Etapa V. El Discípulo dentro del Aura

por Djwhal Khul el 21 de febrero de 2001

La Definición dada anteriormente es:

“La etapa en que se le permite conocer el método por el cual puede establecer… un llamado que le permitirá entrevistarse con el Maestro, denominándosela “Discípulo dentro del Aura”.”

Esta etapa del discipulado es mucho más avanzada que la alcanzada por la mayoría de los discípulos, pues indica la casi total unificación entre el discípulo y el grupo del Maestro. Ya se le otorgó el privilegio de invocar la atención del Maestro en momentos de emergencia y está seguro de Su respuesta. Ha progresado desde la etapa en que recibía entrenamiento, a fin de ser una unidad integrada y útil en el Ashrama, hasta la etapa en que es un agente digno de confianza. Su orientación está ahora trazada, aunque todavía sujeta a muchas pruebas y dificultades, que conciernen cada vez más a la vida y condición grupal y no a él mismo. No me refiero aquí a las dificultades de algún grupo ashrámico, o a las que están conectadas con cualquier asociación [e687] grupal que el discípulo pueda tener por derecho en el plano físico, sino a su respuesta a la necesidad grupal de la humanidad. Donde esto existe significa que el todo es para él de mayor importancia que la parte. De ningún modo esto niega la capacidad de trabajar con individuos o amar comprensivamente y sentir compasión por quienes lo necesitan en el sendero de su vida, pero ha llegado a un sentido de correcta proporción y sensata organización en tiempo y espacio de los procesos, tendencias y actividades vitales. Entonces puede confiarse que siempre el bien individual será sustituido por el bien del todo, según lo perciba la personalidad.

[i750] El Maestro sabe que cuando el discípulo ha alcanzado esta etapa tiene un instrumento del cual puede depender, y no lo considera un lastre en la vida del grupo. Anteriormente señalé cuán difícil es el proceso de absorber a un nuevo discípulo en un Ashrama, pues debe enseñársele a progresar gradualmente de la periferia de la conciencia grupal al centro. Cada paso adelante debe ser observado cuidadosamente por el Maestro, a fin de proteger al Ashrama de toda actividad desintegradora. Sólo cuando el discípulo obtiene “serenidad oculta” puede enfocarse permanentemente dentro del aura grupal, y ello ocurre cuando es consciente de la vibración específica y peculiar del aura del Maestro. Como se verá, esto requiere serenidad.

Quiero señalar aquí que serenidad y paz no tienen idéntico significado. La paz debe ser siempre temporaria y se refiere al mundo de los sentidos y a las condiciones que son susceptibles de perturbación. Es un acontecimiento inevitable y esencial para el progreso, que cada paso adelante esté seguido por perturbaciones, puntos de crisis y caos, los cuales serán posteriormente reemplazados (cuando sean manejados con éxito) por períodos de paz. Pero esta paz no es serenidad, pues al discípulo sólo se le permitirá morar dentro del aura del Maestro cuando la serenidad haya sustituido a la paz. Serenidad significa esa calma profunda, desprovista de perturbaciones emocionales, que caracteriza al discípulo que está enfocado en la “mente mantenida firme en la luz”. La superficie de su vida puede hallarse (desde el punto de vista mundano) en un estado de violenta ebullición. Todo lo que estima y aprecia en los tres mundos, puede derrumbarse a su alrededor, pero a pesar de ello se mantiene firme, equilibrado en la conciencia del alma, permaneciendo imperturbables las profundidades de su vida. Esto no es insensibilidad ni una forzada autosugestión, tampoco es la capacidad de exteriorizar la conciencia de modo que los acontecimientos [e688] individuales sean ignorados. Es la intensidad del sentimiento transmutado en comprensión enfocada. Cuando esto se haya logrado, el discípulo tiene derecho a vivir dentro del aura del Maestro. Nada queda en él que obligue al Maestro a desviar su atención de los esfuerzos vitales hacia la insignificante tarea de ayudar al discípulo.

[i751] Un discípulo aceptado, en consecuencia, progresa -si puedo expresarlo así- mediante tres respuestas vibratorias:

1. Reacciona a la vibración, la nota o la cualidad de un ashrama, de acuerdo a su tipo de rayo. Hace contacto con la periferia del círculo del grupo que controla un Maestro y se convierte en discípulo aceptado, cuya conciencia está plenamente despierta. El Maestro percibe su presencia en la periferia externa de Su conciencia; sus condiscípulos son conscientes de otro punto de luz dentro del ashrama, debido mayormente al esfuerzo que deben hacer para neutralizar las reacciones personales del nuevo discípulo al nuevo modo de vida, a los efectos producidos en su conciencia por su penetración en el mundo de los significados, y a la exteriorización de su devoción al Maestro. Los discípulos más avanzados tienen la tarea de proteger al Maestro de las violentas reacciones del nuevo discípulo, situándose entre Él y el neófito. Algún discípulo iniciado se hace cargo de él y actúa como intermediario. El discípulo como ya dije, se pone en contacto con el Maestro, sólo cuando Éste lo desea y cuando es de utilidad y de beneficio para el grupo.

2. Comprende acrecentadamente la naturaleza y nota de su Ashrama y avanza desde la periferia a la esfera de influencia del Maestro y de Su grupo; entonces empieza a participar cada vez más de la vida grupal y se interesa cada vez menos de sí mismo, convirtiéndose, por lo tanto, en un valioso haber en el Ashrama y confiándosele deberes y tareas específicas de las cuales es individualmente responsable ante el discípulo iniciado que lo tiene a su cargo. Entonces el Maestro se pone en contacto con él más frecuentemente y -debido a que va descentralizándose y también a que su propio progreso y desarrollo son cada vez menos importantes para él que el servicio a los demás- se le permite atraer la atención del Maestro cuando el grupo necesita ayuda, convirtiéndose así en discípulo en el sutratma o hilo. El antakarana va rápidamente construyéndose y la afluencia de vida proveniente de la [e689] Tríada espiritual aumenta regular y lentamente. Ha llegado a una etapa en que establece a su alrededor, en el plano externo, una esfera de influencia, como resultado de la irradiación de su alma por intermedio de la personalidad. Podría decirse que ningún discípulo llega a ser discípulo en el sutratma hasta que en el mundo externo no haya suficientes personas (en una vuelta inferior de la espiral) que sean para él lo que él es para el Maestro -discípulo [i752] en el sutratma. En forma distorsionada y con frecuencia poco satisfactoria, se ocupa de formar su propio grupo; esto ocurre actualmente muy a menudo. En el mundo hay muchos discípulos esforzados que se preocupan intensamente de formar organizaciones, reunir a su alrededor a quienes pueden prestar ayuda, emitiendo así una nota especial y aprendiendo los rudimentos (repito, los rudimentos, hermano mío) del trabajo grupal, tal como la Jerarquía desea que se lleve a cabo.

3. Responde (desde su punto de vista) poderosa e inesperadamente, a la vibración del Maestro, a medida que actúa en el centro de Su grupo. Ha conocido ya el llamado vibratorio del Maestro, y ha llegado a ser consciente de la cualidad del Ashrama, evocada por el Maestro. Ahora es admitido en el lugar secreto que existe en el corazón mismo del Ashrama y se convierte en Discípulo dentro del Aura.

El aura de cualquier forma de vida puede definirse como la cualidad de una esfera de actividad radiatoria. Aún muy poco se sabe sobre el aura, y se han escrito muchas tonterías respecto a esto. Por lo general se habla del aura en términos de color y luz, debido a la naturaleza de la visión del que ve y del mecanismo de respuesta utilizado. Hay sólo dos términos que describen el aura desde el punto de vista del conocimiento oculto y son: cualidad y esfera de influencia. Lo que el clarividente realmente percibe, es una impresión que la mente traduce con rapidez en una simbología de colores, cuando es incolora. Ver el aura, como comúnmente se dice, es en realidad un estado de conciencia. El vidente cree con toda sinceridad que ha registrado un color, una serie de colores o una luz. Esto sucede en muchos casos, pero lo que en realidad ha percibido es la cualidad de una esfera de actividad radiatoria, y puede hacerlo cuando su propia esfera individual de actividad radiatoria es de la misma cualidad y naturaleza que la percibida. La mayoría de los videntes registran el grado astral de las vibraciones de una persona o de un grupo y lo registran por medio de su propio cuerpo [e690] astral. El impacto de una verdad o de un concepto mental y su reconocimiento, es la expresión de un contacto similar llevado a cabo esta vez en el reino de la mente.

Esto explica la verdad que existe detrás de las llamadas “expansiones de conciencia”, a las que puede responder la mente del hombre, [i753] registrando una sucesión constante de impactos vibratorios que emanan de las esferas de actividad, las cuales abarcan desde las primeras etapas de acrecentado conocimiento, a través del desarrollo de los cinco sentidos y los tres vehículos de contacto en los tres mundo de la experiencia humana, hasta esos reconocimientos que conducen a un hombre dentro de la esfera de influencia de un Maestro, permitiéndole más adelante recibir lo que se denomina una de las iniciaciones mayores.

Estas esferas de actividad radiatoria siempre existen, aunque no sean registradas ni reconocidas. El proceso evolutivo consiste en desarrollar un mecanismo de respuesta a fin de registrarlas; habiendo obtenido esto, el paso siguiente es reaccionar inteligentemente a tales contactos, obteniendo así un campo cada vez más amplio de percepción, que constituye, por último, la suma total de la conciencia.

No puedo explayarme más sobre este tema, porque el proceso se lleva a cabo bajo la impulsiva fuerza de la evolución. Sólo me interesa exponer el hecho de la esfera de actividad radiatoria del Maestro y su especial cualidad y color de rayo -ocultamente comprendido.

La existencia de las cualidades, actividades radiatorias e impulsos emanantes del discípulo, que corresponden a los que emanan de determinado Ashrama, es el factor que subyace y hace posible cada una de las seis etapas del discipulado. Cuando hayan evocado respuesta y atraído al discípulo a la periferia de la esfera de actividad de ese Ashrama, se intensifica gradualmente su cualidad magnética y atractiva, las correspondientes cualidades del discípulo desarrollan una potencia mayor y lo atraen ocultamente más cerca del punto central, núcleo de toda capacidad entrenada y de la elevada y poderosa vida espiritual del Maestro que se halla en el corazón mismo del Ashrama.

Aquí el discípulo comprende que sus tres cuerpos o vehículos -etérico, astral y mental- sólo son reflejos de los tres aspectos de la Tríada espiritual, y pueden darle la clave de su propio ser y la capacidad de responder a la triple vibración del Maestro, según se expresa a través de Su aura.

[e691] La enseñanza de que la personalidad tiene que ser destruida, es una deformación de la verdad; su enfoque de conciencia debe ser trasladado de la triple naturaleza inferior a la Tríada, con la ayuda de la triple naturaleza del alma. El método para este traslado progresivo consiste en responder a un grado siempre más elevado de [i754] actividad vibratoria. En cuanto existe en la conciencia del discípulo la capacidad de responder a la cualidad y a la radiación que emanan de un ashrama, va hacia esa esfera de influencia. Aquello que en su propia aura es afín a la cualidad del aura del Maestro, se entrena, intensifica y purifica. A medida que la vida ashrámica actúa sobre sus vehículos, se acrecienta su propia actividad radiatoria, hasta que con el tiempo se convierte en un discípulo dentro del aura. Entonces su vibración y la del Maestro tienden a sincronizarse débilmente.

Señalaré que de esta manera el discípulo comienza a contribuir significativamente en la vida del Ashrama. Cada discípulo que, por la similitud de la cualidad y actividad vibratoria, penetra en el aura del Maestro, enriquece e intensifica al grupo con el que está afiliado. En el transcurso del tiempo el Ashrama de un Maestro se hace cada vez más poderoso, magnético y radiante. Dentro de esa aura el discípulo iniciado lleva a cabo su trabajo, permaneciendo en el centro radiante de la vida grupal, sirviendo desde allí externamente; procura siempre proteger dicho centro de cualquier cualidad que existe en su propia aura que no esté en armonía con la del Maestro, y aleja en lo posible de su conciencia cualquier pensamiento o deseo que puedan perturbar el aura del grupo. Tal su responsabilidad cuando es admitido en esta etapa del discipulado, privilegio nunca acordado a no ser que sepa protegerse a sí mismo y también a la esfera de influencia de la cual ahora forma parte.

Por lo tanto, verán que la Jerarquía Misma es sólo un gran Ashrama con un triángulo en el centro, compuesto por Cristo, el Mahachoan y el Manu. Hablando simbólicamente, este triángulo constituye un centro radiante, pues la actividad radiatoria de cada uno de estos Grandes Señores es de tal magnitud, que sus auras se atraen mutuamente, y así se produce una total mezcla y fusión. Cada Ashrama irradia alguna cualidad principal, de acuerdo al rayo del Maestro que esté en el centro; la Jerarquía irradia la cualidad del segundo aspecto divino, así como el Ashrama omnincluyente (denominado Shamballa) irradia la característica sobresaliente del primer aspecto, la vida misma. Esto no es una cualidad, sino aquello de lo cual la cualidad es una emanación.

[e692] [i755] El aura del Maestro (que determina el aura de todo el Ashrama) tiene tres irradiaciones principales, en lo que a la respuesta del discípulo concierne:

1. La irradiación proveniente de los niveles más elevados del plano mental y del aspecto inferior de la Tríada espiritual. La potencia de esta irradiación y la extensión de su esfera de influencia serán determinadas de acuerdo a cómo el Maestro está espiritualmente en contacto con la mente de Dios. No empleo la palabra conscientemente en conexión con esto, ni cuando me refiero a las condiciones que están por encima de los niveles egoicos. Esta irradiación especial evoca una respuesta de la mente abstracta embrionaria del discípulo, a medida que construye el antakarana, y es el primer contacto al cual responde el neófito en posteriores etapas del sendero de probación. Entonces se establece una línea directa de acercamiento influyente entre el Maestro y el discípulo incipiente, de la manera siguiente:

a. El átomo manásico permanente del discípulo.
b. Los pétalos del conocimiento del loto egoico.
c. La mente concreta inferior “mantenida firme en la luz”.
d. El centro laríngeo.
e. El cerebro del discípulo en el plano físico.

Todo esto lógicamente es relativo, pero desde el momento en que el discípulo establece esta línea de acercamiento con la Tríada espiritual (aún en pequeña medida), responde por primera vez al aura del Maestro. La diferencia entre el aura del Maestro y la del Ashrama, es que el aura del Maestro es dinámica y la del grupo, influyente; no obstante, juntas constituyen el aura grupal. Cuando se obtiene esta respuesta inicial, se convierte con el tiempo en discípulo dentro del aura.

2. La irradiación que viene del plano búdico o intuición espiritual. Es la expresión de la naturaleza amorosa del Maestro y lo que le permite hacer contacto con el corazón de Dios. Podrá observarse que las tres irradiaciones emanan de un Maestro y se amplían por irradiaciones similares, aunque menos poderosas, de los miembros internos del Ashrama, [i756] factores que ponen al Maestro y al Ashrama en contacto con lo que ocultamente se denomina Sol físico, el corazón del Sol y el Sol central espiritual. [e693] La línea a través de la cual la actividad vibratoria del Maestro llega al discípulo y, finalmente, lo atrae dentro del aura es:

a. El átomo búdico permanente, o el vehículo intuitivo del discípulo avanzado.
b. Los pétalos de amor del loto egoico.
c. El cuerpo astral en su aspecto más elevado.
d. El centro cardíaco.

3. La irradiación que llega de los niveles átmicos o el aspecto voluntad de la Tríada espiritual. Ésta es la expresión emanante de la capacidad del Maestro para entrar en el concilio de Shamballa, registrar el propósito de Dios y trabajar con el Plan, que expresa en cualquier ciclo dado, la actuación de la Voluntad divina. Este aspecto de la actividad radiante del Maestro es de naturaleza tan elevada, que sólo puede registrarla el discípulo iniciado avanzado, siendo trasmitida a la conciencia física del discípulo mediante:

a. El átomo átmico permanente, o el centro de la voluntad espiritual, primer aspecto de la Tríada espiritual.
b. Los pétalos del sacrificio del loto egoico.
c. El vehículo etérico en sus aspectos más elevados.
d. El centro coronario.
e. El centro en la base de la columna vertebral, que entra en actividad en respuesta a las irradiaciones vibratorias de los otros cuatro puntos de transmisión.

Observarán al estudiar lo anterior, cuán abstruso y difícil es explicar la naturaleza de la actividad vibratoria del Maestro. Todo lo que puedo hacer es -a falta de mayor comprensión intuitiva- poner en términos técnicos y académicos (cristalizando así la verdad y hasta cierto punto deformándola) lo que no puede ser expresado.

La triple irradiación del Maestro, manifestando su actividad planeada y “esfera de emanación influyente”, es lo que atrae al discípulo dentro de Su aura -no [i757] el aura del Ashrama en este caso, sino aquello que hace posible el aura ashrámica- la Vida del Maestro.

Puede mencionarse aquí un hecho interesante. Desde el momento en que un discípulo iniciado ha intensificado su vibración, para que sea idéntica a la del Maestro, y puede mantener ese grado vibratorio como cualidad irradiatoria normal, entonces se convierte en un Maestro. En todo ashrama hay siempre, en un [e694] momento dado, algún discípulo que se entrena para ocupar oportunamente el lugar del Maestro, a fin de liberarlo para llevar a cabo un trabajo más elevado e importante. Como saben, fui el discípulo más avanzado del Maestro K. H.; cuando llegué a ser Maestro lo liberé de Su trabajo para que emprendiera otro más elevado, y mi lugar en Su grupo fue ocupado por otro discípulo de segundo rayo; para poder liberar completamente a un Maestro de todo trabajo ashrámico, son necesarios dos discípulos, y de los dos, yo fui el primero en ser elegido. El otro aún no estaba suficientemente preparado. Cuando tiene lugar este proceso de identificación se hace posible un progreso en cada miembro del ashrama, aunque raras veces sucede. Hablando simbólicamente, puede describirse como un potente impulso de expansión que amplía el círculo del ashrama para poder alcanzar niveles más elevados e incluir esferas inferiores de influencia.

Algún día todo llegará a ser “Jerarquía realizada”, porque la Jerarquía es sólo un estado de conciencia que tiene su centro en Shamballa, el aspecto vida, constituyendo el círculo de la humanidad el factor emanante, la influencia irradiatoria o el aura, mediante la cual los otros reinos de la naturaleza son evocados para que respondan activamente.

Ésta es una imagen amplia y general de esta etapa del discipulado, pero he tratado de mostrar sus implicaciones individuales y sus resultados grupales más esotéricos. Nada más puedo decir; tampoco puedo explayarme sobre el proceso por el cual el discípulo dentro del aura puede consultar a voluntad al Maestro del Ashrama, a fin de afrontar alguna necesidad urgente. Sólo una cosa puedo decirles y es que el Maestro tiene siempre tres discípulos como Sus más estrechos colaboradores e intermediarios. Éstos han surgido en “Su conciencia”, según se dice, en respuesta a la actividad radiatoria de Su triple naturaleza espiritual. Trabajan muy estrechamente con Él y vigilan a los demás discípulos del grupo [i758] de acuerdo a su necesidad, su rayo y su etapa de desarrollo. Respecto a esto recordarán que tres discípulos del Cristo estaban más cerca de Él que los otros nueve. Esto siempre sucede. Concerniente a Cristo tenemos en la historia bíblica, entre otras cosas, la imagen de un Ashrama constituido técnicamente y de una Jerarquía tal como esencialmente existe. Tuvo tres discípulos amados e íntimos, más nueve que completaban el Ashrama interno. Después venían setenta, que simbolizaban la totalidad del ashrama y, finalmente, quinientos que representaban a quienes se hallaban en el sendero de probación y estaban bajo la supervisión del Maestro, y no de los [e695] tres, de los nueve, ni de los setenta, hasta que llegó el momento de aceptarlos en el sendero del discipulado aceptado. Sanat Kumara guarda en el Ashrama principal la misma correlación con los Grandes Seres que forman Su grupo de trabajadores activos. Sin embargo, deben recordar que estos guarismos son simbólicos y no verdaderos. El número de discípulos en un ashrama varía constantemente, pero siempre tres son los responsables ante el Maestro de toda actividad ashrámica, y sus más íntimos consejeros que llevan a cabo Sus planes. La cadena de la Jerarquía es grande e inmutable y la secuencia inalterable.

Al considerar el tema del discípulo dentro del aura del Maestro, vemos que el verdadero discípulo consagrado, que ha llegado a la etapa de discípulo aceptado, pasa de un punto a otro dentro de la circunferencia de la esfera de influencia del Maestro, hasta que llega a un período en que conscientemente conoce el aura de Su Maestro. Ésta, hermanos míos, es una frase sin sentido, pero técnica y esotéricamente correcta. Voy a parafrasear su significación a fin de explicarles algunas de sus implicaciones vitales:

1. No sólo es consciente del Maestro, sino de lo que está en la mente del Maestro. Vale decir, que está telepáticamente en relación con su Maestro.

2. Más allá de toda argumentación interna, es consciente también de lo que el Maestro desea que se haga. Sabe la parte que debe desempeñar.

3. Responde sensiblemente al aura del Maestro, no sólo en los planos internos de la vida y en el mismo Ashrama, [i759] sino también en su cerebro físico. Se mueve dentro del aura durante la vida diaria en el plano físico. Necesariamente este proceso consta de cinco etapas:

a. La relación telepática. Su mente y cerebro responden a la mente del Maestro.

b. Por lo tanto, es consciente mentalmente de lo que contiene la mente del Maestro. Esto afecta su vida y servicio, y su mente trasforma constantemente las impresiones telepáticas en fórmulas organizadas, que luego están a disposición de los procesos rectores.

c. Por estar en esta etapa, relativamente libre del espejismo, puede responder desde el ángulo de la sensibilidad y el sentimiento, y en consecuencia lleva a cabo en el plano astral (la parte que le corresponde) de los planes del Maestro. [e696]

d. Puede comenzar a trabajar etéricamente con la fuerza ashrámica y utilizarla, pues el Maestro y su alma pueden ponerla a su disposición a fin de aplicarla en el plano físico. Se convierte en lo que se llama “un proyector de fuerza”, entonces puede producir resultados en el plano físico.

e. Su cerebro llega a ser consciente de la simultaneidad de estos cuatro procesos, de modo que entra en una nueva fase del discipulado consciente. El plan se abre ante él mediante su propia alma y la esfera de influencia del Maestro. Quiero señalar que ésta no sólo es una etapa más elevada en el discipulado, sino que presupone una comprensión iniciática.

El neófito sabe que la meta del esoterista consiste en trabajar con fuerza. Sin embargo ignora que esto no puede hacerse conscientemente hasta que:

1. Durante un largo tiempo no haya sido un simple canal. Quisiera que reflexione sobre este pensamiento. El logro de la capacidad de ser un canal puro y un distribuidor sin obstáculos, constituye el primer objetivo y lleva mucho tiempo para lograrlo. La fuerza que generalmente distribuye el discípulo, hasta el momento que llega a la etapa en que es un canal establecido y automático, está matizada por la característica de la personalidad (aunque la [i760] personalidad sea de grado elevado). Llega el momento en que el discípulo puede, a voluntad, distribuir la energía ashrámica y la del alma grupal en su estado puro.

2. Por lo tanto, tiene que distribuir energía y no fuerza. Existe gran confusión en las mentes de muchos discípulos sobre esta cuestión. Hasta que el hombre no llegue a ser un iniciado de grado elevado, raras veces distribuirá energía. Trabaja con fuerzas, las cuales conciernen a los tres mundos. Se ha dicho esotéricamente que “cuando el discípulo puede distribuir las cuatro fuerzas y hacer oír sus siete notas, expresando cada una en forma cuádruple, no puede trabajar con energía. Cuando trabaja con energía, lo hace con siete notas, no con veintiocho”. Reflexione sobre esto. Quiero agregar que las veintiocho pertenecen a las siete y cuando el discípulo trabaja con las siete, normal y automáticamente, libera a las veintiocho, que actúan bajo la impresión de las siete cualidades de séptimo rayo.

3. Debe aprender a utilizar la diferenciación y la síntesis. [e697] Aquí hay una importante insinuación oculta, de especial valor para los trabajadores.

4. Es consciente de los peligros incidentales que le ocurren al neófito no entrenado, que trata de distribuir fuerzas y dirigir así las llamadas energías en una dirección específica y determinada. Se da cuenta que su meta es ser durante largo tiempo un canal, debido a la pureza de su vida, a la correcta orientación y a la abstención de criticar. Esta orientación correcta encierra una paradoja que todos los discípulos deben encarar, es decir, orientarse hacia el alma y en consecuencia hacia el Ashrama, y al mismo tiempo hacia la humanidad. Sólo los discípulos muy cercanos al corazón del Maestro (técnicamente comprendido) y conscientes de Su aura, tienen el derecho -casi iba decir privilegio- de dirigir la fuerza en determinada dirección. Cuando no están cerca del Maestro su tarea es servir de canal para la distribución de energía en forma general y universal, pero no específicamente.

Un Maestro, y en mayor grado el Cristo, sufre mucho más por quienes están en Su propia morada que por los que están en el mundo externo; los aspirantes avanzados obstaculizan más Su trabajo que los pensadores inteligentes. Tengan esto bien presente. No fue la crueldad de los hombres en el mundo externo, lo que [i761] causó el profundo dolor del Cristo cuando estuvo en la Tierra; fueron Sus propios discípulos, además del dolor masivo -distribuido en todo el ciclo de vida, pasado, presente y futuro- de la humanidad.

Los discípulos gravitan hacia los grupos mundiales, y muchos de ellos hacen trabajo más eficiente que los de los grupos esotéricos. El discípulo aceptado avanzado, tiene su propio grupo, que reúne para el trabajo activo y creador. Les recordaré lo siguiente: La medida de la capacidad del discípulo se expresa por la influencia que ejerce -por intermedio de la pluma, la palabra y personalmente- sobre otras personas.

De acuerdo a la ley de Correspondencia o Analogía, siempre existe una relación numérica con entidades numéricamente establecidas. Las seis etapas del discipulado están lógicamente relacionadas con las seis escuelas de la filosofía hindú que, en realidad, fueron las seis escuelas simientes” para toda conjetura y trabajo filosófico. No se debe creer que hay seis tipos de ashramas que corresponderían a cada una de las seis etapas del discipulado, puesto que en verdad existen siete Ashramas (uno por cada tipo de rayo); las seis etapas del discipulado están [e698] relacionadas con todos los Ashramas; los siete tipos de rayo expresan (en alguna etapa de su desarrollo en el sendero del discipulado) estos seis pasos hacia el centro.

Los centros, como los utiliza el discípulo en su progresivo desenvolvimiento, dependen en gran parte del tipo de rayo. En esta serie de instrucciones no intento ocuparme del tema de los centros. Me ocupo con mayor extensión de los mismos en la parte final del Tratado Sobre los Siete Rayos.

Sin embargo, quisiera aclarar que el Maestro nunca utiliza los centros de un discípulo como agentes distribuidores de fuerza. En último análisis, los centros (cuando funcionan correctamente) son depósitos de fuerza y distribuidores de energía, matizados por cualidades específicas y por cierta nota, vibración y fuerza. En las últimas etapas del sendero del discipulado, los centros están totalmente controlados por el alma, mediante el centro coronario, pero hay que tener en cuenta que después de la cuarta iniciación, cuando desaparece el cuerpo causal, no hay aspecto forma, o vehículo, que pueda limitar o mantener prisionero a un discípulo. Después de la tercera iniciación los centros inferiores no controlan el mecanismo externo de respuesta; desde [i762] el punto de vista del entrenamiento ocultista superior, cuando el discípulo se halla en el Ashrama, los centros son considerados simplemente canales para la energía. Hasta el momento de la tercera iniciación asumen temporalmente importancia en el proceso de entrenamiento, porque a través de ellos el discípulo aprende la naturaleza de la energía y su diferencia entre fuerza y métodos de distribución -esto último constituye una de las etapas finales en el proceso de entrenamiento.

La constitución del ego o alma, es el factor de mayor importancia para el Maestro en la tarea de preparar al discípulo para el trabajo jerárquico. Esto lógicamente involucra los tres centros superiores, coronario, cardíaco y laríngeo. El Maestro se preocupa de lo que se denomina loto egoico, olvidándolo a menudo el discípulo. El alma se preocupa de su propia vida; los detalles de la vida de la personalidad (su expresión inadecuada o sombra, en los tres mundos) no hacen impacto alguno sobre la conciencia del alma. A medida que aumenta la violencia en la vida de la personalidad, el alma, que ha sido acrecentadamente la receptora de lo mejor que ofrece la aspiración de la personalidad, y que lentamente estuvo dirigiendo su atención hacia la mente de la personalidad, también se hace consciente de un factor que se opone a la verdadera expresión del alma en la periferia externa de la vida. Entonces comienza la lucha de los pares de [e699] opuestos superiores -la lucha del alma y la personalidad, librada conscientemente por ambas partes. Éste punto debe recordarse. El conflicto culmina antes de las tres primeras iniciaciones, al enfrentarse los dos oponentes: el Morador en el Umbral (el de la iniciación, hermanos míos) y el Ángel de la Presencia se enfrentan. Esta lucha no nos concierne aquí. Debemos ocuparnos de responder a la energía jerárquica, incorporada en el aura del Maestro, y desde allí trasmitiría al discípulo. El canal o canales de dirección son:

I. La Jerarquía.

1. El Maestro.
2. El Ashrama.
3. El alma del discípulo.

II. La Humanidad.

1. El discípulo. [i763]
2. El antakarana.
3. Los tres centros superiores.

Éste es un proceso amplio y general, que abarca desde lo universal -en lo que al discípulo individual concierne- a lo particular, es decir, el discípulo en cuerpo físico.

El detalle del descenso de la energía, o del proceso de inspiración espiritual (ambas frases presentan gráficamente el concepto de respuesta del aura del Maestro), puede expresarse así:

1. El aura del Maestro.

2. El loto egoico, o cuerpo del alma.

3. La afluencia de energía ashrámica, a través de:

a. Los pétalos de sacrificio, o el aspecto voluntad.
b. Los pétalos de amor, o el aspecto amor-sabiduría.
c. Los pétalos de conocimiento, o el aspecto mental.

Este proceso será afectado por el tipo de rayo del discípulo.

4. La respuesta del discípulo en el plano físico y la receptividad de sus centros a la actividad engendrada por el alma, bajo la impresión del Maestro, sería:

a. Los pétalos del sacrificio transmitirán energía al centro coronario por medio de los pétalos de sacrificio (tres) que se encuentran en la hilera inmediata de pétalos que circundan la “Joya en el Loto”, de allí al pétalo de sacrificio que se halla en los tres pétalos de amor y en los tres pétalos de conocimiento. Por lo tanto, tienen cinco puntos transmisores de voluntad-energía. [e700]

b. Los pétalos de amor transmiten análogamente amor-energía al centro cardíaco, por medio de los pétalos de amor, cinco en total.

c. Los pétalos de conocimiento transmiten energía, la energía de actividad inteligente, al centro laríngeo, haciéndolo de la misma manera, por intermedio de los cinco pétalos de conocimiento.

Este proceso, que se lleva a cabo en el vehículo egoico y es registrado por el discípulo en el plano físico, produce oportunamente lo que podría llamarse “un poderoso centro de invocación”. Este [i764] centro de invocación evoca respuesta de la Tríada espiritual, de modo que eventualmente tendremos:

I. La Tríada espiritual, el custodio de la energía monádica.

El átomo átmico permanente.
Los pétalos de sacrificio.
El antakarana.
El átomo físico permanente, dentro del loto egoico.
El centro coronario.

II. La Tríada espiritual.

El átomo búdico permanente.
Los pétalos de amor.
El antakarana.
El átomo astral permanente, dentro del loto egoico.
El centro cardíaco.

III. La Tríada espiritual.

El átomo manásico permanente.
Los pétalos de conocimiento.
El antakarana.
La unidad mental.
El centro laríngeo.

Estos detalles, hermano mío, de interés técnico, son puramente académicos y constituyen simplemente palabras-símbolos de un inevitable proceso evolutivo. Describen la inspiración divina a la que están sujetos todos los seres humanos, como parte integrante de la vida de Dios Mismo, y que el hombre la registra conscientemente cuando llega a las etapas del discipulado y de la iniciación. Manifiestan, cuando se las entiende correctamente, la naturaleza de la Ciencia del Aliento. El aliento es todo, y en el método de invocación y evocación que subyace en todo el proceso, se insinúa la estructura y la actividad del Corazón del Sol, el órgano de nuestro sistema solar de segundo rayo y el sistema de diástole y sístole de la evolución, que reside en los procesos universales de la vida.

[AAB. Discipulado en la Nueva Era I]