Etapa IV. El Discípulo que está en el Sutratma o Hilo

por Djwhal Khul el 21 de febrero de 2001

Después de estos preliminares nos ocuparemos de otra Etapa del Sendero del Discipulado. La cual podría describirse como:

“La etapa en la que se le enseña al discípulo (en casos de emergencia) la forma de llamar la atención del Maestro. Tiene el nombre peculiar de Discípulo que está en el Sutratma o Hilo”.

En esta etapa está implicada la sensibilidad psíquica más elevada. En mis escritos he señalado, en forma clara y definida, lo indeseable de las experiencias psíquicas inferiores. Lo hice por ser muy necesario prevenir a los estudiantes sobre ello. La dificultad se acrecienta debido a que no es fácil llegar a los psíquicos inferiores para prevenirlos, pues están seguros que sus poderes clarividentes y clariaudientes indican un tipo avanzado de elevado desarrollo espiritual. Sus mentes se cierran a toda clase de advertencias y generalmente actúan detrás de una barrera de envanecida autosatisfacción. Olvidan que las razas aborígenes y los animales son todos psíquicos y registran lo que no pueden registrar los tipos más mentales. Las personas comunes son inherentemente astrales en sus actividades, interpretaciones fenoménicas, actitudes y enfoques. Por lo tanto, es necesario insistir, advertir y hacer comprender al psíquico término medio, lo indeseable de la vida astral.

Sin embargo, los discípulos consideran que ningún aspecto de la manifestación divina está fuera del alcance de su experiencia. Saben que el psiquismo, en sus fases inferiores, es también parte de la expresión divina y de naturaleza esencialmente más [e680] elevada que los procesos puramente físicos de vivir en un cuerpo. Un discípulo no puede decir que, simplemente por ser discípulo, no está sujeto a ésta, aquélla u otra experiencia. Debe estar preparado para todas las experiencias [i742] y enfrentar el hecho de que oportunamente todos los discípulos tienen que llegar a ser psíquicos, tanto inferiores como superiores, así como lo fue el Cristo. La única forma de defenderse es impedir que se manifiesten los poderes inferiores, hasta que estén activas las facultades psíquicas superiores; entonces las inferiores se controlan y manejan (si puedo expresarlo así) desde un nivel elevado de conciencia. Para el discípulo sólo existe vida y forma, y aprende a dirigir los procesos de la vida por medio de la forma, a fin de producir la manifestación divina.

El mundo, actualmente, está entrando en una fase de extrema sensibilidad. Los discípulos deben entrenarse a sí mismos para ayudar. El cambio de conciencia del individuo común y mediocre, será hacia los niveles del astralismo consciente, y desaparecerá rápidamente el velo entre lo visible y lo invisible. ¿Cómo pueden ser de utilidad los discípulos en ese difícil período si no tienen experiencia para distinguir e interpretar lo que debe existir entre los aspectos fenoménicos? ¿Cómo es posible rescatar y proteger a otros, si temen entrar en los reinos de la vida donde rige el psiquismo inferior? No les pido que cultiven poderes psíquicos, pero sí que se mantengan alerta para ver y oír en todos los niveles donde presten servicio y saber qué ven y oyen, interpretándolo correctamente, sin enceguecerse por el prejuicio y el temor. El sendero del discipulado no es fácil de seguir, pero tiene sus compensaciones adecuadas. La sensibilidad psíquica está involucrada en la comprensión de esta fase del discipulado.

Al tratar de estudiar brevemente esta etapa, debe tenerse presente una correlación entre el discípulo, el Ashrama donde trabaja y el Maestro. La correlación y el desarrollo de esta relación triangular siempre es inducida por el conocimiento de la tensión . Mucho material se dio a los estudiantes sobre el tema del sutratma y del antakarana. El sutratma conduce desde la Jerarquía y un punto de tensión en esa Jerarquía (como lo es un Maestro en el centro de cualquier ashrama) hasta lugares distantes, innumerables planos e incontables corazones. El sutratma permite al discípulo (si se le ha autorizado a aprender la fórmula de utilizarlo) volver a su centro de trabajo y llegar en el momento deseado al “Maestro de su vida”. Esta relación triangular puede ser descripta de la siguiente manera: [e681] [i743]

El Maestro
*
El Alma       *            *       El Ashrama
*
El Discípulo

Gran parte de lo que he enseñado sobre el Festival de Wesak, constituye una ampliación de esta idea, y deben tenerlo presente al prepararse para participar en él.

Shamballa
*
El Buda       *            *        El Cristo
*
La Jerarquía
*
La Humanidad

El tema sobre el discípulo que está en el sutratma y las técnicas implicadas en este estado de conciencia, se relacionan con la capacidad del ser humano, controlado por el alma, para llegar a ser magnético y “emitir el llamado vibratorio que puede llegar al oído de Aquel que sujeta el sutratma o hilo”. Esta cita fue extraída de un manuscrito muy antiguo en los Archivos de la Jerarquía, que se refiere a esta etapa del discipulado. Por primera vez hago accesible esta información, en forma breve y necesariamente velada e inadecuada, a los discípulos que se reúnen en este ciclo al llamado de la Jerarquía. Sólo aquellos que se hallan en esta etapa del discipulado realmente comprenderán lo que expongo y se beneficiarán de las insinuaciones.

Esta cuarta etapa será posible únicamente para el discípulo que ha sido aceptado durante más de una vida y que demostró capacidad de trabajar con altruismo y perseverancia. Puede decirse que los requisitos son:

  1. Descentralizarse y dejar de ser el punto de interés dramático en su pequeño escenario. No preocuparse de su [i744] naturaleza sensoria. No permitir que el excesivo autointerés que evidencia la mayoría, impida controlar sus pensamientos y aspiraciones.
  2. Trabajar impersonalmente, sin importarle cómo reacciona su personalidad. Esto significa que sus propios sentimientos y pensamientos, simpatías, antipatías y deseos, ya no son factores controladores; él condiciona sus actividades y relaciones diarias, únicamente mediante esas intenciones y actividades que son para bien del grupo. No [e682] sacrificará a ningún individuo en bien del grupo, sino después de haber hecho el debido esfuerzo para ayudarlo a comprender y a manifestar rectas relaciones; tampoco vacilará en actuar con firmeza cuando surja la necesidad u oportunidad.
  3. Desarrollar el sentido de proporción respecto al trabajo y considerar de valor relativo lo que él ha contribuido al trabajo del Maestro y a la vida del ashrama. Preocuparse de la tarea y la oportunidad y no del Maestro o del lugar individual que ocupa en los pensamientos del Maestro. La mayoría de los discípulos en las primeras etapas del noviciado, jamás olvidan que son discípulos. Esto es lo que el Maestro Morya denomina el “ufano recuerdo de la mente absorta en sí misma”. Es una forma de orgullo velado, que a los principiantes le resulta difícil evitar. Ni por un momento olvidan su discipulado y su Maestro, no importa cuán activo sea su servicio; sin embargo -si realmente trabajaran desde el punto de tensión- olvidarían la existencia del Maestro cuando llevan a cabo la tarea para sus semejantes.
  4. El discípulo en el sutratma llega a la etapa donde se presenta la analogía superior de la denominada “doble personalidad”, o en otras palabras, ese estado de conciencia del cual la doble personalidad es la sombra y la distorsión. El discípulo es consciente, simultáneamente, de dos estados de conciencia, o de dos puntos de actividad concentrada:
  5. El punto de tensión espiritual en que está enfocado y se esfuerza por mantenerlo inviolable y continuo. [i745]
  6. La esfera de actividad enfocada en los tres mundos por cuyo intermedio lleva a cabo, como discípulo, su trabajo y servicio.

Estos dos puntos relacionados no son en realidad dos actividades separadas, excepto cuando emergen en la conciencia del discípulo en el plano físico y expresan su vida objetiva y subjetiva. Derivan del trabajo que debe realizar en tiempo y espacio por medio del cerebro físico. El segundo punto de enfoque sería en realidad una exteriorización del punto interno de tensión. En estas palabras tienen la clave de la verdadera ciencia del discipulado y de la relación progresiva entre el centro humano y el Jerárquico. Concierne asimismo al trabajo del Buda y del Cristo, porque ambos representan el punto de tensión en Shamballa y en la Jerarquía.

[e683] La mayoría de los discípulos no trabajan desde el punto de tensión espiritual, sino desde un punto de enfoque de la personalidad -lo cual es, en realidad un paso más adelante que el de la persona irreflexiva común- al que se aferra demasiado tiempo. Mientras un hombre está enfocado en su personalidad, el punto de tensión espiritual se le escapará. Estará impelido por la aspiración personal, no por la fuerza ashrámica, y este enfoque en la forma traerá dificultades tanto al aspirante individual como a su grupo. La tensión espiritual como resultado de la total dedicación de la personalidad al servicio de la humanidad, estimula y fortalece, pero no evoca la vida inferior del yo personal.

El discípulo debe cumplir estos requisitos antes de enseñársele cómo llegar al Maestro a voluntad, o cuando surge una emergencia.

Quisiera llamarles la atención sobre la actitud del Maestro en esta etapa del progreso de Su discípulo. Como el nombre lo insinúa, en este punto se le permite al discípulo llamar la atención del Maestro, que sólo se concede cuando se puede confiar en que el discípulo utilizará ese privilegio únicamente para propósitos de servicio grupal y nunca para sí mismo o en beneficio propio. Significa también que es ya capaz de manejar su vida y sus problemas y, por lo tanto, incapaz de entrometer sus crisis personales en la vida del ashrama. Además implica que la devoción y el esencial altruismo básico del discípulo es de tal naturaleza que el ashrama no necesita ser protegido de su actividad vibratoria; [i746] nunca exige que el Maestro le otorgue, lo que esotéricamente se denomina “el poder que rechaza”. El Maestro sabe que si llega un llamado del discípulo en el sutratma, no pierde tiempo si le responde, porque la demanda siempre será emitida para satisfacer la necesidad del grupo y establecer un propósito grupal.

No importa lo que está haciendo el Maestro ni cuál es Su preocupación, debe responder a ese llamado porque al discípulo se le ha conferido el derecho de hacerlo cuando lo demanda una emergencia. Cabe preguntarse aquí cómo sabe el discípulo (empleando una frase idiomática) “abrirse paso hasta el Maestro”. Puedo asegurarles que queda totalmente inhibido cuando no debe emitir el llamado -inhibición que surge de él mismo, no la impone el Maestro- ni lo desea ni lo hace si tiene alguna duda en su mente. Es cuestión de poseer clara percepción intuitiva, de reconocer que existe un canal libre de obstáculos y que es un acto de la voluntad espiritual. En realidad constituye un proceso [e684] de invocación y evocación. Este concepto del discípulo en el sutratma o hilo, subyace en las distorsionadas enseñanzas sobre las prerrogativas y privilegios del sacerdocio y la relación del Papa, por ejemplo, con Dios, o de los ” elegidos “, con la Deidad. El discípulo en el sutratma y el Maestro y Su Ashrama, constituyen ese ideal latente e insatisfecho, que la conciencia eclesiástica interpreta como que es la Iglesia. Cuando se erija la venidera religión mundial alrededor del trabajo y de la actividad de los discípulos mundiales y conocedores, entonces veremos correctamente interpretados y realmente expresados estos símbolos, denominados “derechos y prerrogativas del sacerdocio”. Las mismas deducciones simbólicas se pueden observar en la casta de los Brahmanes en la India.

Esta relación e interacción responsivas sólo las obtiene, después de un largo ciclo de relación externa, el discípulo aceptado, primero en la periferia y después en el ashrama, pero no como resultado del esfuerzo para obtener esta posición de poder e influencia en el servicio. Es simplemente el resultado silencioso y casi inconscientemente logrado de la propia negación y autolvido que caracteriza al discípulo aceptado, descentralizado y completamente dedicado al cumplimiento del plan divino, dentro de su máxima capacidad. Es la recompensa, si puedo expresarlo así, del trabajador que sabe lo que [i747] vino a hacer en esta encarnación, y trata de hacerlo con toda dedicación. El anhelo impulsor de su vida es la necesidad de la humanidad y su creciente percepción del próximo paso que el hombre debe dar.

Las principales tareas del Maestro, cuando un discípulo entra en su ashrama, consiste en hacerle pensar en su descentralización. Esto implica trasladar la conciencia del discípulo, de sí mismo al trabajo que debe realizar, e incidentalmente responder a las siguientes preguntas:

  1. ¿Sabe en realidad, cuál es la tarea de su vida?
  2. ¿Ha tratado de llevarlo a cabo en las actuales circunstancias de su vida?
  3. ¿Tiene como objetivo principal la formación de su carácter y el desarrollo de la pureza? Si es así ¿no cree usted que debería estar en el sendero de probación en vez de engañarse a sí mismo de que está en el sendero del discipulado?
  4. ¿Se preocupa de la necesidad de la humanidad o de su posición como discípulo, de sus propios problemas espirituales y de las ilusorias y terribles dificultades de su vida personal?

[e685] Mientras crea que su vida es de sumo interés y excesivamente difícil, se halla sólo en las primeras etapas del discipulado aceptado y aún no ha desterrado viejos hábitos mentales. Estas preguntas deberán ser contestadas oportunamente antes de que el estudiante adquiera lo que podría llamarse “completa libertad en el Ashrama”.

También debe recordar que el Ashrama se exterioriza sólo cuando proporciona un punto de tensión espiritual. De allí egresan los discípulos para trabajar en el mundo. El grupo externo que trabaja en el mundo, o sea el ashrama exotérico, se exterioriza reflejando la radiación del Ashrama interno y estableciendo un campo magnético de poder espiritual. Esto se hace a medida que los miembros que se encuentran en la periferia externa, se relacionan con el Ashrama interno y, por consiguiente, reaccionan a la nota y cualidad del grupo interno reunido alrededor del Maestro.

Un Ashrama no es un grupo de personas que buscan conocimiento espiritual. Es un centro de actividad grupal que, impulsado por energías [i748] (cuando se le otorga plena y adecuada influencia), permite al grupo llevar a cabo el Plan del Maestro y satisfacer la necesidad humana. Quizá se pregunten por qué acentúo constantemente esta necesidad. Lo hago porque esa necesidad constituye el principio más importante y urgente de invocación y puede evocar y evocará respuesta jerárquica, poniendo en relación dos centros, la Humanidad y la Jerarquía. Ésta es la analogía grupal de la invocación del alma por la personalidad y su consiguiente evocación en el plano de la vida diaria, lo cual conduce a la consiguiente fusión. Un Ashrama o el grupo de un Maestro es, por lo tanto, un centro de invocación, y cuando un discípulo individual se convierte en un discípulo que está en el sutratma, constituye la recompensa por el servicio altruista -efectuado a cualquier costo personal. Entonces el Ashrama puede llegar a ser un centro de excepcional poder mundial.

Los discípulos en el sutratma o hilo, emplean una técnica especial de acuerdo a su rayo; actúan siempre a través del centro coronario. Por medio de ese centro emiten el llamado, inaudible desde el ángulo del plano físico, y (vibrando a lo largo del hilo) llega hasta el Maestro. Sin embargo, el Maestro enseña directamente estas técnicas al discípulo cuando reconoce que éste tiene derecho a ese privilegio. Aquí no puedo dar directamente estas técnicas. Cuando “esté en el sutratma”, se le impartirá inevitablemente tal información.

El sutratma no es el antakarana, sino un hilo vinculador de [e686] luz viviente. El Maestro lo proyecta a medida que el servicio del discípulo evoca respuesta de Él. Sin embargo, esta evocación acrecienta su poder a medida que el discípulo construye el antakarana entre la personalidad y la Tríada espiritual. El discípulo en el sutratma oportunamente conecta el hilo de la vida -un aspecto del antakarana- con este hilo ashrámico, de allí que se establezca el control monádico sobre el individuo, que grupalmente significa que la Jerarquía es controlada por Shamballa. Debe tenerse siempre presente la relación menor y mayor.

Para el aspirante común las implicaciones de esta etapa del discipulado son de valor porque acentúan lo que aún no se ha logrado. Por lo tanto, las implicancias son negativas, lo cual es frecuentemente deseable, en lo que concierne a los discípulos aceptados, cuyas actitudes deberían ser positivas e inteligentes. [i749] La Ley de Relaciones Positivas y Negativas subyace en todas estas etapas. Al principio, lo superior es siempre negativo para lo inferior; luego se producen esos cambios intermedios que hacen a lo superior positivo para lo inferior, y conducen al constante ascenso en el Camino de la Vida, y en la escala del ascenso espiritual.

[AAB. Discipulado en la Nueva Era I]