrar la conciencia del alma. El reconocimiento de sus propias posibilidades latentes es hoy tan fuerte que se sobrestiman a sí mismos; dedican todo su tiempo en imaginarse que son místicos ideales, o en deplorar su falta de realización espiritual o fracaso si no obtienen una esfera de servicio. Por un lado se pierden en los vagos y nebulosos reinos de un hermoso idealismo, de coloridas hipótesis y de encantadoras teorías; por otro se engolfan en un campo fructífero de servicio, haciendo autodramatizaciones como centros de poder; desarrollan planos mentales para esfuerzos mundiales, se ven a sí mismos como un eje en torno al cual se moverá ese servicio; con frecuencia se esfuerzan por realizar esos planes y forman, por ejemplo, una organización en el plano físico, potencialmente valiosa, pero el mismo tiempo potencialmente inútil, aunque no sea peligrosa. No comprenden que el impulso motivador reside principalmente en lo que los instructores indúes llaman “el sentido del yoismo”, y su trabajo se funda en un egoísmo subjetivo que debe. ser eliminado, y lo será, antes de prestar el verdadero servicio.

Discipulado en la Nueva Era, I: pp. 441-442.

4. En esta época se exige la movilización de todos los discípulos y al decir “esta época” me refiero no sólo el momento actual, sino a los próximos cincuenta años. Esta movilización implica el enfoque de las energías del discípulo, su tiempo y sus recursos, en bien de la humanidad; requiere una nueva dedicación al servicio, la consagración de la vida mental (¿se dan cuenta, hermanos míos, lo que eso significaría?) y el olvido del yo, que rechazaría todo estado de ánimo y sentimiento, todo deseo personal, resentimientos, quejas y todas las pequeñeces que surgen en las relaciones con sus semejantes. En el plano físico significa condicionar la entera vida externa activa, de modo de convertirla en una vida de servicio activo y concentrado. Les pido que estudien las frases que anteceden, ulilizándola como luz reveladora, para saber de qué adolecen y qué deben hacer.

Hagan hoy un nuevo comienzo, no para su propio bien, sino para ayudar a un mundo necesitado. Olvídense de sí mismos.

Discipulado en la Nueva Era, II: p. 104.

5. Una de las primeras lecciones que deben aprender quienes se están entrenando para la iniciación, es la difícil y doble actitud que permite la correcta actividad de la personalidad y el verdadero interés en los asuntos de esta, y al mismo tiempo impide que nada personal interfiera la vida espiritual subjetiva, el servicio y el entrenamiento preparatorio para la iniciación.

Discipulado en la Nueva Era, II, p. 105.

6. El servicio que puede prestar tiene más valor para usted que el que puede prestársele a usted. (5-283)

7. El mundo ofrece hoy oportunidad a los discípulos para que lleguen a ser discípulos mundiales, cerca del corazón del Maestro, y pasar rápidamente por las primeras etapas del discipulado. También brinda la oportunidad a los discípulos mundiales para que inicien su acercamiento al Corazón de la Jerarquía, el Cristo. Deben interesarse por esta primera posibilidad, porque – a medida que se acercan a su grupo – pueden comenzar a recibir ese entrenamiento que desarrollará en ustedes la utilidad mundial. ¿Se sienten la mayoría demasiado viejos para lograrlo? Ustedes dirán. El alma no tiene edad, y puede utilizar su instrumento si éste es apropiado y está disponible. ¿Están demasiado centralizados y preocupados en sí mismos para prestar servicio mundial, mediante el necesario desapego? Esto tienen que descubrirlo y comprobarlo ustedes mismos… 6 Están muy deprimidos (sinónimo de egoísmo) y son demasiado sensibles para prestar servicio a la humanidad en forma más amplia que hasta ahora? Esto puede ser superado si tienen suficiente interés. ¿La conciencia de ustedes es constantemente conciencia grupal? ¿O es una constante conciencia de sí mismos que se interpone continuamente entre ustedes y sus semejantes? Esto lo tienen que descubrir por sí solos. ¿Poseen la profunda humildad – basada en el conocimiento del Plan y la gloria de la meta – en vez de un sentido de menosprecio de sí mismos por el que se vanaglorian y consideran que significa humildad espiritual? Deberían volver a interpretar este tema de la humildad, como también todos los términos, a la luz de los valores esotéricos y espirituales. ¿Pueden hacerlo?

Discipulado en la Nueva Era, II: pp. 704-705.

8. De su respuesta comprensiva a la necesidad colectiva dependerá la rapidez con que podrán alcanzar la siguiente y posible expansión de conciencia, o iniciación, como individuos. Por lo tanto, deben tener en cuenta la respuesta individual a las demandas de su propia alma y la respuesta colectiva a la necesidad colectiva. Para este servicio colectivo se exhorta al iniciado que está en ustedes, el Cristo; la radiación actual del espíritu crístico, activamente presente en los corazones de todos los discípulos, es lo único que puede salvar al género humano, permitir a la humanidad avanzar en el sendero del discipulado y evocar así ese nuevo espíritu que puede construir y construirá el nuevo mundo.

Los Problemas de la Humanidad: p. 218.