Preparación para la reaparición de Cristo

por Djwhal Khul el 27 de Febrero de 2001

1. Si la premisa y el tema general de todo lo que aquí se expone son aceptados, surge lógicamente el interrogante: ¿Qué podría hacerse para apresurar la reaparición de Cristo?, y además: ¿Qué puede hacer el individuo en el lugar en que se encuentra, con el equipo, las oportunidades y los haberes que posee? La oportunidad es tan grande y la necesidad de una ayuda espiritual definidas y explícita es tan urgente que, quiérase o no, estamos ante un desafío, enfrentando a la vez el problema de aceptarlo con la consiguiente responsabilidad, o de rechazar la idea, dando a entender que no nos interesa. Sin embargo, lo que decidamos en esta época y período, afectará definitiva­mente al resto de nuestra actividad en la vida, pues podremos apoyar y respaldar en todo lo posible, la invocación del Cristo en la preparación para Su retorno, o si no engrosaremos las filas de aquellos que consideran todo el asunto como un llamado a los ingenuos y a los crédulos y, probablemente, trabajaremos para impedir que los hombres sean engañados y embaucados por lo que consideramos un fraude. Ahí reside nuestro desafío. Exigirá todo nuestro sentido de los valores y toda nuestra capacidad investigadora, intui­tiva y especializada. Así nos daremos cuanta que la reaparición prometida está de acuerdo con la creencia religiosa general, siendo la gran esperanza que queda en las mentes de los hombres, lo que podrá traer verdadero alivio a la sufriente humanidad.

Aquellos que aceptan la posibilidad de Su reaparición y están dispuestos a admitir que la historia puede repetirse, deben formularse tres preguntas, cuyas respuestas son estrictamente individuales:

  1. ¿ Cómo puedo enfrentar personalmente este desafío?
  2. ¿Qué puedo hacer específicamente?
  3. ¿Cuáles son los pasos que debiera dar y donde están aquellos que lo darán conmigo?

Lo que aquí y en las siguientes páginas se expone, es esencialmente para quienes aceptan la realidad del Cristo, reconocen la continuidad de la revelación y están dispuestos a aceptar la posibilidad de Su retorno.

Las complejidades y dificultades de este período de post-guerra son enormes. Cuanto más se acerca el hombre a la fuente de luz y poderes espirituales, tanto más difícil se torna su problema, pues los asuntos humanos parecen estar hoy muy lejos de esta posibilidad divina. Por lo tanto necesitará toda la paciencia, comprensión y buena voluntad que posee. Al mismo tiempo le será posible reconocer los hechos con más claridad. Hay problemas internos y externos que deben ser resueltos y posibilidades internas y externas que pueden convertirse en realidades. A medida que el hombre espiritual­mente orientado encara estas posibilidades y acontecimientos internos y externos, será fácilmente embargado por un sentido total de frustración; quiere ayudar pero no sabe cómo; cuando capta las amenazantes dificultades analiza sus recursos y los de aquellos con quienes tendrá que trabajar, y su clara percepción de las fuerzas que están contra él (y en mayor escala contra el Cristo), le inducirán a preguntarse: ¿De qué servirá cualquier esfuerzo que haga? ¿Por qué no dejar que las fuerzas del bien y del mal luchen solas? ¿Por qué no permitir que la presión de la corriente evolutiva ponga fin eventualmente a la larga lucha mundial y que triunfe el bien? ¿Por qué vamos a hacer algo ahora?

Estas son reacciones naturales y saludables. La pobreza y el hambre que sufren millones de seres en Europa y en otras partes… la codicia de las fuerzas capitalistas del mundo y el egoísmo del laborismo… la desesperación del hombre común, en todos los países, que no ve seguridad ni esperanza por ninguna parte; el trabajo de la iglesia al tratar de restablecer el antiguo orden y régimen que durante siglos ha costado pade­cimientos al mundo, y la ausencia en todos los países de una clara voz conductora, hacen sentir al hombre común la futilidad de su esfuerzo. El problema parece demasiado grande, excesivamente terrible, y el hombre mismo se siente demasiado pequeño e inerme.

No obstante, la masiva visión y bondad que existen en el mundo es inmensa, y el pensar claro y humanitario es ilimitado; la salvación del mundo se halla en manos de la gente sencilla y buena, y en los millones de personas que piensan con rectitud. Ellos llevarán a cabo el trabajo preparatorio para el advenimiento del Cristo. Numéricamente son suficientes para realizar la tarea, y sólo necesitan respaldo e inteligente coordinación, a fin de prepararse para el servicio requerido antes de que la reaparición de Cristo sea posible. Los problemas que tenemos por delante deben ser encarados con valor, verdad y comprensión; además debe tenerse disposición para exponer la verdad y aclarar los problemas que deben ser resueltos, hablando con clari­dad, sencillez y amor. Las fuerzas antagónicas y agazapadas del mal deben ser derrotadas antes que pueda venir Aquel que todos los hombres esperan, el Cristo.

…surge otra pregunta de vital importancia: ¿Durante cuánto tiempo debe­mos esperar, esforzarnos y luchar? La respuesta es clara: El vendrá indefec­tiblemente cuando se haya restablecido la paz en cierta medida, cuando el principio de participación esté por lo menos en camino de controlar los asuntos económicos y cuando las iglesias y los grupos políticos hayan comen­zado a limpiar sus casas. Entonces El podrá venir y lo hará; entonces el Reino de Dios será reconocido abiertamente y ya no constituirá un sueño, un ansioso anhelo y una esperanza ortodoxa.

El Destino de las Naciones: pp. 139-142.

2. Cuando la verdad sea dicha a los pueblos y éstos puedan juzgar y decidir libremente, veremos un mundo mucho mejor.

No es esencial ni necesario que estos objetivos deseables se conviertan en realidades en la Tierra, antes de que Cristo camine entre nosotros. Sin embargo, es necesario que esta actitud hacia la religión y la política sea considerada por lo general como deseable y que se hayan dado con todo éxito los pasos para el establecimiento de correctas relaciones humanas. En estas líneas están trabajando el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y los hombres de buena voluntad, y su primer esfuerzo debe consistir en contra­rrestar el sentimiento ampliamente difundido de frustración y futilidad indi­vidual.

El Destino de las Naciones: p. 14.

3. Para esta manifestación se preparan estos “Hijos de Dios que son los hijos de los hombres”; para este advenimiento vienen uno tras otro a la actividad externa del plano físico para prestar servicio activo. No se Los reconoce por lo que son, pero se encargan de los asuntos del Padre, demues­tran buena voluntad, tratan de ampliar el horizonte de la humanidad y preparan así el camino para Aquél a Quien ellos sirven, el Cristo, Maestro de Maestros e Instructor de ángeles y hombres.

El Destino de las Naciones: pp. 147.