Sirviendo a la humanidad

por Djwhal Khul el 27 de febrero de 2001

1. Los que tratan de servir a la humanidad y unirse al esfuerzo jerárquico para curar a un mundo dolorido, deben aprender a penetrar detrás de las apariencias, de los métodos y esquemas, de los resultados y efectos, en el plano físico, y tratar de establecer contacto con las fuerzas de Shamballa o de la Jerarquía, y con la necesidad humana que ha producido estas expresiones, y considerarlas por lo que son –no como sistemas caducos y esfuerzos infantiles para mejorar, sino planes embrionarios por los cuales, oportuna­mente, podrá llegar la liberación, la cultura y la civilización de la nueva era. Si tratan de llevar la iluminación a los lugares oscuros de la Tierra (es decir, a las mentes de los hombres), entonces deberán ver con claridad y relacionar lo abstracto y lo concreto, de manera que pueda verse en sus propias vidas un idealismo actuante; sólo así podrá verse también un idealismo activo de carácter nacional, racial y humano. Debe emplearse tanto la cabeza como el corazón, y esto muchas personas vehementes tienden a olvidarlo.

La mejor manera de servir, de parte de los pensadores del mundo y el nuevo grupo de servidores del mundo, es reconociendo lo que le sucede al género humano como un todo y lo que ocurre detrás de la escena; lo de mayor importancia es el desarrollo de la conciencia humana, en respuesta a las condiciones presentes en cualquier país o países; recién ahora el “estado mental humano” está comenzando a centrarse en las cosas importantes y a expresarse en forma viviente. Los pensadores y servidores deben aprender a concentrarse en la conciencia que empieza a despertar, y no en los movimien­tos superficiales. Este despertar avanza satisfactoriamente y a grandes pasos hermanos míos. La forma o formas podrán sufrir, pero la percepción intrín­seca del hombre está llegando a ser en este siglo expresivamente divina. (13-66/7)

2. Si es tan difícil despertar a los aspirantes como ustedes, a la urgencia del servicio y al pleno sentido de responsabilidad, y si los hombres y mujeres con toda la información que ustedes poseen, no pueden ser despertados para realizar un esfuerzo sacrificado, tendrán con esto una idea de la magnitud de la tarea que la Jerarquía enfrenta en la actualidad. Quizás puedan compren­der el sentimiento de frustración que me embargaría (si estuviera limitado por el concepto tiempo) cuando, por ejemplo, aquellos de quienes espero colaboración están preocupados con sus propios asuntos, no tienen ningún sentido de urgencia y prefieren concentrarse sobre su propio desarrollo, sus propias familias, sus propios problemas, antes de alcanzar la amplia visión mundial que los llevará a una plena colaboración. La meta de nuestro esfuerzo consiste en evitar la ruina del mundo, y para esta meta he pedido vuestra ayuda. (Enero 1939), (13-71)

3. Gran confusión emana del idealismo básico, subyacente en las activida­des de muchas personas, en numerosos países. Tal es la importancia del nuevo ideal, respecto al bien del estado como un todo, en contraposición al bien del individuo y de la humanidad. El estado se convierte casi en una entidad divina en la conciencia del idealista. Esto es necesariamente parte del plan evolutivo, pero hasta donde constituye un problema, es demasiado grande para ser resuelto por el individuo, solo y sin ayuda. Sin embargo, puedo asegurarles una verdad fundamental. Cuando los hombres de todas partes –dentro de las fronteras de su estado particular y mientras defienden su autoridad y civilización– comiencen a pensar en términos del género humano, la opinión pública será tan poderosa y tan justa en su inclusividad, que la política del estado deberá inevitablemente adaptarse al principal ideal y ya no será posible que un determinado estado sacrifique al individuo y a gran parte de la humanidad. Se concederá a la parte su debida relación con el todo mayor. El despertar de la opinión pública a los derechos del mundo, a los intereses humanos incluyentes y a la colaboración internacional, es la verdadera meta del actual esfuerzo espiritual. (13-185)

4. ¿Qué puede hacer el individuo para ayudar a la causa de la humanidad y detener la marea del mal? Si el individuo lucha del lado de las Fuerzas de la Luz   ya sabe cuál es su destino y el servicio que debe prestar. Pero ¿qué puede decirse de quienes dudan de lo que pueden hacer y, no obstante, poseen clara visión, ansían ver con claridad y desempeñar su parte? A ellos les respondería:

  1. Eliminen de su conciencia el prejuicio, el orgullo nacional y las antipatías religiosas… El nefasto pasado de todas las naciones lo utilizan ahora como justificativo, quienes no desean hacerse cargo de la responsabilidad ni sacrificar nada por la causa de la humanidad. Es necesario que todos reconozcamos nuestras propias deficiencias, po­seamos un espíritu de tolerancia y olvidemos los agravios.
  2. No teman los resultados de la acción correcta y positiva. Detrás de las actitudes de desacuerdo subyace el temor, y éste mata la verdad, oculta la visión y detienen la correcta acción. El gran Guía de la era cristiana ha advertido que no debe temerse a quienes matan el cuerpo, sino sólo a los que tratan de matar el alma.
  3. Habiendo presentido la visión, reconocido los obstáculos y encarado el prejuicio y el temor innato, se evidenciará lo que deben hacer. No me corresponde decírselos. Deben elaborar los detalles; se les aclara­rá los métodos que deben emplear; los problemas humanitarios se irán dilucidando; entonces se alinearán de parte de las Fuerzas de la Luz y apoyarán las manos de quienes están luchando por la paz y la seguridad mundiales, preliminares para la inauguración del nuevo orden mundial. Esto lo harán sin pensar en el no-yo. Enfrentarán la vida real y sinceramente, dedicando sacrificio y plenitud, tiempo, personalidad, dinero y, si es necesario, la vida. Comprenderán diná­micamente que la actitud del Agente de las Fuerzas de la Luz o de quien ama a la humanidad, no es la del observador pasivo.
  4. Aprenderán a no albergar pensamientos de odio; no odiarán al peca­dor engañado, aún cuando se le imponga el castigo por su pecado. El odio y la separación deben cesar, y cesarán cuando el aspirante individual los desarraigue de su propia vida. El gran error de los hombres de mente neutral y del pacifista, es su negación a identificarse constructivamente con el dolor humano. Aunque reaccionen con violenta emoción sobre el sufrimiento, por ejemplo, de los pequeños niños en esta gran guerra y de los refugiados indefensos, no se preo­cupan realmente en hacer algo para mejorar la situación, porque implica sacrificio. Esto parece duro, pero es la necesaria afirmación de una realidad. La simpatía que no produce acción positiva de cualquier especie, se convierte en haga virulenta.

Mediante el pensamiento, la palabra y la acción, quien ama a la humanidad entrará en la batalla contra el mal; con total autoolvido abrazará la causa de la humanidad, no se ocultará detrás del sentimiento de inutilidad, ni buscará excusa alguna en un idealismo mal interpretado. Afrontará los hechos de la actual situación a la luz que afluye de la visión misma. Entonces, seguirá adelante hacia la era de rectas relaciones humanas, de unidad espiritual y de recursos compartidos con completa confianza, porque su sentido de los valores ha sido reajustado. Sabe que la humanidad tiene una misión divina que debe ser llevada a cabo en aras del amor, por medio de la acción comprensiva, el servicio altruista y la disposición a morir en la batalla, si ese es el único modo en que puede servir y liberar a su hermano. (13-205/7)

5. Todo estudiante que piensa con claridad y aplica la enseñanza en su vida diaria contribuye a acrecentar valiosamente la percepción grupal.

El aspirante se pregunta con frecuencia: “¿Sirvo para algo? ¿Cómo puedo servir al mundo en mi pequeña esfera?”. Permítaseme responder a estas preguntas diciendo que si llevan mentalmente el contenido de este libro a la mente del público, si explican al prójimo la enseñanza que imparte y si viven una vida de acuerdo a sus enseñanzas, su servicio a prestar será muy real.

Esto necesariamente implicará la consagración de la entera personalidad para ayudar a la humanidad y la promesa hecha al Yo Superior de que hará el esfuerzo necesario para olvidarse del yo inferior al servir – servicio que se prestará en el lugar y circunstancias que el destino del hombre y su deber le hayan deparado. Me refiero a la renovación del esfuerzo para lograr la purificación de todos los cuerpos, de manera que el hombre inferior llegue a ser un canal y un instrumento puros, a través de los cuales puede fluir la fuerza espiritual sin obstáculos, y también adoptar esa actitud en que el aspirante nada desea para el yo separado, y considera que todo lo que posee puede ofrendarlo en el altar del sacrificio para ayudar a sus hermanos. Si todos los que leen este libro pudieran ver los resultados de este esfuerzo unido, efectuado conjuntamente, surgirían grandes cosas de esta actividad grupal emprendida inteligentemente. La mayor parte de las personas van de un lado a otro, detrás de uno u otro individuo, de un trabajo a otro y nada logran ni obtienen resultados grupales porque actúan sin coordinación inteligente. Un esfuerzo grupal conjunto traerá como resultado una inspirada reorganización del entero mundo, más la eliminación de obstáculos, y se harán verdaderos sacrificios y se renunciará a lo que desean y quieren,. a fin de servir a los propósitos grupales. (14-20/1)