Estados Unidos bajo ataque: colisión de paradigmas

por Luis A. Hernández R. el 17 de septiembre de 2001

Es verdad, que en algún sentido, los Estados Unidos de Norteamérica (EUA) son responsables por el mal que sobre ellos acecha. Ya hemos comentado anteriormente que no siempre han logrado desempeñar el rol espiritual que les corresponde, lo cual ha ocasionado resentimiento de algunos países hacia ellos.

Si observamos el conflicto desde esta perspectiva nacionalista, podemos caer en una bienintencionada neutralidad, que desde una perspectiva discipular no es deseable.

Sin embargo, desde una visión más abarcante, podemos observar el conflicto como un choque de paradigmas entre dos civilizaciones diferentes, cada una de ellas situada en su propio estadio de desarrollo. El cual está caracterizado por el nivel de desarrollo imperante en la mayoría de la población que la compone.

Desde este punto de vista, este fue un ataque de los representantes de una civilización estacionada en el estadio [1] de los “dioses de poder” o de “orden mítico” donde la vida tiene un sentido, una dirección, un objetivo y un orden impuesto por otro todopoderoso. Este orden impone un código de conducta basado en principios absolutistas y fijos acerca de lo que está “bien” y de lo que está “mal”. Es el fundamento de las antiguas naciones, donde las jerarquías sociales rígidas abundan y sólo hay un modo correcto de pensar. Se obedece a una ley impuesta por un Otro fuertemente convencional y conformista. A menudo asume un aspecto “religioso” o “mítico” aunque también puede asumir el aspecto de un Orden o de una misión secular o atea. Contra otra situada en el estadio del “logro científico” donde el yo “escapa” de la “mentalidad de rebaño del estado anterior” y busca la verdad y el significado en términos individuales. Es un nivel hipotético-deductivo, experimental, objetivo, mecánico y operativo (o, lo que es lo mismo, científico).

Ambos niveles tienen características propias, no necesariamente buenas o malas sino diferentes. Lo que ninguno de estos estadios puede hacer, no obstante, es darse plena cuenta de la existencia del otro. En consecuencia, cada uno considera que su visión del mundo es la única adecuada y, por tanto, reacciona negativamente cada vez que se siente amenazado. [2]

Esto lo podemos comprobar empíricamente haciendo un recuento de la participación mundial de ambas civilizaciones y de la forma que tienen para relacionarse entre ellas y con el resto de las civilizaciones mundiales. Los bloques de poder en los que se agrupan y sus motivaciones para ello.

Nosotros como miembros del NGSM tenemos la responsabilidad de precipitar los cimientos de la nueva civilización y cultura mundiales, lo que necesariamente implica tamizar las civilizaciones contemporáneas preservando lo positivo y desechando lo negativo (Positivo en este contexto implicaría lo tendiente a una visión del mundo más abarcante y descentrada, y lo negativo lo opuesto).

Aplicando este principio, el ataque a los EU siendo un “acto premeditado de maldad a la población civil de una nación soberana por fanáticos religiosos foráneos” es un hecho condenable, por ser el resultado de una visión autocentrada, limitada y fuertemente egoísta. Lo mismo que sería condenable una respuesta impulsiva, unilateral y vengativa de los EU hacia la civilización responsable del ataque terrorista.

El dolor es el maestro más efectivo cuando el mensaje del amor no es aceptado, reconocido o puesto en práctica. En este sentido, EU está sufriendo las consecuencias del Karma acumulado. Sin embargo, como miembro del NGSM, invoco para que “el dolor traiga la debida recompensa de luz y amor” y “el alma controle la forma externa, la vida y todos los acontecimientos”. EU tiene la oportunidad de aprender de esta experiencia y actuar desde el rol discipular que le corresponde, y la comunidad internacional, tiene la responsabilidad de hacérselo saber y respaldarlo cuando actúe en tal dirección.

Nuestra tarea como discípulos es también la de ayudar a los EU a asumir tal rol y la de apoyar a toda las almas involucradas en el conflicto, tanto norteamericanas como extranjeras, cuando el sufrimiento se les presente. “¡Que así sea y que cumplamos cada quien con nuestra parte!”


[1] Para una descripción más detallada de estos estadios véase:

  • Minorías raciales: Modelo Wilber
  • Disipando el Espejismo de las Jerarquías

[2] Como ya se mencionó, el estadio de desarrollo primario de una civilización no indica que toda la población componente actúe dentro de tal nivel, sino tan sólo que la mayoría de los miembros que la componen así lo hacen. Por ejemplo, aún cuando la civilización islámica principalmente está situada en el estadio de “los dioses de poder”, ha desarrollado una de las más exquisitas tradiciones espirituales que ha conocido el mundo: el sufismo. Lo mismo sucede con la civilización norteamericana que a pesar de ser el principal exponente del estadio del “logro científico” también es la principal exponente del movimiento transpersonal.