Etapa I. El Periodo del Discipulado Primario

por Djwhal Khul el 21 de Febrero de 2001

Esta etapa es tan definidamente exotérica que muchas personas la dejaron muy atrás. El primer indicio de que un hombre ha llegado a esa etapa (desde el punto de vista de un Maestro) es que “la luz resplandece” en determinada vida; esto atrae la atención del Maestro hacia esa persona. Podría decirse que cuatro etapas constituyen el preludio del interés del Maestro, y cuando las cuatro están presentes y unidas en forma simultánea, sucede lo siguiente:

1. La intensa aspiración del hombre en el plano físico le permite repentinamente establecer [i714] contacto con el alma. Cuando esto tiene lugar se intensifica momentáneamente la luz en la cabeza.

2. Aumenta grandemente el karma de la vida del hombre y -aparte de su karma individual- por primera vez participa conscientemente y se hace cargo de una parte del karma de su grupo. Esta dual actividad kármica produce un verdadero vórtice de fuerza en el aura del grupo, que atrae la atención jerárquica.

3. El siguiente punto no es fácil de explicar o captar. Se ha dicho que el alma está en profunda meditación la mayor parte del ciclo de vidas de cualquier individuo, y sólo cuando se ha logrado integrar en cierta medida la personalidad, la atención se aparta de sus propias consideraciones internas y asuntos egoicos, y se dirige a su sombra. Cuando esto acontece, afecta definidamente al grupo egoico, y el Maestro (cuyo rayo es el mismo que el del alma [e655] implicada) se da cuenta de lo que esotéricamente se denomina “un alma que mira hacia abajo”. En el sendero del discipulado el ego es siempre consciente de la personalidad que se esfuerza por progresar, y llega la etapa en que (hacia el final del Sendero de Evolución) el alma recapitula el proceso evolutivo de involución y evolución. La energía del alma desciende y la fuerza de la personalidad asciende, y esto tiene lugar a través de descensos y ascensos conscientes. Me refiero aquí al proceso que lleva a cabo el alma bajo el impulso jerárquico, no al proceso en que la personalidad invoca al alma bajo una imperiosa necesidad, producida en la conciencia inferior por la gradual cesación del deseo.

4. Así se va construyendo gradualmente el antakarana y se relaciona conscientemente la “Luz mayor y la luz menor”, estableciéndose o creándose un sendero de luz y energía entre estos dos aspectos divinos. A medida que pasa el tiempo aparece en el grupo egoico lo que se conoce técnicamente por “la vinculadora luz” o “el puente de radiación”. El Antiguo Testamento menciona este sendero cuando dice: “el Sendero del justo es como una luz brillante que fulgura cada vez más hasta que el día sea con nosotros”. En libros [i715] esotéricos se lo describe en los siguientes términos: “antes de que el hombre pueda hollar el sendero, debe convertirse en el sendero mismo”.

Estas cuatro etapas fueron descriptas en “El Antiguo Comentario”, con los siguientes términos:

“El punto de luz resplandece. Crece y mengua. El punto se convierte en línea mediante la iniciación del vórtice, y desde el centro de la fuerza rotativa surge una voz invocadora y clara.

“Aquel que trabaja silenciosamente, solo y sin temor (porque la parte no está sola y el grupo no siente temores), mira abajo, capta la luz, refleja la fuerza giratoria y escucha la voz.

“Entonces desde el punto silencioso de poder surge el Verbo: Aquiétate. Guarda silencio. Sabe que soy Dios. Ahora comienza el trabajo requerido.

“Entre el Gran Uno y el pequeño aspirante se establece la comunión; el intercambio comienza; la mente ocupa el lugar que le corresponde. Realmente se construye el sendero”.

[e656] Cuando los cuatro aspectos de la actividad interrelacionada están presentes, comienzan a tomar forma y a establecerse “hábitos espirituales”. Su efecto conjunto sirve eventualmente para atraer la atención del Maestro. El contacto es aún demasiado débil, y el aferramiento del alma sobre la personalidad lo es también, como es aún demasiado débil para justificar que el Maestro haga algo directamente con el aspirante. La etapa es de misticismo puro y de propósito espiritual egoísta. Carece del reconocimiento de la relación grupal, no tiene conocimiento de la tendencia grupal ni un verdadero deseo altruista de servir. Sólo hay un vago deseo de liberación, de integridad y de perenne felicidad personales. Esto tiene que convertirse en emancipación, cohesión y alegría grupales.

Por lo tanto, la primera etapa de entrenamiento de este tipo de aspirante, consiste en relacionarlo con un discípulo más avanzado, que lo conducirá gradualmente adelante y le prestará la ayuda necesaria. Por esta razón se le asigna un discípulo que está más cerca del aspirante, aunque más lejos de la perfección, puesto que está aprendiendo a servir. Esta etapa de desarrollo abarca un período de información oculta e investigación [i716] esotérica y, por lo general, está distribuida en varias vidas. El aspirante en esta etapa va de un instructor a otro, de acuerdo a su tendencia, oportunidad y necesidad. Es un ejemplo de inestabilidad, estando vigilado cuidadosamente por el discípulo que ha trascendido esta etapa particular de volatilidad; su tarea es asegurarse que el aspirante eluda esta “red de futilidades”, como se denomina a veces, y que se alcance gradualmente en la etapa posterior de investigación interna.

Durante este período el Maestro no se interesa mayormente por el aspirante. Pasará mucho tiempo antes de ser admitido ante Su presencia y tener contacto personal. El discípulo que supervisa esta etapa intermedia, informa al Maestro en raros y distanciados intervalos. Cuando el aspirante ha llegado al punto en que “puede entrar en la luz del Ángel”, el Maestro comienza a hacerse cargo de su entrenamiento. Desde ese momento el discípulo está irrevocable y definitivamente preparado. Esto tiene lugar en la tercera etapa, la del Discipulado Aceptado.

Todas estas etapas se relacionan con una de las iniciaciones, denominada la primera: Periodo del Discipulado Primario, se relaciona con la primera iniciación, y está conectada con el plano físico y, como repetidamente he dicho, un gran número de personas la dejó muy atrás. Todos los verdaderos aspirantes han recibido la primera iniciación. Este hecho se demuestra por [e657] el intenso esfuerzo para introducirse en la vida espiritual, seguir una orientación determinada hacia las cosas del espíritu y vivir por la luz de ese espíritu. Creo que la mayoría de quienes leen mis palabras reconocerán estas determinaciones, como móvil básico de sus vidas) Esta etapa es la analogía del proceso de individualización en la época lemuriana, y a la etapa del discipulado primario se la denomina a veces el “período de conciencia lemuriana”, que conduce de la etapa atlante de un “Discípulo en la Luz”, a la etapa aria del Discipulado Aceptado, en la cual se emprende conscientemente la verdadera preparación para la tercera iniciación, pues para entonces se habrá estabilizado la integración y el hombre habrá alcanzado la plenitud y madurez de conciencia y estará dispuesto a someterse, sin reserva, a la impresión jerárquica.

No es necesario extendernos más sobre esta fase preliminar, en este cansador aunque inspirador sendero del discipulado. [i717] Este tema es muy conocido en el mundo, acentuando casi indebidamente la purificación, servicio y devoción. La razón de que diga esto se debe a que se da por sentado que forman parte de la expresión exotérica de la vida de todo verdadero aspirante. No son causas esotéricas, sino efectos exotéricos de actitudes internas.

A medida que continuamos nuestros estudios sobre las etapas del discipulado, deseo reiterar que la mayoría de los aspirantes del mundo y las personas muy evolucionadas, con conciencia humanitaria, han dejado muy atrás la primer etapa. Hay muchas personas que han llegado a ser “discípulos aceptados”, y ésa, como bien saben, es la tercera etapa y por lo tanto detrás de ellos han quedado tres experiencias:

1. La etapa del “discipulado primario” -elemental, probatoria e inquietante. A veces se la define como la “etapa en que se sacuden las raíces del hombre-planta”, etapa donde las raíces (hasta ahora bien arraigadas) son removidas y el aire y la luz perturban la paz de las edades, la paz de la muerte, la edad de la piedra, la tumba de la vida.

2. La etapa del “discípulo que está en la Luz”, la cual trataré más adelante.

3. La primera iniciación precede siempre a la etapa del discipulado aceptado. Ningún Maestro acepta a un discípulo y lo introduce en su Ashrama si no se ha producido en él, el nacimiento del Cristo. Como lo expresa la fraseología [e658] cristiana, Saulo debe convertirse en Pablo. El niño dentro de la matriz del tiempo emerge en el mundo de los hombres y, desde el punto de vista de total identificación con la materia (la madre) se convierte en él mismo, y trata conscientemente de hollar los caminos de la vida y llegar a ser lo que es. Esto es una repetición esotérica del proceso físico de convertirse en un individuo aislado. Entre las etapas de “individualidad aislada” y de “unidad aislada” tenemos lo que se denomina “identificación aislada”. Esta etapa y sus implicaciones esotéricas nos conciernen. La de unidad aislada describe la etapa alcanzada por el Maestro; la de individualidad aislada es la del discípulo; la de identificación aislada (con el alma) es la del discípulo que ha llegado hasta, e inclusive, la tercera iniciación:

a. La unidad aislada es la consumación de la [i718] conciencia aria. La identificación aislada está relacionada con la conciencia atlante, desde el ángulo de la analogía superior.

b. La unidad aislada tiene conexión con el plano mental, está regida por el quinto rayo de Conocimiento Concreto o Ciencia, y es un reflejo de la voluntad de conocer. La identificación aislada tiene conexión con el plano astral, está regida por el Sexto Rayo de Devoción o Sensibilidad Idealista, y es un reflejo -deformado e inestable- de la voluntad de amar. La individualidad aislada tiene que ver con la expresión en el plano físico, está regida por el tercer Rayo de Inteligencia Activa y es un reflejo -también deformado e inseguro- de la voluntad de Ser.

En el plano búdico, el plano de la divina intuición, estas tres expresiones inferiores y sus prototipos superiores se armonizan, y el trabajo de expansión, de las tres iniciaciones, segunda, tercera y cuarta, produce absorción, fusión y un proceso combinado entre discípulo y alma (eventualmente entre la humanidad y la Jerarquía), que prepara para establecer un mayor contacto entre el hombre y la mónada. Cuando esto tiene lugar, el alma, la creadora del reflejo y la sombra, es descartada, porque ese punto de conciencia ha servido su propósito. Se produce la destrucción del cuerpo causal y sólo queda la forma plenamente consciente y el espíritu. Sin embargo, hasta que el hombre haya recibido las iniciaciones superiores, no puede comprender la significación de estos comentarios.

[e659] Referente a ello quisiera recordarles que si bien trato de entrenar a muchas personas en la actualidad, para mayores expansiones de conciencia, escribo principalmente para el futuro y para esos discípulos que en años venideros leerán mis palabras y encontrarán su camino hacia los Ashramas de los Maestros. La Jerarquía construye para el futuro, no se ocupa del presente. Todo lo que rea]iza es con la intención de abrir el camino hacia un mundo más amplio y expansivo. La humanidad se preocupa por cosas del presente; la Jerarquía trabaja y hace planes para el futuro; Shamballa se dedica totalmente al Eterno Ahora y a la vida dinámica, que ha creado el pasado y controla el presente -el centro de la ilusión- y [i719] el futuro. Quizá puedan obtener una idea o imagen de la vida condicionadora de Shamballa si estudian la era actual del vivir humano. Hay personas con conciencia lemuriana enfocadas en el pasado y preocupadas por el plano físico, y también las hay de conciencia atlante, emocional en esencia y enfocadas en el presente, y aun otras que tienen conciencia definidamente aria, están mentalmente enfocadas y se ocupan del futuro. Los tres tipos constituyen una sola raza de hombres y forman la totalidad del género humano.

[AAB. Discipulado en la Nueva Era I]