Etapa II. El Discípulo que está en la Luz

por Djwhal Khul el 21 de febrero de 2001

En esta etapa la conciencia del probacionista se ocupa definidamente de vencer el espejismo y corregir la visión distorsionada y miope del hombre que estuvo sumergido en la vida de la materia o de la forma. Ahora trata de ver la nueva visión, controlar el mundo de reacciones emocionales y trabajar en un nuevo medio, el de la Luz.

Los Maestros nunca trabajan en el plano astral. Aunque ciertas escuelas de ocultismo lo enseñen, no es verdad porque para Ellos (que han vencido el espejismo y la ilusión) el plano astral no existe; sólo es un concepto ilusorio de una mente del tipo kama manásico (deseo-mente) -la mente del aspirante común. Por lo tanto, en esta etapa, el discípulo es cuidado y guiado por alguien que aún está sujeto al espejismo, y es al mismo tiempo consciente de la naturaleza efímera del plano astral.

Hay tantos aspirantes en el mundo que yo desearía, antes de proseguir con otros temas, mencionar la índole del trabajo que los Maestros tratan de realizar con Sus grupos de discípulos en esta hora de crisis mundial. Es un tema de suma importancia [e660] para el mundo desde el punto de vista de los Maestros. Recuerden que en todas nuestras observaciones y en el esfuerzo de ustedes por comprender, trato de descentralizarlos, dándoles en lo posible simplificado el punto de vista de la Jerarquía, para que pueda ser comprendido por el aspirante término medio.

[i720] En lo que a los aspirantes concierne, lo que los Maestros tratan de hacer es estimular la llama del espíritu en ellos, para que puedan incendiar al mundo. Los fuegos del razonamiento y de la sustancia, del karma y su vehículo, la materia, azotan el mundo de hoy. El fuego hay que combatirlo con fuego y, como bien saben, para sofocar el ardiente infierno que devasta hoy al mundo hay que oponerle el fuego del espíritu, el cual debe ser utilizado y distribuido con eficacia por los discípulos de los Maestros. La tarea de Shamballa, referente a la Jerarquía, es de naturaleza similar, pero se expresa en un nivel más elevado, propagando al máximo el fuego de la Voluntad. En último análisis, el fuego que debe ser utilizado por los discípulos en el mundo, es el de la voluntad de amar.

Este fuego no es lo que creen. La voluntad de amar significa amar al gran Todo y también poseer la capacidad de hacer lo necesario para bien del grupo en forma correcta y con la debida habilidad de actuar. Involucra la capacidad de actuar firmemente donde surge la necesidad, pues el discípulo posee amplia visión y no se deja engañar por la perspectiva inmediata. Trabaja y se prepara para el futuro. En otras palabras, constituye la intención amorosa de incendiar al mundo con la nueva idea del “espíritu de relación”, comenzando en sí mismo, la familia y el grupo inmediato. Ésta es la voluntad de incendiar. Sería conveniente reflexionar profundamente sobre estas ideas. Para llevar a cabo y hacer efectiva esta ígnea estimulación, el discípulo tiene que aplicarse el fuego a sí mismo y verse, en la llama resultante, como verdaderamente es. El fuego del aspecto material -el de la personalidad aún prevalece demasiado y es muy poderoso en la vida de los aspirantes, por eso causan daño. Deseo recordarles que el fuego del plano mental -el de la mente- es el reflejo -el reflejo distorsionado del fuego del espíritu. Algunos discípulos utilizan sólo el fuego de la mente; en sus momentos mejores y más elevados tratan de utilizar el fuego del amor para neutralizar los fuegos de la mente censuradora, pero en el mejor de los casos no es una afluencia espontánea, sino un esfuerzo laborioso de ser bueno, de abstenerse -mediante una drástica autodisciplina de expresar lo que sus mentes criticadoras dicen, o de actuar según las opiniones que pueden haberse [e661] formado por el empleo del fuego de la mente. Este fuego por lo general va dirigido a un hermano, y el esfuerzo para no [i721] utilizarlo crea inevitablemente un vacío o una barrera. No existe verdadero amor activo entre la mayoría de los aspirantes, sino sólo un gran esfuerzo de la personalidad para no criticar. Se concentran en la necesidad reconocida y básica de no criticar, porque es lo correcto, y se recompensa a quienes lo logran, pero la concentración no se basa en el efecto que produce en los demás, cuando el fuego de la mente se desata con sus resultados destructores, consumidores y perjudiciales.

Los Maestros ansían, por lo tanto, “quemar al discípulo en el fuego de la voluntad de amar, para que sea liberado y desaparezcan las barreras que impiden la afluencia de la fuerza avatárica”. ¿Por qué es así? Porque los discípulos en el mundo, no la masa, obstruyen actualmente la Venida del Avatar y obstaculizan Su intención. Él no decidirá venir hasta que los discípulos y aspirantes del mundo efectúen los necesarios cambios en sí mismos, pues no existirá “suficiente voluntad para amar con ígnea esencia”. Donde existe esa voluntad, pueden acontecer dos cosas:

1. La afluencia de energía que el Avatar traería Consigo, puede ser aminorada suficientemente como para ser efectiva en la humanidad.

2. Al Avatar y a quienes trabajan con Él y están bajo Su influencia, se les puede proporcionar un grupo que:

a. Responda inteligentemente a esa influencia, reconociéndola y absorbiéndola.
b. Distribuya la energía que afluye.
c. Interprete ante la humanidad las nuevas fuerzas impulsoras que se ocupan de precipitar la nueva visión, el nuevo orden mundial y los ideales de la nueva era.

Entonces habrá muchos Discípulos en la Luz y en las graduadas etapas del discipulado.

La visión que muchos tienen de la influencia y el trabajo del Avatar, es la de una Gran Aparición que daría fin a toda contienda, inauguraría una nueva era de paz y buena voluntad, apaciguaría los corazones de los pueblos y conduciría al género humano a los reinos de la belleza y la felicidad. También culminarían los [i722] anhelantes deseos de innumerables mentes en el transcurso de las épocas y sería el consuelo para una humanidad atribulada; amaría y trataría dulcemente a Su propio pueblo; expulsaría a los malhechores de la faz de la Tierra, para evitar que éstos alteren nuevamente la paz del mundo.

[e662] Debo decirles que ésta no es una visión de la realidad, sino que se basa en las interpretaciones teológicas y en el egoísmo humano y se funda en el sufrimiento del género humano como también en el fracaso de los discípulos y aspirantes de todas partes en captar la verdadera naturaleza del amor y la visión real del Plan jerárquico.

Él traerá el Fuego del Amor y emitirá el mensaje del fuego purificador; no impartirá enseñanza sobre las aguas purificadoras, como sucedió hasta ahora, respecto a esta verdad simbólicamente impartida; propagará el fuego que consume y destruye todas las barreras en la naturaleza humana y todas las vallas separatistas entre individuos, grupos y naciones. ¿Como individuos, aspirantes y discípulos, están preparados para someterse a este fuego?

Cuando un hombre llega a ser un discípulo en la luz, tienen lugar ciertos desarrollos que le permiten percibir con mayor claridad la visión y saber lo que debe hacer, puesto que la luz siempre revela, y ellos son:

1. El aspirante efectúa una transición de conciencia del plano astral al mental, para lo cual el discípulo que lo ayuda definidamente le proporciona apoyo y guía.

2. El aspirante aprende a distinguir, oportuna e infaliblemente, entre los pares de opuestos.

3. El aspirante se da cuenta de que finalmente debe liberarse del espejismo y ayudar a liberar al mundo.

Estas tres etapas están expuestas en el Libro de las Reglas para los discípulos en el sendero de probación. La regla que las explica puede traducirse aproximadamente en lenguaje moderno, de la manera siguiente:

“El que huella el Camino da un salto adelante y abandona el mundo de la vida flexible. Efectúa la gran transición y deja atrás el camino acuoso. Camina sobre el agua y [i723] no se sumerge en ella. Un discípulo, llevando una luz, lo conduce de la mano, de una luz a una Luz mayor.

“Es la Transición en el camino inferior que prepara para otro superior.

“Quien está en el Camino llega a darse cuenta de una y otra cosa. Aparecen los polos. Ambos atraen su vida cotidiana, primero uno y después el otro; se mueve entre ambos. Debe producirse una transformación; los dos se convierten en uno. Se ha dado un paso hacia la unidad. Sigue adelante [e663] entre ambos. Un discípulo en la Luz esparce luz a ambos lados, y así el pequeño puede caminar.

Esta Transformación en el camino dual, conduce al Camino.

“Quien recorre el Camino mira a su alrededor y ve la vida a través de una bruma. Las nieblas y brumas del espejismo envuelven los valles y las colinas de la vida, debiendo disiparlas y trasmutarías por medio de los ardientes rayos de la resplandeciente luz. Un discípulo en la luz dirige la ardiente e ígnea luz que disipa la enervante bruma.

“Esto es Transmutación. Estos fuegos liberan la luz oculta y la fusionan con la luz mayor”.

Por lo tanto, en estos tres procesos se aprenden las primeras lecciones, guiados por un discípulo mucho más avanzado que el discípulo en la Luz (aunque todavía no es un adepto). A medida que esto transcurre, el aspirante no se da cuenta del interés del Maestro. El Maestro recibe regularmente informes basados sobre ciertos gráficos del discípulo avanzado que tiene a su cargo al neófito. De esta manera se establecen muchas relaciones jerárquicas. Una vez establecidas -por el trabajo realizado en el Ashrama de un Maestro y no en el plano físico- persisten, constituyendo uno de los factores que produce:

1. La integridad jerárquica.

2. La oportuna y estrecha relación entre la humanidad y la Jerarquía.

En la actualidad se acrecienta grandemente el número de personas que se relacionan de este modo, y los discípulos avanzados de los Maestros que aceptan discípulos, están excesivamente ocupados entrenando [i724] aspirantes, y dedicados al trabajo que implica la grave crisis mundial. Los aspirantes así entrenados constituyen en realidad el núcleo de los futuros servidores del mundo, por lo cual son de real importancia. La tarea a que se dedican es de tres categorías, y mucho aprenden, mientras se ocupan de esto los discípulos avanzados y los iniciados.

Dichas categorías constituyen el establecimiento de:

1. Las influencias magnéticas.
2. La relación telepática.
3. Los básicos reajustes kármicos.

La primera tarea que enfrentan los discípulos es llegar a comprender la naturaleza del aspirante del cual se han hecho responsables y establecer una zona o sendero de influencia, para [e664] que puedan ser definidamente útiles y capaces de comunicarse con el aspirante. Podría decirse que en el pasado tales relaciones eran entre alma y alma y requerían un largo período para “alcanzar” el adecuado reconocimiento en la mente y el cerebro del aspirante. En la mayoría de los casos, aún hoy persiste eso método, pero muchos de esos discípulos que prestan ayuda, llevan a cabo (dirigidos por su Maestro) un experimento para trabajar directamente con los aspirantes en el plano físico, involucrando así la relación de la personalidad y también del alma. Esto constituye una relación mucho más difícil, pero es parte de un nuevo proceso de exteriorización del esfuerzo jerárquico, del cual todos los ashramas externos (en lenta formación) son parte. Para que reconozca a los miembros de la Jerarquía se entrena, por este medio, al discípulo en la Luz, siendo consciente primero, de los discípulos más avanzados que él y aprendiendo después, a sopesar sus palabras y sugerencias. En consecuencia, observarán el gran esfuerzo que se está haciendo para acercar los dos centros -la Humanidad y la Jerarquía- en una relación más íntima, tanto objetiva como subjetiva.

Todos aquellos que en esta vida han pasado de la etapa del discípulo en la Luz a la etapa del discípulo aceptado, reconocieron:

1. Al discípulo avanzado que ellos descubrieron “en la Luz”. [i725]

2. Al Maestro. El tema del reconocimiento del Maestro se dilucidará más adelante.

El consiguiente desarrollo del proceso del intercambio telepático, es algo que debe ser cuidadosamente estudiado. Todos los grupos de discípulos que trabajan dentro o fuera de un ashrama, deben estar en íntima relación telepática y proporcionar un campo de entrenamiento para el desarrollo de este tipo de sensibilidad. Lo primero que debe haber en un grupo de discípulos, es amor y confianza, porque sin ellos no puede haber verdadera trasferencia de ideas. Cuando no existe amor y confianza, deberán desarrollarse definida y conscientemente.

La segunda regla que rige la relación telepática es evitar cuidadosamente las crisis producidas por la crítica, si desean establecer el ritmo requerido. En todo grupo de discípulos hay quienes hacen después lo que debieron hacer antes; dan prioridad a muchas personas y cosas antes que a sus deberes y responsabilidades espirituales; lógicamente esto proporciona entre sus condiscípulos una razonable (aparentemente justa) crítica. En ciertos momentos la crítica es sin duda un reconocimiento de hechos. Esto significa que el discípulo que critica ha llegado a una etapa [e665] en que basa su razonamiento en el amor, de manera que no produce efectos personales en su propia vida ni en la de su condiscípulo. Es simplemente el reconocimiento amoroso de las limitaciones, como es erróneo cuando estos fehacientes hechos se utilizan para despertar la crítica en quienes no están capacitados para ello y son causa de discusión. El discípulo o aspirante, cuyos defectos son notorios, y no hace los cambios necesarios en sí mismo, erige barreras que deberá destruir con el tiempo, eliminando todo lo que causa crítica. Estas barreras impiden la libre comunicación telepática.

Podría formularse aquí y se formulará, una interesante pregunta: El grupo de discípulos y aspirantes activos ¿debe sintonizarse con la nota que emiten los discípulos más avanzados del grupo, o disminuirla a un nivel general e inferior, adaptado a los menos avanzados? Expongámosla de otro modo: ¿Los que están menos avanzados en un grupo de discípulos y aspirantes, deben hacer descender a su nivel de trabajo y comprensión a los más desarrollados? ¿Harán un supremo esfuerzo para estar a la altura de la visión superior y alcanzar las actitudes y puntos de vista de los más avanzados? Estas preguntas constituyen un [i726] problema fundamental en todos los ashramas, y únicamente pueden responderlas los mismos discípulos.

Cuando el discípulo mentor establece los ajustes kármicos, está regido por ciertos requisitos. Debe asegurarse con exactitud qué karma debe agotar en esta encarnación el aspirante que tiene a su cargo. Luego tiene que inducirlo a que agregue a este karma lo que puede llamarse “karma liberador”. Esto es parte de un proceso forzado a que deben someterse voluntaria y libremente todos los que eligen el difícil camino de la iniciación. El discípulo tratará de hacer ciertas cosas a este respecto. Aquí me refiero al discípulo que está en la Luz:

1. Agota inevitablemente el karma lo más inteligente y conscientemente posible.

2. Acepta algún karma, que comúnmente podría ser precipitado en una vida posterior.

3. Comienza a responsabilizarse de parte del karma general de la humanidad, aumentando así su propio karma.

4. Empieza a agotar parte del karma planetario y a comprender algo del mismo, aunque no asume todavía responsabilidad a este respecto. Sólo después de la tercera iniciación toma parte, conscientemente como individuo, de la responsabilidad kármica del Logos planetario.

[e666] Quisiera señalar aquí que me refiero al buen y mal karma. La tarea del discípulo colaborador consiste en guiar al discípulo que está en la Luz, a ajustar su karma. El discípulo avanzado lo hace plasmando el pensamiento. Cuando el karma se enfrenta conscientemente se acelera por el poder mental; quizá ésta es la lección principal que el discípulo avanzado debe enseñar al neófito. Así se le ayudará a ver “en la luz” que ilumina su camino, pues el discípulo que lo prepara para la etapa de discípulo aceptado está en constante contacto con el Maestro. De este modo se establece una relación triangular que tiene un valor oculto.

Esta etapa puede ser relativamente breve si el discípulo en la Luz lo ansía y conscientemente desarrolla la sensibilidad superior. A veces dos vidas son suficientes para abarcar [i727] este período. El discípulo en la Luz es el que huella el camino de lo que se llama “la revelación menor” -menor porque concierne a la revelación de lo que debe hacer durante la vida de la personalidad; no es el camino de la revelación superior de la divinidad y su naturaleza, sino la revelación de lo que ya está manifestado y no lo que debe ser manifestado. Reflexionen sobre esto. El faro del alma revela defectos del carácter, la expresión limitada y la conducta inadecuada, las cuales deben ser corregidas inteligentemente. En los gráficos simbólicos que el discípulo guiador presenta al Maestro dos veces por año, se indica el esfuerzo hecho en ese sentido y no los resultados; lo que cuenta es el esfuerzo. Los resultados serán inevitables, de acuerdo al esfuerzo. Cuando estos gráficos (tres) se relacionan y superponen geométricamente, indican un definido diseño de rayo. Entonces el Maestro puede juzgar el grado y tipo de desarrollo y determinar en qué momento puede autorizar al discípulo avanzado para que solicite, en la etapa del discipulado aceptado, el ingreso del discípulo que tiene a su cargo. Cuando la demanda del aspirante, la solicitud del discípulo guía, la condición kármica y la nota que registra el Maestro coinciden en el tiempo, entonces se llega a la tercera etapa.

Quisiera recordarles nuevamente que estas tres etapas se relacionan con el trabajo en el ashrama y con la vida y la vitalidad del grupo interno. Este grupo está compuesto, como saben, de antiguos y experimentados discípulos e iniciados, también de neófitos en diferentes etapas de desarrollo y de discípulos que pasan por las numerosas y diversas etapas del sendero. Estas grandes diferencias entre los tipos de discípulos activos producen la interrelación entre los ashramas externos e internos, entre el grupo objetivo en el plano externo y el grupo interno mayor. Esto [e667] conduce a la pregunta que puede surgir en forma normal en las mentes de quienes trabajan en el grupo externo y están relacionados superficialmente con el grupo interno: El nivel de conciencia del ashrama externo ¿está determinado por los miembros de ese grupo o por su relación con todo el ashrama, del cual constituye una parte relativamente pequeña? Cuando un miembro del ashrama formula tal pregunta, indica una definida preocupación por el personal del grupo y no por el grupo como un aspecto del ashrama de algún Maestro. Los discípulos deben [i728] recordar que un ashrama no está restringido a unos pocos que pueden conocerse mutuamente y reunirse como miembros de un ashrama. Un ashrama es un grupo internacional, compuesto de almas encarnadas y desencarnadas; es una síntesis de iniciados de diversos grados y de discípulos aceptados. Los Maestros no consideran iniciados a quienes recibieron la primera iniciación. Sobre este punto debe insistirse.

A los discípulos que recibieron la segunda iniciación se los considera “iniciados en probación”, y sólo cuando pasaron la tercera iniciación son verdaderos iniciados desde el punto de vista de la Jerarquía. A la primera iniciación se la denomina a veces iniciación lemuriana”, a la segunda, “iniciación atlante”, pero a la tercera iniciación -la de nuestra raza aria- la Jerarquía la considera técnicamente la primera iniciación. Quisiera que reflexionaran sobre este nuevo punto de vista. De allí que el término Discípulo Aceptado abarque las etapas de la primera y segunda iniciaciones; cuando un discípulo ha recibido la tercera iniciación ya no es técnicamente un discípulo aceptado, aunque permanece en el grupo de un Maestro hasta recibir la cuarta iniciación. Hago notar estos tecnicismos a fin de que haya claridad y proporción en sus reflexiones.

Un ashrama, por lo tanto, representa todas las etapas del desenvolvimiento, desde las más avanzadas hasta las del principiante, como ser, el que lee estas instrucciones. Lo más importante para cada discípulo de un ashrama, es poder elevar su conciencia y responder conscientemente a la vibración ashrámica, a fin de no obstaculizar las actividades planeadas del ashrama. Los discípulos iniciados más avanzados ¿deben detenerse, o esperar y disminuir sus actividades, a fin de dar tiempo y oportunidad a los menos avanzados para que estén a la altura de ellos? Por consiguiente, surge la pregunta: ¿Esperan los discípulos avanzados u obstaculizan los menos avanzados?

Puedo asegurarles que no se aplica una norma exacta, y quisiera prevenir a los principiantes que no pueden obstaculizar a [e668] los miembros avanzados de un ashrama, pero sí expulsarse a sí mismos de la esfera de actividad, aunque no del grupo. Les corresponde esperar a quienes no están entrenados ni preparados, y no los preparados y realmente dedicados.

[i729] La tarea del Maestro consiste en estimular al mayor número posible de los que pertenecen a Su grupo, a fin de que trabajen firmemente en los niveles de actividad espiritual, donde el fuego de la voluntad de amar anima y predomina. Parte del ashrama se halla aún en las primeras etapas, luchando por comprender los fuegos de la mente, que deben ser primeramente captados y luego aplicada su esencia ígnea, antes de que el fuego de la voluntad de amar pueda afluir a través del discípulo.

Debe comprenderse que el trabajo del ashrama sigue su curso y que los discípulos e iniciados (de fervorosos corazones) continúan trabajando sin impedimentos. Esto abarca la reacción individual de los miembros de un ashrama. Pero cuando todo el grupo con vehemente amor vive como almas, entonces el ashrama se convierte en un centro vital o vórtice de fuerza dinámicamente efectivo. Los Maestros que trabajan aplicando el método de formar ashramas, se esfuerzan por lograr, lo más rápidamente posible, esta unidad de amor e intención (voluntad). Sólo el principiante se preocupa de su efecto individual en un ashrama. El discípulo entrenado y liberado se preocupa del esfuerzo que debe realizar y la tarea que debe llevar a cabo. La personalidad de un discípulo individual sufre si sus hermanos de grupo no comprenden ni detienen la fogosidad de sus mentes, pero continúa firmemente con su trabajo, manteniendo incólume su eficacia personal, como unidad servidora. Sabe que algún día todos se liberarán de sí mismos. Mientras tanto trabaja para neutralizar su influencia, y en ese sentido su tarea es más pesada, pero sabe también que están en camino de comprenderlo y que por el momento no pueden evitar ver en él y hasta en su Maestro, los mismos defectos que predominan en ellos, pues, hermano mío, vemos en otros, aunque no exista. Los discípulos deben aprender a diferenciar entre la verdadera percepción analítica y lo que se denomina crítica. Un Maestro no critica a los miembros de Su ashrama. Procura analizar los puntos que pueden obstaculizar la utilidad del servicio que presta el ashrama. Existe una diferencia fundamental entre esta ayuda constructiva y la crítica basada en un sentido de superioridad personal y en el hábito de buscar defectos.

[i730] Cada Maestro ha llegado a un punto en que ve la visión con [e669] claridad, siendo esto parte de la recompensa acordada al iniciado. Se identifica con ella y, si es necesario, su rayo de “captación” la matiza y enriquece, interpretándola como Su contribución al todo. Allí reside el secreto del éxito inevitable e inobstaculizable (si tal palabra existe, hermano mío) de la visión, materializada por los esfuerzos combinados de la Jerarquía, condicionada en tiempo y espacio por algún Maestro o grupo de Maestros que trabajan con uno o varios rayos. En los primeros días del presente ciclo de esfuerzo jerárquico 1925-1936, el primer rayo actuaba sobre la humanidad. La actividad de tal rayo culminó cuando Gran Bretaña declaró la guerra en 1939 y la fuerza destructiva de este rayo -mal aplicada y mal dirigida indujo a Alemania a invadir Polonia. En 1932 la influencia del segundo rayo empezó a afirmarse y continuará haciéndolo hasta 1945, en que el séptimo rayo entrará paulatinamente en actividad. Entonces tendremos tres rayos que simultáneamente afectarán al género humano:

1. El primer Rayo de Voluntad o Poder, agotando su fuerza.

2. El segundo Rayo de Amor-Sabiduría, alcanzando su meridiano y manteniéndose en el centro del escenario hasta 1957.

3. El séptimo Rayo de Orden Ceremonial, entrando en actividad en combinación con los otros dos -la voluntad de amar y la voluntad de un orden-, produciendo belleza en el actual caos.

Por lo tanto, los discípulos de los Maestros Morya, Koot Hoomi, Rakoczi, van hacia un período de intensa actividad. El destino del mundo está en manos de Sus tres grupos de discípulos iniciados, y se les pide conjuntamente a los discípulos aceptados de los tres grupos, que colaboren con Ellos, lo cual ofrece a muchos, en todas partes, una gran oportunidad. A medida que ustedes visualizan el Plan y colaboran con los tres Maestros y Sus grupos de iniciados, se les presentará una oportunidad. Los Grandes guías de Shamballa consideran responsable a este triángulo de energía, de la regularización de los asuntos mundiales. No es necesario que la humanidad sepa algo más sobre esto.

Recuerden que el ashrama es un vórtice de fuerza y un centro de energía -centro a través del cual afluyen la fuerza y la energía, [i731] para que se materialice la visión. Esta fuerza y energía está, en último análisis, dirigida por un Maestro, por un grupo de tres iniciados avanzados y por otro grupo de iniciados menores, representando así (en cada ashrama) el gobierno planetario en miniatura. Ellos reducen la energía entrante, a fin de que [e670] los discípulos aceptados puedan manejarla sin peligro y actuar como agentes distribuidores. La energía con que trabajan los Maestros procede de Shamballa; las fuerzas con que Ellos trabajan, la proporciona la Jerarquía misma, y de acuerdo a como reaccionan los discípulos aceptados a las fuerzas combinadas, podrán ser utilizados para servir. En otras palabras: los discípulos iniciados en el grupo de un Maestro enfocan las energías entrantes; los discípulos aceptados, por mediación de sus almas, enfocan la fuerza que el Maestro dirige externamente hacia el mundo de los hombres, de acuerdo al Plan de la Jerarquía, haciéndolo en concordancia con la revelación que proviene de Shamballa.

A los discípulos iniciados sólo les interesa la visión, el Plan, su dirección y su materialización en la Tierra. Los discípulos aceptados están aprendiendo a hacerlo y mientras tanto deben reaccionar a la visión en forma que podría llamarse secundaria, pues se ocupan del Plan y de la distribución de las fuerzas que lo materializará. Así se coordina toda la actividad del ashrama. Los discípulos recientemente aceptados (que están aprendiendo a colaborar) son valiosos como “agentes de experimento”. De acuerdo a su reacción ante las verdades impartidas y el Plan; de acuerdo a la capacidad de percibir la necesidad y relacionar esta necesidad con el medio de liberación, y de acuerdo a su capacidad de trabajar con los discípulos mundiales (los cuales son definidamente responsables, ante el Maestro del Ashrama, por algún aspecto del Plan), así será el éxito del esfuerzo en el mundo externo.

Nuevamente se les llama la atención sobre el concepto de la “Jerarquía de Relación”. En estos días de contienda mundial, el establecimiento de rectas relaciones presenta la clave del aspecto inmediato de la visión que debe ser precipitada sobre nuestro planeta. Por lo tanto, un Ashrama es un centro donde se pone a prueba la relación.

Surge aquí una pregunta sencilla: ¿cómo pueden establecerse rectas relaciones en la tierra si los discípulos aceptados del [i732] grupo de un Maestro son incapaces de reaccionar a esa idea y de mantener entre sí relaciones correctas, unánimes e inequívocas? ¿Qué esperanzas hay para el mundo externo, si el círculo interno de trabajadores (discípulos consagrados) son incapaces de establecer y mantener entre ellos estas rectas relaciones? Actualmente el problema es triple. Las rectas relaciones deben ser fomentadas entre: [e671]

1. Los discípulos aceptados, los discípulos iniciados y el Maestro.
2. Los miembros de un Ashrama y otros Ashramas.
3. Estos Ashramas y el mundo externo

El Maestro de un ashrama y los iniciados mayores de su grupo, son responsables de la relación entre Shamballa y la Jerarquía. Los discípulos aceptados y los iniciados menores son responsables de la relación entre la Jerarquía y la humanidad. De este modo se mantiene inviolable la gran cadena de la “Jerarquía del Ser”.

[AAB. Discipulado en la Nueva Era I]